Skip to content
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
  • Entradas
  • Forums
  • Contacto
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  Cultura  Últimos días de Rosi
Cultura

Últimos días de Rosi

julio 28, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

El doctor fue muy claro al decir que le quedaban pocos meses de vida y a la semana siguiente mi abuela se la llevó de vacaciones al hotel Big Rock de Playa de Aro, entonces uno de los mejores hoteles de la Costa Brava, con el atractivo añadido de la cocina de Carles Camós.Rosi era una dependienta de toda la vida, esposa de uno de los buenos cocineros que tuvo Semon. Cuando a veces mi abuela decía que sus trabajadores, sobre todo los más veteranos, eran como su familia, no exageraba. Nos instalamos en el Big Rock con el encargo de mi abuela de cuidar y mimar a Rosi. Su marido acudía cuando salía de trabajar y llegaba a cenar.Ni mi hermana ni yo tuvimos que esforzarnos porque también queríamos mucho a Rosi. En los años buenos de mi abuela, los fines de semana siempre había algún empleado invitado, normalmente con su familia. No decíamos «mira, llegan los empleados» pero les tratábamos mejor que a los amigos o familiares. Mi abuela me educó para entender como un deber cualquier posición de privilegio. El deber de usar mi lujo en favor de las personas que hacían posible nuestra empresa, y a quererles a través del agradecimiento.Mi abuela no se lo pensó dos veces cuando le dijo a Rosi que se irían juntas al Big Rock y en mi familia no nos resultó extraño que una trabajadora a punto de morir quisiera pasar gran parte de lo que fueron sus últimos días con nosotros. ¿Con quién iba a estar mejor?Hoy dirían que mi abuela se metía en la vida de su gente, y lo hacía. Es verdad. Y además era muy dura y tenía mala leche, y decía las cosas de una manera muy salvaje. Reñía a los maridos que sabía que habían sido infieles, porque en Barcelona se sabía todo y más alrededor de Semon; estaba al corriente de las notas de sus hijos y les llamaba y les reñía todavía más si no iban bien en el colegio. Por cierto que, hablando hijos y de colegios, a todos se les ofreció poder ir al mismo que íbamos mi hermana y yo.Nadie discutía la entrega a la empresa y la empresa no negociaba con la dignidad del trabajador. Rosi estaba muy débil pero disfrutó aquellos días. El chef Camós estuvo muy atento cocinando sus platos un poco más suaves para que pudiera comerlos sin que le sentaran mal por culpa de la medicación. Todos en el Big Rock conocían a mi abuela y se volcaron con Rosi. Fue tan agradable que en algún momento hasta nos olvidamos del motivo por el que estábamos allí, aunque el médico tenía razón y la enfermedad avanzó muy rápidamente.Los meses que le quedaban eran realmente pocos, y Rosi no llegó a septiembre. Tras el entierro, mi abuela dijo que quería cerrar el negocio durante tres días y el marido viudo le dijo que el mejor homenaje que podía hacerle a su esposa era abrir cada día, trabajar mejor, y ganar más dinero. Mi abuela nunca olvidó a Rosi. Cuando ya muy mayor no distinguía entre el día y la noche, y no siempre sabía de qué hablaba, explicaba anécdotas de su antigua dependienta y recordaba con precisión cada detalle. Rosi fue la primera en irse, pero el Big Rock también cerró. Carles Camós murió, mi abuela tampoco está y aunque por supuesto lo nuevo es también muy emocionante, los derechos han deteriorado la calidad humana. Los camareros tienen hoy más derechos que entonces, pero los empresarios sienten menos deber hacia ellos. Algunos dicen que las condiciones de trabajo han mejorado mucho, pero yo creo que hemos perdido todos. Tú pregunta y sólo escucharás quejas. Antes no hacía falta preguntar nada porque los empleados estaban cenando en tu casa y tratarlos mejor de lo que nos tratábamos entre nosotros era nuestra manera de darles las gracias. El doctor fue muy claro al decir que le quedaban pocos meses de vida y a la semana siguiente mi abuela se la llevó de vacaciones al hotel Big Rock de Playa de Aro, entonces uno de los mejores hoteles de la Costa Brava, con el atractivo añadido de la cocina de Carles Camós.Rosi era una dependienta de toda la vida, esposa de uno de los buenos cocineros que tuvo Semon. Cuando a veces mi abuela decía que sus trabajadores, sobre todo los más veteranos, eran como su familia, no exageraba. Nos instalamos en el Big Rock con el encargo de mi abuela de cuidar y mimar a Rosi. Su marido acudía cuando salía de trabajar y llegaba a cenar.Ni mi hermana ni yo tuvimos que esforzarnos porque también queríamos mucho a Rosi. En los años buenos de mi abuela, los fines de semana siempre había algún empleado invitado, normalmente con su familia. No decíamos «mira, llegan los empleados» pero les tratábamos mejor que a los amigos o familiares. Mi abuela me educó para entender como un deber cualquier posición de privilegio. El deber de usar mi lujo en favor de las personas que hacían posible nuestra empresa, y a quererles a través del agradecimiento.Mi abuela no se lo pensó dos veces cuando le dijo a Rosi que se irían juntas al Big Rock y en mi familia no nos resultó extraño que una trabajadora a punto de morir quisiera pasar gran parte de lo que fueron sus últimos días con nosotros. ¿Con quién iba a estar mejor?Hoy dirían que mi abuela se metía en la vida de su gente, y lo hacía. Es verdad. Y además era muy dura y tenía mala leche, y decía las cosas de una manera muy salvaje. Reñía a los maridos que sabía que habían sido infieles, porque en Barcelona se sabía todo y más alrededor de Semon; estaba al corriente de las notas de sus hijos y les llamaba y les reñía todavía más si no iban bien en el colegio. Por cierto que, hablando hijos y de colegios, a todos se les ofreció poder ir al mismo que íbamos mi hermana y yo.Nadie discutía la entrega a la empresa y la empresa no negociaba con la dignidad del trabajador. Rosi estaba muy débil pero disfrutó aquellos días. El chef Camós estuvo muy atento cocinando sus platos un poco más suaves para que pudiera comerlos sin que le sentaran mal por culpa de la medicación. Todos en el Big Rock conocían a mi abuela y se volcaron con Rosi. Fue tan agradable que en algún momento hasta nos olvidamos del motivo por el que estábamos allí, aunque el médico tenía razón y la enfermedad avanzó muy rápidamente.Los meses que le quedaban eran realmente pocos, y Rosi no llegó a septiembre. Tras el entierro, mi abuela dijo que quería cerrar el negocio durante tres días y el marido viudo le dijo que el mejor homenaje que podía hacerle a su esposa era abrir cada día, trabajar mejor, y ganar más dinero. Mi abuela nunca olvidó a Rosi. Cuando ya muy mayor no distinguía entre el día y la noche, y no siempre sabía de qué hablaba, explicaba anécdotas de su antigua dependienta y recordaba con precisión cada detalle. Rosi fue la primera en irse, pero el Big Rock también cerró. Carles Camós murió, mi abuela tampoco está y aunque por supuesto lo nuevo es también muy emocionante, los derechos han deteriorado la calidad humana. Los camareros tienen hoy más derechos que entonces, pero los empresarios sienten menos deber hacia ellos. Algunos dicen que las condiciones de trabajo han mejorado mucho, pero yo creo que hemos perdido todos. Tú pregunta y sólo escucharás quejas. Antes no hacía falta preguntar nada porque los empleados estaban cenando en tu casa y tratarlos mejor de lo que nos tratábamos entre nosotros era nuestra manera de darles las gracias.  

