Tras pinchar en febrero en Aragón y en marzo en Castilla y León, Alvise Pérez lo intenta por tercera vez en unas autonómicas. Esta vez será en su tierra, Andalucía. El partido Se Acabó La Fiesta (SALF), montado por el eurodiputado sevillano, aspira este domingo a dar una sorpresa mayúscula en las elecciones y meterse en el Parlamento. Pérez incluso fantasea con ser decisivo. Con los sondeos en contra, el agitador ultraderechista, difusor de bulos y teorías de la conspiración, inmerso en diversos problemas judiciales, ha elegido fórmula para encarar el desafío: victimismo, toneladas de victimismo. Mientras trata de que los suyos desoigan el desalentador mensaje de que la única utilidad de SALF es quitar escaños a Vox, Pérez eleva al paroxismo su discurso de hombre con todo en contra y reafirma su convicción de presentarse a las próximas generales.
El eurodiputado sevillano, con las encuestas en contra, hace el tercer intento de meter a su partido en una autonomía con la vista ya puesta en las generales
Tras pinchar en febrero en Aragón y en marzo en Castilla y León, Alvise Pérez lo intenta por tercera vez en unas autonómicas. Esta vez será en su tierra, Andalucía. El partido Se Acabó La Fiesta (SALF), montado por el eurodiputado sevillano, aspira este domingo a dar una sorpresa mayúscula en las elecciones y meterse en el Parlamento. Pérez incluso fantasea con ser decisivo. Con los sondeos en contra, el agitador ultraderechista, difusor de bulos y teorías de la conspiración, inmerso en diversos problemas judiciales, ha elegido fórmula para encarar el desafío: victimismo, toneladas de victimismo. Mientras trata de que los suyos desoigan el desalentador mensaje de que la única utilidad de SALF es quitar escaños a Vox, Pérez eleva al paroxismo su discurso de hombre con todo en contra y reafirma su convicción de presentarse a las próximas generales.
En las europeas de 2024, SALF cosechó en Andalucía más de 180.000 votos, un 6,21%, frente a un 4,59% en España. Son números que parecen invitar a Alvise al optimismo. Pero César Calderón, director de la consultora política Red Lines, le echa un jarro de agua fría. “Salvo accidente de campaña”, no tiene opciones, concluye con los números por delante el autor de Cómo ganar unas elecciones(Catarata, 2026). ¿Por qué? Aunque el umbral de entrada es solo de un 3% por provincia, en la práctica este se eleva por encima del 7% en las más pequeñas como Huelva o Jaén y al 5%-6% en las grandes, como Málaga o Sevilla. Y pese a que las europeas podrían indicar que está a su alcance —en Málaga llegó al 7,4%—, aquellas fueron unas elecciones distintas, recalca Calderón, porque en ellas se da un “voto desinhibido”, es decir, experimental. ¿Resultado? Ni las encuestas oficiales del CIS y el Centra, ni la realizada por 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER le asignan escaño.

Si se confirma el fracaso, sería un fracaso en casa. Sevillano de 36 años, el hombre que logró convertirse en eurodiputado sobre la base de un grupo de Telegram tiene incorporada a la ciudad del Guadalquivir —“mi ciudad”, la llama— a su relato político. A pesar de su extravagancia, luciendo sevillanía es de lo más convencional y se presenta como un amante de la feria y las procesiones. Algunas experiencias de su vida sevillana le han servido para explicar su historia y su visión de las cosas. Por ejemplo, con su abandono de la educación a los 16 años ha ilustrado su origen “súper humilde” (“no tenía dinero ni para libros”, ha contado), pero también su compromiso familiar (“una gran parte del día tenía que cuidar de mi abuela”) y su desprecio por el sistema público andaluz de enseñanza (“era una educación para imbéciles”). El tratamiento del cáncer de endometrio de su madre, al que Pérez se refiere con asiduidad y del que se ha recuperado ya, le sirve para cargar contra el funcionamiento del sistema sanitario.
Sevilla es también donde despuntó su vocación política. “Teniendo unos 18 años, decía que quería trabajar en la política europea”, explica una persona que lo trató entonces y lo recuerda dicharachero, sin ideología clara pero al que por aspecto y conversación “nunca imaginarías en la extrema derecha”. Aquel joven es hoy el eurodiputado Pérez, que afirma tener “una relación de amor-odio” con Andalucía (de “amor” por sus “raíces” y su “gente”; de “odio” por su “casta política), y que eligió Sevilla, en concreto la céntrica plaza de San Lorenzo, la que acoge a la basílica de Jesús del Gran Poder, para un acto estelar de su campaña el domingo pasado.
“Perseverancia, fuerza y fe”
Sevilla, domingo 10 de mayo. El acto empieza en torno a las 19.15. Aunque va acompañado del empresario de inteligencia artificial Adrián Yacar, candidato a la presidencia de la Junta, la estrella absoluta es el presidente del partido, que irrumpe con chupa marrón. Es un mitin diferente a los de Vox. No solo por el mensaje, más diatriba antisistema que alegato contra la inmigración. También difiere la concurrencia. Hay menos jóvenes que en los actos de Vox. Sobre todo, menos chavales en el límite de la mayoría de edad. Además de banderas de España, abundan las andaluzas, algo impensable con Santiago Abascal y los suyos. Es más, en el folleto de SALF se lee “Andaluces, levantaos”, como el himno andaluz, en otra exhibición de eclecticismo del personaje.

