
Aunque es muy pronto para manejarse con certezas en el nuevo Sónar integrado, parece que hay elementos que ya se pueden comenzar a considerar. Por un lado, el público omite su presencia en el festival hasta bien entrada la tarde o iniciada la noche, con lo que el horario antes vespertino mantiene los hangares como páramos, los escenarios en sus huesos y las barras sin manar. Por otro lado, parece que Charlotte De Witte apunta a ser en el festival la sucesora en popularidad de aquellos Jeff Mills de los inicios del certamen o de Richie Hawtin más adelante, lo que en términos artísticos no parece un avance. Finalmente, y esto es ampliable a cualquier festival, tener en el cartel estrellas con pasado y sin legado da más pábulo a esa estrella, que puede presumir de haber estado en un Sónar que con ella no gana nada. Fue el caso de Kelis. Por lo demás la jornada encumbró a otro clásico, Skepta, un rapero que no baja la guardia y dictó ritmo sin inclemencias con SBTRKT y su poderosísimo directo. Nia Archives puso el tono dulce y el Sónar, ya ocupado en algunos escenarios por los ingleses, recuperó el pulso de ediciones anteriores.

Charlotte de White se impone, Skepta convence y Kelis decepciona en la segunda jornada del festival
Aunque es muy pronto para manejarse con certezas en el nuevo Sónar integrado, parece que hay elementos que ya se pueden comenzar a considerar. Por un lado, el público omite su presencia en el festival hasta bien entrada la tarde o iniciada la noche, con lo que el horario antes vespertino mantiene los hangares como páramos, los escenarios en sus huesos y las barras sin manar. Por otro lado, parece que Charlotte De Witte apunta a ser en el festival la sucesora en popularidad de aquellos Jeff Mills de los inicios del certamen o de Richie Hawtin más adelante, lo que en términos artísticos no parece un avance. Finalmente, y esto es ampliable a cualquier festival, tener en el cartel estrellas con pasado y sin legado da más pábulo a esa estrella, que puede presumir de haber estado en un Sónar que con ella no gana nada. Fue el caso de Kelis. Por lo demás la jornada encumbró a otro clásico, Skepta, un rapero que no baja la guardia y dictó ritmo sin inclemencias con SBTRKT y su poderosísimo directo. Nia Archives puso el tono dulce y el Sónar, ya ocupado en algunos escenarios por los ingleses, recuperó el pulso de ediciones anteriores.
Lo de Charlotte de Whitte, la reputada dj belga es como un azote impenitente que cuando parece que has superado el umbral del dolor te permite descubrir que aún hay más allá. Es lo que el público desea, ya adoptados los tics de un festival electrónico: baile automático de movimientos reiterativos, gafas de sol para ver mejor en el Averno, sonrisa que se ignora va o viene y miradas en busca de destino. Técnica tiene Charlotte, espectáculo también, luces a degüello con ella de negro, toalla fregando el rostro para superar el calor del escenario Club y sentido del crescendo, pero también deja la sensación de que no hay variaciones de fondo y de que la certeza y el gozo de la anticipación son la base de su apabullante éxito entre el público. Un éxito que musicalmente tiene poco matiz y mucha zapatilla, pero éxito sin pábulo al fin y a la postre. Por cierto, el escenario se reventó con una afluencia masiva. Por muchas veces que se vea el Club lleno siempre acongoja empequeñeciendo al individuo. Es colosal.

Skepta también recibió su porción de éxito, esta vez ante un público mayormente inglés, ya que esto del grime no acaba de prender en la parroquia local. Cubierto con un semi verduguillo que le daba aspecto de verdugo, claro, su hacha fueron las rimas y el tajo unos ritmos veloces, saturados y, aquí la gracia, diferenciados y con cadencias diferentes que huyeron de la linealidad. Es un bofetón con matices de intensidad, pues ofreció temas retenidos como Gas Me Up,otros sin estribillos y con marcada introspección perfil Bullet From a Gun,más allá de encuentros con el afropop mediante Energy(con Wizkid en el fondo) o Aloe Vera (con Asake), temas para el moshing–parece que pogo ya es de viejunos, pero es lo mismo- como Praise The Lord o It Ain’t Safe y colaboraciones con otros “canallas” como Toxic, con Playboi Carti. Total, un masaje donde lo único previsible es que iba a durar una hora. Apabullante este inglés de raíces africanas y poderosa voz de lenguaraz chamán urbano.
Lo de Kelis fue simplemente triste, un pase con formato económico −batería, excelente, eso sí, disc-jockey para lanzar los temas y una vocalista de apoyo− al servicio de un repertorio con excelentes canciones que sonaron con el matiz de una tómbola, separadas por fragmentos de temas populares ajenos para transmitir consenso. Pese a que por escena pasaron gemas perfil rhythm & blues como Millonaire, Trick Me, Caught Out There, Bossy o God Stuff, clásicos de los años felices de Kelis, ante un público dado a la conversación que olvidó por el camino el baile e incluso mirar a escena, sólo triunfó con Bounce o Acapella, música dance que es al Sónar lo que la zarzuela al Liceu. Así acabó su pase, comandado por ella en plan de animadora más que de estrella que quiere reverdecer laureles.

Ya en el tramo nocturno del festival se pudieron vivir dos de sus muchas caras. La primera exigente, capaz de desarbolar al público más osado, que ante el productor SBTKRT, musicalmente más complejo que su nombre, puro intríngulis, siglas de misil balístico, se quedó pegado al suelo, incapaz de bailar y tirando a abrumado. Ritmos en síncopa, graves sucios y saturados, capas y capas de percusión, apoyos de batería acústica para hacer más imprevisibles los acentos y voces ensuciadas de raíz rhythm & blues. En aquel furioso marasmo mucho más bravo que su música grabada emergió la delicada voz de Shampa, una de los artistas con las que colabora −Radiohead, Drake y Jessie Ware son algunos otros−, y pareció una margarita en un pedregal regado con ácido sulfúrico. Excitante es poco.
En otro rincón del festival, en el escenario Lab con sus escamas de plata movidas por la brisa nocturna, la parroquia inglesa se citó al completo con Nia Archives, una voz que enguanta satinadamente el “jungle” −un intrincado ritmo veloz ma non troppo− con su voz y dejes pop y rhythm and blues. Era como estar en Bristol o Newcastle, como si tu piso fuese por unas horas un Airbnb contigo como alborozado testigo. Avanzó temas de su inminente nuevo disco, Emotional Junglist,en la calle en julio, y con apoyo de dos músicos se llevó al público por delante con temas ya conocidos de su primer disco como Unfinished Business, Forbidden Feelingz o Crowded Roomz. Aún circulaba por ahí un joven con sombrero estampado, chaleco y falda larga fruncida que antes había bailado en la sesión del brasileño Maz. Nadie lo miraba, nadie se sorprende, no así los cámaras que infiltrados entre la asistencia captan instantáneas de público llamativo o que hace cosas llamativas puede ser sólo besarse−. Cuidado con ellos, son buenas personas pero mañana te puedes ver en un reportaje ajeno a los espacios de libertad que brindan los festivales.
