Aún andaban los abrileños de Sevilla embistiendo cuando salieron por chiqueros los de Alicante. Llegaba Alejandro Talavante con la corona de triunfador de San Isidro y con el recuerdo de una novillada de ensueño en la Maestranza. Y otra vez lidió un conjunto para gozarlo, en esta ocasión en Alicante. En miniatura, eso sí, que andaba con más trapío el ejemplar del trofeo broncíneo que los de carne, hueso y pitones (sic). Más bueno que el pan («el de pulguitas», dijo con sorna un aficionado) el conjunto ganadero del extremeño, que venció por goleada en clase a la terna. Tan buena fue (sobre todo la primera parte) que no había manera de tapar los lógicos defectos de los que andaban delante.Un 19 de mayo caía herido y un 19 de junio regresaba a los ruedos Mario Vilau, todo actitud. Un mes después de su grave cornada en San Isidro, el catalán reaparecía en el estreno de Hogueras. No escatimó en disposición el barcelonés desde que se marchó a la puerta de chiqueros para encadenar luego lances de rodillas y otra larga. Mal picado y con sinfín de capotazos, se hartó a embestir en la muleta por ambos pitones, con fijeza, humillada entrega y una nobilísima condición. Pese a sus firmes intenciones y algunos muletazos con su aquel, no lució mucho el espigado novillero con aquella maquinita de embestir.Pura bondad el segundo, con el que Olga Casado anduvo variada con capote y muleta. Unos rodillazos y un par de naturales de bonito dibujo destacaron en una actuación sin estrecheces, aunque la parte trasera del vestido se embadurnara de sangre al sorprender con una espaldina. Cosechó los plácemes del gentil público, que hasta se puso en pie en el epílogo, con una templada poncina. El acero frenó el premio y saludó una ovación. «¡Vivan las mujeres!», gritaron mediada su labor. Se abría el tercero y más lo abría Javier Cuartero, tremendamente acelerado y toreando desde el Postiguet con otro novillo de incansable repetición y obediencia, en el que forzó de manera bochornosa un indulto que no venía a cuento. Pinchó luego, pero ahora el presidente sí se contagió de la ola pueblerina y le entregó dos generosísimas orejas. Con una vuelta al ruedo en el arrastre premiaron a Campiñoso. Feria de Hogueras Plaza de toros de Alicante Viernes, 19 de junio de 2026. Primera de feria. Un cuarto de entrada. Novillos de Talavante, de escasa presencia pero con hechuras para embestir y de estupendo juego en conjunto Mario Vilau, de celeste y oro: estocada trasera (oreja); buena estocada (oreja). Olga Casado, de gris perla y plata::pinchazo, estocada atravesada y tres descabellos (saludos tras aviso); estocada delantera (dos orejas). A hombros. Javier Cuartero, de celeste y plata: pinchazo, estocada y descabello (dos orejas tras aviso); dos pinchazos y descabello (leve petición y silencio). A hombros. Más tupido, tras la merienda, el cuarto, al que Vilau, con ganas de agradar, recibió con dos faroles y en el 4 se animaron con unos «¡vivas!» a España. Respondió por abajo el mansito Panadero en el inicio con las dos rodillas por tierra, pero se aburrió pronto. Lo mejor: la estocada. Cayó la oreja que le abría la puerta grande.Fea la pelea en varas del quinto, con un buen tercio de banderillas de Marcos Prieto. No perdió tampoco la nobleza la novillada en este capítulo, aunque sí la intensidad del ritmo. Profusa la faena de Casado, de más voluntad que acierto, con dos cierres, uno por poncinas y otro por luquecinas. La fulminante estocada le entregó el doble galardón que la aupaba a hombros.Otro buen novillo en la muleta el sexto, con el que Cuartero anduvo algo más relajado. De nuevo pinchó. No importó: la puerta grande ya estaba asegurada para toreros y para el mayoral de la ganadería. Qué genio Talavante, también criando toros. Aún