Gente que sale del trabajo para decidir en minutos adónde llevarse a los suyos, discusiones con los mayores de la familia porque rechazan irse una vez más de casa… La amenaza del primer ministro de Israel, Benjamín Netanuyahu, de bombardear Beirut (detenida a última hora del lunes por el presidente de EE UU, Donald Trump) devolvió durante la jornada a la capital de Líbano una imagen que se ha vuelto frecuente. Decenas de miles de residentes de Dahiye —como se conocen los suburbios beirutíes amenazados por Netanyahu, hogar de 700.000 personas— iniciaron un nuevo éxodo masivo, provocando atascos en las vías de salida. Incluso en los barrios donde Hezbolá no tiene presencia tradicional se percibía una reducción de movimientos, en un ambiente de tensión contenida en el que particulares e instituciones cancelaban planes por precaución.
Miles de personas escapan de los suburbios chiíes de la capital ante el anuncio de un ataque que nunca llegó
Gente que sale del trabajo para decidir en minutos adónde llevarse a los suyos, discusiones con los mayores de la familia porque rechazan irse una vez más de casa… La amenaza del primer ministro de Israel, Benjamín Netanuyahu, de bombardear Beirut (detenida a última hora del lunes por el presidente de EE UU, Donald Trump) devolvió durante la jornada a la capital de Líbano una imagen que se ha vuelto frecuente. Decenas de miles de residentes de Dahiye —como se conocen los suburbios beirutíes amenazados por Netanyahu, hogar de 700.000 personas— iniciaron un nuevo éxodo masivo, provocando atascos en las vías de salida. Incluso en los barrios donde Hezbolá no tiene presencia tradicional se percibía una reducción de movimientos, en un ambiente de tensión contenida en el que particulares e instituciones cancelaban planes por precaución.
Las salidas masivas comenzaron por la mañana, cuando Netanyahu anunció que ponía fin a la principal diferencia que existía en Líbano entre los tiempos de guerra con Hezbolá y el alto el fuego que rige sobre el papel desde hace seis semanas y que ha ido vaciando casi completamente de contenido. La excepción consistía en dejar Beirut y sus aledaños al margen —como le imponía EE UU— de los bombardeos masivos que viene llevando a cabo en el sur del país y en el valle de la Becá. Solo los ha efectuado de forma puntual para matar a líderes de Hezbolá. Este lunes, exultante por el avance de sus tropas en el sur ―clavaron la bandera nacional en el castillo de Beaufort, lleno de simbolismo para muchos israelíes, por retirarse de allí hace 26 años―, Netanyahu dio un paso más al ordenar “atacar objetivos terroristas” en Dahiye, los suburbios mayoritariamente chiíes al sur de la capital. Horas más tarde, el ejército ordenó incluso a sus habitantes marcharse urgentemente, ante la inminencia de un bombardeo que, finalmente, no llegó.
Hasta 2026, Israel nunca había ordenado el desalojo forzoso de toda la zona de golpe, limitándose durante su lucha contra grupos palestinos, en el siglo pasado, o libaneses a acotar la orden a puntos concretos. Este año, lo ha exigido dos veces desde marzo. La ofensiva sobre Dahiye previa a la tregua de abril amplió la devastación causada en 2024, con numerosos bombardeos en las inmediaciones de colegios y centros médicos, destruyendo, según expertos, la sensación de seguridad que requiere la permanencia civil.
Pese a la existencia formal de un alto el fuego, Netanyahu viene incrementando notablemente en los últimos días su ofensiva en Líbano, a pocos meses de unas disputadas elecciones. A diferencia del procedimiento habitual, en el que los portavoces castrenses en árabe anticipan las hostilidades en órdenes de desalojo dirigidas a la población libanesa, este lunes el dirigente ha anunciado la inminencia de los ataques en hebreo y en su perfil oficial.
El mandatario israelí había anunciado la decisión horas después de que Hezbolá aumentase la cantidad y, sobre todo, el alcance de sus proyectiles en respuesta al avance de las tropas hacia el norte. La milicia libanesa se centra en causar bajas —14 soldados y un contratista, durante el cese nominal de hostilidades— más que en la casi imposible tarea de impedir el progreso terrestre.
Hasta ahora, Hezbolá había lanzado drones sobre todo contra las tropas dentro de Líbano o en localidades cercanas a la frontera. En las últimas horas, en cambio, ha llegado incluso a Safed, una ciudad ubicada a 14 kilómetros de la frontera, y ha disparado proyectiles contra otras que hasta ahora había mantenido al margen, como Acre o Kiriat Shmoná. En las últimas 24 horas, el ejército de Israel ha anunciado la muerte de otros tres soldados por su principal talón de Aquiles: los ataques de la milicia islamista con drones explosivos por cable.
La intensificación de la ofensiva ponía en peligro otra tregua (más importante) que Netanyahu no desea: la de Estados Unidos e Irán. Teherán ha venido evitando echar por tierra el alto el fuego con Washington para proteger a su aliado, Hezbolá, ante los ataques de Israel ―que han causado más de 600 muertos desde abril, y más de 3.400 desde un mes antes―, que habían desconectado en la práctica ambas treguas.
