Víctor del Árbol lo tiene claro, todos los grandes escritores responden a dos preguntas esenciales antes de empezar a escribir sus novelas. La primera, por qué quiero escribir esta historia y, la segunda, para qué quiero escribirla. En el caso de ‘Las buenas intenciones’ (Destino) , su última novela, su respuesta es directa: «El por qué es sencillo, en el mundo del siglo XXI es fácil rendirse y ceder a la desesperación y escribir una historia como ésta es una forma de defenderse. Escribo para qué mis lectores no se rindan y demostrar que hasta la oscuridad tiene sus grietas», señala el escritor en declaraciones a ABC.Del Árbol cierra con ‘Las buenas intenciones’ la trilogía protagonizada por el sicario sin nombre, uno de los personajes más ambiguos y complejos de la literatura negra reciente, al que el escritor deja hablar en primera persona y así descubrir al lector la lógica ética de un asesino. « Me inspiré en Mersault, el protagonista de ‘El Extranjero’ de Camus . Quería describir a un hombre que no siente necesidad de autojustificarse. Vive sin excusas, con su propio sentido de la justicia y sistema de valores. Me atraía poder desaparecer como escritor en él y hablar desde su punto de vista, no el mío», asegura del Árbol.Después de ‘Nadie en esta tierra’ y ‘El tiempo de las fieras’, el escritor recupera al personaje y esta vez lo contrapone a Clara Fité, periodista de investigación, mujer con la que mantenía una intensa relación afectiva, que al contrario que él sí cree que exista una verdad y que la gente quiere conocerla. «Aunque hoy día parezca algo naïf, Clara es de las que cree que el periodismo sirve para esclarecer la verdad. Es una rara avis, pero es necesario combatir el cinismo», afirma el autor de ‘Un millón de gotas’.Noticia Relacionada estandar No Pilar Quintana: «Las mujeres somos como animales de presa obligadas a estar alerta ante mil elementos hostiles» carlos sala La escritora indaga en el género que Álvaro Mutis definió como ‘gótico tropical’ en su nueva y absorbente novela, ‘Negra Noche’ (Alfaguara)De esta forma se unen dos tiempos y dos tramas, por un lado el último ‘trabajo’ del sicario, que une una lista de tres nombres que ha de eliminar a una misteriosa libreta que le ha quitado Clara y tienen que recuperar. Y por otro, la investigación periodística sobre la desaparición de dos hermanos en 1992 en una trama de corrupción en aquella España de la burbuja inmobiliaria. «Fue un momento de euforia colectiva que alentó a los depredadores a aprovecharse del momento. No les importó lo que hacían y las consecuencias que podían tener porque sabían que las consecuencias las pagarían los demás», dice del Árbol.Uno de los personajes que actúan como fuerza gravitatoria de toda la novela, el maquiavélico Orestes , resume muy bien la visión cínica de lo él llama la economía del crimen. «Él se pregunta qué pasaría con la economía natural si dejase de repente de estar regada por el blanqueo de capital de las diferentes mafias, si se colapsaría y ya no habrían más edificios, ni trabajos, ni pensiones. Esa la paradoja opaca contra el sentir de la decencia que nos domina hoy», concluye del Árbol.Ficción, no ‘true crime’La obra huye de los términos de moda como ‘basado en hechos reales’ o ‘true crime’. Quiere ser una obra de ficción con un personaje brillante en el foco central, como todos las grandes novelas de la historia, desde ‘El Quijote’ a ‘El extranjero’ o ‘La metamorfosis’. «No entiendo el ‘boom’ por la autoficción o la novela confesional. A mí me molesta cuando veo al escritor en lo que leo. Para mí, la literatura es enfrentar a un personaje con un lector. La anécdota es un medio para lograr esta conexión, no el fin en sí mismo», asegura el escritor.Al autor de ‘La