andaban los abrileños de Sevilla embistiendo cuando salieron por chiqueros los de Alicante. Llegaba Alejandro Talavante con la corona de triunfador de San Isidro y con el recuerdo de una novillada de ensueño en la Maestranza. Y otra vez lidió un conjunto para gozarlo, en esta ocasión en Alicante. En miniatura, eso sí, que andaba con más trapío el ejemplar del trofeo broncíneo que los de carne, hueso y pitones (sic). Más bueno que el pan («el de pulguitas», dijo con sorna un aficionado) el conjunto ganadero del extremeño, que venció por goleada en clase a la terna. Tan buena fue (sobre todo la primera parte) que no había manera de tapar los lógicos defectos de los que andaban delante.Un 19 de mayo caía herido y un 19 de junio regresaba a los ruedos Mario Vilau, todo actitud. Un mes después de su grave cornada en San Isidro, el catalán reaparecía en el estreno de Hogueras. No escatimó en disposición el barcelonés desde que se marchó a la puerta de chiqueros para encadenar luego lances de rodillas y otra larga. Mal picado y con sinfín de capotazos, se hartó a embestir en la muleta por ambos pitones, con fijeza, humillada entrega y una nobilísima condición. Pese a sus firmes intenciones y algunos muletazos con su aquel, no lució mucho el espigado novillero con aquella maquinita de embestir.Pura bondad el segundo, con el que Olga Casado anduvo variada con capote y muleta. Unos rodillazos y un par de naturales de bonito dibujo destacaron en una actuación sin estrecheces, aunque la parte trasera del vestido se embadurnara de sangre al sorprender con una espaldina. Cosechó los plácemes del gentil público, que hasta se puso en pie en el epílogo, con una templada poncina. El acero frenó el premio y saludó una ovación. «¡Vivan las mujeres!», gritaron mediada su labor. Se abría el tercero y más lo abría Javier Cuartero, tremendamente acelerado y toreando desde el Postiguet con otro novillo de incansable repetición y obediencia, en el que forzó de manera bochornosa un indulto que no venía a cuento. Pinchó luego, pero ahora el presidente sí se contagió de la ola pueblerina y le entregó dos generosísimas orejas. Con una vuelta al ruedo en el arrastre premiaron a Campiñoso. Feria de Hogueras Plaza de toros de Alicante Viernes, 19 de junio de 2026. Primera de feria. Un cuarto de entrada. Novillos de Talavante, de escasa presencia pero con hechuras para embestir y de estupendo juego en conjunto Mario Vilau, de celeste y oro: estocada trasera (oreja); buena estocada (oreja). Olga Casado, de gris perla y plata::pinchazo, estocada atravesada y tres descabellos (saludos tras aviso); estocada delantera (dos orejas). A hombros. Javier Cuartero, de celeste y plata: pinchazo, estocada y descabello (dos orejas tras aviso); dos pinchazos y descabello (leve petición y silencio). A hombros. Más tupido, tras la merienda, el cuarto, al que Vilau, con ganas de agradar, recibió con dos faroles y en el 4 se animaron con unos «¡vivas!» a España. Respondió por abajo el mansito Panadero en el inicio con las dos rodillas por tierra, pero se aburrió pronto. Lo mejor: la estocada. Cayó la oreja que le abría la puerta grande.Fea la pelea en varas del quinto, con un buen tercio de banderillas de Marcos Prieto. No perdió tampoco la nobleza la novillada en este capítulo, aunque sí la intensidad del ritmo. Profusa la faena de Casado, de más voluntad que acierto, con dos cierres, uno por poncinas y otro por luquecinas. La fulminante estocada le entregó el doble galardón que la aupaba a hombros.Otro buen novillo en la muleta el sexto, con el que Cuartero anduvo algo más relajado. De nuevo pinchó. No importó: la puerta grande ya estaba asegurada para toreros y para el mayoral de la ganadería. Qué genio Talavante, también criando toros.
