Skip to content
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
  • Entradas
  • Forums
  • Contacto
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  Cultura  El verano terminó en aquel instante
Cultura

El verano terminó en aquel instante

julio 23, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

José Luis estaba convencido de que aquel verano en el pueblo, el tío Emilio le compraría una moto pero cuando me invitó a pasar unos días junto a su familia me di cuenta de que lo que en realidad le había regalado era un burro. Un burro con un carro, para que pudiera ir, e incluso llevarme, a todas partes, también a las fiestas de los pueblos. Estaba muy enfadado, al principio mi amigo, pero a mí no me disgustó en absoluto la idea. Procuro evitar la relación con los animales, porque me conozco y sé que soy de transferencia afectiva inmediata y luego sufro demasiado, pero he de reconocer, y este es el drama, que una vez llegan a mi vida, siento por ellos una inevitable inclinación simpática.Nos molestaba la exaltación que tío Emilio hacía de la vida rural, pero enseguida nos hicimos al burrito, supimos qué darle de comer, cómo limpiarlo, dónde acostarlo, que las manzanas, las zanahorias y la sandía eran sus golosinas. La mayoría de días no teníamos dónde ir e íbamos a cualquier parte para sacarlo a pasear. Le llamamos Josep para ponerle a un burro el nombre del profesor de matemáticas.Reparamos en que Emilio tenía razón en algo, y es que dos chicos en burro arriba y abajo enseguida seríamos conocidos en la zona y llamaríamos la atención de las chicas. Tal fue nuestro éxito que he de confesar que algunas noches tuvimos que turnarnos el carro. Volver juntos de madrugada al pueblo, borrachos, en burro y con chicas que todo nos lo sabían dar fue de una plenitud campestre que me ofende tener que admitir.Guardábamos a Josep -aunque muy pronto le llamamos Pepe- en su establo, le dábamos agua y cebada, y alguna zanahoria, porque la sandía se la dábamos por la tarde, y por la noche las manzanas; y se echaba sobre su paja, que antes habíamos removido, tan feliz como nosotros en la cama. Éramos tres, Pepe, José Luis y yo.Emilio se sentía un genio, y se expandía en sus soflamas en favor de los animales, diciendo que los prefería a muchas personas. Pero los padres y las abuelas de José Luis desarrollaron esa actitud tan de los pueblos de recelar de lo que en los chicos genera entusiasmo. No sé si porque los bosques y las montañas -y el contrabando- hacen a uno más desconfiado, o por algo todavía más atávico, nuestro entusiasmo por Pepe, y el cuidado con que le tratábamos, y lo famosos que nos hicimos en los pueblos, provocaron conversaciones en voz baja en las sobremesas, y rumores de viejas cuando nos veían pasar.Una noche acudimos a un pueblo que era el más lejano al que habíamos ido hasta entonces y fue la fiesta más multitudinaria. Al llegar había mucha gente y dudamos del acierto de haber ido con Pepe, pero enseguida encontramos a un lugareño que se ofreció a vigilarlo y no hubo ningún problema.De regreso a casa, eran las siete o tal vez más tarde, la alegría era la misma que la de otras madrugadas pero todo quedó en silencio cuando ya a punto de llegar al pueblo un coche nos embistió. Caímos del carro al margen del camino, José Luis y yo no nos hicimos daño, pero Pepe se llevó la peor parte. El conductor paró, estaba igual de borracho que nosotros, aunque esto lo digo ahora, porque en los años noventa no importaba tanto, y se ofreció a llevar a José Luis a casa de Emilio para pedirle que nos ayudara. Yo me quedé con Pepe, tendido, no parecía grave -pensé- porque no le salía sangre, pero al ver la cara con que llegaba José Luis, con su tío detrás, comprendí lo que pasaría. Emilio llevaba colgando una escopeta del brazo y el verano terminó en aquel instante. José Luis estaba convencido de que aquel verano en el pueblo, el tío Emilio le compraría una moto pero cuando me invitó a pasar unos días junto a su familia me di cuenta de que lo que en realidad le había regalado era un burro. Un burro con un carro, para que pudiera ir, e incluso llevarme, a todas partes, también a las fiestas de los pueblos. Estaba muy enfadado, al principio mi amigo, pero a mí no me disgustó en absoluto la idea. Procuro evitar la relación con los animales, porque me conozco y sé que soy de transferencia afectiva inmediata y luego sufro demasiado, pero he de reconocer, y este es el drama, que una vez llegan a mi vida, siento por ellos una inevitable inclinación simpática.Nos molestaba la exaltación que tío Emilio hacía de la vida rural, pero enseguida nos hicimos al burrito, supimos qué darle de comer, cómo limpiarlo, dónde acostarlo, que las manzanas, las zanahorias y la sandía eran sus golosinas. La mayoría de días no teníamos dónde ir e íbamos a cualquier parte para sacarlo a pasear. Le llamamos Josep para ponerle a un burro el nombre del profesor de matemáticas.Reparamos en que Emilio tenía razón en algo, y es que dos chicos en burro arriba y abajo enseguida seríamos conocidos en la zona y llamaríamos la atención de las chicas. Tal fue nuestro éxito que he de confesar que algunas noches tuvimos que turnarnos el carro. Volver juntos de madrugada al pueblo, borrachos, en burro y con chicas que todo nos lo sabían dar fue de una plenitud campestre que me ofende tener que admitir.Guardábamos a Josep -aunque muy pronto le llamamos Pepe- en su establo, le dábamos agua y cebada, y alguna zanahoria, porque la sandía se la dábamos por la tarde, y por la noche las manzanas; y se echaba sobre su paja, que antes habíamos removido, tan feliz como nosotros en la cama. Éramos tres, Pepe, José Luis y yo.Emilio se sentía un genio, y se expandía en sus soflamas en favor de los animales, diciendo que los prefería a muchas personas. Pero los padres y las abuelas de José Luis desarrollaron esa actitud tan de los pueblos de recelar de lo que en los chicos genera entusiasmo. No sé si porque los bosques y las montañas -y el contrabando- hacen a uno más desconfiado, o por algo todavía más atávico, nuestro entusiasmo por Pepe, y el cuidado con que le tratábamos, y lo famosos que nos hicimos en los pueblos, provocaron conversaciones en voz baja en las sobremesas, y rumores de viejas cuando nos veían pasar.Una noche acudimos a un pueblo que era el más lejano al que habíamos ido hasta entonces y fue la fiesta más multitudinaria. Al llegar había mucha gente y dudamos del acierto de haber ido con Pepe, pero enseguida encontramos a un lugareño que se ofreció a vigilarlo y no hubo ningún problema.De regreso a casa, eran las siete o tal vez más tarde, la alegría era la misma que la de otras madrugadas pero todo quedó en silencio cuando ya a punto de llegar al pueblo un coche nos embistió. Caímos del carro al margen del camino, José Luis y yo no nos hicimos daño, pero Pepe se llevó la peor parte. El conductor paró, estaba igual de borracho que nosotros, aunque esto lo digo ahora, porque en los años noventa no importaba tanto, y se ofreció a llevar a José Luis a casa de Emilio para pedirle que nos ayudara. Yo me quedé con Pepe, tendido, no parecía grave -pensé- porque no le salía sangre, pero al ver la cara con que llegaba José Luis, con su tío detrás, comprendí lo que pasaría. Emilio llevaba colgando una escopeta del brazo y el verano terminó en aquel instante.  