víspera de casi todo’ tampoco le gusta alargar series sobre u detective y prefiere las novelas autoconclusivas . Esta trilogía, por ejemplo, podría agruparse en un único volumen, pero a estas alturas no tiene sentido publicar libros de género de 1.500 páginas. Lo que sí le gusta y es su marca de fábrica, es explicar el presente a partir de lo que ocurrió en el pasado. «En nuestra cabeza convive siempre el pasado, lo que recordamos, con el presente, lo que vivimos, y con el futuro, lo que deseamos o aspiramos. Es imposible liberarse de estas tres partes. No creo en determinismos, pero el pasado condiciona siempre. Y a mí, como escritor, me gusta más llevarte al pasado, que lo vivas de primera mano, a que te lo explique un personaje. Por eso siempre uno dos líneas temporales», señala.Noticia Relacionada estandar No El BCNegra se entrega a la ‘malavida’ con Richard Price, Jordan Harper, Claudia Piñeiro y S. A. Crosby carlos sala Del 2 al 8 de febrero, el festival internacional de novela negra de Barcelona recibirá a 85 autores en 50 actividades y otorgará el Premio Carvalho a Mick Herron, autor de ‘Slow Horses’A pesar de su larga trayectoria, con una docena de novelas a sus espaldas , del Árbol (Barcelona, 1968) asegura que nunca había disfrutado tanto de ser escritor como ahora. «Este oficio es el más hermoso que hay porque nunca aprendes lo suficiente. No se basa tanto en lo que cuentas, sino en cómo lo cuentas y el por qué y eso hace que cada vez sea fascinante. Yo estoy volviendo cada vez más a la sencillez de la palabra precisa», concluye. Víctor del Árbol lo tiene claro, todos los grandes escritores responden a dos preguntas esenciales antes de empezar a escribir sus novelas. La primera, por qué quiero escribir esta historia y, la segunda, para qué quiero escribirla. En el caso de ‘Las buenas intenciones’ (Destino) , su última novela, su respuesta es directa: «El por qué es sencillo, en el mundo del siglo XXI es fácil rendirse y ceder a la desesperación y escribir una historia como ésta es una forma de defenderse. Escribo para qué mis lectores no se rindan y demostrar que hasta la oscuridad tiene sus grietas», señala el escritor en declaraciones a ABC.Del Árbol cierra con ‘Las buenas intenciones’ la trilogía protagonizada por el sicario sin nombre, uno de los personajes más ambiguos y complejos de la literatura negra reciente, al que el escritor deja hablar en primera persona y así descubrir al lector la lógica ética de un asesino. « Me inspiré en Mersault, el protagonista de ‘El Extranjero’ de Camus . Quería describir a un hombre que no siente necesidad de autojustificarse. Vive sin excusas, con su propio sentido de la justicia y sistema de valores. Me atraía poder desaparecer como escritor en él y hablar desde su punto de vista, no el mío», asegura del Árbol.Después de ‘Nadie en esta tierra’ y ‘El tiempo de las fieras’, el escritor recupera al personaje y esta vez lo contrapone a Clara Fité, periodista de investigación, mujer con la que mantenía una intensa relación afectiva, que al contrario que él sí cree que exista una verdad y que la gente quiere conocerla. «Aunque hoy día parezca algo naïf, Clara es de las que cree que el periodismo sirve para esclarecer la verdad. Es una rara avis, pero es necesario combatir el cinismo», afirma el autor de ‘Un millón de gotas’.Noticia Relacionada estandar No Pilar Quintana: «Las mujeres somos como animales de presa obligadas a estar alerta ante mil elementos hostiles» carlos sala La escritora indaga en el género que Álvaro Mutis definió como ‘gótico tropical’ en su nueva y absorbente novela, ‘Negra Noche’ (Alfaguara)De esta forma se unen dos tiempos y dos tramas, por un lado el último ‘trabajo’ del sicario, que une una lista de tres nombres que