El mundo ha empezado el año tan agitado o más de lo que lo acabó. La intervención de Trump en Venezuela, las amenazas a otros países iberoamerianos e incluso a Groenlandia, aunque eso suponga un choque con sus –en teoría– socios europeos nos muestran que estamos sin duda ante un nuevo orden mundial donde el cumplimiento de la legislación internacional brilla por su ausencia y donde la economía vuelve a ganar peso. En este escenario, en teoría, nuestro presidente Sánchez se sentía relativamente cómodo, mientras se hable del mundo, no se habla de España, e incluso, su posición más firme contra Trump que la de otros mandatarios europeos puede ganarle enteros ante su parroquia. Aunque algunos pensemos que el hecho de que Maduro salga de Venezuela es sin duda una buena noticia, pese a las formas y a un desenlace que, al menos de momento, no es con el que soñábamos. Pero héte aquí, que tras unos días en los que el Gobierno respiraba tranquilo, reactiva la propuesta sobre financiación autonómica. Debo reconocer que la noticia no puede dejar de sorprenderme y que, sin duda, hay algo que se me escapa. Como es posible que Pedro Sánchez, que no da puntada sin hilo, en vísperas de elecciones en varias comunidades autónomas se le ocurre presentar un sistema de financiación que, sin duda, supone privilegiar a unos territorios sobre otros, y especialmente a Cataluña frente a todos los demás.Andalucía no sale mal parada, pero a nadie se le escapa que la ministra de Hacienda es a la vez la candidata del PSOE a las elecciones andaluzas y algún guiño había que hacer a la comunidad.Las cifras no engañan. Está claro que no se trata de una propuesta para solucionar los problemas de un sistema que lleva años caducado y que infrafinancia a autonomías como la Comunidad Valenciana o Murcia. Se trata de un diseño de financiación a la carta para satisfacer a algunos de sus socios independentistas –Junts ya ha dicho que no le gusta– y que sigan dándole su apoyo, en Madrid y probablemente también en la Generalitat de Cataluña, aunque para aprobar allí los presupuestos exigirán más dádivas. El Gobierno intentará vender que el nuevo sistema da dinero a todos, cosa que, de partida, ya no es verdad. De momento Extremadura –quizás por eso de que ya han pasado las elecciones– y Cantabria no recibirán un euro más. También dirán que no privilegian a nadie, cosa que también es mentira. De momento las formas, igual que ocurrió con la propuesta de la quita de la deuda, ya están mostrando que hay algunas que son más que otras. Yo negocio con Cataluña, fijo los criterios que más le benefician, y luego ya veo cómo los extiendo al resto de comunidades. Eso, sin duda, supone un desprecio para el resto de comunidades autónomas.El Gobierno, además, ha cedido en algo tan poco progresista como la ordinalidad. ¿Qué es eso de que como yo aporto mucho tengo también que recibir mucho? ¿Se imaginan que las personas más pudientes, las que más impuestos pagan, fueran también las que más recibieran de las Administraciones Públicas? Pues eso es lo que en teoría incluye este sistema de financiación. Eso sí, solo para Cataluña. Para Madrid no, que si no se descuadran las cuentas.Es más que probable que la reforma no salga adelanta, porque a Junts le parece poco, y sobre todo, no va a apoyar algo que se ha negociado con ERC, y para el resto de partidos es un trágala que desprecia a sus territorios aunque algunos reciban algo más de caldericho. Lo dicho, no entiendo la jugada de Sánchez. El mundo ha empezado el año tan agitado o más de lo que lo acabó. La intervención de Trump en Venezuela, las amenazas a otros países iberoamerianos e incluso a Groenlandia, aunque eso suponga un choque con sus –en teoría– socios europeos nos muestran que estamos sin duda ante un nuevo orden mundial donde el cumplimiento de la legislación internacional brilla por su ausencia y donde la economía vuelve a ganar peso. En este escenario, en teoría, nuestro presidente Sánchez se sentía relativamente cómodo, mientras se hable del mundo, no se habla de España, e incluso, su posición más firme contra Trump que la de otros mandatarios europeos puede ganarle enteros ante su parroquia. Aunque algunos pensemos que el hecho de que Maduro salga de Venezuela es sin duda una buena noticia, pese a las formas y a un desenlace que, al menos de momento, no es con el que soñábamos. Pero héte aquí, que tras unos días en los que el Gobierno respiraba tranquilo, reactiva la propuesta sobre financiación autonómica. Debo reconocer que la noticia no puede dejar de sorprenderme y que, sin duda, hay algo que se me escapa. Como es posible que Pedro Sánchez, que no da puntada sin hilo, en vísperas de elecciones en varias comunidades autónomas se le ocurre presentar un sistema de financiación que, sin duda, supone privilegiar a unos territorios sobre otros, y especialmente a Cataluña frente a todos los demás.Andalucía no sale mal parada, pero a nadie se le escapa que la ministra de Hacienda es a la vez la candidata del PSOE a las elecciones andaluzas y algún guiño había que hacer a la comunidad.Las cifras no engañan. Está claro que no se trata de una propuesta para solucionar los problemas de un sistema que lleva años caducado y que infrafinancia a autonomías como la Comunidad