Todo salió al revés en la primera jornada grande del Primavera Sound. El caos se apoderó del recinto del Fórum a última hora de la tarde cuando la lluvia y un viento huracanado hicieron acto de presencia y obligaron a cancelar todos los conciertos de los escenarios principales, dejando una de las imágenes más tristes de la historia del festival, la de 70.000 personas sin saber a dónde ir y con un incómodo silencio por todas partes. El Primavera sin música es una imagen difícil de concebir, sólo kilómetros y kilómetros de asfalto. Que nadie intente buscar el lado romántico de la lluvia en un festival masivo, porque no lo tiene. Es dantesco, es anticlimático, es casi una pesadilla lyncheana. «No sé lo que hacer. Nadie dice nada. No sé si irme, pero tampoco quiero levantarme por la mañana y ver en instagram a gente pasándolo bien con mi grupo favorito», decía Michael, un joven de 24 años que había venido expresamente desde Dublín a ver a Massive Attack. ¿Tocaron? A las once de la noche anunciaron que subirían al escenario a las 00.30 horas, tres más tarde de lo previsto. A la 1 de la madugada confirmaban la cancelación definitiva no sólo de Massive Attack, sino de Bad Gyal, una pena, Doja Cat y Massive Attack.La tormenta arrancó por las 19.30 y media hora después caía con tal intensidad que el recinto del Fórum se convirtió en un correcalles. Todos buscaban cobijo en los poco espacios cubiertos, pero apenas cabía un alma más allá abajo. Aunque lo peor vendría después, cuando el viento huracanado hizo acto de presencia y era imposible cubrirse de la lluvia porque aparecía en todas las direcciones. «Esto me recuerda al año de Benicassim», decían dos veteranos cinquentones rememorando el año de la lluvia e inundaciones en el célebre festival. Tampoco tenían que irse tan lejos. En 2023 el propio Primavera Sound se vio forzado a cancelar el primer día de la que era su primera versión madrileña del festival. La mala suerte parece perseguir a la organización en los últimos años Noticia relacionada general No No Primavera Sound: Guitarricadelafuente pone el listón altísimo en el arranque del festival Carlos SalaLo cierto es que la desinformación hizo estragos. Los escenarios principales, los más grandes, no sólo cancelaron sus conciertos, sino que tuvieron que desalojar por completo la enorme explanada donde están situados, que hace años se bautizó como Mordor. Esto hizo que muchos, sobre todo los extranjeros, con la esperanza de que pronto se restableciese la normalidad, se quedasen esperando a la entrada, apiñados horas y horas entre gente empapada, paraguas rotos, chubasqueros de todos los colores, incluso transparentes regalados por la organización, y una gran incomodidad general. En realidad, la lluvia era lo de menos, lo que daba realmente miedo era el viento. A veces movía con tal violencia unos enormes fluorescentes de plástico junto a una de las paredes del recinto que el choque creaba un estruendo ensordecedor. A las 22.30 h la desbandada ya era general. La mayoría perdieron la paciencia y lo dejaron por imposible. Aunque salir de allí no era tan sencillo. El metro estaba colapsado, las colas para abandonar el recinto interferían con los accesos y parecía preferible hasta quedarse en la lluvia y rezar porque volvieran los conciertos. Muchos aprovecharon para sentarse en un parque infantil junto al auditorio azul del Fórum, antes de entrar en el recinto, un lugar de libre acceso donde se puede ver a lo lejos los escenarios grandes y hasta escucharlos con cierta claridad. Un grupo de mexicanos decidieron poner allí su campamento y esperar un poco más por si veían que la música volvía a restablecerse. Una imagen triste. Dicen que la esperanza nunca se pierde. Pues menuda maldición.Entre los conciertos que sí que se realizaron en el Primavera destacaron Geese, Oklou, Skullcrusher y The New EvesY eso que todo el mundo iba bien preparado. A nadie le pilló por sorpresa la lluvia, que se