ha de eliminar a una misteriosa libreta que le ha quitado Clara y tienen que recuperar. Y por otro, la investigación periodística sobre la desaparición de dos hermanos en 1992 en una trama de corrupción en aquella España de la burbuja inmobiliaria. «Fue un momento de euforia colectiva que alentó a los depredadores a aprovecharse del momento. No les importó lo que hacían y las consecuencias que podían tener porque sabían que las consecuencias las pagarían los demás», dice del Árbol.Uno de los personajes que actúan como fuerza gravitatoria de toda la novela, el maquiavélico Orestes , resume muy bien la visión cínica de lo él llama la economía del crimen. «Él se pregunta qué pasaría con la economía natural si dejase de repente de estar regada por el blanqueo de capital de las diferentes mafias, si se colapsaría y ya no habrían más edificios, ni trabajos, ni pensiones. Esa la paradoja opaca contra el sentir de la decencia que nos domina hoy», concluye del Árbol.Ficción, no ‘true crime’La obra huye de los términos de moda como ‘basado en hechos reales’ o ‘true crime’. Quiere ser una obra de ficción con un personaje brillante en el foco central, como todos las grandes novelas de la historia, desde ‘El Quijote’ a ‘El extranjero’ o ‘La metamorfosis’. «No entiendo el ‘boom’ por la autoficción o la novela confesional. A mí me molesta cuando veo al escritor en lo que leo. Para mí, la literatura es enfrentar a un personaje con un lector. La anécdota es un medio para lograr esta conexión, no el fin en sí mismo», asegura el escritor.Al autor de ‘La víspera de casi todo’ tampoco le gusta alargar series sobre u detective y prefiere las novelas autoconclusivas . Esta trilogía, por ejemplo, podría agruparse en un único volumen, pero a estas alturas no tiene sentido publicar libros de género de 1.500 páginas. Lo que sí le gusta y es su marca de fábrica, es explicar el presente a partir de lo que ocurrió en el pasado. «En nuestra cabeza convive siempre el pasado, lo que recordamos, con el presente, lo que vivimos, y con el futuro, lo que deseamos o aspiramos. Es imposible liberarse de estas tres partes. No creo en determinismos, pero el pasado condiciona siempre. Y a mí, como escritor, me gusta más llevarte al pasado, que lo vivas de primera mano, a que te lo explique un personaje. Por eso siempre uno dos líneas temporales», señala.Noticia Relacionada estandar No El BCNegra se entrega a la ‘malavida’ con Richard Price, Jordan Harper, Claudia Piñeiro y S. A. Crosby carlos sala Del 2 al 8 de febrero, el festival internacional de novela negra de Barcelona recibirá a 85 autores en 50 actividades y otorgará el Premio Carvalho a Mick Herron, autor de ‘Slow Horses’A pesar de su larga trayectoria, con una docena de novelas a sus espaldas , del Árbol (Barcelona, 1968) asegura que nunca había disfrutado tanto de ser escritor como ahora. «Este oficio es el más hermoso que hay porque nunca aprendes lo suficiente. No se basa tanto en lo que cuentas, sino en cómo lo cuentas y el por qué y eso hace que cada vez sea fascinante. Yo estoy volviendo cada vez más a la sencillez de la palabra precisa», concluye.
Víctor del Árbol lo tiene claro, todos los grandes escritores responden a dos preguntas esenciales antes de empezar a escribir sus novelas. La primera, por qué quiero escribir esta historia y, la segunda, para qué quiero escribirla. En el caso de ‘Las buenas … intenciones’ (Destino), su última novela, su respuesta es directa: «El por qué es sencillo, en el mundo del siglo XXI es fácil rendirse y ceder a la desesperación y escribir una historia como ésta es una forma de defenderse. Escribo para qué mis lectores no se rindan y demostrar que hasta la oscuridad tiene sus grietas», señala el escritor en declaraciones a ABC.
