Polonia permanece en alerta ante la posibilidad de un ataque ruso en territorio de la OTAN que extienda a la UE la guerra que tiene lugar en Ucrania. El primer ministro, el conservador Donald Tusk, advirtió a finales de abril que podría producirse en cuestión de meses. El impacto de un dron el viernes pasado en Rumania, que causó dos heridos, se suma a un registro cada vez más amplio de provocaciones del Kremlin por debajo del umbral del conflicto abierto. El dirigente polaco ha instado a sus socios en la Alianza Atlántica a tomarse la amenaza en serio. La naturaleza ambigua de las acciones híbridas plantea a los aliados el dilema de gestionar la escalada y articular una respuesta.
Los aliados se enfrentan al dilema de cómo gestionar la escalada mientras las amenazas híbridas de Moscú ponen a prueba a la Alianza
Polonia permanece en alerta ante la posibilidad de un ataque ruso en territorio de la OTAN que extienda a la UE la guerra que tiene lugar en Ucrania. El primer ministro, el conservador Donald Tusk, advirtió a finales de abril que podría producirse en cuestión de meses. El impacto de un dron el viernes pasado en Rumania, que causó dos heridos, se suma a un registro cada vez más amplio de provocaciones del Kremlin por debajo del umbral del conflicto abierto. El dirigente polaco ha instado a sus socios en la Alianza Atlántica a tomarse la amenaza en serio. La naturaleza ambigua de las acciones híbridas plantea a los aliados el dilema de gestionar la escalada y articular una respuesta.
“Polonia, los Estados bálticos, ahora Rumania. Cada vez más provocaciones rusas”, subrayó Tusk en un mensaje en X el sábado. “Ayer, el expresidente Dmitri Medvedev dijo que los ciudadanos de la UE pueden dejar de dormir en paz. Todos en la OTAN deberían empezar de una vez a tomarse en serio estos hechos y estas palabras”, apremió el mandatario polaco. El exdirigente ruso, conocido por lanzar todo tipo de amenazas a Occidente desde sus redes sociales, había escrito ese día: “Manténganse alerta y no se sorprendan por nada. El sueño tranquilo se ha acabado”.
El incidente del dron en Rumania generó las habituales declaraciones de condena entre los dirigentes de la OTAN y la UE, que trabaja en un nuevo paquete de sanciones. Como en ocasiones anteriores, puso en evidencia las lagunas en la defensa aérea europea. Pero en esta ocasión llegó además en un momento especialmente delicado, tras los anuncios de Estados Unidos de la reducción de tropas y capacidades en suelo europeo.
En Polonia, uno de los socios más alineados con las exigencias de Washington respecto al reparto de cargas entre los aliados, los recientes anuncios contradictorios sobre la suspensión del despliegue de soldados de rotación estadounidenses en el flanco este han generado confusión y consternación. Alimentan además el temor de expertos y altos cargos polacos de que el Kremlin interprete el mandato del presidente Donald Trump y su compromiso decreciente con los socios europeos como una ventana de oportunidad para lanzar un ataque. No se refieren tanto a una invasión a gran escala, como a algún tipo de agresión significativa por debajo de ese umbral.
Piotr Szymanski,subjefe del Departamento de Seguridad y Defensa del Centro de Estudios Orientales (OSW), considera que la gestión caótica sobre el despliegue de una brigada y la rectificación posterior tienen consecuencias y debilitan la “capacidad de disuasión” de la Alianza en el flanco oriental. “Podemos aceptar las decisiones de EE UU en función de sus prioridades en distintas regiones, pero necesitamos conocerlas de antemano”, subrayó el experto esta semana en su despacho en Varsovia. “La previsibilidad, la visión de conjunto y un entendimiento común son fundamentales”.