calculaba que tenía que caer de 20.00 horas a las 2.30 horas de la madrugada. Incluso la organización había advertido de esta posibilidad y recomendaba llegar con chubasquero propio. Sin embargo, el tiempo es muy difícil de prever y casi imposible de contrarrestar con medidas cien por cien efectivas. Al principio, se hablaba de que unos grandes monitores de sonido habían caído al suelo por culpa del viento en el escenario principal y que esto había obligado a suspender definitivamente los conciertos, pero era algo que nadie sabía confirmar. La gente estaba muy mojada y tenía frío, con el calzado empapado y algo de mal humor, pero se resistían a perder el mal humos. Los escenarios más pequeños todavía mantenían la actividad, pero las audiencias eran mínimas, como si la gente hubiese venido a ver Massive Attack y prefiriesen esperar y mirar la lluvia, que disfrutar de los conciertos que sí funcionaban. La jornada había comenzado extraña ya desde primera hora. En un autobús público que llega hasta la entrada del Fórum, una joven gritó que éste había cambiado el rumbo y de pronto abandonó el vehículo ella, sus amigas, y una veintena de extranjeros que no debían entender lo que pasaba, nerviosos, pero bajaron igual. El autobús, por supuesto, llegó hasta el Fórum, como era habitual. A lo lejos, ya se oía como un lamento las canciones de un concierto sin identificar, pero con el cielo denso, oscuro, amenazador, parecía el canto fatal de las sirenas invitando a los marineros a perderse en el fondo del mar. El público busca refugio dentro del Primavera SoundCon la amenaza de lluvia, resguardarse en el Auditorio, el escenario cubierto para propuestas más intimistas y especiales, parecía una genial idea. Allí, la colombiana residente en Estados Unidos Lucrecia Dalt , una especie de Tom Waits latina, presentó canciones expresionistas, de tinte y atmósfera cinematográfica, donde la omnipresencia del contrabajo y la percusión creaban un contrapunto hipnótico, exaltando tu imaginación al máximo. Al salir, la lluvia ya caía con debilidad. En ese momento, Men I Trust , grupo que defiende un dream pop bastante genérico, intentaron dar algo de calor a un público que empezaba a pasar frío, pero no lo consiguieron. Su música no ahonda en matices y sus canciones tampoco son memorables, pero dan esa sensación de grupo medio, sin peligro, que se deja escuchar bien y que se olvida al segundo. No existen buenas y malas bandas, eso son conceptos morales, existen bandas extraordinarias o mediocres, es decir medias, como mil otras, y ésta es así, no hace ningún mal, pero desde luego bien tampoco .Las que sí eran únicas y personales eran The New Eves , folk psicodélico de inspiración sesentera que destaca por una mujer que toca la batería de pie, canta de pie, incluso toca la flauta de pie, todo en la misma canción. Sus armonías vocales eran muy elegantes y sus finales instrumentales muy físicas, rotundas. Noticia relacionada general No No QUE NO PARE LA MÚSICA Los mejores festivales de música de 2026: fechas, artistas y precios Rocío JiménezAquí empezó a llover de verdad, justo en el momento en que Geese comenzaba su concierto. Cameron White , su cantante, había abierto el festival interpretando las canciones de su exitoso disco en solitario. Ahora regresaba con la banda al completo y lo hacía con pasión, queriendo demostrar el por qué son la banda de rock con más ‘hype’ de los últimos años. Tuvieron mérito, porque la lluvia los tocaba de pleno. Al final, White acabó tirando al suelo su chaqueta adidas totalmente empapada y pisándola con rabia. Su rock con aires setenteros y espíritu indie tiene algo propio que los días de lluvia incluso acentúa, pero hay pocas cosas más incómodas que ver un concierto bajo un paraguas. Con ‘I see myself’ consiguieron que todo el público cantase con ellos y con la balada ‘Au pais du cocaine’ consiguieron poner tiernos a un público que empezaba a estar hasta los mismísimos de tanta