Sin ser ser un día marcado por las continuas efemérides, el día del patrón San Isidro ha estado jalonado de tardes importantes en el devenir de los anales de la plaza de Las Ventas, otras muchas se fueron perdiendo en el olvido. Del magisterio de Marcial Lalanda a la irrupción de Espartaco, de la soberbia de Luis Miguel a la resurrección de Antoñete con el toro blanco de Osborne, todo sucedió un 15 de mayo.El recuerdo lejano de un día de San Isidro de 1941, trae el nombre de Marcial Lalanda, «el maestro consagrado ya por los soles de veinte temporadas», en una tarde en la que se sobrepuso a una chica corrida de Sánchez Fabrés, y que en palabras del abecedario Giraldillo, el madrileño se mostró como «el maestro de maestros, el que ha parado en su nombre el curso del toreo, el que ve como vienen y van los otros». Dos orejas cortó en medio del clamor.taurina_0639Siete años más tarde, en el que fue segundo ciclo isidril, Luis Miguel Dominguín, que venía de una tarde gris con el público de uñas, se mostró «poderoso, mandón y soberbio» a juicio de José Luis Suárez-Guanes. Cortó tres orejas a una corrida de Antonio Pérez de San Fernando y se lo llevaron a hombros junto a su hermano Pepe, que no había dado ni una vuelta al ruedo, pero que cautivó a los tendidos con sus extraordinarios pares de banderillas. «Ha crecido tanto Luis Miguel que todos los toros le quedan chicos», sentenció Giraldillo, justo un año antes de que el diestro se autoproclamase como número uno del toreo.Noticia relacionada general No No Entrevista | Borja Jiménez «De momento, Roca Rey no ha respondido a mi invitación de torear juntos en Madrid» Rosario PérezCuatro años más tarde, en 1952, Antonio Ordóñez «levanta la feria a pulso», según la opinión de Giraldillo en una tarde de triunfo frente a toros de Pérez de San Fernando. «Aquella espléndida y soberana manera de torear de capa al tercero, aquella viril manera de colocarse, aquel recreo a la par majestuoso y bravío de realizar la verónica, le abrieron el camino espléndido de su triunfo».Al año siguiente, «Antoñete consigue por fin triunfar en su Madrid. Un Madrid que sólo había visto esbozos y apuntes de lo que ya sabían de memoria el resto de los públicos de España», analiza Suárez-Guanes. Fue el 15 de mayo de 1953 cuando Antoñete consume la primera salida a hombros de su historia al hacerse con tres orejas de los toros de Fermín Bohórquez. «Su toreo es más límpido que lo había sido nunca, cristalino como el agua, templado ante las pastueñas y repetidas embestidas, y sin que se pudiera vislumbrar esa fragilidad futura». Y continúa Guanes: «Aquel día salió en figura del toreo hasta que sus frágiles huesos, las cornadas del toro y los desaires de la vida le fueron mermando su decisión, pero jamás su intacta torería».El toro blancoTrece años después, Antoñete resurgió con una faena que forma parte de la leyenda de Las Ventas. La que se conoce como faena al toro blanco de Osborne. Fue el día del santo de 1966, la que, sin duda, ha sido la feria de San Isidro mejor de la historia. Ahí quedan los triunfos de Antonio Bienvenida, Curro Romero, El Viti, El Cordobés, Litri, y el propio Antoñete por partida doble. Con Atrevido de Osborne, Chenel inspiró a Diaz Cañabate en su crónica de ABC: «Eso no es toreo de ayer, ni de hoy, sino de siempre, pero con la sencillez de la elegancia, de lo delicado, de lo fino, de lo sutil».Antoñete toreó en Las Ventas otros 15 de mayo, en el 55, 58 y 74, pero el madrileño nunca alcanzó las cimas de las tardes de 1953 y 1966.Los dos solosNos vamos a 1977, Andres Vázquez en solitario en la corrida pro monumento de Antonio Bienvenida. El de Zamora cortó tres orejas a los tres primeros toros de Campillo. «Al final la salida a hombros por la puerta grande entre vítores y gritos de ¡torero, torero, torero! Le llevaron en volandas hasta el monumento del maestro. Allí, simbólicamente, por última vez, surgiría el último abrazo. Los dos solos», cuenta Vicente Zabala.De Zabala es también el juicio sobre Espartaco, el día que el joven de Espartinas conquistó al público madrileño. Fue el 15 de mayo de 1985 con toros de Alonso Moreno de la Cova con Ruíz Miguel y Emilio Muñoz de compañeros de terna. «Cuando un torero está embalado, cuando se encuentra pletórico de moral e ilusión, enrachado que se dice en la jerga, no hay quien lo pare», decía la crónica de ABC, que concluía: «Las dos orejas en sus manos ganadas a ley, porque luego se fue detrás de la espada como si fuera El Espartero».Todo sucedió un día de San Isidro, así lo contó ABC. Sin