La sensación de alarma en la región más expuesta a la amenaza rusa se agrava por semanas con la acumulación de incidentes. Además del dron que causó dos heridos en Rumania, las últimas semanas han penetrado en los Estados bálticos y en Finlandia aparatos no tripulados ucranios tras ser interferidos y desviados por la guerra electrónica rusa. “Rusia, por su parte, recurre a tácticas híbridas y busca intensificar su conflicto híbrido en la región, que es integral: no se trata solo de drones, sino también de guerra psicológica, amenazas, ejercicios nucleares y advertencias sobre el posible uso de armas nucleares, cortes de cables, desinformación, ataques a infraestructuras críticas, sabotaje, espionaje y actividades cibernéticas”, enumera Szymanski.
Polonia es uno de los principales objetivos de Rusia en esa ofensiva multidominio. Con acciones que se suceden simultáneamente en distintos niveles, Moscú busca “poner a prueba de forma sistemática y continuada la resiliencia de los países, la eficacia de los mecanismos de cooperación aliados y su capacidad de influir en las sociedades”, como recuerda un informe de finales de abril de Defence 24, un medio polaco especializado en Defensa.
El documento subraya que “esto no constituye una escalada hacia un conflicto abierto a gran escala” y plantea respuestas ofensivas, no solo defensivas.
Empujar el umbral
La zona gris opera por debajo de la guerra abierta, pero como afirma Tomasz Szatkowski, antiguo representante de Polonia ante la OTAN con el Gobierno ultraconservador de Ley y Justicia, “se empuja constantemente el umbral”. “Para la cultura ruso-soviética, no existe una separación clara entre la paz y la guerra”, dice. “Se trata de una rivalidad constante, y sus servicios secretos no se limitan a recopilar información: llevan a cabo provocaciones, asesinatos, operaciones de influencia… De hecho, la recopilación de inteligencia es casi la última de sus funciones”, continua el exdiplomático, miembro del Consejo de Seguridad y Defensa de la Presidencia polaca.

Para mantener una disuasión creíble, los aliados deben impedir que Rusia marque el ritmo y la escalda. El problema, señala el experto en defensa, es que Moscú utiliza “medios frente a los que los Estados no autoritarios tienen dificultades para responder de la misma manera”. “También es difícil disuadir las amenazas híbridas cuando existe una negación plausible, porque al plantear sanciones siempre puede haber países que digan que no está claro que Rusia esté detrás”, añade.
La ambigüedad y la dificultad de atribución, junto a la falta de unidad política dentro de la UE y la OTAN retrasan y complican la respuesta. Szymanski, del OSW, recuerda que ocho meses después de las incursiones de drones en Dinamarca en septiembre de 2025, “todavía no hemos visto un informe de las autoridades policiales o militares danesas sobre qué drones eran ni desde dónde se lanzaron, por lo que, de momento, asumimos que se trata de algo acorde con los intereses, capacidades y métodos de Rusia”.
El analista subraya que la Alianza y los Estados han reforzado la seguridad en el Báltico y la frontera con Bielorrusia, y han protegido infraestructuras críticas energéticas y de transporte. Se han impuesto sanciones económicas y medidas diplomáticas, y hay margen para emprender más acciones contra la flota fantasma rusa, los buques que emplea para eludir las sanciones. Además, se trabaja en reforzar la resiliencia de la sociedad. Y el apoyo militar a Ucrania se mantiene, aunque con altibajos.
“Disuasión lateral asimétrica”
En paralelo, empieza a abrirse un debate sobre la necesidad de poner en marcha medidas más audaces frente a la ofensiva rusa. Edward Lucas, autor y experto en seguridad, que dirige el Baltic International Security Centre, lamentó en una conferencia de seguridad en Varsovia a principios de mayo que el miedo a las consecuencias y la falta de voluntad política impide que los gobiernos hagan “lo correcto”.

El analista abogó por la “disuasión lateral asimétrica” para recuperar la iniciativa en la escalada. Se trataría de que si Rusia ataca a un país en un ámbito concreto, la respuesta disuasoria provenga de varios países y no necesariamente en el mismo dominio. Por ejemplo, si Moscú lanza un ciberataque, la respuesta podrían ser investigaciones financieras, acciones legales contra activos rusos y medidas dirigidas a personas cercanas a Putin. “Es decir, varias respuestas coordinadas desde distintos frentes. Eso descoloca a Rusia, porque no puede anticiparlas ni controlarlas fácilmente”, explicó a este periódico.
Lucas también instó a extender el modelo finlandés, basado en la resiliencia social. El año pasado, contó el analista, hubo una gran campaña de desinformación y propaganda contra el país nórdico que “fracasó por completo porque nadie le prestó atención, ni siquiera llegó a ser noticia”. “Cuanto mayor es la resiliencia, mayor es la disuasión. Es lo que conoce como disuasión por negación: si una campaña de propaganda no tiene efecto, pierde su sentido”, subrayó.
“Si la disuasión por negación no es suficiente, queda la disuasión por castigo, que implica mayores riesgos”. En cuanto a medidas más agresivas, el analista británico señaló que “algunos plantean acciones en el ciberespacio o en el ámbito informativo para generar presión dentro de Rusia: operaciones que creen incertidumbre o expongan información sensible”. “La idea sería actuar de manera gradual y escalable, enviando señales claras de que la presión puede aumentar si Rusia continúa con su comportamiento”, concluyó Lucas.
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