George Russell respiró al fin aliviado en Spielberg, donde logró su segunda victoria de una temporada moldeada hasta ahora por el joven Kimi Antonelli, su vecino en el taller de Mercedes, que en su segundo curso en el Mundial de Fórmula 1 ha pillado a trasmano a toda la parrilla. Sin haberlo verbalizado, Russell confiaba en que sus más de siete años de experiencia en el certamen y los casi cinco que lleva subido a una de las Flechas de Plata le darían una ventaja sobre su compañero. Esta teoría tuvo una vigencia de una sola carrera, la primera (Australia), y saltó por los aires a partir de la segunda (China), en la que el joven italiano estrenó su casillero de triunfos y en la que arrancó una racha de cinco seguidos a la que puso fin Lewis Hamilton, hace dos semanas, en Montmeló.
El británico logra su segundo triunfo de la temporada para romper la inercia ganadora de Antonelli dentro de Mercedes
El británico logra su segundo triunfo de la temporada para romper la inercia ganadora de Antonelli dentro de Mercedes


George Russell respiró al fin aliviado en Spielberg, donde logró su segunda victoria de una temporada moldeada hasta ahora por el joven Kimi Antonelli, su vecino en el taller de Mercedes, que en su segundo curso en el Mundial de Fórmula 1 ha pillado a trasmano a toda la parrilla. Sin haberlo verbalizado, Russell confiaba en que sus más de siete años de experiencia en el certamen y los casi cinco que lleva subido a una de las Flechas de Plata le darían una ventaja sobre su compañero. Esta teoría tuvo una vigencia de una sola carrera, la primera (Australia), y saltó por los aires a partir de la segunda (China), en la que el joven italiano estrenó su casillero de triunfos y en la que arrancó una racha de cinco seguidos a la que puso fin Lewis Hamilton, hace dos semanas, en Montmeló.
En el Circuit, Russell era un piloto derrotado a pesar de cruzar la meta el segundo, después de salir desde la pole y de ver cómo tanto Hamilton como Antonelli le adelantaban, antes de que este último tuviera que abandonar por una avería a falta de cuatro giros para la bandera de cuadros. Este domingo, el británico volvió a salir el primero después de sacarse de la chistera una vuelta de genio, en la que tuvo que levantar el pie para que no le cancelaran el giro. Una fantasía que muchos siguen sin entender, pero que esta vez sí fue decisiva para dejarle en la mejor disposición para lanzar un mensaje a navegantes, especialmente al desvergonzado chaval que lleva el mismo coche que él. El podio lo completaron Max Verstappen en su versión más salvaje (salió quinto), y Antonelli, que sobrevivió a un domingo de perros para él. Fernando Alonso terminó el último, doblado por casi todos los monoplazas que cruzaron la meta.
A Russell no le entró la tiritona, reaccionó a los semáforos como la situación requería y aguantó los achuchones de Hamilton y Leclerc, que se enzarzaron en una gresca tan divertida para el espectador como dañina para Ferrari, que le dio al líder del pelotón el respiro que necesitaba, y a Verstappen el tiempo necesario para llegar y pegarse un banquete. A pesar de la fuerza con la que apareció Mad Max, el bólido del holandés no está todavía para medirse en corto a los Mercedes, y a punto estuvo de perder esa segunda plaza en favor del líder del certamen, que terminó pegado a su trasero.
Hasta este sábado, a Russell le faltaba una marcha. Iba demasiado forzado y sufría más que disfrutaba, una reacción totalmente comprensible si atendemos al contraste ofrecido por él, y por Antonelli. No obstante, la cronometrada en Austria le ofreció al corredor de Norfolk la oportunidad de parar esa sangría. Lo identificó él y también Toto Wolff, su jefe y quien le hizo de guía en su trayectoria hasta la F1, y también dentro de ella. “George, simplemente conduce”, le soltó el ejecutivo austríaco, una frase de lo más simple que, sin embargo, tenía mucho más significado. “Toto ha sido el primero en apoyarme este año, cuando las cosas no han ido bien. Me ha recordado que no he me olvidado de conducir y que sé la velocidad que tengo”, reflexionaba Russell, que salió de Austria con los tanques llenos de oxígeno. “Esto me sirve para dejarme claro a mí mismo aquello que puedo hacer, aquello que he hecho siempre, durante toda mi carrera. No hay razón para pensar que no pueda volver a hacerlo”, zanjó Russell, que con este resultado recupera la segunda plaza de la general, en la que figura a 40 puntos de la cabeza.
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