Valenciana o Murcia. Se trata de un diseño de financiación a la carta para satisfacer a algunos de sus socios independentistas –Junts ya ha dicho que no le gusta– y que sigan dándole su apoyo, en Madrid y probablemente también en la Generalitat de Cataluña, aunque para aprobar allí los presupuestos exigirán más dádivas. El Gobierno intentará vender que el nuevo sistema da dinero a todos, cosa que, de partida, ya no es verdad. De momento Extremadura –quizás por eso de que ya han pasado las elecciones– y Cantabria no recibirán un euro más. También dirán que no privilegian a nadie, cosa que también es mentira. De momento las formas, igual que ocurrió con la propuesta de la quita de la deuda, ya están mostrando que hay algunas que son más que otras. Yo negocio con Cataluña, fijo los criterios que más le benefician, y luego ya veo cómo los extiendo al resto de comunidades. Eso, sin duda, supone un desprecio para el resto de comunidades autónomas.El Gobierno, además, ha cedido en algo tan poco progresista como la ordinalidad. ¿Qué es eso de que como yo aporto mucho tengo también que recibir mucho? ¿Se imaginan que las personas más pudientes, las que más impuestos pagan, fueran también las que más recibieran de las Administraciones Públicas? Pues eso es lo que en teoría incluye este sistema de financiación. Eso sí, solo para Cataluña. Para Madrid no, que si no se descuadran las cuentas.Es más que probable que la reforma no salga adelanta, porque a Junts le parece poco, y sobre todo, no va a apoyar algo que se ha negociado con ERC, y para el resto de partidos es un trágala que desprecia a sus territorios aunque algunos reciban algo más de caldericho. Lo dicho, no entiendo la jugada de Sánchez.
El mundo ha empezado el año tan agitado o más de lo que lo acabó. La intervención de Trump en Venezuela, las amenazas a otros países iberoamerianos e incluso a Groenlandia, aunque eso suponga un choque con sus –en teoría– socios europeos nos muestran … que estamos sin duda ante un nuevo orden mundial donde el cumplimiento de la legislación internacional brilla por su ausencia y donde la economía vuelve a ganar peso.
En este escenario, en teoría, nuestro presidente Sánchez se sentía relativamente cómodo, mientras se hable del mundo, no se habla de España, e incluso, su posición más firme contra Trump que la de otros mandatarios europeos puede ganarle enteros ante su parroquia. Aunque algunos pensemos que el hecho de que Maduro salga de Venezuela es sin duda una buena noticia, pese a las formas y a un desenlace que, al menos de momento, no es con el que soñábamos.
Pero héte aquí, que tras unos días en los que el Gobierno respiraba tranquilo, reactiva la propuesta sobre financiación autonómica. Debo reconocer que la noticia no puede dejar de sorprenderme y que, sin duda, hay algo que se me escapa. Como es posible que Pedro Sánchez, que no da puntada sin hilo, en vísperas de elecciones en varias comunidades autónomas se le ocurre presentar un sistema de financiación que, sin duda, supone privilegiar a unos territorios sobre otros, y especialmente a Cataluña frente a todos los demás.
Andalucía no sale mal parada, pero a nadie se le escapa que la ministra de Hacienda es a la vez la candidata del PSOE a las elecciones andaluzas y algún guiño había que hacer a la comunidad.
Las cifras no engañan. Está claro que no se trata de una propuesta para solucionar los problemas de un sistema que lleva años caducado y que infrafinancia a autonomías como la Comunidad Valenciana o Murcia. Se trata de un diseño de financiación a la carta para satisfacer a algunos de sus socios independentistas –Junts ya ha dicho que no le gusta– y que sigan dándole su apoyo, en Madrid y probablemente también en la Generalitat de Cataluña, aunque para aprobar allí los presupuestos exigirán más dádivas.
El Gobierno intentará vender que el nuevo sistema da dinero a todos, cosa que, de partida, ya no es verdad. De momento Extremadura –quizás por eso de que ya han pasado las elecciones– y Cantabria no recibirán un euro más. También dirán que no privilegian a nadie, cosa que también es mentira. De momento las formas, igual que ocurrió con la propuesta de la quita de la deuda, ya están mostrando que hay algunas que son más que otras. Yo negocio con Cataluña, fijo los criterios que más le benefician, y luego ya veo cómo los extiendo al resto de comunidades. Eso, sin duda, supone un desprecio para el resto de comunidades autónomas.
El Gobierno, además, ha cedido en algo tan poco progresista como la ordinalidad. ¿Qué es eso de que como yo aporto mucho tengo también que recibir mucho? ¿Se imaginan que las personas más pudientes, las que más impuestos pagan, fueran también las que más recibieran de las Administraciones Públicas? Pues eso es lo que en teoría incluye este sistema de financiación. Eso sí, solo para Cataluña. Para Madrid no, que si no se descuadran las cuentas.
Es más que probable que la reforma no salga adelanta, porque a Junts le parece poco, y sobre todo, no va a apoyar algo que se ha negociado con ERC, y para el resto de partidos es un trágala que desprecia a sus territorios aunque algunos reciban algo más de caldericho. Lo dicho, no entiendo la jugada de Sánchez.
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