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Cultura

«Pero… ¿esto es arte?»: Duchamp vuelve con su pregunta

agosto 7, 2026
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Las galerías del MoMA en un día de tormenta veraniega son el escenario de un encuentro especial: turistas sin una afición pronunciada por el arte moderno y contemporáneo y la mejor colección del mundo de estos periodos. La visita al MoMA es parada obligada en muchos ‘tours’ en Nueva York; se incluye en paquetes turísticos y es un respiro de aire acondicionado para el calor tropical y un techo cuando cae una manta de agua. Pero entre la emoción de ver ‘Las señoritas de Aviñón’ de Picasso o ‘La noche estrellada’ de Van Gogh, también está la extrañeza ante obras más oscuras, ininteligibles o absurdas. «Pero… ¿esto es arte?», se preguntan muchos.La pregunta es cualquier cosa menos tonta. Nos la hemos hecho desde Aristóteles y Platón y sigue vigente hoy. Pero quien la formuló con más fuerza, quien más ha influido en el mundo del arte cuestionando, agitando, estirando y riéndose de su respuesta está en el sexto piso del MoMA. Allí, hasta el 22 de agosto, el museo neoyorquino dedica una retrospectiva amplia a Marcel Duchamp , el iconoclasta artista francés. Sí, el del urinario. Sí, el del bigote de la Mona Lisa.¿Es Duchamp el artista más rompedor de la historia? Picasso podría estar en la pelea, con el movimiento sísmico de alejamiento de la figuración que cambió para siempre el arte. Hilma af Klint y Kandinsky fueron los primeros abstractos. Pero, paseando por las galerías del MoMA, su impacto en los movimientos dominantes desde la década de 1960 -el arte conceptual, el pop- quizá le señalan como el más influyente.Por eso es sorprendente que no haya habido una retrospectiva de Duchamp en EE.UU. -el país donde se refugió en 1942, durante la Guerra Mundial, convertido en un neoyorquino más- en más de medio siglo. Muchas piezas icónicas de su obra están alojadas cerca de aquí, en el Museo de Arte de Filadelfia, donde la muestra de Duchamp viajará este otoño. Pero hacía mucho tiempo que no se celebraba una exposición que explique y sitúe la importancia del artista francés.La expo del MoMA lo hace a través de un recorrido cronológico, que arranca en la adolescencia de Duchamp (1887-1968), con acuarelas en las que dibujaba a sus hermanas o paisajes locales de Normandía, donde creció. Era lo que entonces hacían los pintores convencionales en el cambio de siglo, obras de corte impresionista. Pero Duchamp se sacudió de todo eso en cuanto se trasladó a París. Como se ve en las paredes del MoMA, experimentó de inmediato con las vanguardias de entonces, con cuadros a lo Cézanne -como un retrato de su padre-, a lo Gauguin y, muy pronto, adoptando el cubismo de Picasso y Braque .Marcel Duchamp. ‘Desnudo descendiendo una escalera’. Philadelphia Museum of Art. © Artists Rights Society (ARS), New York / ADAGP, Paris / Association Marcel DuchampPero para 1912, con 25 años, el rompedor ya era él. «Soy un miembro de la vanguardia», dijo entonces. «Quiero armar lío» . Su visión del cubismo en movimiento, con clara influencia de la incipiente imagen en movimiento del cine, cristalizó con ‘Desnudo bajando una escalera’. El cuadro causó indignación y fue rechazado en el Salón de los Independientes. Pero sí viajó a la exposición del Armory de Nueva York al año siguiente y provocó escándalo, debate, fascinación y fama primera para Duchamp.Pero el artista vio pronto que su capacidad de armar lío con la pintura se le agotaría pronto. Su último cuadro -que lleva objetos atravesados- es de 1918, apenas cumplidos los treinta años. Para entonces, ya había empezado a cambiar de forma radical el concepto de lo que es o puede ser arte con sus ‘readymade’, sus ‘objetos encontrados’.Un peine metálico de perros o una rueda de una bicicleta podían ser arte. Al traste con las ideas del talento, la habilidad, la ejecución estética, el genio para definir qué es una obra de arte. «La elección de los ‘objetos encontrados’ siempre está basada en la indiferencia visual, en la ausencia total de buen o mal gusto», dijo. «Son objetos convencionales elevados a la dignidad de obra de arte por elección del artista». Es decir, es arte ‘porque lo digo yo’.El ‘objeto encontrado’ más célebre, por supuesto, es el urinario. Lleva el título ‘Fuente’ y es de 1917El ‘objeto encontrado’ más célebre, por supuesto, es el urinario . Lleva el título ‘Fuente’ y es de 1917. Lo trató de incluir en una muestra de arte puntero de Nueva York ese año y se lo rechazaron. Varias décadas