ser ser un día marcado por las continuas efemérides, el día del patrón San Isidro ha estado jalonado de tardes importantes en el devenir de los anales de la plaza de Las Ventas, otras muchas se fueron perdiendo en el olvido. Del magisterio de Marcial Lalanda a la irrupción de Espartaco, de la soberbia de Luis Miguel a la resurrección de Antoñete con el toro blanco de Osborne, todo sucedió un 15 de mayo.El recuerdo lejano de un día de San Isidro de 1941, trae el nombre de Marcial Lalanda, «el maestro consagrado ya por los soles de veinte temporadas», en una tarde en la que se sobrepuso a una chica corrida de Sánchez Fabrés, y que en palabras del abecedario Giraldillo, el madrileño se mostró como «el maestro de maestros, el que ha parado en su nombre el curso del toreo, el que ve como vienen y van los otros». Dos orejas cortó en medio del clamor.taurina_0639Siete años más tarde, en el que fue segundo ciclo isidril, Luis Miguel Dominguín, que venía de una tarde gris con el público de uñas, se mostró «poderoso, mandón y soberbio» a juicio de José Luis Suárez-Guanes. Cortó tres orejas a una corrida de Antonio Pérez de San Fernando y se lo llevaron a hombros junto a su hermano Pepe, que no había dado ni una vuelta al ruedo, pero que cautivó a los tendidos con sus extraordinarios pares de banderillas. «Ha crecido tanto Luis Miguel que todos los toros le quedan chicos», sentenció Giraldillo, justo un año antes de que el diestro se autoproclamase como número uno del toreo.Noticia relacionada general No No Entrevista | Borja Jiménez «De momento, Roca Rey no ha respondido a mi invitación de torear juntos en Madrid» Rosario PérezCuatro años más tarde, en 1952, Antonio Ordóñez «levanta la feria a pulso», según la opinión de Giraldillo en una tarde de triunfo frente a toros de Pérez de San Fernando. «Aquella espléndida y soberana manera de torear de capa al tercero, aquella viril manera de colocarse, aquel recreo a la par majestuoso y bravío de realizar la verónica, le abrieron el camino espléndido de su triunfo».Al año siguiente, «Antoñete consigue por fin triunfar en su Madrid. Un Madrid que sólo había visto esbozos y apuntes de lo que ya sabían de memoria el resto de los públicos de España», analiza Suárez-Guanes. Fue el 15 de mayo de 1953 cuando Antoñete consume la primera salida a hombros de su historia al hacerse con tres orejas de los toros de Fermín Bohórquez. «Su toreo es más límpido que lo había sido nunca, cristalino como el agua, templado ante las pastueñas y repetidas embestidas, y sin que se pudiera vislumbrar esa fragilidad futura». Y continúa Guanes: «Aquel día salió en figura del toreo hasta que sus frágiles huesos, las cornadas del toro y los desaires de la vida le fueron mermando su decisión, pero jamás su intacta torería».El toro blancoTrece años después, Antoñete resurgió con una faena que forma parte de la leyenda de Las Ventas. La que se conoce como faena al toro blanco de Osborne. Fue el día del santo de 1966, la que, sin duda, ha sido la feria de San Isidro mejor de la historia. Ahí quedan los triunfos de Antonio Bienvenida, Curro Romero, El Viti, El Cordobés, Litri, y el propio Antoñete por partida doble. Con Atrevido de Osborne, Chenel inspiró a Diaz Cañabate en su crónica de ABC: «Eso no es toreo de ayer, ni de hoy, sino de siempre, pero con la sencillez de la elegancia, de lo delicado, de lo fino, de lo sutil».Antoñete toreó en Las Ventas otros 15 de mayo, en el 55, 58 y 74, pero el madrileño nunca alcanzó las cimas de las tardes de 1953 y 1966.Los dos solosNos vamos a 1977, Andres Vázquez en solitario en la corrida pro monumento de Antonio Bienvenida. El de Zamora cortó tres orejas a los tres primeros toros de Campillo. «Al final la salida a hombros por la puerta grande entre vítores y gritos de ¡torero, torero, torero! Le llevaron en volandas hasta el monumento del maestro. Allí, simbólicamente, por última vez, surgiría el último abrazo. Los dos solos», cuenta Vicente Zabala.De Zabala es también el juicio sobre Espartaco, el día que el joven de Espartinas conquistó al público madrileño. Fue el 15 de mayo de 1985 con toros de Alonso Moreno de la Cova con Ruíz Miguel y Emilio Muñoz de compañeros de terna. «Cuando un torero está embalado, cuando se encuentra pletórico de moral e ilusión, enrachado que se dice en la jerga, no hay quien lo pare», decía la crónica de ABC, que concluía: «Las dos orejas en sus manos ganadas a ley, porque luego se fue detrás de la espada como si fuera El Espartero».Todo sucedió un día de San Isidro, así lo contó ABC.
