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Cultura

Ni la perfección de Luque salva el petardo sin vida del Vellosino

mayo 14, 2026
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Cargado de plomo estaba el ambiente, con el aficionado de uñas. A nadie agradó el cambio de ganadería, pero solo pasaron la criba veterinaria dos toros de la titular del Parralejo y se desembarcaron diez del Vellosino, de los que se aprobaron seis. Algunos devolvieron su abono, pero la plaza lució un aspecto formidable, en cuanto a entrada, ojo, que el gesto andaba torcido desde que se supo que la divisa que lidió el toro más bravo de la Feria de Abril -inolvidable Secretario- regresaba a su finca. El nombre de Vellosino agitaba más los ánimos y la gente entraba a la plaza con la idea de que el hijo de Florito trabajaría a destajo. No fue así: la corrida, tan desigual, con toros indignos, otros serios y alguno más propio de las calles, se mantuvo en su totalidad en el ruedo. Hueca de casta, hubo animales que apuntaron calidad, pero sin empuje. En definitiva, carecían de esa vida que necesita Madrid. Noblotes y sin maldad, en otra plaza hasta les hubiesen arrancado las orejas, pero en la capital semejante material no sirve. Tediosa la tarde, un peñazo, y eso que Daniel Luque tuvo el enorme mérito de inventarse dos faenas remando a favor de su lote. Marcó el de Gerena diferencias en el quinto, una mole de más seiscientos kilos, que podría haber saltado este verano a cualquier festejo popular. Fue el único en el se quitó y casi le cuesta el percance a Miranda. Se llamaba Español III el voluminoso animal, con el que Contreras arriesgó en un par antes del brindis de Luque, que debió ver algo. Quizá porque el sevillano pisa un sitio en el que se ve toro por todos lados. Torerísimo el trincherazo del prólogo, andándole con garbo. Adelantó luego las telas, enganchó adelante la embestida (sic) y tiró de ella con la mano de la cuchara, dándole de comer a favor. Para incitar a Español III, para que masticase y se tragase los muletazos. Todo junto a las rayas del 4, con los monosabios pendientes de la clase técnica de Daniel, aplomado y comprometido, queriendo muchísimo más de lo que merecía el toro. Tan metido estaba en la faena que, mientras aquel voluminoso cuerpo pasaba por su jurisdicción, lo tiró a la arena. Enrabietado se metió entre los pitones, en busca de más y más. Ni una gota sin exprimir dejó al noblón rival. Un desplante puso fin a la obra que se había inventado en diez minutos. Le pidieron la oreja, pero sin el quorum suficiente, por lo que se conformó con saludar tras frenarle una ganada vuelta al ruedo.taurina_0639Cinco años y medio tenía el segundo, que se durmió en el peto. Luque vio su calidad zurda y lo sostuvo a media altura. Para apretarlo más en la siguiente, con un pulso y temple, mientras Colombo sacaba cierto fondo en sus manos. Se abandonó a derechas, sereno y relajado, en una labor impecable.La tarde arrancó con los maullidos del sol cuando asomó el primero, tan falto de remate. Se movía Colombino con las manos por delante y acusó su justa fortaleza desde la salida. A pesar del buen trato de José Chacón en la lidia, se desplomó en la muleta -casi le cuesta un disgusto a Castella- y el francés optó por abreviar y no mosquear al personal. Mosqueo el que asomaba en el rostro de Sebastián, que se quedó fuera de los carteles maestrantes y se quedaba ahora inédito con el primer cartucho venteño. Aries de bisonte traía el cuarto, en el que combinó verónicas y chicuelinas en el decidido saludo. El de Béziers concedió distancia para aprovechar la inercia y lo provocó luego para robar muletazos, pero la tarde había emprendido la cuesta abajo, con todos los sinónimos de muermo que ustedes quieran poner. Tanto insistió que se libró por los pelos del tercer aviso.Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Jueves, 14 de mayo de 2026. Sexta corrida. Lleno. Toros del Vellosino (sustitutos de los titulares del Parralejo), desiguales de presencia, huecos de casta, sin maldad, algunos con querer pero poco poder. Sebastián Castella, de grana y oro: pinchazo hondo y descabello (silencio); dos pinchazos, estocada desprendida, dos descabellos y se echa (silencio tras dos avisos). Daniel Luque, de lila y plata: estocada rinconera (saludos tras aviso); estocada (petición y saludos tras aviso). David de Miranda, de teja y oro: estocada caída (silencio); estocada baja (silencio).Cuando pisó el ruedo el impresentable tercero, nos preguntábamos cómo serían los rechazados del Parralejo. Indigno de una plaza de primerísima categoría era, sin trapío. «Miau, miau», coreaban mientras David de Miranda saludaba a la verónica en el terreno donde se baila un chotis, con el mérito de captar la atención de los tendidos. A ellos brindó entre la división de opiniones. De vertical y asentado concepto su faena, principiada por estatuarios para inmediatamente coser una tanda diestra en la que aprovechó la repetición de Alcarabán, así, con ‘b’. No tenía mala condición, pero apenas transmitía y la gente andaba a la contra. Como lo estaba el viento, que imposibilitaba planchar la muleta. Un natural pareció la octava maravilla según transcurría la corrida, pero el vellosino cantó la gallina y se rajó. El triunfador de Sevilla, que soñaba con otro Secretario, tendrá que esperar a la siguiente cita. Porque el sexto ya fue el colmo del toro aburrido y ni el sabio conocimiento de Luque, perfecto con Español III, salvó el petardo. Cargado de plomo estaba el ambiente, con el aficionado de uñas. A nadie agradó el cambio de ganadería, pero solo pasaron la criba veterinaria dos toros de la titular del Parralejo y se desembarcaron diez del Vellosino, de los que se aprobaron seis. Algunos devolvieron su abono, pero la plaza lució un aspecto formidable, en cuanto a entrada, ojo, que el gesto andaba torcido desde que se supo que la divisa que lidió el toro más bravo de la Feria de Abril -inolvidable Secretario- regresaba a su finca. El nombre de Vellosino agitaba más los ánimos y la gente entraba a la plaza con la idea de que el hijo de Florito trabajaría a destajo. No fue así: la corrida, tan desigual, con toros indignos, otros serios y alguno más propio de las calles, se mantuvo en su totalidad en el ruedo. Hueca de casta, hubo animales que apuntaron calidad, pero sin empuje. En definitiva, carecían de esa vida que necesita Madrid. Noblotes y sin maldad, en otra plaza hasta les hubiesen arrancado las orejas, pero en la capital semejante material no sirve. Tediosa la tarde, un peñazo, y eso que Daniel Luque tuvo el enorme mérito de inventarse dos faenas remando a favor de su lote. Marcó el de Gerena diferencias en el quinto, una mole de más seiscientos kilos, que podría haber saltado este verano a cualquier festejo popular. Fue el único en el se quitó y casi le cuesta el percance a Miranda. Se llamaba Español III el voluminoso animal, con el que Contreras arriesgó en un par antes del brindis de Luque, que debió ver algo. Quizá porque el sevillano pisa un sitio en el que se ve toro por todos lados. Torerísimo el trincherazo del prólogo, andándole con garbo. Adelantó luego las telas, enganchó adelante la embestida (sic) y tiró de ella con la mano de la cuchara, dándole de comer a favor. Para incitar a Español III, para que masticase y se tragase los muletazos. Todo junto a las rayas del 4, con los monosabios pendientes de la clase técnica de Daniel, aplomado y comprometido, queriendo muchísimo más de lo que merecía el toro. Tan metido estaba en la faena que, mientras aquel voluminoso cuerpo pasaba por su jurisdicción, lo tiró a la arena. Enrabietado se metió entre los pitones, en busca de más y más. Ni una gota sin exprimir dejó al noblón rival. Un desplante puso fin a la obra que se había inventado en diez minutos. Le pidieron la oreja, pero sin el quorum suficiente, por lo que se conformó con saludar tras frenarle una ganada vuelta al ruedo.taurina_0639Cinco años y medio tenía el segundo, que se durmió en el peto. Luque vio su calidad zurda y lo sostuvo a media altura. Para apretarlo más en la siguiente, con un pulso y temple, mientras Colombo sacaba cierto fondo en sus manos. Se abandonó a derechas, sereno y relajado, en una labor impecable.La tarde arrancó con los maullidos del sol cuando asomó el primero, tan falto de remate. Se movía Colombino con las manos por delante y acusó su justa fortaleza desde la salida. A pesar del buen trato de José Chacón en la lidia, se desplomó en la muleta -casi le cuesta un disgusto a Castella- y el francés optó por abreviar y no mosquear al personal. Mosqueo el que asomaba en el rostro de Sebastián, que se quedó fuera de los carteles maestrantes y se quedaba ahora inédito con el primer cartucho venteño. Aries de bisonte traía el cuarto, en el que combinó verónicas y chicuelinas en el decidido saludo. El de Béziers concedió distancia para aprovechar la inercia y lo provocó luego para robar muletazos, pero la tarde había emprendido la cuesta abajo, con todos los sinónimos de muermo que ustedes quieran poner. Tanto insistió que se libró por los pelos del tercer aviso.Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Jueves, 14 de mayo de 2026. Sexta corrida. Lleno. Toros del Vellosino (sustitutos de los titulares del Parralejo), desiguales de presencia, huecos de casta, sin maldad, algunos con querer pero poco poder. Sebastián Castella, de grana y oro: pinchazo hondo y descabello (silencio); dos pinchazos, estocada desprendida, dos descabellos y se echa (silencio tras dos avisos). Daniel Luque, de lila y plata: estocada rinconera (saludos tras aviso); estocada (petición y saludos tras aviso). David de Miranda, de teja y oro: estocada caída (silencio); estocada baja (silencio).Cuando pisó el ruedo el impresentable tercero, nos preguntábamos cómo serían los rechazados del Parralejo. Indigno de una plaza de primerísima categoría era, sin trapío. «Miau, miau», coreaban mientras David de Miranda saludaba a la verónica en el terreno donde se baila un chotis, con el mérito de captar la atención de los tendidos. A ellos brindó entre la división de opiniones. De vertical y asentado concepto su faena, principiada por estatuarios para inmediatamente coser una tanda diestra en la que aprovechó la repetición de Alcarabán, así, con ‘b’. No tenía mala condición, pero apenas transmitía y la gente andaba a la contra. Como lo estaba el viento, que imposibilitaba planchar la muleta. Un natural pareció la octava maravilla según transcurría la corrida, pero el vellosino cantó la gallina y se rajó. El triunfador de Sevilla, que soñaba con otro Secretario, tendrá que esperar a la siguiente cita. Porque el sexto ya fue el colmo del toro aburrido y ni el sabio conocimiento de Luque, perfecto con Español III, salvó el petardo.  