después, los ‘objetos encontrados’ se convirtieron en vanguardia. Hoy en día es una práctica convencional, incluso gastada.El original de ‘Fuente’ se perdió, como casi todos los ‘readymades’ que hizo Duchamp. Pero aquí introdujo otra quiebra en la concepción del arte. Fue un pionero de las réplicas, de las recreaciones de sus propias obras, tumbando y cuestionando el concepto de la ‘originalidad’.Marcel Duchamp. ‘L.H.O.O.Q.’, 1919. Reproducción de la ‘Mona Lisa’, de Leonardo da Vinci. Colección privada. © Artists Rights Society (ARS), New York / ADAGP, Paris / Association Marcel DuchampOtra forma de transformar el arte fue reírse de él, relativizar el genio y la importancia de los iconos que adoramos por costumbre. Por ejemplo, con los bigotes que le colocó a la Mona Lisa de Da Vinci , un gesto infantil, rompedor, provocador y liberador.También jugó con la cuestión de la autoría, creando ‘alter egos’ que hacían sus propias obras de arte. El más conocido y provocador es Rrose Sélavy (un juego de palabras que significa ‘Eros, así es la vida’, en francés). Man Ray fotografió a Duchamp convertido en su trasunto femenino.Duchamp buscó «poner el arte al servicio de las ideas». De esa ruptura bebieron después todas las vanguardias desde finales del siglo XX hasta hoy. Él es el padre del arte conceptual y del arte pop, que han dominado -para bien o para mal- la creación artística de las últimas décadas.Cultivó su afición por el ajedrez durante décadas y participó en torneosY después de romperlo, anunció que dejaba el arte y que se dedicaba al ajedrez . Cultivó su afición por este juego durante décadas, participó en torneos y su contacto con el arte era más en su capacidad de comisario, asesor o marchante. Pero durante muchos años, cuando se le creía retirado, mantuvo un proyecto artístico secreto en su apartamento de la calle 14 de Nueva York: una instalación inquietante, del tamaño de una pequeña habitación, con una escultura de una mujer desnuda que se ve a través de pequeños agujeros, con la sensación de estar mirando un diorama. No sale de su ubicación permanente, en Filadelfia, pero la muestra recoge todo el proceso.Este último proyecto fue la confirmación de que, entre tantos enfrentarse por sacudir el arte, Duchamp murió siendo artista. Lo reconoció al final de su vida: «Sin duda, no soy nada más que un artista, y encantado de serlo». Las galerías del MoMA en un día de tormenta veraniega son el escenario de un encuentro especial: turistas sin una afición pronunciada por el arte moderno y contemporáneo y la mejor colección del mundo de estos periodos. La visita al MoMA es parada obligada en muchos ‘tours’ en Nueva York; se incluye en paquetes turísticos y es un respiro de aire acondicionado para el calor tropical y un techo cuando cae una manta de agua. Pero entre la emoción de ver ‘Las señoritas de Aviñón’ de Picasso o ‘La noche estrellada’ de Van Gogh, también está la extrañeza ante obras más oscuras, ininteligibles o absurdas. «Pero… ¿esto es arte?», se preguntan muchos.La pregunta es cualquier cosa menos tonta. Nos la hemos hecho desde Aristóteles y Platón y sigue vigente hoy. Pero quien la formuló con más fuerza, quien más ha influido en el mundo del arte cuestionando, agitando, estirando y riéndose de su respuesta está en el sexto piso del MoMA. Allí, hasta el 22 de agosto, el museo neoyorquino dedica una retrospectiva amplia a Marcel Duchamp , el iconoclasta artista francés. Sí, el del urinario. Sí, el del bigote de la Mona Lisa.¿Es Duchamp el artista más rompedor de la historia? Picasso podría estar en la pelea, con el movimiento sísmico de alejamiento de la figuración que cambió para siempre el arte. Hilma af Klint y Kandinsky fueron los primeros abstractos. Pero, paseando por las galerías del MoMA, su impacto en los movimientos dominantes desde la década de 1960 -el arte conceptual, el pop- quizá le señalan como el más influyente.Por eso es sorprendente que no haya habido una retrospectiva de Duchamp en EE.UU. -el país donde se refugió en 1942, durante la Guerra Mundial, convertido en un neoyorquino más- en más de medio siglo. Muchas piezas icónicas de su obra están alojadas cerca de aquí, en el Museo de Arte de Filadelfia, donde la muestra de Duchamp viajará este otoño. Pero hacía mucho tiempo que no se celebraba una exposición que explique y sitúe la importancia del artista francés.La expo del MoMA lo hace a través de un recorrido cronológico, que arranca en la adolescencia de Duchamp (1887-1968), con acuarelas en las que dibujaba a sus hermanas o paisajes locales de Normandía, donde