Con La Odisea mandando en las carteleras de medio mundo gracias a Christopher Nolan, Kimi Antonelli protagonizó su particular epopeya en Monza, donde hizo magia con la naturalidad del chaval que gana una partida en el Mario Kart, metido en su habitación y sentado a los pies de la cama. En un evento en el que debía salir a minimizar daños, el piloto de Mercedes decidió darle otra sacudida a un Mundial que cada vez tiene más cerca. La sanción por descorchar su quinta unidad de potencia lo mandó a las catacumbas de la parrilla (salió el 19º), un lastre que habría eliminado de la ecuación a cualquiera que no fuera este veinteañero que tiene un aire a Ayrton Senna y no solo por sus rasgos, sino también por las hazañas que cumple. El Gran Premio de este domingo es uno de ellos, un evento histórico para Antonelli, para la Fórmula 1 y para Italia, que volvió a ver a uno de los suyos ganar en el Templo de la Velocidad, 60 años después de que lo lograra Ludovico Scarfiotti, en aquella ocasión con Ferrari. El triunfo del corredor boloñés, el séptimo que acumula en su casillero, fue de esos que mandarán en los resúmenes de un campeonato que lleva su nombre, igual que esta última cita, una prueba de obstáculos que sorteó como le vino en gana.
El de Mercedes se convierte en el primer italiano en ganar en Monza en 60 años tras una memorable remontada desde la 19ª posición
El de Mercedes se convierte en el primer italiano en ganar en Monza en 60 años tras una memorable remontada desde la 19ª posición


Con La Odisea mandando en las carteleras de medio mundo gracias a Christopher Nolan, Kimi Antonelli protagonizó su particular epopeya en Monza, donde hizo magia con la naturalidad del chaval que gana una partida en el Mario Kart, metido en su habitación y sentado a los pies de la cama. En un evento en el que debía salir a minimizar daños, el piloto de Mercedes decidió darle otra sacudida a un Mundial que cada vez tiene más cerca. La sanción por descorchar su quinta unidad de potencia lo mandó a las catacumbas de la parrilla (salió el 19º), un lastre que habría eliminado de la ecuación a cualquiera que no fuera este veinteañero que tiene un aire a Ayrton Senna y no solo por sus rasgos, sino también por las hazañas que cumple. El Gran Premio de este domingo es uno de ellos, un evento histórico para Antonelli, para la Fórmula 1 y para Italia, que volvió a ver a uno de los suyos ganar en el Templo de la Velocidad, 60 años después de que lo lograra Ludovico Scarfiotti, en aquella ocasión con Ferrari. El triunfo del corredor boloñés, el séptimo que acumula en su casillero, fue de esos que mandarán en los resúmenes de un campeonato que lleva su nombre, igual que esta última cita, una prueba de obstáculos que sorteó como le vino en gana.
Antonelli superó a siete rivales en dos vueltas, las que pasaron desde el arranque y hasta el escalofriante accidente de Charles Leclerc, que estrelló su Ferrari contra las barreras tras perder el control a más de 230 kilómetros por hora, un golpe que neutralizó la carrera más de media hora y que forzó una segunda salida, con el italiano recolocado ya entre el pelotón (12º). Diez vueltas precisó el líder del certamen para zamparse a los McLaren y a Max Verstappen (vuelta 16) y ponerse el segundo, pegado a la caja de cambios de George Russell, su compañero de equipo, tumbado en el diván desde hace tiempo, incapaz de digerir la paliza que se está llevando de su vecino de taller.
Con la única premisa de pelear sin poner en peligro el botín común, la pareja de Mercedes se enzarzó en un par de maniobras que pusieron los pelos de punta a Toto Wolff, su director. Sin embargo, la frescura de las gomas del monoplaza de Antonelli, que paró dos veces en los garajes, terminó por decantar la balanza a favor del héroe del día, que adelantó al británico a tres vueltas del final y después de un primer susto que suscitó la intervención desde el taller, a través de la radio. “Solo os pedimos que mantengáis una lucha limpia”, les dijeron a ambos, un mensaje muy ambiguo pero que esta vez surtió efecto, sobre todo por la vulnerabilidad de Russell, completamente entregado, sin poder hacer otra cosa que aplaudir al vencedor. Este doblete supone el tercer doblete de este curso para la marca de la estrella, que vuelve a dominar después de dos golpes de McLaren. El podio lo completó Max Verstappen, siempre correoso, pero sin armas para contrarrestar el poderío del W17. Carlos Sainz terminó el 13º, mientras que Fernando Alonso tuvo que volver a abandonar por la enésima avería en su Aston Martin (vuelta 25).
“Ha sido como estar sentado en el simulador de casa, ¿verdad, Kimi?”, soltó por la radio Peter Bonington, Bono, el ingeniero de pista del protagonista de la mayor remontada en Monza, absolutamente fundido por el esfuerzo. “Este es el sueño que tenía desde niño”, declaró Antonelli, que sigue siendo eso, un niño capaz de cualquier cosa. “Después de la segunda salida sabía que podía pelear esa victoria y fui a por ella”, remachó Antonelli, con la ilusión de un niño que acababa de conseguir algo inolvidable.
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