El periodista y escritor Eduardo Aguirre Romero ha trabajado la tesis de un humor cervantino entendido como una forma de comicidad que desborda la sátira y se orienta hacia la ternura y la compasión. En Cervantes , sostiene, la risa no se agota en la burla ni en la humillación del personaje cómico: gira hacia lo compasivo y adquiere una dimensión ética y afectiva que invita al lector a comprender, más que a ridiculizar, aquello de lo que se ríe.Esa manera de entender el humor se distancia de la sátira mordaz propio de comedia de Lope de Vega . Allí, la risa funciona como escarnio a través de la burla verbal. Es una risa eficaz, inmediata, pero raras veces piadosa. En Cervantes ocurre otra cosa. La risa no excluye la piedad. El lector ríe, sí, pero al mismo tiempo se ve empujado a compartir la fragilidad del personaje. Como señala Eduardo Aguirre Romero , se produce un desplazamiento decisivo: la comicidad deja de ser solo un instrumento de sátira para convertirse en una forma de empatía narrativa. La risa se humaniza.Algo de esa naturaleza cervantina -la picaresca española amplificada por el ingenio caribeño- tiene una expresión clara en la cultura popular venezolana. En estos días, esa pulsión ha vuelto a hacerse visible en las formas de catarsis colectiva que han acompañado la caída de Nicolás Maduro . Uno de los ejemplos más claros aparece en un sketch del proyecto humorístico venezolano El Cuartico , protagonizado por Alí Rondón. La escena parte de una conversación aparentemente banal sobre un partido, formulada con el tono y el vocabulario del comentario deportivo.Todo parece discurrir por el cauce previsible del juego. Pero a medida que avanza el diálogo se hace evidente que no se está hablando realmente de béisbol. El intercambio alude, de forma indirecta, a las limitaciones para expresarse y comunicarse dentro de Venezuela . El lenguaje deportivo funciona como eufemismo : lo que se presenta como jugadas o decisiones arbitrales señala, en realidad, la censura, la autocensura y el control del discurso público ante la incursión de los EE.UU. en territorio venezolano. Es el humor cervantino en su esencia picaresca y compasiva, una risa que esquiva el golpe directo, pero no renuncia a decir la verdad. El periodista y escritor Eduardo Aguirre Romero ha trabajado la tesis de un humor cervantino entendido como una forma de comicidad que desborda la sátira y se orienta hacia la ternura y la compasión. En Cervantes , sostiene, la risa no se agota en la burla ni en la humillación del personaje cómico: gira hacia lo compasivo y adquiere una dimensión ética y afectiva que invita al lector a comprender, más que a ridiculizar, aquello de lo que se ríe.Esa manera de entender el humor se distancia de la sátira mordaz propio de comedia de Lope de Vega . Allí, la risa funciona como escarnio a través de la burla verbal. Es una risa eficaz, inmediata, pero raras veces piadosa. En Cervantes ocurre otra cosa. La risa no excluye la piedad. El lector ríe, sí, pero al mismo tiempo se ve empujado a compartir la fragilidad del personaje. Como señala Eduardo Aguirre Romero , se produce un desplazamiento decisivo: la comicidad deja de ser solo un instrumento de sátira para convertirse en una forma de empatía narrativa. La risa se humaniza.Algo de esa naturaleza cervantina -la picaresca española amplificada por el ingenio caribeño- tiene una expresión clara en la cultura popular venezolana. En estos días, esa pulsión ha vuelto a hacerse visible en las formas de catarsis colectiva que han acompañado la caída de Nicolás Maduro . Uno de los ejemplos más claros aparece en un sketch del proyecto humorístico venezolano El Cuartico , protagonizado por Alí Rondón. La escena parte de una conversación aparentemente banal sobre un partido, formulada con el tono y el vocabulario del comentario deportivo.Todo parece discurrir por el cauce previsible del juego. Pero a medida que avanza el diálogo se hace evidente que no se está hablando realmente de béisbol. El intercambio alude, de forma indirecta, a las limitaciones para expresarse y comunicarse dentro de Venezuela . El lenguaje deportivo funciona como eufemismo : lo que se presenta como jugadas o decisiones arbitrales señala, en realidad, la censura, la autocensura y el control del discurso público ante la incursión de los EE.UU. en territorio venezolano. Es el humor cervantino en su esencia picaresca y compasiva, una risa que esquiva el golpe directo, pero no renuncia a decir la verdad.
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