lluvia. «Conmesta», dijo White y quería decir ‘cómo estáis’, pero no le salió muy bien y nadie le entendió justo antes de anunciar que esta sería su última canción con algo de mal humor también. El tiempo, un enemigo implacableAquí empezaron los problemas, pero todavía podías encontrar conciertos y superar el drama de las cancelaciones. Deslucidos por el tiempo, pero con los artistas más agradecidos que nunca por la paciencia del público. Adorable fue la interpretación de la norteamericana Skulcrusher , que no podía creerse que pudiese tocar su pop delicado, lleno de lentitud y aires etéreos, en una noche como aquella. O el black metal atemperado y granuloso de Agricultur, uno de los conciertos de la noche. Aunque el título de concierto más acorde con el tiempo se lo llevó Oklou, electrónica pop de ritmos nocturnos y voces dulces, que sonaba a noches de verano de perdición y baños a la media noche.Poco más se podía ver en un día para olvidar. El viernes parece que está libre de temporal y todos los escenarios funcionarán con normalidad. Muchos querrán recuperar el tiempo perdido. Y más si se confirma actuaciones sorpresa, como la que se rumoreaba ayer de Charlie XCX, que el miércoles se paseaba por fiestas en Barcelona. Los que tocarán seguro serán The Cure, Addison Rae, Pink Pantheress, Ralphie Choo, Slowdive y Skrillex, entre muchísimos otros. Todo salió al revés en la primera jornada grande del Primavera Sound. El caos se apoderó del recinto del Fórum a última hora de la tarde cuando la lluvia y un viento huracanado hicieron acto de presencia y obligaron a cancelar todos los conciertos de los escenarios principales, dejando una de las imágenes más tristes de la historia del festival, la de 70.000 personas sin saber a dónde ir y con un incómodo silencio por todas partes. El Primavera sin música es una imagen difícil de concebir, sólo kilómetros y kilómetros de asfalto. Que nadie intente buscar el lado romántico de la lluvia en un festival masivo, porque no lo tiene. Es dantesco, es anticlimático, es casi una pesadilla lyncheana. «No sé lo que hacer. Nadie dice nada. No sé si irme, pero tampoco quiero levantarme por la mañana y ver en instagram a gente pasándolo bien con mi grupo favorito», decía Michael, un joven de 24 años que había venido expresamente desde Dublín a ver a Massive Attack. ¿Tocaron? A las once de la noche anunciaron que subirían al escenario a las 00.30 horas, tres más tarde de lo previsto. A la 1 de la madugada confirmaban la cancelación definitiva no sólo de Massive Attack, sino de Bad Gyal, una pena, Doja Cat y Massive Attack.La tormenta arrancó por las 19.30 y media hora después caía con tal intensidad que el recinto del Fórum se convirtió en un correcalles. Todos buscaban cobijo en los poco espacios cubiertos, pero apenas cabía un alma más allá abajo. Aunque lo peor vendría después, cuando el viento huracanado hizo acto de presencia y era imposible cubrirse de la lluvia porque aparecía en todas las direcciones. «Esto me recuerda al año de Benicassim», decían dos veteranos cinquentones rememorando el año de la lluvia e inundaciones en el célebre festival. Tampoco tenían que irse tan lejos. En 2023 el propio Primavera Sound se vio forzado a cancelar el primer día de la que era su primera versión madrileña del festival. La mala suerte parece perseguir a la organización en los últimos años Noticia relacionada general No No Primavera Sound: Guitarricadelafuente pone el listón altísimo en el arranque del festival Carlos SalaLo cierto es que la desinformación hizo estragos. Los escenarios principales, los más grandes, no sólo cancelaron sus conciertos, sino que tuvieron que desalojar por completo la enorme explanada donde están situados, que hace años se bautizó como Mordor. Esto hizo que muchos, sobre todo los extranjeros, con la esperanza de que pronto se restableciese la normalidad, se quedasen esperando a la entrada, apiñados horas y horas entre gente empapada, paraguas