Entre las cientos de personas reunidas, abundan las prendas con mensajes a la medida del líder. “Incómodo para el sistema”, se lee en una camiseta. Un joven alto y desaliñado, con un look que no habría chirriado en las plazas del 15-M, lleva otra donde pone: “Perseverancia, fuerza y fe”. Ese mensaje es el cogollo de la campaña.
Tras tropezar en sus dos primeros intentos autonómicos, con su inmunidad levantada por la Eurocámara por un caso de presunto acoso a una fiscal, expuesto a una posible segunda retirada de inmunidad por un un caso de supuesta financiación irregular de su partido, Alvise se ha abonado a la épica de la resistencia. “No sabéis lo que es”, ruge ante a los asistentes, que “aporreen la puerta de la casa de tu madre”, justo cuando está “saliendo de un cáncer”, o que “ofrezcan dinero a familiares con los que no hablas hace veinte años para que me calumnien”. ¿A quiénes acusa? A todos, sobre todo a medios y rivales. Al “sistema”, palabra omnipresente.
“¡Tendrán que ilegalizarnos para detener este movimiento civil!”, promete en un discurso mesiánico, con ecos religiosos, durante el cual, presa del entusiasmo, suelta un “queridos hermanos” a sus seguidores. El apoyo al líder es abrumador. “¡Estamos contigo, estamos contigo!”, corea la plaza de San Lorenzo. “Yo voy aguantar con él hasta el final. Lo que dure, duró. Para mí, no hay otra opción. Si está SALF, voto a SALF. Si no, no voto. ¿Vox? Ni me lo planteo. Es que la gente se equivoca. Vox es un partido más, Alvise se ha dedicado a sacar toda la mierda de [José Luis] Ábalos”, afirma, ya terminado el mitin, Martín, de 26 años, que prefiere no decir su apellido.
Alvise, entregado a sus “ardillas”, como también llama a sus seguidores, insiste una y otra vez en la misma idea: están solos en la batalla. “Se han unido todos contra nosotros. Era algo impensable poder unir a Abascal con Irene Montero, a [Alberto Núñez] Feijóo con Yolanda [Díaz]. Pues lo hemos conseguido”, dice. Es una de las pocas referencias directas a Vox, partido con el que colinda una parte de su electorado. De hecho, ello le plantea el desafío de responder al mensaje, salido de Vox y sus múltiples terminales, de que los votos que le quita acaban por favorecer a la izquierda. Según Vox, en Castilla y León SALF le restó tres escaños sin ganar ninguno. Calderón, de Red Lines, cree que en escaños SALF puede ahora llegar a hacerle a Vox “un daño similar”, pero este tendrá menor impacto político si Moreno logra la mayoría absoluta.
Que Moreno no la consiga y SALF sea imprescindible para su investidura es una idea que excita al auditorio. “¿Os imagináis que el próximo Gobierno de la Junta dependa de SALF?”, pregunta Pérez desde el escenario. “¡Oooh!”, responde la gente antes de romper en un aplauso. Y ahí el orador le mete el dedo en el ojo a Abascal. Sin nombrarlo, eso sí. A él no le pasará “como a otros”, que dan prioridad a “colocar” gente, se compromete Alvise, en aparente referencia a la entrada de Vox en los gobiernos de Extremadura y Aragón. Alvise asegura que no firmaría ningún acuerdo. Si Juan Manuel Moreno quiere su apoyo para ser presidente, solemniza, tendrá que cerrar Canal Sur, un propósito inviable porque es un servicio público recogido en el Estatuto de Autonomía, que habría que reformar, algo imposible de hacer con carácter previo a una investidura. El dinero que se ahorraría, añade, iría a reforzar “la seguridad”, un asunto que le obsesiona. No en vano, su referente es Nayib Bukele, el presidente de El Salvador.
Rumbo a las generales
Aunque Alvise hace lo posible por parecer optimista, algunos de sus mensajes ya preparan a los suyos para que no se rindan si hay una tercera decepción. Así que va soltando ideas como que es la “primera vez que nos presentamos” en Andalucía, que es un “partido recién creado” —SALF se inscribió como partido en enero de 2025—, que está en fase de formar “estructura” y “darse a conocer”… No solo difunde mensajes así en Sevilla, también en sus canales digitales. A estos eximentes para otro posible pinchazo acompaña la promesa de que se presentará a las generales. Y ahí sí tendrá opciones, afirma Calderón, de Red Lines, atento a todas las encuestas.
“Su electorado natural se moviliza en convocatorias de bajo coste estratégico y alta visibilidad mediática nacional. Eso son las europeas y, en menor medida, las generales, donde provincias como Madrid o Valencia tienen un coste por escaño del 3,5%-4,5%, teóricamente alcanzable para él. El paralelismo no es con Vox, que tuvo aparato territorial desde el principio, sino con UPyD. Arrancó en unas europeas en 2009 con un escaño, encadenó una travesía autonómica frustrante y aun así llegó a meter cinco diputados en las generales de 2011 con 1,1 millones de votos. Murió después, sí, pero murió en su cuarto ciclo, no en el primero”, expone Calderón, que cree, no obstante, que tanto el “frente judicial” como una posible “implosión interna” podrían lastrar a SALF.
