Uno de los dos detenidos por el crimen de Manresa (Barcelona), Pere O., que todavía tiene 15 años, ingresó el pasado mes de mayo en un centro de menores, acusado de un robo violento, tentativa de homicidio y lesiones. Una de las agresiones la cometió presuntamente contra Jordi, camarero del bar de bocadillos D1D2 de Manresa. “Sin decirme nada, me apuñaló aquí en el brazo izquierdo”, cuenta el trabajador del local. El menor de edad fue detenido de nuevo la madrugada del martes acusado de participar en la pelea en la que murió Carles Vilajosana, de 45 años, acuchillado presuntamente por Otman A., de 16 años. Hacía un mes aproximadamente que Pere O. había salido del centro de menores, según explican fuentes policiales. El fiscal de menores ha pedido el ingreso en un centro cerrado de los dos arrestados.
El joven, de 15 años, está a la espera de juicio por atacar a un camarero con un destornillador. El fiscal ha pedido el ingreso en un centro cerrado de los dos arrestados
Uno de los dos detenidos por el crimen de Manresa (Barcelona), Pere O., que todavía tiene 15 años, ingresó el pasado mes de mayo en un centro de menores, acusado de un robo violento, tentativa de homicidio y lesiones. Una de las agresiones la cometió presuntamente contra Jordi, camarero del bar de bocadillos D1D2 de Manresa. “Sin decirme nada, me apuñaló aquí en el brazo izquierdo”, cuenta el trabajador del local. El menor de edad fue detenido de nuevo la madrugada del martes acusado de participar en la pelea en la que murió Carles Vilajosana, de 45 años, acuchillado presuntamente por Otman A., de 16 años. Hacía un mes aproximadamente que Pere O. había salido del centro de menores, según explican fuentes policiales.
El homicidio de Carles Vilajosana ha conmocionado a Manresa, donde el hombre, padre de dos hijos, participaba activamente en la vida social de la comarca de Bages. La investigación apunta a que Vilajosana, que acudió al correfoc que cerraba la fiesta mayor de Manresa, intervino en una pelea previa para separar a los detenidos de otro grupo. Horas después, cuando Vilajosana y sus amigos ya regresaban a casa, se toparon de nuevo con los jóvenes. Los testigos han explicado a los Mossos que Pere O. lanzó un cono contra ellos, que se encararon. Posteriormente, Otman A. le clavó supuestamente una navaja en el pecho a Vilajosana.
La descripción que proporcionaron los testigos de los agresores permitió a los Mossos identificar y localizar a los dos jóvenes menores de edad. Habituales de un edificio ocupado, ambos cuentan con antecedentes policiales. En el caso de Pere O., además del ataque al camarero, le constan tres detenciones por robo con violencia y tentativa de homicidio, y por sustraer un vehículo y conducir sin permiso. A Otman A., la policía catalana le vincula también a robos de motocicletas y el robo violento de un teléfono móvil. Ambos, explican fuentes policiales, se mueven en ambientes delincuenciales.
Jordi, el camarero del bar de bocadillos D1D2 de Manresa, explica su historia desde detrás del mostrador, donde acaba de dejar dos botellas de cerveza vacías. La noche del 8 de abril, pasadas las once de la noche, estaba recogiendo la terraza y llenando los contenedores de basura cuando notó cómo dos chicos se le acercaban. “Medio giraron la cara para que no les pillara la cámara de seguridad”. Uno de ellos, explica, dio una patada a uno de los contenedores sin venir a cuento y arrojó al suelo las botellas de vidrio. Jordi se apartó para que no le alcanzaran y le recriminó su actitud. “Le dije: ¿dónde vas? Y entonces se acercó a mí con el puño en alto y, sin decirme nada, me apuñaló aquí en el brazo izquierdo”, cuenta el camarero, que se levanta la camiseta y muestra la única secuela que le ha quedado del ataque, un punto rojo casi a la altura del hombro y muy cerca del pecho.
Más tarde, Jordi supo que Pere le había clavado “un destornillador de estrella”, según le contó la policía, que encontró el arma cerca del lugar. Se lo hundió a cuatro centímetros de profundidad. Jordi entró sangrando en el bar y pidió ayuda. “Tuve el reflejo, o el instinto, de dar un salto hacia atrás. Si llega a ser un poco más a la derecha, el muerto sería yo”, explica Jordi, que desconoce el recorrido del proceso contra su agresor, aunque asegura que está pendiente de juicio. El camarero no ha querido, de hecho, indagar demasiado, más allá de que el nombre figura en las diligencias judiciales.
“Los primeros días iba mirando de un sitio para otro. Yo sobre todo quiero vivir tranquilo”, cuenta Jordi, que no sabe si en estos meses ha podido toparse con su atacante en alguna otra ocasión. “Llevaba la cara tapada, no sabría reconocerlo”, dice sobre un chico del que algunos dicen, en el barrio, que andaba provocando a los vecinos con su grupito de amigos. La nueva detención de Pere O., el martes, ocurrió a apenas 150 metros de la puerta del restaurante, una cercanía que deja a Jordi con una preocupación añadida. “Lo que no puede ser es que entren por una puerta y salgan por la otra”, lamenta.