El doctor fue muy claro al decir que le quedaban pocos meses de vida y a la semana siguiente mi abuela se la llevó de vacaciones al hotel Big Rock de Playa de Aro, entonces uno de los mejores hoteles de la Costa Brava, con … el atractivo añadido de la cocina de Carles Camós.

Rosi era una dependienta de toda la vida, esposa de uno de los buenos cocineros que tuvo Semon. Cuando a veces mi abuela decía que sus trabajadores, sobre todo los más veteranos, eran como su familia, no exageraba. Nos instalamos en el Big Rock con el encargo de mi abuela de cuidar y mimar a Rosi. Su marido acudía cuando salía de trabajar y llegaba a cenar.

Más noticias

Crítica de teatro de ‘La truita’: Comedia parece, pero un drama es

julio 17, 2026

Argentina sigue presionando con un boicot a Rosalía

julio 24, 2026

Julio Norte pide toro

julio 30, 2026

Ubisoft celebra el éxito del nuevo videojuego de ‘Assasin’s Creed’ y deja fuera a 51 de sus creadores en Barcelona

julio 17, 2026

Ni mi hermana ni yo tuvimos que esforzarnos porque también queríamos mucho a Rosi. En los años buenos de mi abuela, los fines de semana siempre había algún empleado invitado, normalmente con su familia. No decíamos «mira, llegan los empleados» pero les tratábamos mejor que a los amigos o familiares. Mi abuela me educó para entender como un deber cualquier posición de privilegio. El deber de usar mi lujo en favor de las personas que hacían posible nuestra empresa, y a quererles a través del agradecimiento.

Mi abuela no se lo pensó dos veces cuando le dijo a Rosi que se irían juntas al Big Rock y en mi familia no nos resultó extraño que una trabajadora a punto de morir quisiera pasar gran parte de lo que fueron sus últimos días con nosotros. ¿Con quién iba a estar mejor?