rotos, chubasqueros de todos los colores, incluso transparentes regalados por la organización, y una gran incomodidad general. En realidad, la lluvia era lo de menos, lo que daba realmente miedo era el viento. A veces movía con tal violencia unos enormes fluorescentes de plástico junto a una de las paredes del recinto que el choque creaba un estruendo ensordecedor. A las 22.30 h la desbandada ya era general. La mayoría perdieron la paciencia y lo dejaron por imposible. Aunque salir de allí no era tan sencillo. El metro estaba colapsado, las colas para abandonar el recinto interferían con los accesos y parecía preferible hasta quedarse en la lluvia y rezar porque volvieran los conciertos. Muchos aprovecharon para sentarse en un parque infantil junto al auditorio azul del Fórum, antes de entrar en el recinto, un lugar de libre acceso donde se puede ver a lo lejos los escenarios grandes y hasta escucharlos con cierta claridad. Un grupo de mexicanos decidieron poner allí su campamento y esperar un poco más por si veían que la música volvía a restablecerse. Una imagen triste. Dicen que la esperanza nunca se pierde. Pues menuda maldición.Entre los conciertos que sí que se realizaron en el Primavera destacaron Geese, Oklou, Skullcrusher y The New EvesY eso que todo el mundo iba bien preparado. A nadie le pilló por sorpresa la lluvia, que se calculaba que tenía que caer de 20.00 horas a las 2.30 horas de la madrugada. Incluso la organización había advertido de esta posibilidad y recomendaba llegar con chubasquero propio. Sin embargo, el tiempo es muy difícil de prever y casi imposible de contrarrestar con medidas cien por cien efectivas. Al principio, se hablaba de que unos grandes monitores de sonido habían caído al suelo por culpa del viento en el escenario principal y que esto había obligado a suspender definitivamente los conciertos, pero era algo que nadie sabía confirmar. La gente estaba muy mojada y tenía frío, con el calzado empapado y algo de mal humor, pero se resistían a perder el mal humos. Los escenarios más pequeños todavía mantenían la actividad, pero las audiencias eran mínimas, como si la gente hubiese venido a ver Massive Attack y prefiriesen esperar y mirar la lluvia, que disfrutar de los conciertos que sí funcionaban. La jornada había comenzado extraña ya desde primera hora. En un autobús público que llega hasta la entrada del Fórum, una joven gritó que éste había cambiado el rumbo y de pronto abandonó el vehículo ella, sus amigas, y una veintena de extranjeros que no debían entender lo que pasaba, nerviosos, pero bajaron igual. El autobús, por supuesto, llegó hasta el Fórum, como era habitual. A lo lejos, ya se oía como un lamento las canciones de un concierto sin identificar, pero con el cielo denso, oscuro, amenazador, parecía el canto fatal de las sirenas invitando a los marineros a perderse en el fondo del mar. El público busca refugio dentro del Primavera SoundCon la amenaza de lluvia, resguardarse en el Auditorio, el escenario cubierto para propuestas más intimistas y especiales, parecía una genial idea. Allí, la colombiana residente en Estados Unidos Lucrecia Dalt , una especie de Tom Waits latina, presentó canciones expresionistas, de tinte y atmósfera cinematográfica, donde la omnipresencia del contrabajo y la percusión creaban un contrapunto hipnótico, exaltando tu imaginación al máximo. Al salir, la lluvia ya caía con debilidad. En ese momento, Men I Trust , grupo que defiende un dream pop bastante genérico, intentaron dar algo de calor a un público que empezaba a pasar frío, pero no lo consiguieron. Su música no ahonda en matices y sus canciones tampoco son memorables, pero dan esa sensación de grupo medio, sin peligro, que se deja escuchar bien y que se olvida al segundo. No existen buenas y malas bandas, eso son conceptos morales, existen bandas extraordinarias o mediocres, es decir medias, como mil otras, y ésta es así, no hace ningún mal, pero desde