Aún andaban los abrileños de Sevilla embistiendo cuando salieron por chiqueros los de Alicante. Llegaba Alejandro Talavante con la corona de triunfador de San Isidro y con el recuerdo de una novillada de ensueño en la Maestranza. Y otra vez lidió un conjunto para gozarlo, … en esta ocasión en Alicante. En miniatura, eso sí, que andaba con más trapío el ejemplar del trofeo broncíneo que los de carne, hueso y pitones (sic). Más bueno que el pan («el de pulguitas», dijo con sorna un aficionado) el conjunto ganadero del extremeño, que venció por goleada en clase a la terna. Tan buena fue (sobre todo la primera parte) que no había manera de tapar los lógicos defectos de los que andaban delante.
Un 19 de mayo caía herido y un 19 de junio regresaba a los ruedos Mario Vilau, todo actitud. Un mes después de su grave cornada en San Isidro, el catalán reaparecía en el estreno de Hogueras. No escatimó en disposición el barcelonés desde que se marchó a la puerta de chiqueros para encadenar luego lances de rodillas y otra larga. Mal picado y con sinfín de capotazos, se hartó a embestir en la muleta por ambos pitones, con fijeza, humillada entrega y una nobilísima condición. Pese a sus firmes intenciones y algunos muletazos con su aquel, no lució mucho el espigado novillero con aquella maquinita de embestir.
Pura bondad el segundo, con el que Olga Casado anduvo variada con capote y muleta. Unos rodillazos y un par de naturales de bonito dibujo destacaron en una actuación sin estrecheces, aunque la parte trasera del vestido se embadurnara de sangre al sorprender con una espaldina. Cosechó los plácemes del gentil público, que hasta se puso en pie en el epílogo, con una templada poncina. El acero frenó el premio y saludó una ovación. «¡Vivan las mujeres!», gritaron mediada su labor.
Se abría el tercero y más lo abría Javier Cuartero, tremendamente acelerado y toreando desde el Postiguet con otro novillo de incansable repetición y obediencia, en el que forzó de manera bochornosa un indulto que no venía a cuento. Pinchó luego, pero ahora el presidente sí se contagió de la ola pueblerina y le entregó dos generosísimas orejas. Con una vuelta al ruedo en el arrastre premiaron a Campiñoso.
Feria de Hogueras
-
Plaza de toros de Alicante
Viernes, 19 de junio de 2026. Primera de feria. Un cuarto de entrada. Novillos de Talavante, de escasa presencia pero con hechuras para embestir y de estupendo juego en conjunto
-
Mario Vilau,
de celeste y oro: estocada trasera (oreja); buena estocada (oreja). -
Olga Casado,
de gris perla y plata::pinchazo, estocada atravesada y tres descabellos (saludos tras aviso); estocada delantera (dos orejas). A hombros. -
Javier Cuartero,
de celeste y plata: pinchazo, estocada y descabello (dos orejas tras aviso); dos pinchazos y descabello (leve petición y silencio). A hombros.
-
Más tupido, tras la merienda, el cuarto, al que Vilau, con ganas de agradar, recibió con dos faroles y en el 4 se animaron con unos «¡vivas!» a España. Respondió por abajo el mansito Panadero en el inicio con las dos rodillas por tierra, pero se aburrió pronto. Lo mejor: la estocada. Cayó la oreja que le abría la puerta grande.
Fea la pelea en varas del quinto, con un buen tercio de banderillas de Marcos Prieto. No perdió tampoco la nobleza la novillada en este capítulo, aunque sí la intensidad del ritmo. Profusa la faena de Casado, de más voluntad que acierto, con dos cierres, uno por poncinas y otro por luquecinas. La fulminante estocada le entregó el doble galardón que la aupaba a hombros.
Otro buen novillo en la muleta el sexto, con el que Cuartero anduvo algo más relajado. De nuevo pinchó. No importó: la puerta grande ya estaba asegurada para toreros y para el mayoral de la ganadería. Qué genio Talavante, también criando toros.
RSS de noticias de cultura