Sin ser ser un día marcado por las continuas efemérides, el día del patrón San Isidro ha estado jalonado de tardes importantes en el devenir de los anales de la plaza de Las Ventas, otras muchas se fueron perdiendo en el olvido. Del … magisterio de Marcial Lalanda a la irrupción de Espartaco, de la soberbia de Luis Miguel a la resurrección de Antoñete con el toro blanco de Osborne, todo sucedió un 15 de mayo.
El recuerdo lejano de un día de San Isidro de 1941, trae el nombre de Marcial Lalanda, «el maestro consagrado ya por los soles de veinte temporadas», en una tarde en la que se sobrepuso a una chica corrida de Sánchez Fabrés, y que en palabras del abecedario Giraldillo, el madrileño se mostró como «el maestro de maestros, el que ha parado en su nombre el curso del toreo, el que ve como vienen y van los otros». Dos orejas cortó en medio del clamor.
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Siete años más tarde, en el que fue segundo ciclo isidril, Luis Miguel Dominguín, que venía de una tarde gris con el público de uñas, se mostró «poderoso, mandón y soberbio» a juicio de José Luis Suárez-Guanes. Cortó tres orejas a una corrida de Antonio Pérez de San Fernando y se lo llevaron a hombros junto a su hermano Pepe, que no había dado ni una vuelta al ruedo, pero que cautivó a los tendidos con sus extraordinarios pares de banderillas. «Ha crecido tanto Luis Miguel que todos los toros le quedan chicos», sentenció Giraldillo, justo un año antes de que el diestro se autoproclamase como número uno del toreo.
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Entrevista | Borja Jiménez
Rosario Pérez
Cuatro años más tarde, en 1952, Antonio Ordóñez «levanta la feria a pulso», según la opinión de Giraldillo en una tarde de triunfo frente a toros de Pérez de San Fernando. «Aquella espléndida y soberana manera de torear de capa al tercero, aquella viril manera de colocarse, aquel recreo a la par majestuoso y bravío de realizar la verónica, le abrieron el camino espléndido de su triunfo».
Al año siguiente, «Antoñete consigue por fin triunfar en su Madrid. Un Madrid que sólo había visto esbozos y apuntes de lo que ya sabían de memoria el resto de los públicos de España», analiza Suárez-Guanes. Fue el 15 de mayo de 1953 cuando Antoñete consume la primera salida a hombros de su historia al hacerse con tres orejas de los toros de Fermín Bohórquez. «Su toreo es más límpido que lo había sido nunca, cristalino como el agua, templado ante las pastueñas y repetidas embestidas, y sin que se pudiera vislumbrar esa fragilidad futura». Y continúa Guanes: «Aquel día salió en figura del toreo hasta que sus frágiles huesos, las cornadas del toro y los desaires de la vida le fueron mermando su decisión, pero jamás su intacta torería».
El toro blanco
Trece años después, Antoñete resurgió con una faena que forma parte de la leyenda de Las Ventas. La que se conoce como faena al toro blanco de Osborne. Fue el día del santo de 1966, la que, sin duda, ha sido la feria de San Isidro mejor de la historia. Ahí quedan los triunfos de Antonio Bienvenida, Curro Romero, El Viti, El Cordobés, Litri, y el propio Antoñete por partida doble. Con Atrevido de Osborne, Chenel inspiró a Diaz Cañabate en su crónica de ABC: «Eso no es toreo de ayer, ni de hoy, sino de siempre, pero con la sencillez de la elegancia, de lo delicado, de lo fino, de lo sutil».
Antoñete toreó en Las Ventas otros 15 de mayo, en el 55, 58 y 74, pero el madrileño nunca alcanzó las cimas de las tardes de 1953 y 1966.
Los dos solos
Nos vamos a 1977, Andres Vázquez en solitario en la corrida pro monumento de Antonio Bienvenida. El de Zamora cortó tres orejas a los tres primeros toros de Campillo. «Al final la salida a hombros por la puerta grande entre vítores y gritos de ¡torero, torero, torero! Le llevaron en volandas hasta el monumento del maestro. Allí, simbólicamente, por última vez, surgiría el último abrazo. Los dos solos», cuenta Vicente Zabala.
De Zabala es también el juicio sobre Espartaco, el día que el joven de Espartinas conquistó al público madrileño. Fue el 15 de mayo de 1985 con toros de Alonso Moreno de la Cova con Ruíz Miguel y Emilio Muñoz de compañeros de terna. «Cuando un torero está embalado, cuando se encuentra pletórico de moral e ilusión, enrachado que se dice en la jerga, no hay quien lo pare», decía la crónica de ABC, que concluía: «Las dos orejas en sus manos ganadas a ley, porque luego se fue detrás de la espada como si fuera El Espartero».
Todo sucedió un día de San Isidro, así lo contó ABC.
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