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  Cultura  El dosier De Selys
Cultura

El dosier De Selys

julio 23, 2026
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 Hay inventos que no llevan tornillos o chips, y sin embargo cambian el mundo como ninguna tecnología lo hará jamás.Cuando se habla del futuro del fútbol aparecen los sensores de fuera de juego, balones recubiertos de un material ultraligero capaz de detectar el roce de un cabello, árbitros con cámaras y cámaras con árbitro. Pero Johannes de Selys , un —de momento— desconocido picapleitos belga, imagina algo muy distinto: un futuro en el que no vuelva a haber un partido nuevo del glorioso deporte. ¿Sería esto el fin del fútbol? En absoluto.Allá por los años noventa, mientras sus compañeros de la facultad de Derecho admiraban las hazañas de Enzo Scifo o Michel Preud’homme, el joven De Selys seguía con admiración la carrera de Luc Misson, el abogado de Jean-Marc Bosman, célebremente conocido por la sentencia que sacudió el mundo del fútbol. Hasta entonces, los futbolistas europeos sólo podían ocupar tres plazas de extranjero en cada uno de los equipos, ya fueran de élite o de regional. La sentencia dictada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea el 15 de diciembre de 1995 abría por primera vez la posibilidad de que cualquier futbolista, como cualquier otro trabajador, pudiera desplazarse libremente a cualquier país europeo a desempeñar su oficio, sin discriminación. También decretó que cuando un contrato expiraba, el jugador quedaba libre.Esta norma marcó un antes y un después, dando paso a canteras internacionales, adolescentes fichados por millonadas, nuevas dinastías futbolísticas, nacionalizaciones exprés, millones de euros en derechos de formación viajando de un país a otro, países del Sur global erigiéndose en potencias, Mbappé en el Real Madrid y un largo etcétera.El —de momento— singular De Selys es el único miembro del club de fans del jurista que logró todo esto. Pero desde que Misson falleció el año pasado, el trono ha quedado vacante y De Selys aspira a sacudir de nuevo, desde su modesto estrado, el destino de un deporte milmillonario. Su gran apuesta consiste en que, en algún momento, las estrellas del cielo se alinearán sobre el césped y un partido de fútbol será repetido por orden de un juez .Ha habido muchos casos cercanos. Uno especialmente cercano. Sucedió una noche de diciembre de 2023. En Bélgica, el Anderlecht había ganado 2-1 al Genk gracias a un gol anulado —de forma incorrecta— por el VAR, un sistema robótico manejado, al fin y al cabo, por un humano. El equipo visitante llevó el caso a la justicia y esta determinó que el partido tendría que ser repetido.Como Selys solía decir, en derecho mercantil o laboral, circunstancias como las que se dieron en aquel campo de fútbol obligarían a un juez a repetir el procedimiento, ya fuera una junta de accionistas o un despido declarado nulo. ¿Por qué esto no iba a concernir al derecho deportivo?«Es incluso plausible para Selys que, llegado un momento, no se volviera a jugar un partido nuevo y que el calendario estuviera inundado de partidos repetidos por orden judicial» El abogado desempolvó un grueso dossier legislativo que llevaba años recopilando. Su momento había llegado. Una ley inamovible del fútbol es que lo que sucede en el campo se queda en el campo, pero con la llegada de la tecnología, las posibilidades de litigio se multiplican exponencialmente. «Mi gran esperanza es el Mundial», repetía a quienes se molestaban en preguntarle. Desde que la Copa del Mundo de 1934 se celebrara en la Italia de Mussolini a la Argentina 1978 de Videla o la Rusia 2018 de Putin, la connivencia de la FIFA con regímenes autoritarios es parte estructural de su historia. De Selys sabe que, en este tipo de sistemas corruptos, es fácil que en algún momento prospere una demanda que determine a un juez —seguramente encañonado— decretar la repetición de un partido.Y una vez eso suceda, ¡boom! Pasaremos de «el caso Bosman» a «La doctrina Selys». En su vasto dosier, el belga tiene prevista cualquier futura eventualidad, por ejemplo, el hecho de que la repetición de una final del Mundial —por ejemplo, aquel gol fantasma de Geoff Hurst en el Inglaterra-Alemania de 1966— implique una reacción en cadena que obligue a repetir las semifinales, cuartos, octavos, fase previa e incluso, llegados al caso, cada uno de los partidos de las eliminatorias de clasificación de aquel evento. Todo eso, otra vez, hoy.«Dejó pasar las horas y, en torno a las dos de la tarde, descolgó el teléfono. «Buenos días, disculpe mi español, no es muy bueno. ¿Hablo con la Asociación de Fútbol Argentina?»»Es incluso plausible para Selys que, llegado un momento, no se volviera a jugar un partido nuevo y que el calendario estuviera inundado de partidos repetidos por orden judicial, aquí y allá. Una semifinal de Copa del Rey de 1998 necesaria para desatascar la clasificación de un equipo turco litigante que fue eliminado en la Recopa de Europa del año siguiente y que provocaría la repetición tanto de los cuartos de final como de cualquier partido que condujera a estos.Evidentemente, como dijo Heráclito, un hombre no puede bañarse dos veces en el mismo río y un partido obligado a repetirse nunca sería el mismo partido, pero de cara al espectáculo, la pasión y rivalidad permanecerían intactas, la venganza aumentada así que… ¿por qué no iba la FIFA a acceder a esto?Sin embargo, De Selys admite que todas estas ideas son demasiado «revolucionarias», como él prefiere enmarcarlas. Nadie, a priori, va a marcar su número esperando que active este giro copernicano sobre el deporte rey. Tiene que ser comercial de sí mismo. Por eso, precisamente el otro día, llegó a su oficina el lunes por la mañana. Miró el reloj de su pared e hizo unos cálculos mentales. Dejó pasar las horas y, en torno a las dos de la tarde, descolgó el teléfono.