luego bien tampoco .Las que sí eran únicas y personales eran The New Eves , folk psicodélico de inspiración sesentera que destaca por una mujer que toca la batería de pie, canta de pie, incluso toca la flauta de pie, todo en la misma canción. Sus armonías vocales eran muy elegantes y sus finales instrumentales muy físicas, rotundas. Noticia relacionada general No No QUE NO PARE LA MÚSICA Los mejores festivales de música de 2026: fechas, artistas y precios Rocío JiménezAquí empezó a llover de verdad, justo en el momento en que Geese comenzaba su concierto. Cameron White , su cantante, había abierto el festival interpretando las canciones de su exitoso disco en solitario. Ahora regresaba con la banda al completo y lo hacía con pasión, queriendo demostrar el por qué son la banda de rock con más ‘hype’ de los últimos años. Tuvieron mérito, porque la lluvia los tocaba de pleno. Al final, White acabó tirando al suelo su chaqueta adidas totalmente empapada y pisándola con rabia. Su rock con aires setenteros y espíritu indie tiene algo propio que los días de lluvia incluso acentúa, pero hay pocas cosas más incómodas que ver un concierto bajo un paraguas. Con ‘I see myself’ consiguieron que todo el público cantase con ellos y con la balada ‘Au pais du cocaine’ consiguieron poner tiernos a un público que empezaba a estar hasta los mismísimos de tanta lluvia. «Conmesta», dijo White y quería decir ‘cómo estáis’, pero no le salió muy bien y nadie le entendió justo antes de anunciar que esta sería su última canción con algo de mal humor también. El tiempo, un enemigo implacableAquí empezaron los problemas, pero todavía podías encontrar conciertos y superar el drama de las cancelaciones. Deslucidos por el tiempo, pero con los artistas más agradecidos que nunca por la paciencia del público. Adorable fue la interpretación de la norteamericana Skulcrusher , que no podía creerse que pudiese tocar su pop delicado, lleno de lentitud y aires etéreos, en una noche como aquella. O el black metal atemperado y granuloso de Agricultur, uno de los conciertos de la noche. Aunque el título de concierto más acorde con el tiempo se lo llevó Oklou, electrónica pop de ritmos nocturnos y voces dulces, que sonaba a noches de verano de perdición y baños a la media noche.Poco más se podía ver en un día para olvidar. El viernes parece que está libre de temporal y todos los escenarios funcionarán con normalidad. Muchos querrán recuperar el tiempo perdido. Y más si se confirma actuaciones sorpresa, como la que se rumoreaba ayer de Charlie XCX, que el miércoles se paseaba por fiestas en Barcelona. Los que tocarán seguro serán The Cure, Addison Rae, Pink Pantheress, Ralphie Choo, Slowdive y Skrillex, entre muchísimos otros.
Todo salió al revés en la primera jornada grande del Primavera Sound. El caos se apoderó del recinto del Fórum a última hora de la tarde cuando la lluvia y un viento huracanado hicieron acto de presencia y obligaron a cancelar todos los … conciertos de los escenarios principales, dejando una de las imágenes más tristes de la historia del festival, la de 70.000 personas sin saber a dónde ir y con un incómodo silencio por todas partes. El Primavera sin música es una imagen difícil de concebir, sólo kilómetros y kilómetros de asfalto.
Que nadie intente buscar el lado romántico de la lluvia en un festival masivo, porque no lo tiene. Es dantesco, es anticlimático, es casi una pesadilla lyncheana. «No sé lo que hacer. Nadie dice nada. No sé si irme, pero tampoco quiero levantarme por la mañana y ver en instagram a gente pasándolo bien con mi grupo favorito», decía Michael, un joven de 24 años que había venido expresamente desde Dublín a ver a Massive Attack. ¿Tocaron? A las once de la noche anunciaron que subirían al escenario a las 00.30 horas, tres más tarde de lo previsto. A la 1 de la madugada confirmaban la cancelación definitiva no sólo de Massive Attack, sino de Bad Gyal, una pena, Doja Cat y Massive Attack.