Cargado de plomo estaba el ambiente, con el aficionado de uñas. A nadie agradó el cambio de ganadería, pero solo pasaron la criba veterinaria dos toros de la titular del Parralejo y se desembarcaron diez del Vellosino, de los que se aprobaron seis. Algunos devolvieron … su abono, pero la plaza lució un aspecto formidable, en cuanto a entrada, ojo, que el gesto andaba torcido desde que se supo que la divisa que lidió el toro más bravo de la Feria de Abril -inolvidable Secretario- regresaba a su finca. El nombre de Vellosino agitaba más los ánimos y la gente entraba a la plaza con la idea de que el hijo de Florito trabajaría a destajo. No fue así: la corrida, tan desigual, con toros indignos, otros serios y alguno más propio de las calles, se mantuvo en su totalidad en el ruedo. Hueca de casta, hubo animales que apuntaron calidad, pero sin empuje. En definitiva, carecían de esa vida que necesita Madrid. Noblotes y sin maldad, en otra plaza hasta les hubiesen arrancado las orejas, pero en la capital semejante material no sirve. Tediosa la tarde, un peñazo, y eso que Daniel Luque tuvo el enorme mérito de inventarse dos faenas remando a favor de su lote.

Marcó el de Gerena diferencias en el quinto, una mole de más seiscientos kilos, que podría haber saltado este verano a cualquier festejo popular. Fue el único en el se quitó y casi le cuesta el percance a Miranda. Se llamaba Español III el voluminoso animal, con el que Contreras arriesgó en un par antes del brindis de Luque, que debió ver algo. Quizá porque el sevillano pisa un sitio en el que se ve toro por todos lados. Torerísimo el trincherazo del prólogo, andándole con garbo. Adelantó luego las telas, enganchó adelante la embestida (sic) y tiró de ella con la mano de la cuchara, dándole de comer a favor. Para incitar a Español III, para que masticase y se tragase los muletazos. Todo junto a las rayas del 4, con los monosabios pendientes de la clase técnica de Daniel, aplomado y comprometido, queriendo muchísimo más de lo que merecía el toro. Tan metido estaba en la faena que, mientras aquel voluminoso cuerpo pasaba por su jurisdicción, lo tiró a la arena. Enrabietado se metió entre los pitones, en busca de más y más. Ni una gota sin exprimir dejó al noblón rival. Un desplante puso fin a la obra que se había inventado en diez minutos. Le pidieron la oreja, pero sin el quorum suficiente, por lo que se conformó con saludar tras frenarle una ganada vuelta al ruedo.

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La tarde arrancó con los maullidos del sol cuando asomó el primero, tan falto de remate. Se movía Colombino con las manos por delante y acusó su justa fortaleza desde la salida. A pesar del buen trato de José Chacón en la lidia, se desplomó en la muleta -casi le cuesta un disgusto a Castella- y el francés optó por abreviar y no mosquear al personal. Mosqueo el que asomaba en el rostro de Sebastián, que se quedó fuera de los carteles maestrantes y se quedaba ahora inédito con el primer cartucho venteño. Aries de bisonte traía el cuarto, en el que combinó verónicas y chicuelinas en el decidido saludo. El de Béziers concedió distancia para aprovechar la inercia y lo provocó luego para robar muletazos, pero la tarde había emprendido la cuesta abajo, con todos los sinónimos de muermo que ustedes quieran poner. Tanto insistió que se libró por los pelos del tercer aviso.

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    Jueves, 14 de mayo de 2026. Sexta corrida. Lleno. Toros del Vellosino (sustitutos de los titulares del Parralejo), desiguales de presencia, huecos de casta, sin maldad, algunos con querer pero poco poder.

    • Sebastián Castella,
      de grana y oro: pinchazo hondo y descabello (silencio); dos pinchazos, estocada desprendida, dos descabellos y se echa (silencio tras dos avisos).

    • Daniel Luque,
      de lila y plata: estocada rinconera (saludos tras aviso); estocada (petición y saludos tras aviso).

    • David de Miranda,
      de teja y oro: estocada caída (silencio); estocada baja (silencio).

Cuando pisó el ruedo el impresentable tercero, nos preguntábamos cómo serían los rechazados del Parralejo. Indigno de una plaza de primerísima categoría era, sin trapío. «Miau, miau», coreaban mientras David de Miranda saludaba a la verónica en el terreno donde se baila un chotis, con el mérito de captar la atención de los tendidos. A ellos brindó entre la división de opiniones. De vertical y asentado concepto su faena, principiada por estatuarios para inmediatamente coser una tanda diestra en la que aprovechó la repetición de Alcarabán, así, con ‘b’. No tenía mala condición, pero apenas transmitía y la gente andaba a la contra. Como lo estaba el viento, que imposibilitaba planchar la muleta. Un natural pareció la octava maravilla según transcurría la corrida, pero el vellosino cantó la gallina y se rajó. El triunfador de Sevilla, que soñaba con otro Secretario, tendrá que esperar a la siguiente cita. Porque el sexto ya fue el colmo del toro aburrido y ni el sabio conocimiento de Luque, perfecto con Español III, salvó el petardo.

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