Del Árbol cierra con ‘Las buenas intenciones’ la trilogía protagonizada por el sicario sin nombre, uno de los personajes más ambiguos y complejos de la literatura negra reciente, al que el escritor deja hablar en primera persona y así descubrir al lector la lógica ética de un asesino. «Me inspiré en Mersault, el protagonista de ‘El Extranjero’ de Camus. Quería describir a un hombre que no siente necesidad de autojustificarse. Vive sin excusas, con su propio sentido de la justicia y sistema de valores. Me atraía poder desaparecer como escritor en él y hablar desde su punto de vista, no el mío», asegura del Árbol.
Después de ‘Nadie en esta tierra’ y ‘El tiempo de las fieras’, el escritor recupera al personaje y esta vez lo contrapone a Clara Fité, periodista de investigación, mujer con la que mantenía una intensa relación afectiva, que al contrario que él sí cree que exista una verdad y que la gente quiere conocerla. «Aunque hoy día parezca algo naïf, Clara es de las que cree que el periodismo sirve para esclarecer la verdad. Es una rara avis, pero es necesario combatir el cinismo», afirma el autor de ‘Un millón de gotas’.
De esta forma se unen dos tiempos y dos tramas, por un lado el último ‘trabajo’ del sicario, que une una lista de tres nombres que ha de eliminar a una misteriosa libreta que le ha quitado Clara y tienen que recuperar. Y por otro, la investigación periodística sobre la desaparición de dos hermanos en 1992 en una trama de corrupción en aquella España de la burbuja inmobiliaria. «Fue un momento de euforia colectiva que alentó a los depredadores a aprovecharse del momento. No les importó lo que hacían y las consecuencias que podían tener porque sabían que las consecuencias las pagarían los demás», dice del Árbol.
Uno de los personajes que actúan como fuerza gravitatoria de toda la novela, el maquiavélico Orestes, resume muy bien la visión cínica de lo él llama la economía del crimen. «Él se pregunta qué pasaría con la economía natural si dejase de repente de estar regada por el blanqueo de capital de las diferentes mafias, si se colapsaría y ya no habrían más edificios, ni trabajos, ni pensiones. Esa la paradoja opaca contra el sentir de la decencia que nos domina hoy», concluye del Árbol.
Ficción, no ‘true crime’
La obra huye de los términos de moda como ‘basado en hechos reales’ o ‘true crime’. Quiere ser una obra de ficción con un personaje brillante en el foco central, como todos las grandes novelas de la historia, desde ‘El Quijote’ a ‘El extranjero’ o ‘La metamorfosis’. «No entiendo el ‘boom’ por la autoficción o la novela confesional. A mí me molesta cuando veo al escritor en lo que leo. Para mí, la literatura es enfrentar a un personaje con un lector. La anécdota es un medio para lograr esta conexión, no el fin en sí mismo», asegura el escritor.
Al autor de ‘La víspera de casi todo’ tampoco le gusta alargar series sobre u detective y prefiere las novelas autoconclusivas. Esta trilogía, por ejemplo, podría agruparse en un único volumen, pero a estas alturas no tiene sentido publicar libros de género de 1.500 páginas. Lo que sí le gusta y es su marca de fábrica, es explicar el presente a partir de lo que ocurrió en el pasado. «En nuestra cabeza convive siempre el pasado, lo que recordamos, con el presente, lo que vivimos, y con el futuro, lo que deseamos o aspiramos. Es imposible liberarse de estas tres partes. No creo en determinismos, pero el pasado condiciona siempre. Y a mí, como escritor, me gusta más llevarte al pasado, que lo vivas de primera mano, a que te lo explique un personaje. Por eso siempre uno dos líneas temporales», señala.
A pesar de su larga trayectoria, con una docena de novelas a sus espaldas, del Árbol (Barcelona, 1968) asegura que nunca había disfrutado tanto de ser escritor como ahora. «Este oficio es el más hermoso que hay porque nunca aprendes lo suficiente. No se basa tanto en lo que cuentas, sino en cómo lo cuentas y el por qué y eso hace que cada vez sea fascinante. Yo estoy volviendo cada vez más a la sencillez de la palabra precisa», concluye.
Artículo solo para suscriptores
RSS de noticias de cultura