«Buenos días, disculpe mi español, no es muy bueno. ¿Hablo con la Asociación de Fútbol Argentina ?», De Selys escuchó lo que le decían, asintiendo, y musitó. «Sí, es urgente».  Hay inventos que no llevan tornillos o chips, y sin embargo cambian el mundo como ninguna tecnología lo hará jamás.Cuando se habla del futuro del fútbol aparecen los sensores de fuera de juego, balones recubiertos de un material ultraligero capaz de detectar el roce de un cabello, árbitros con cámaras y cámaras con árbitro. Pero Johannes de Selys , un —de momento— desconocido picapleitos belga, imagina algo muy distinto: un futuro en el que no vuelva a haber un partido nuevo del glorioso deporte. ¿Sería esto el fin del fútbol? En absoluto.Allá por los años noventa, mientras sus compañeros de la facultad de Derecho admiraban las hazañas de Enzo Scifo o Michel Preud’homme, el joven De Selys seguía con admiración la carrera de Luc Misson, el abogado de Jean-Marc Bosman, célebremente conocido por la sentencia que sacudió el mundo del fútbol. Hasta entonces, los futbolistas europeos sólo podían ocupar tres plazas de extranjero en cada uno de los equipos, ya fueran de élite o de regional. La sentencia dictada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea el 15 de diciembre de 1995 abría por primera vez la posibilidad de que cualquier futbolista, como cualquier otro trabajador, pudiera desplazarse libremente a cualquier país europeo a desempeñar su oficio, sin discriminación. También decretó que cuando un contrato expiraba, el jugador quedaba libre.Esta norma marcó un antes y un después, dando paso a canteras internacionales, adolescentes fichados por millonadas, nuevas dinastías futbolísticas, nacionalizaciones exprés, millones de euros en derechos de formación viajando de un país a otro, países del Sur global erigiéndose en potencias, Mbappé en el Real Madrid y un largo etcétera.El —de momento— singular De Selys es el único miembro del club de fans del jurista que logró todo esto. Pero desde que Misson falleció el año pasado, el trono ha quedado vacante y De Selys aspira a sacudir de nuevo, desde su modesto estrado, el destino de un deporte milmillonario. Su gran apuesta consiste en que, en algún momento, las estrellas del cielo se alinearán sobre el césped y un partido de fútbol será repetido por orden de un juez .Ha habido muchos casos cercanos. Uno especialmente cercano. Sucedió una noche de diciembre de 2023. En Bélgica, el Anderlecht había ganado 2-1 al Genk gracias a un gol anulado —de forma incorrecta— por el VAR, un sistema robótico manejado, al fin y al cabo, por un humano. El equipo visitante llevó el caso a la justicia y esta determinó que el partido tendría que ser repetido.Como Selys solía decir, en derecho mercantil o laboral, circunstancias como las que se dieron en aquel campo de fútbol obligarían a un juez a repetir el procedimiento, ya fuera una junta de accionistas o un despido declarado nulo. ¿Por qué esto no iba a concernir al derecho deportivo?«Es incluso plausible para Selys que, llegado un momento, no se volviera a jugar un partido nuevo y que el calendario estuviera inundado de partidos repetidos por orden judicial» El abogado desempolvó un grueso dossier legislativo que llevaba años recopilando. Su momento había llegado. Una ley inamovible del fútbol es que lo que sucede en el campo se queda en el campo, pero con la llegada de la tecnología, las posibilidades de litigio se multiplican exponencialmente. «Mi gran esperanza es el Mundial», repetía a quienes se molestaban en preguntarle. Desde que la Copa del Mundo de 1934 se celebrara en la Italia de Mussolini a la Argentina 1978 de Videla o la Rusia 2018 de Putin, la connivencia de la FIFA con regímenes autoritarios es parte estructural de su historia. De Selys sabe que, en este tipo de sistemas corruptos, es fácil que en algún momento prospere una demanda que determine a un juez —seguramente encañonado— decretar la repetición de un partido.Y una vez eso suceda, ¡boom! Pasaremos de «el caso Bosman» a «La doctrina Selys». En su vasto dosier, el belga tiene prevista cualquier futura eventualidad, por ejemplo, el hecho de que la repetición de una final del Mundial —por ejemplo, aquel gol fantasma de Geoff Hurst en el Inglaterra-Alemania de 1966— implique una reacción en cadena que obligue a repetir las semifinales, cuartos, octavos, fase previa e incluso, llegados al caso, cada uno de los partidos de las eliminatorias de clasificación de aquel evento. Todo eso, otra vez, hoy.«Dejó pasar las horas y, en torno a las dos de la tarde, descolgó el teléfono. «Buenos días, disculpe mi español, no es muy bueno. ¿Hablo con la Asociación de Fútbol Argentina?»»Es incluso plausible para Selys que, llegado un momento, no se volviera a jugar un partido nuevo y que el calendario estuviera inundado de partidos repetidos por orden judicial, aquí y allá. Una semifinal de Copa del Rey de 1998 necesaria para desatascar la clasificación de un equipo turco litigante que fue eliminado en la Recopa de Europa del año siguiente y que provocaría la repetición tanto de los cuartos de final como de cualquier partido que condujera a estos.Evidentemente, como dijo Heráclito, un hombre no puede bañarse dos veces en el mismo río y un partido obligado a repetirse nunca sería el mismo partido, pero de cara al espectáculo, la pasión y rivalidad permanecerían intactas, la venganza aumentada así que… ¿por qué no iba la FIFA a acceder a esto?Sin embargo, De Selys admite que todas estas ideas son demasiado «revolucionarias», como él prefiere enmarcarlas. Nadie, a priori, va a marcar su número esperando que active este giro copernicano sobre el deporte rey. Tiene que ser comercial de sí mismo. Por eso, precisamente el otro día, llegó a su oficina el lunes por la mañana. Miró el reloj de su pared e hizo unos cálculos mentales. Dejó pasar las horas y, en torno a las dos de la tarde, descolgó el teléfono.«Buenos días, disculpe mi español, no es muy bueno. ¿Hablo con la Asociación de Fútbol Argentina ?», De Selys escuchó lo que le decían, asintiendo, y musitó. «Sí, es urgente».  