Hoy dirían que mi abuela se metía en la vida de su gente, y lo hacía. Es verdad. Y además era muy dura y tenía mala leche, y decía las cosas de una manera muy salvaje. Reñía a los maridos que sabía que habían sido infieles, porque en Barcelona se sabía todo y más alrededor de Semon; estaba al corriente de las notas de sus hijos y les llamaba y les reñía todavía más si no iban bien en el colegio. Por cierto que, hablando hijos y de colegios, a todos se les ofreció poder ir al mismo que íbamos mi hermana y yo.

Nadie discutía la entrega a la empresa y la empresa no negociaba con la dignidad del trabajador. Rosi estaba muy débil pero disfrutó aquellos días. El chef Camós estuvo muy atento cocinando sus platos un poco más suaves para que pudiera comerlos sin que le sentaran mal por culpa de la medicación. Todos en el Big Rock conocían a mi abuela y se volcaron con Rosi. Fue tan agradable que en algún momento hasta nos olvidamos del motivo por el que estábamos allí, aunque el médico tenía razón y la enfermedad avanzó muy rápidamente.

Newsletter

Los meses que le quedaban eran realmente pocos, y Rosi no llegó a septiembre. Tras el entierro, mi abuela dijo que quería cerrar el negocio durante tres días y el marido viudo le dijo que el mejor homenaje que podía hacerle a su esposa era abrir cada día, trabajar mejor, y ganar más dinero.

Mi abuela nunca olvidó a Rosi. Cuando ya muy mayor no distinguía entre el día y la noche, y no siempre sabía de qué hablaba, explicaba anécdotas de su antigua dependienta y recordaba con precisión cada detalle.

Rosi fue la primera en irse, pero el Big Rock también cerró. Carles Camós murió, mi abuela tampoco está y aunque por supuesto lo nuevo es también muy emocionante, los derechos han deteriorado la calidad humana. Los camareros tienen hoy más derechos que entonces, pero los empresarios sienten menos deber hacia ellos. Algunos dicen que las condiciones de trabajo han mejorado mucho, pero yo creo que hemos perdido todos. Tú pregunta y sólo escucharás quejas. Antes no hacía falta preguntar nada porque los empleados estaban cenando en tu casa y tratarlos mejor de lo que nos tratábamos entre nosotros era nuestra manera de darles las gracias.

 RSS de noticias de cultura

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
El verano en el que los zeta y los boomers se volvieron ‘Fife’
Los exportadores españoles piden a la UE «reglas claras y prolongadas en el tiempo» en las relaciones con EE.UU.
Leer también
Nacional

Última hora de la entrada de inmigrantes a Ceuta, en directo | Ceuta amanece con cientos de jóvenes durmiendo en la calle mientras continúa el cruce de personas por la frontera

julio 31, 2026
Nacional

Miles de personas penetran durante la noche en Ceuta en medio de la pasividad de la policía marroquí

julio 31, 2026
Internacional

Miles de personas penetran durante la noche en Ceuta en medio de la pasividad de la policía marroquí

julio 31, 2026
Sociedad

Muere el padre de Paula Echevarría, a los 76 años en Gijón

julio 31, 2026
Nacional

Solo uno de los 14 hidroaviones apagafuegos que opera el Ejército del Aire ha sido comprado por el PP

julio 31, 2026
Sociedad

El pueblo de Cantabria donde han veraneado Mario Casas y Melyssa Pinto: calas escondidas y famoso por sus langostas

julio 31, 2026
Cargar más
Novedades

Última hora de la entrada de inmigrantes a Ceuta, en directo | Ceuta amanece con cientos de jóvenes durmiendo en la calle mientras continúa el cruce de personas por la frontera

julio 31, 2026

Miles de personas penetran durante la noche en Ceuta en medio de la pasividad de la policía marroquí

julio 31, 2026

Miles de personas penetran durante la noche en Ceuta en medio de la pasividad de la policía marroquí

julio 31, 2026

Muere el padre de Paula Echevarría, a los 76 años en Gijón

julio 31, 2026

Solo uno de los 14 hidroaviones apagafuegos que opera el Ejército del Aire ha sido comprado por el PP

julio 31, 2026

El pueblo de Cantabria donde han veraneado Mario Casas y Melyssa Pinto: calas escondidas y famoso por sus langostas

julio 31, 2026

Quién torea hoy, viernes 31 de julio, en Huelva por las Fiestas Colombinas: cartel, horario y dónde ver gratis en televisión y online

julio 31, 2026

El sociólogo Kagarlitski, de la cárcel soviética a la de Putin

julio 31, 2026

Funcionarios de A Coruña, bajo sospecha de tongo en la Seguridad Social: “Deberían ser apartados temporalmente”

julio 31, 2026

La Generalitat Valenciana mantiene sin dirección ocho parques naturales, como el de Sierra de Espadán, ahora en llamas

julio 31, 2026

    VozUniversal

    © 2024 VozUniversal. Todos los derechos reservados.
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad
    • Contacto