No sé si fuera de Aragón se tiene conciencia de la importancia histórica y artística que posee el Real Monasterio de San Juan de la Peña , en las proximidades de Jaca (Huesca). Para los aragoneses es uno de sus principales símbolos. Escondido en una espectacular oquedad de la sierra que lleva su nombre y cubierto por una gran visera de piedra, lleva más de mil años siendo un lugar sagrado, y es el enclave que escogieron los primeros reyes de Aragón para su sepultura. No existe otro panteón real tan singular como este: los cuerpos de Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I, con sus esposas e infantes, y junto a condes aragoneses y navarros anteriores a ellos, reposan en lo más profundo de la cueva, con la cabeza a tocar de la roca y arropados por el rumor del agua que mana incesante de la peña. No se adornaron sus tumbas con finas esculturas ni túmulos lujosos, sino con simples lápidas apenas decoradas con inscripciones. Nada podía rivalizar con la fuerza telúrica que emana del propio lugar, humilde e impresionante.Junto al panteón se ubica la iglesia alta, y junto a esta, el claustro, ejemplos muy destacados del arte románico hispano. Los dos espacios están cubiertos también por la visera de roca, e incluso los tres ábsides del templo están excavados en ella, mientras que el claustro, al aire, exhibe pasajes de la Historia Sagrada tallados en sus capiteles por el Maestro de Agüero. En la tradición secular de nuestra Historia, mezclada con la leyenda pero asumida hondamente como emblema de identidad, se asegura que aquí nació el Reino de Aragón y que aquí se guardó el Santo Grial, el cáliz de la Última Cena, hasta finales del siglo XIV.Este monumento y el maravilloso paraje natural que lo rodea están estos días amenazados gravemente por un incendio forestal muy difícil de controlar, y todo Aragón está con el corazón en un puño. Gracias han de darse a la UME y a los funcionarios del Gobierno de Aragón que han protegido, llevándolos a Huesca, los bienes culturales que se podían sacar del monasterio , incluidos los restos conservados en el Panteón Real. Deberían haber podido realizar su labor con más anticipación, con las oportunas órdenes de sus responsables dadas antes de que la situación se agravara tanto. Y lo mismo podría decirse de la protección del entorno, pues el incendio lleva días iniciado y desde el primer momento se advirtió que podría llegar a amenazar el paraje de San Juan de la Peña.El monasterio sufrió dos gravísimos incendios en su historia, uno a finales del siglo XV y otro en las últimas décadas del XVII. El del primer cuarto del siglo XXI lo está esquivando por los pelos. Urge que nuestros políticos, en Aragón en primer lugar, asuman la necesidad de prevenir estas catástrofes y de dotar adecuadamente los servicios que nos salvan de ellas.Marisancho Menjón Exdirectora de Patrimonio del Gobierno de Aragón No sé si fuera de Aragón se tiene conciencia de la importancia histórica y artística que posee el Real Monasterio de San Juan de la Peña , en las proximidades de Jaca (Huesca). Para los aragoneses es uno de sus principales símbolos. Escondido en una espectacular oquedad de la sierra que lleva su nombre y cubierto por una gran visera de piedra, lleva más de mil años siendo un lugar sagrado, y es el enclave que escogieron los primeros reyes de Aragón para su sepultura. No existe otro panteón real tan singular como este: los cuerpos de Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I, con sus esposas e infantes, y junto a condes aragoneses y navarros anteriores a ellos, reposan en lo más profundo de la cueva, con la cabeza a tocar de la roca y arropados por el rumor del agua que mana incesante de la peña. No se adornaron sus tumbas con finas esculturas ni túmulos lujosos, sino con simples lápidas apenas decoradas con inscripciones. Nada podía rivalizar con la fuerza telúrica que emana del propio lugar, humilde e impresionante.Junto al panteón se ubica la iglesia alta, y junto a esta, el claustro, ejemplos muy destacados del arte románico hispano. Los dos espacios están cubiertos también por la visera de roca, e incluso los tres ábsides del templo están excavados en ella, mientras que el claustro, al aire, exhibe pasajes de la Historia Sagrada tallados en sus capiteles por el Maestro de Agüero. En la tradición secular de nuestra Historia, mezclada