Hay inventos que no llevan tornillos o chips, y sin embargo cambian el mundo como ninguna tecnología lo hará jamás.

Cuando se habla del futuro del fútbol aparecen los sensores de fuera de juego, balones recubiertos de un material ultraligero capaz de detectar el … roce de un cabello, árbitros con cámaras y cámaras con árbitro. Pero Johannes de Selys, un —de momento— desconocido picapleitos belga, imagina algo muy distinto: un futuro en el que no vuelva a haber un partido nuevo del glorioso deporte. ¿Sería esto el fin del fútbol? En absoluto.

Allá por los años noventa, mientras sus compañeros de la facultad de Derecho admiraban las hazañas de Enzo Scifo o Michel Preud’homme, el joven De Selys seguía con admiración la carrera de Luc Misson, el abogado de Jean-Marc Bosman, célebremente conocido por la sentencia que sacudió el mundo del fútbol. Hasta entonces, los futbolistas europeos sólo podían ocupar tres plazas de extranjero en cada uno de los equipos, ya fueran de élite o de regional. La sentencia dictada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea el 15 de diciembre de 1995 abría por primera vez la posibilidad de que cualquier futbolista, como cualquier otro trabajador, pudiera desplazarse libremente a cualquier país europeo a desempeñar su oficio, sin discriminación. También decretó que cuando un contrato expiraba, el jugador quedaba libre.

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Como Selys solía decir, en derecho mercantil o laboral, circunstancias como las que se dieron en aquel campo de fútbol obligarían a un juez a repetir el procedimiento, ya fuera una junta de accionistas o un despido declarado nulo. ¿Por qué esto no iba a concernir al derecho deportivo?

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«Dejó pasar las horas y, en torno a las dos de la tarde, descolgó el teléfono. «Buenos días, disculpe mi español, no es muy bueno. ¿Hablo con la Asociación de Fútbol Argentina?»»

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Sin embargo, De Selys admite que todas estas ideas son demasiado «revolucionarias», como él prefiere enmarcarlas. Nadie, a priori, va a marcar su número esperando que active este giro copernicano sobre el deporte rey. Tiene que ser comercial de sí mismo. Por eso, precisamente el otro día, llegó a su oficina el lunes por la mañana. Miró el reloj de su pared e hizo unos cálculos mentales. Dejó pasar las horas y, en torno a las dos de la tarde, descolgó el teléfono.

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