José Luis estaba convencido de que aquel verano en el pueblo, el tío Emilio le compraría una moto pero cuando me invitó a pasar unos días junto a su familia me di cuenta de que lo que en realidad le había regalado era un burro. … Un burro con un carro, para que pudiera ir, e incluso llevarme, a todas partes, también a las fiestas de los pueblos. Estaba muy enfadado, al principio mi amigo, pero a mí no me disgustó en absoluto la idea. Procuro evitar la relación con los animales, porque me conozco y sé que soy de transferencia afectiva inmediata y luego sufro demasiado, pero he de reconocer, y este es el drama, que una vez llegan a mi vida, siento por ellos una inevitable inclinación simpática.

Nos molestaba la exaltación que tío Emilio hacía de la vida rural, pero enseguida nos hicimos al burrito, supimos qué darle de comer, cómo limpiarlo, dónde acostarlo, que las manzanas, las zanahorias y la sandía eran sus golosinas. La mayoría de días no teníamos dónde ir e íbamos a cualquier parte para sacarlo a pasear. Le llamamos Josep para ponerle a un burro el nombre del profesor de matemáticas.

Reparamos en que Emilio tenía razón en algo, y es que dos chicos en burro arriba y abajo enseguida seríamos conocidos en la zona y llamaríamos la atención de las chicas. Tal fue nuestro éxito que he de confesar que algunas noches tuvimos que turnarnos el carro. Volver juntos de madrugada al pueblo, borrachos, en burro y con chicas que todo nos lo sabían dar fue de una plenitud campestre que me ofende tener que admitir.

