Pese al tono conciliador del presidente Donald Trump hacia China en la reciente cumbre de Washington, analistas en Japón, como Rintaro Inoue, del Instituto de Geoeconomía (IOG, por sus siglas en inglés), aseguran que la política de defensa estadounidense en el Pacífico no ha cambiado. Japón acababa de atravesar un verano de hostigamiento continuo por parte de sus rivales estratégicos en el Pacífico cuando Trump y Xi Jinping recordaron en sendos discursos la cooperación militar durante la II Guerra Mundial.
Tokio afianza acuerdos de defensa con Australia e India frente a lo que considera incursiones en su territorio de China y Rusia
Pese al tono conciliador del presidente Donald Trump hacia China en la reciente cumbre de Washington, analistas en Japón, como Rintaro Inoue, del Instituto de Geoeconomía (IOG, por sus siglas en inglés), aseguran que la política de defensa estadounidense en el Pacífico no ha cambiado. Japón acababa de atravesar un verano de hostigamiento continuo por parte de sus rivales estratégicos en el Pacífico cuando Trump y Xi Jinping recordaron en sendos discursos la cooperación militar durante la II Guerra Mundial.
La frase de Xi, “hace más de 80 años, el pueblo chino y el estadounidense lucharon codo con codo contra los agresores militaristas japoneses”, fue calificada por expertos norteamericanos como un triunfo diplomático de Pekín. Inoue, por su parte, subraya que, tras mencionar la cooperación bélica de 1945, el documento oficial del encuentro añade que la presencia militar estadounidense “ha preservado un Indo-Pacífico libre y abierto”. “El añadido pudo haber sido redacción burocrática”, explica Inoue y agrega que, aun así, confirma la intención de la administración Trump de seguir reforzando la disuasión a lo largo de la llamada “primera cadena de islas” (que incluye Okinawa, Taiwán, Filipinas y Borneo), conforme al enfoque establecido en la Estrategia Nacional de Defensa de Japón.
Antes de la cumbre, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, se reunió con Trump y, en su discurso ante las Naciones Unidas del 22 de septiembre, pidió al organismo mundial retirar las “cláusulas de estados enemigos” adoptadas al final de la II Guerra Mundial. Para Inoue, las cláusulas llevan mucho tiempo siendo consideradas obsoletas. “No imponen costes significativos ni a la diplomacia ni a la seguridad nacional de Japón”, continúa el analista y señala que incluirlas en la agenda de asuntos exteriores es “un gasto innecesario de recursos diplomáticos”.

Takaichi hizo su petición tras una racha de intrusiones marítimas y ataques con misiles de los rivales estratégicos de Japón que, por frecuentes, sirven para justificar su estrategia de rearme. El 14 de agosto cuatro buques de la Guardia Costera china incursionaron en aguas territoriales de un archipiélago deshabitado que Japón llama Senkaku y que China reclama como Diaoyu. En 2025, el número de incursiones chinas en la zona fue de 27 casos y la presencia continua de naves en las proximidades subió al récord de 357 días, según el Libro Blanco de la Defensa de Japón de 2026.
Las relaciones Tokio-Pekín atraviesan una fase de alta tensión desde que la primera ministra japonesa calificara de amenaza existencial un posible ataque chino sobre Taiwán, la isla autogobernada democráticamente que China considera una parte irrenunciable de su territorio. La visita del presidente Vladímir Putin a la isla de Iturup, el 13 de agosto, avivó la disputa territorial con Japón iniciada al final de II Guerra Mundial, cuando la entonces Unión Soviética se anexó el archipiélago de las Kuriles.
Al contencioso, que impide la firma del tratado de paz entre los dos países, se suma la presencia frecuente de aviones rusos en los cielos nipones. Según el registro del Libro Blanco nipón, las naves rusas provocaron despegues de emergencia de aeronaves militares japonesas en 214 ocasiones en 2025. Las revelaciones de que la guerra de Irán mermaba el arsenal estadounidense en sus bases navales del este de Asia, trascendieron justo cuando el presidente Trump anunció, el 17 de agosto, el recorte de 11 a 5 días los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur. Aunque el mandatario citó entre las razones “su muy buena relación” con Kim Jong-un, el líder norcoreano consideró el gesto insuficiente y, antes de que terminaran las maniobras, ordenó disparar más de diez misiles balísticos de corto alcance hacia el mar de Japón. En 2025 el régimen de Pyongyang lanzó 5 misiles hacia el mar de Japón según recoge el Libro Blanco de la Defensa nipón.
Además de registrar las amenazas de seguridad, la última edición del documento enfatiza el efecto económico positivo de fortalecer la base industrial y tecnológica de defensa. A mediados de agosto, el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, emprendió una gira para afianzar alianzas militares de alta tecnología con socios como Australia y la India. En Canberra, Koizumi anunció que Australia permitirá a Tokio probar misiles hipersónicos en su territorio. Junto a su homólogo australiano y vice primer ministro, Richard Marles, el titular de defensa nipón dio a conocer el desarrollo conjunto de un láser de alta energía cuya función es la detección óptica de amenazas entrantes como drones o misiles de crucero de vuelo bajo.

En el diseño del láser (llamado Boobook, por un búho australiano conocido por su capacidad para ver en la oscuridad), participan organismos gubernamentales australianos especializados en tecnología láser, y Mitsubishi Electric Corporation, firma nipona de óptica y electrónica. Australia es, además, el primer comprador de 11 fragatas Mogami, una nave nipona polivalente de alta automatización y tripulación reducida fabricada por Mitsubishi Heavy Industries (MHI). Como el contrato conlleva la construcción de ocho de las fragatas en astilleros australianos (en Henderson, Perth), Japón contará con manufacturas lejos de su territorio por primera vez desde la posguerra.
Inoue, el analista de IOG, indica que los casi 8.000 kilómetros que separan a Tokio de Canberra y la gran extensión de Australia constituyen una ventaja estratégica para Japón. “Realizar pruebas de misiles en Australia, donde hay mucho terreno lejos de China, significa operar sin que Pekín los detecte o recabe información sobre los lanzamientos”, indica el experto. El acuerdo con Australia se enmarca en un programa llamado “Indo-Pacífico libre y abierto”, iniciado por Japón en 2016 y en el que también participan Estados Unidos y la India, el otro país visitado por Koizumi.
El 20 de agosto, junto a su homólogo indio Rajnath Singh, el titular de defensa nipón reafirmó el compromiso de cooperación para la fabricación de un sistema de radar naval de última generación llamado UNICORN (siglas en inglés para Antena de Radio Compleja Unificada). El UNICORN fue desarrollado por tres empresas japonesas (NEC Corporation, Sampa Kogyo y The Yokohama Rubber), y será fabricado en la India con la firma local Bharat Electronics Limited. El diario Times of India lo llamó “tecnología ninja” que dotará a los buques de guerra de mayor sigilo en los mares de China del Este y Meridional, donde la Marina china y su Guardia Costera identifican buques por su huella de radar.
Inoue advierte que en las ventas y los acuerdos de tecnología nipona en la zona priman las razones geopolíticas sobre las económicas. “Las empresas japonesas trabajan por petición del gobierno”, apunta y añade que pese al incremento del presupuesto de defensa al 2% del PIB, hay incertidumbre por factores como el suministro de materiales y la disponibilidad de mano de obra en un país con una población en declive. Enfatiza que las alianzas con países de la zona nunca pierden de vista la relación con Estados Unidos y cita como ejemplo una eventual invasión china de Taiwán: “Si Estados Unidos no se mueve, nadie se mueve”, concluye.
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