creció. Era lo que entonces hacían los pintores convencionales en el cambio de siglo, obras de corte impresionista. Pero Duchamp se sacudió de todo eso en cuanto se trasladó a París. Como se ve en las paredes del MoMA, experimentó de inmediato con las vanguardias de entonces, con cuadros a lo Cézanne -como un retrato de su padre-, a lo Gauguin y, muy pronto, adoptando el cubismo de Picasso y Braque .Marcel Duchamp. ‘Desnudo descendiendo una escalera’. Philadelphia Museum of Art. © Artists Rights Society (ARS), New York / ADAGP, Paris / Association Marcel DuchampPero para 1912, con 25 años, el rompedor ya era él. «Soy un miembro de la vanguardia», dijo entonces. «Quiero armar lío» . Su visión del cubismo en movimiento, con clara influencia de la incipiente imagen en movimiento del cine, cristalizó con ‘Desnudo bajando una escalera’. El cuadro causó indignación y fue rechazado en el Salón de los Independientes. Pero sí viajó a la exposición del Armory de Nueva York al año siguiente y provocó escándalo, debate, fascinación y fama primera para Duchamp.Pero el artista vio pronto que su capacidad de armar lío con la pintura se le agotaría pronto. Su último cuadro -que lleva objetos atravesados- es de 1918, apenas cumplidos los treinta años. Para entonces, ya había empezado a cambiar de forma radical el concepto de lo que es o puede ser arte con sus ‘readymade’, sus ‘objetos encontrados’.Un peine metálico de perros o una rueda de una bicicleta podían ser arte. Al traste con las ideas del talento, la habilidad, la ejecución estética, el genio para definir qué es una obra de arte. «La elección de los ‘objetos encontrados’ siempre está basada en la indiferencia visual, en la ausencia total de buen o mal gusto», dijo. «Son objetos convencionales elevados a la dignidad de obra de arte por elección del artista». Es decir, es arte ‘porque lo digo yo’.El ‘objeto encontrado’ más célebre, por supuesto, es el urinario. Lleva el título ‘Fuente’ y es de 1917El ‘objeto encontrado’ más célebre, por supuesto, es el urinario . Lleva el título ‘Fuente’ y es de 1917. Lo trató de incluir en una muestra de arte puntero de Nueva York ese año y se lo rechazaron. Varias décadas después, los ‘objetos encontrados’ se convirtieron en vanguardia. Hoy en día es una práctica convencional, incluso gastada.El original de ‘Fuente’ se perdió, como casi todos los ‘readymades’ que hizo Duchamp. Pero aquí introdujo otra quiebra en la concepción del arte. Fue un pionero de las réplicas, de las recreaciones de sus propias obras, tumbando y cuestionando el concepto de la ‘originalidad’.Marcel Duchamp. ‘L.H.O.O.Q.’, 1919. Reproducción de la ‘Mona Lisa’, de Leonardo da Vinci. Colección privada. © Artists Rights Society (ARS), New York / ADAGP, Paris / Association Marcel DuchampOtra forma de transformar el arte fue reírse de él, relativizar el genio y la importancia de los iconos que adoramos por costumbre. Por ejemplo, con los bigotes que le colocó a la Mona Lisa de Da Vinci , un gesto infantil, rompedor, provocador y liberador.También jugó con la cuestión de la autoría, creando ‘alter egos’ que hacían sus propias obras de arte. El más conocido y provocador es Rrose Sélavy (un juego de palabras que significa ‘Eros, así es la vida’, en francés). Man Ray fotografió a Duchamp convertido en su trasunto femenino.Duchamp buscó «poner el arte al servicio de las ideas». De esa ruptura bebieron después todas las vanguardias desde finales del siglo XX hasta hoy. Él es el padre del arte conceptual y del arte pop, que han dominado -para bien o para mal- la creación artística de las últimas décadas.Cultivó su afición por el ajedrez durante décadas y participó en torneosY después de romperlo, anunció que dejaba el arte y que se dedicaba al ajedrez . Cultivó su afición por este juego durante décadas, participó en torneos y su contacto con el arte era más en su capacidad de comisario, asesor o marchante. Pero durante muchos años, cuando se le creía retirado, mantuvo un proyecto artístico secreto en su apartamento de la calle 14 de Nueva York: una instalación inquietante, del tamaño de una pequeña habitación, con una escultura de una mujer desnuda que se ve a través de pequeños agujeros, con la sensación de estar mirando un diorama. No sale de su ubicación permanente, en Filadelfia, pero la muestra recoge todo el proceso.Este último proyecto fue la confirmación de que, entre tantos enfrentarse por sacudir el arte, Duchamp murió siendo artista. Lo reconoció al final de su vida: «Sin duda, no soy nada más que un artista, y encantado de serlo».  