Más noticias

Manuel León, Israel Guirao y Armando Rojo, finalistas del ciclo de novilladas de promoción de la Real Maestranza

julio 10, 2026

Pedro García Cueto, luminoso poemario

julio 21, 2026

Toros hoy, sábado 11 de julio, en Pamplona por San Fermín: cartel, horario y dónde ver gratis online

julio 10, 2026

Toros hoy, martes 14 de julio, en Pamplona por San Fermín: cartel, horario y dónde ver gratis online

julio 14, 2026

Noticia relacionada


  • La familia del tío Bernd

    Primeras intenciones


    • La familia del tío Bernd

    Salvador Sostres

Guardábamos a Josep -aunque muy pronto le llamamos Pepe- en su establo, le dábamos agua y cebada, y alguna zanahoria, porque la sandía se la dábamos por la tarde, y por la noche las manzanas; y se echaba sobre su paja, que antes habíamos removido, tan feliz como nosotros en la cama. Éramos tres, Pepe, José Luis y yo.

Emilio se sentía un genio, y se expandía en sus soflamas en favor de los animales, diciendo que los prefería a muchas personas. Pero los padres y las abuelas de José Luis desarrollaron esa actitud tan de los pueblos de recelar de lo que en los chicos genera entusiasmo. No sé si porque los bosques y las montañas -y el contrabando- hacen a uno más desconfiado, o por algo todavía más atávico, nuestro entusiasmo por Pepe, y el cuidado con que le tratábamos, y lo famosos que nos hicimos en los pueblos, provocaron conversaciones en voz baja en las sobremesas, y rumores de viejas cuando nos veían pasar.

Una noche acudimos a un pueblo que era el más lejano al que habíamos ido hasta entonces y fue la fiesta más multitudinaria. Al llegar había mucha gente y dudamos del acierto de haber ido con Pepe, pero enseguida encontramos a un lugareño que se ofreció a vigilarlo y no hubo ningún problema.

Newsletter

De regreso a casa, eran las siete o tal vez más tarde, la alegría era la misma que la de otras madrugadas pero todo quedó en silencio cuando ya a punto de llegar al pueblo un coche nos embistió. Caímos del carro al margen del camino, José Luis y yo no nos hicimos daño, pero Pepe se llevó la peor parte. El conductor paró, estaba igual de borracho que nosotros, aunque esto lo digo ahora, porque en los años noventa no importaba tanto, y se ofreció a llevar a José Luis a casa de Emilio para pedirle que nos ayudara. Yo me quedé con Pepe, tendido, no parecía grave -pensé- porque no le salía sangre, pero al ver la cara con que llegaba José Luis, con su tío detrás, comprendí lo que pasaría. Emilio llevaba colgando una escopeta del brazo y el verano terminó en aquel instante.

 RSS de noticias de cultura

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
El dosier De Selys
Las averías de coches se disparan hasta un 50% en plena ola de calor
Leer también
Internacional

Los seis candidatos a liderar la ONU protagonizan un debate de guante blanco sin un vencedor claro

julio 24, 2026
Cultura

El otro Camino de Santiago: peregrinar para no pasar hambre

julio 23, 2026
Economía

El Ibex energético controla la mitad de los molinos de viento como arma para operaciones empresariales

julio 23, 2026
Economía

Las averías de coches se disparan hasta un 50% en plena ola de calor

julio 23, 2026
Cultura

El dosier De Selys

julio 23, 2026
Cultura

‘Un verano con’… Mario Vargas Llosa

julio 23, 2026
Cargar más
Novedades

Los seis candidatos a liderar la ONU protagonizan un debate de guante blanco sin un vencedor claro

julio 24, 2026

El otro Camino de Santiago: peregrinar para no pasar hambre

julio 23, 2026

El Ibex energético controla la mitad de los molinos de viento como arma para operaciones empresariales

julio 23, 2026

Las averías de coches se disparan hasta un 50% en plena ola de calor

julio 23, 2026

El verano terminó en aquel instante

julio 23, 2026

El dosier De Selys

julio 23, 2026

‘Un verano con’… Mario Vargas Llosa

julio 23, 2026

El cantante D4vd, ante la pena de muerte por el supuesto asesinato de su novia de 13 años: esto es lo que se sabe del caso

julio 23, 2026

Las estafas turísticas con inteligencia artificial ponen en jaque la búsqueda del chollo de última hora

julio 23, 2026

Estados Unidos incluye a México en su nuevo muro arancelario: las exportaciones fuera del TMEC pagarán una tarifa del 10%

julio 23, 2026

    VozUniversal

    © 2024 VozUniversal. Todos los derechos reservados.
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad
    • Contacto