con la leyenda pero asumida hondamente como emblema de identidad, se asegura que aquí nació el Reino de Aragón y que aquí se guardó el Santo Grial, el cáliz de la Última Cena, hasta finales del siglo XIV.Este monumento y el maravilloso paraje natural que lo rodea están estos días amenazados gravemente por un incendio forestal muy difícil de controlar, y todo Aragón está con el corazón en un puño. Gracias han de darse a la UME y a los funcionarios del Gobierno de Aragón que han protegido, llevándolos a Huesca, los bienes culturales que se podían sacar del monasterio , incluidos los restos conservados en el Panteón Real. Deberían haber podido realizar su labor con más anticipación, con las oportunas órdenes de sus responsables dadas antes de que la situación se agravara tanto. Y lo mismo podría decirse de la protección del entorno, pues el incendio lleva días iniciado y desde el primer momento se advirtió que podría llegar a amenazar el paraje de San Juan de la Peña.El monasterio sufrió dos gravísimos incendios en su historia, uno a finales del siglo XV y otro en las últimas décadas del XVII. El del primer cuarto del siglo XXI lo está esquivando por los pelos. Urge que nuestros políticos, en Aragón en primer lugar, asuman la necesidad de prevenir estas catástrofes y de dotar adecuadamente los servicios que nos salvan de ellas.Marisancho Menjón Exdirectora de Patrimonio del Gobierno de Aragón
No sé si fuera de Aragón se tiene conciencia de la importancia histórica y artística que posee el Real Monasterio de San Juan de la Peña, en las proximidades de Jaca (Huesca). Para los aragoneses es uno de sus principales símbolos. Escondido en una … espectacular oquedad de la sierra que lleva su nombre y cubierto por una gran visera de piedra, lleva más de mil años siendo un lugar sagrado, y es el enclave que escogieron los primeros reyes de Aragón para su sepultura. No existe otro panteón real tan singular como este: los cuerpos de Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I, con sus esposas e infantes, y junto a condes aragoneses y navarros anteriores a ellos, reposan en lo más profundo de la cueva, con la cabeza a tocar de la roca y arropados por el rumor del agua que mana incesante de la peña. No se adornaron sus tumbas con finas esculturas ni túmulos lujosos, sino con simples lápidas apenas decoradas con inscripciones. Nada podía rivalizar con la fuerza telúrica que emana del propio lugar, humilde e impresionante.
Junto al panteón se ubica la iglesia alta, y junto a esta, el claustro, ejemplos muy destacados del arte románico hispano. Los dos espacios están cubiertos también por la visera de roca, e incluso los tres ábsides del templo están excavados en ella, mientras que el claustro, al aire, exhibe pasajes de la Historia Sagrada tallados en sus capiteles por el Maestro de Agüero. En la tradición secular de nuestra Historia, mezclada con la leyenda pero asumida hondamente como emblema de identidad, se asegura que aquí nació el Reino de Aragón y que aquí se guardó el Santo Grial, el cáliz de la Última Cena, hasta finales del siglo XIV.
Este monumento y el maravilloso paraje natural que lo rodea están estos días amenazados gravemente por un incendio forestal muy difícil de controlar, y todo Aragón está con el corazón en un puño. Gracias han de darse a la UME y a los funcionarios del Gobierno de Aragón que han protegido, llevándolos a Huesca, los bienes culturales que se podían sacar del monasterio, incluidos los restos conservados en el Panteón Real. Deberían haber podido realizar su labor con más anticipación, con las oportunas órdenes de sus responsables dadas antes de que la situación se agravara tanto. Y lo mismo podría decirse de la protección del entorno, pues el incendio lleva días iniciado y desde el primer momento se advirtió que podría llegar a amenazar el paraje de San Juan de la Peña.
El monasterio sufrió dos gravísimos incendios en su historia, uno a finales del siglo XV y otro en las últimas décadas del XVII. El del primer cuarto del siglo XXI lo está esquivando por los pelos. Urge que nuestros políticos, en Aragón en primer lugar, asuman la necesidad de prevenir estas catástrofes y de dotar adecuadamente los servicios que nos salvan de ellas.
Marisancho Menjón
Exdirectora de Patrimonio del Gobierno de Aragón
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