Este lunes, sin embargo, tras días de aumento de la presión israelí en Líbano, Irán suspendió las negociaciones con EE UU hasta que Netanyahu detuviese su ofensiva, según informó la agencia iraní Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria. La agencia señaló que su equipo negociador dejará de intercambiar mensajes con Washington (el diálogo ha sido hasta ahora a través de mediadores que pasan mensajes de uno a otro interlocutor) si Israel mantiene todas sus operaciones militares en Líbano y Gaza, donde también ha seguido bombardeando a diario y tomando cada vez más territorio pese al supuesto alto el fuego.
El ejército iraní incrementó luego la tensión al replicar la orden castrense en Líbano (exhortando a escapar a los residentes del norte de Israel) y el Ministerio de Exteriores responsabilizó a Washington del impacto en las negociaciones de las acciones militares de Israel en Líbano. Trump señaló entonces que había hablado con Netanyahu y (a través de intermediarios) con Hezbolá y que cesarían los combates, lo que generó en los beirutíes una mezcla de alivio y desconfianza: ya en el segundo día del cese de hostilidades, el presidente de EE UU escribió en su red social, Truth, que “Israel no seguirá bombardeando Líbano”. Desde entonces, lo ha permitido a diario.
La interpretación en el Gobierno israelí tampoco apunta a la tranquilidad. El ministro de Defensa, Israel Katz, ha asegurado en una entrevista televisiva, tras el mensaje de Trump, que “no hay un alto el fuego en Líbano” y que su ejército carece de “limitación” de acción en el país vecino. Además, ha presentado el cese de los combates anunciado por el presidente de EE UU como total, para Hezbolá, pero únicamente limitado a Beirut, para Israel.
Hasan Fadlallah, miembro del bloque del partido-milicia en el Parlamento de Líbano, ha declarado a la agencia Reuters que su organización apoya “un alto el fuego en todo el territorio libanés”, sin distinciones, como “paso previo a la retirada de las tropas israelíes de todas las tierras libanesas”. La petición responde al temor generalizado de que un nuevo cese de hostilidades permita —como el actual— la permanencia de la ocupación israelí, impidiendo el regreso a los cientos de miles de desplazados de decenas de aldeas.
Durante la jornada se sucedieron las condenas al recrudecimiento de la ofensiva israelí. El presidente libanés, Joseph Aoun, la catalogó de “brutal y condenable”. Incluso el ministro de Justicia, Adel Nasar, y miembro de las Falanges Libanesas —una formación cristiana y enemiga de Hezbolá en el ámbito doméstico—, señaló a la prensa que “el bombardeo israelí sistemático de barrios, viviendas y monumentos dificulta el proceso de negociación” que mantienen en EE UU los Gobiernos de Israel y de Líbano. Nasar también ha exigido al movimiento chií que “detenga sus aventuras” militares y apoye “al Estado y a sus instituciones”.
Aunque aboguen por las negociaciones con Israel como única vía para apartar al país del ciclo de la violencia, los mandatarios libaneses buscan el equilibrio al denunciar los ataques de quien se sienta al otro lado de la mesa y que causan decenas de muertos a diario. Solo el domingo fueron 41. La semana pasada, las delegaciones de Israel y Líbano celebraron en encuentro en el Pentágono con el objetivo de lograr un alto el fuego real.
Además de poner ahora Beirut en el punto de mira, Israel había ido aumentando sus bombardeos en el sur de Líbano. A poco más de una hora en coche al sur de la capital, donde se encuentra el río Zahrani, demarcó el miércoles pasado todo lo que queda al sur de esa vía de agua, que circula a 40 kilómetros de la frontera no oficial, como una “zona de combate” de la que los libaneses deben huir puesto que “cualquier movimiento” pondría en peligro sus vidas.
La noche del domingo, sin embargo, el Ministerio de Sanidad registró lo que describió como una “masacre” en Deir Zahrani, un municipio al norte de la zona restringida. El ataque israelí causó ocho víctimas mortales, entre ellos tres mujeres, y 19 heridos, seis de ellos menores. Estos incidentes llevan a parte de los libaneses a desestimar la idea del exilio, al no percibir que haya lugares seguros.
En Tiro, la mayor ciudad meridional, Israel bombardeó un edificio frente al Hospital Yabal Amel, causando una gran humareda. El cercano Hospital Hiram registró la víspera daños materiales y 13 médicos heridos durante otro ataque en sus inmediaciones. Israel llamó telefónicamente el domingo a los equipos locales de defensa civil para obligarlos a desalojar. El director de los rescatistas, Ali Safieddine, declaró que se han movido “temporalmente” a Sidón, fuera de la zona que Israel decreta como restringida.
En este contexto, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tenía previsto celebrar este lunes una sesión de emergencia sobre el conflicto en Líbano, según han precisado fuentes diplomáticas a la agencia AFP. Francia, que guarda fuertes lazos con el territorio tras tener un mandato sobre Líbano durante las décadas previas a su independencia, en 1943, solicitó el domingo la sesión. “Nada justifica la gran escalada que se está llevando a cabo en Líbano”, protestó el mandatario francés, Emmanuel Macron. Arabia Saudí y Egipto, aliados de EE UU, también han denunciado la escalada israelí.
Feed MRSS-S Noticias