La tormenta arrancó por las 19.30 y media hora después caía con tal intensidad que el recinto del Fórum se convirtió en un correcalles. Todos buscaban cobijo en los poco espacios cubiertos, pero apenas cabía un alma más allá abajo. Aunque lo peor vendría después, cuando el viento huracanado hizo acto de presencia y era imposible cubrirse de la lluvia porque aparecía en todas las direcciones. «Esto me recuerda al año de Benicassim», decían dos veteranos cinquentones rememorando el año de la lluvia e inundaciones en el célebre festival. Tampoco tenían que irse tan lejos. En 2023 el propio Primavera Sound se vio forzado a cancelar el primer día de la que era su primera versión madrileña del festival. La mala suerte parece perseguir a la organización en los últimos años
Noticia relacionada
Lo cierto es que la desinformación hizo estragos. Los escenarios principales, los más grandes, no sólo cancelaron sus conciertos, sino que tuvieron que desalojar por completo la enorme explanada donde están situados, que hace años se bautizó como Mordor. Esto hizo que muchos, sobre todo los extranjeros, con la esperanza de que pronto se restableciese la normalidad, se quedasen esperando a la entrada, apiñados horas y horas entre gente empapada, paraguas rotos, chubasqueros de todos los colores, incluso transparentes regalados por la organización, y una gran incomodidad general. En realidad, la lluvia era lo de menos, lo que daba realmente miedo era el viento. A veces movía con tal violencia unos enormes fluorescentes de plástico junto a una de las paredes del recinto que el choque creaba un estruendo ensordecedor.
A las 22.30 h la desbandada ya era general. La mayoría perdieron la paciencia y lo dejaron por imposible. Aunque salir de allí no era tan sencillo. El metro estaba colapsado, las colas para abandonar el recinto interferían con los accesos y parecía preferible hasta quedarse en la lluvia y rezar porque volvieran los conciertos. Muchos aprovecharon para sentarse en un parque infantil junto al auditorio azul del Fórum, antes de entrar en el recinto, un lugar de libre acceso donde se puede ver a lo lejos los escenarios grandes y hasta escucharlos con cierta claridad. Un grupo de mexicanos decidieron poner allí su campamento y esperar un poco más por si veían que la música volvía a restablecerse. Una imagen triste. Dicen que la esperanza nunca se pierde. Pues menuda maldición.
Entre los conciertos que sí que se realizaron en el Primavera destacaron Geese, Oklou, Skullcrusher y The New Eves
Y eso que todo el mundo iba bien preparado. A nadie le pilló por sorpresa la lluvia, que se calculaba que tenía que caer de 20.00 horas a las 2.30 horas de la madrugada. Incluso la organización había advertido de esta posibilidad y recomendaba llegar con chubasquero propio. Sin embargo, el tiempo es muy difícil de prever y casi imposible de contrarrestar con medidas cien por cien efectivas. Al principio, se hablaba de que unos grandes monitores de sonido habían caído al suelo por culpa del viento en el escenario principal y que esto había obligado a suspender definitivamente los conciertos, pero era algo que nadie sabía confirmar. La gente estaba muy mojada y tenía frío, con el calzado empapado y algo de mal humor, pero se resistían a perder el mal humos. Los escenarios más pequeños todavía mantenían la actividad, pero las audiencias eran mínimas, como si la gente hubiese venido a ver Massive Attack y prefiriesen esperar y mirar la lluvia, que disfrutar de los conciertos que sí funcionaban.
La jornada había comenzado extraña ya desde primera hora. En un autobús público que llega hasta la entrada del Fórum, una joven gritó que éste había cambiado el rumbo y de pronto abandonó el vehículo ella, sus amigas, y una veintena de extranjeros que no debían entender lo que pasaba, nerviosos, pero bajaron igual. El autobús, por supuesto, llegó hasta el Fórum, como era habitual. A lo lejos, ya se oía como un lamento las canciones de un concierto sin identificar, pero con el cielo denso, oscuro, amenazador, parecía el canto fatal de las sirenas invitando a los marineros a perderse en el fondo del mar.