Las galerías del MoMA en un día de tormenta veraniega son el escenario de un encuentro especial: turistas sin una afición pronunciada por el arte moderno y contemporáneo y la mejor colección del mundo de estos periodos. La visita al MoMA es parada obligada … en muchos ‘tours’ en Nueva York; se incluye en paquetes turísticos y es un respiro de aire acondicionado para el calor tropical y un techo cuando cae una manta de agua. Pero entre la emoción de ver ‘Las señoritas de Aviñón’ de Picasso o ‘La noche estrellada’ de Van Gogh, también está la extrañeza ante obras más oscuras, ininteligibles o absurdas. «Pero… ¿esto es arte?», se preguntan muchos.

La pregunta es cualquier cosa menos tonta. Nos la hemos hecho desde Aristóteles y Platón y sigue vigente hoy. Pero quien la formuló con más fuerza, quien más ha influido en el mundo del arte cuestionando, agitando, estirando y riéndose de su respuesta está en el sexto piso del MoMA. Allí, hasta el 22 de agosto, el museo neoyorquino dedica una retrospectiva amplia a Marcel Duchamp, el iconoclasta artista francés. Sí, el del urinario. Sí, el del bigote de la Mona Lisa.

¿Es Duchamp el artista más rompedor de la historia? Picasso podría estar en la pelea, con el movimiento sísmico de alejamiento de la figuración que cambió para siempre el arte. Hilma af Klint y Kandinsky fueron los primeros abstractos. Pero, paseando por las galerías del MoMA, su impacto en los movimientos dominantes desde la década de 1960 -el arte conceptual, el pop- quizá le señalan como el más influyente.

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La expo del MoMA lo hace a través de un recorrido cronológico, que arranca en la adolescencia de Duchamp (1887-1968), con acuarelas en las que dibujaba a sus hermanas o paisajes locales de Normandía, donde creció. Era lo que entonces hacían los pintores convencionales en el cambio de siglo, obras de corte impresionista. Pero Duchamp se sacudió de todo eso en cuanto se trasladó a París. Como se ve en las paredes del MoMA, experimentó de inmediato con las vanguardias de entonces, con cuadros a lo Cézanne -como un retrato de su padre-, a lo Gauguin y, muy pronto, adoptando el cubismo de Picasso y Braque.

Marcel Duchamp. 'Desnudo descendiendo una escalera'. Philadelphia Museum of Art.
Marcel Duchamp. ‘Desnudo descendiendo una escalera’. Philadelphia Museum of Art.
(© Artists Rights Society (ARS), New York / ADAGP, Paris / Association Marcel Duchamp)
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Pero el artista vio pronto que su capacidad de armar lío con la pintura se le agotaría pronto. Su último cuadro -que lleva objetos atravesados- es de 1918, apenas cumplidos los treinta años. Para entonces, ya había empezado a cambiar de forma radical el concepto de lo que es o puede ser arte con sus ‘readymade’, sus ‘objetos encontrados’.

Un peine metálico de perros o una rueda de una bicicleta podían ser arte. Al traste con las ideas del talento, la habilidad, la ejecución estética, el genio para definir qué es una obra de arte. «La elección de los ‘objetos encontrados’ siempre está basada en la indiferencia visual, en la ausencia total de buen o mal gusto», dijo. «Son objetos convencionales elevados a la dignidad de obra de arte por elección del artista». Es decir, es arte ‘porque lo digo yo’.

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