El público busca refugio dentro del Primavera Sound
Con la amenaza de lluvia, resguardarse en el Auditorio, el escenario cubierto para propuestas más intimistas y especiales, parecía una genial idea. Allí, la colombiana residente en Estados Unidos Lucrecia Dalt, una especie de Tom Waits latina, presentó canciones expresionistas, de tinte y atmósfera cinematográfica, donde la omnipresencia del contrabajo y la percusión creaban un contrapunto hipnótico, exaltando tu imaginación al máximo. Al salir, la lluvia ya caía con debilidad. En ese momento, Men I Trust, grupo que defiende un dream pop bastante genérico, intentaron dar algo de calor a un público que empezaba a pasar frío, pero no lo consiguieron. Su música no ahonda en matices y sus canciones tampoco son memorables, pero dan esa sensación de grupo medio, sin peligro, que se deja escuchar bien y que se olvida al segundo. No existen buenas y malas bandas, eso son conceptos morales, existen bandas extraordinarias o mediocres, es decir medias, como mil otras, y ésta es así, no hace ningún mal, pero desde luego bien tampoco .
Las que sí eran únicas y personales eran The New Eves, folk psicodélico de inspiración sesentera que destaca por una mujer que toca la batería de pie, canta de pie, incluso toca la flauta de pie, todo en la misma canción. Sus armonías vocales eran muy elegantes y sus finales instrumentales muy físicas, rotundas.
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QUE NO PARE LA MÚSICA
Rocío Jiménez
Aquí empezó a llover de verdad, justo en el momento en que Geese comenzaba su concierto. Cameron White, su cantante, había abierto el festival interpretando las canciones de su exitoso disco en solitario. Ahora regresaba con la banda al completo y lo hacía con pasión, queriendo demostrar el por qué son la banda de rock con más ‘hype’ de los últimos años. Tuvieron mérito, porque la lluvia los tocaba de pleno. Al final, White acabó tirando al suelo su chaqueta adidas totalmente empapada y pisándola con rabia. Su rock con aires setenteros y espíritu indie tiene algo propio que los días de lluvia incluso acentúa, pero hay pocas cosas más incómodas que ver un concierto bajo un paraguas. Con ‘I see myself’ consiguieron que todo el público cantase con ellos y con la balada ‘Au pais du cocaine’ consiguieron poner tiernos a un público que empezaba a estar hasta los mismísimos de tanta lluvia. «Conmesta», dijo White y quería decir ‘cómo estáis’, pero no le salió muy bien y nadie le entendió justo antes de anunciar que esta sería su última canción con algo de mal humor también.
El tiempo, un enemigo implacable
Aquí empezaron los problemas, pero todavía podías encontrar conciertos y superar el drama de las cancelaciones. Deslucidos por el tiempo, pero con los artistas más agradecidos que nunca por la paciencia del público. Adorable fue la interpretación de la norteamericana Skulcrusher, que no podía creerse que pudiese tocar su pop delicado, lleno de lentitud y aires etéreos, en una noche como aquella. O el black metal atemperado y granuloso de Agricultur, uno de los conciertos de la noche. Aunque el título de concierto más acorde con el tiempo se lo llevó Oklou, electrónica pop de ritmos nocturnos y voces dulces, que sonaba a noches de verano de perdición y baños a la media noche.
Poco más se podía ver en un día para olvidar. El viernes parece que está libre de temporal y todos los escenarios funcionarán con normalidad. Muchos querrán recuperar el tiempo perdido. Y más si se confirma actuaciones sorpresa, como la que se rumoreaba ayer de Charlie XCX, que el miércoles se paseaba por fiestas en Barcelona. Los que tocarán seguro serán The Cure, Addison Rae, Pink Pantheress, Ralphie Choo, Slowdive y Skrillex, entre muchísimos otros.
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