La Venus de Velázquez se mira en el espejo y, aparte de su imagen, ¿qué verá? Si se fija bien y entorna los ojos, probablemente vea… el pasado. A Rafael Conte, por ejemplo. Puntual, jocoso, expansivo, el crítico entra en la redacción de ABC Cultural puro en mano –o puro en boca–, dispuesto a compartir con nosotros el humo de su cigarro. Entrega un sobre –siempre nuevo, siempre blanco– en cuyo interior trae la crítica de la semana… en papel y en disquete. ¿Alguien se acuerda de los disquetes? De todo empieza a hacer demasiado tiempo, ¿verdad?En los primeros años de ABC Cultural, Julián Grau Santos se encarga de las ilustraciones y Manuel Mampaso de los retratos. El suplemento tiene pocas páginas en color: las centrales, y gracias. Los textos llegan por fax: la máquina escupe reseñas y semblanzas. Para elaborar cualquier biografía nos sumergimos en dos tomos de no sé qué diccionario de autores o pescamos datos en el archivo de ‘ABC’.¿Iba realmente tan deprisa? El mundo nos parece que va muy deprisa; el periodismo, más. A pesar de ello, funcionábamos con una única cuenta de correo electrónico para todos; y, al pulsar la orden de ‘enviar’, era como si lanzáramos un mensaje a Júpiter. («¿Llegará? ¿No llegará? Qué incertidumbre»). Y no era raro que tuviéramos que tomar los artículos al dictado. «Señorita, ¿me oye?», nos decía una voz al otro extremo de la línea telefónica. Y tú, que ni señorita ni nada, venga a copiar palabras una tras otra. ¿De Víctor García de la Concha ? Del crítico que fuera. La inmediatez era eso; también un boli y una cuartilla con letra apretada.¿Los teléfonos móviles? ¡Menuda excentricidad! Miguel García-Posada se negaba a atenderte si la llamada lo pillaba en el autobús: «¿Qué va a pensar la gente de mí? ¡Un tipo que va hablando solo en el autobús!». (Aclaración para los puristas: la cita no es exacta, la esencia de la cita, sí).José Antonio Marina, que publicaba en la sección de Ética, venía de visita, se sentaba y charlaba con becarios y redactores. Y Eugenio Trías, el único filósofo en lengua española que ha recibido el Premio Internacional Friedrich Nietzsche –equivalente al Nobel de Filosofía, si el Nobel de Filosofía existiera–, nos preguntaba, consciente de que las páginas del suplemento eran escasas, si necesitábamos que escribiera críticas más cortas. Respuesta: «Claro que no».Reapertura del Teatro Real, inauguración del Guggenheim de Bilbao, 11-S, vigencia del marqués de Sade o de 007, Alicia Framis se casa con una IA, el primer selfi de la Historia, obra de Leonardo da Vinci… Las portadas se suceden a un ritmo vertiginoso. En medio de la vorágine, primeras firmas, siempre: Ana María Moix, Carlos Pujol, Félix Romeo, Julián Gállego, Quico Rivas, Lobo Antunes, Bárbara Rose, Miguel Sánchez-Ostiz.arte_abc_0724 Treinta y cinco años después, ABC Cultural sigue donde estaba en 1991. Somos lo que somos porque hemos sido lo que hemos sido: vanguardia, cultura, resistencia. Y, sobre todo, hogar. Refugio. La Venus de Velázquez se mira en el espejo y, aparte de su imagen, ¿qué verá? Si se fija bien y entorna los ojos, probablemente vea… el pasado. A Rafael Conte, por ejemplo. Puntual, jocoso, expansivo, el crítico entra en la redacción de ABC Cultural puro en mano –o puro en boca–, dispuesto a compartir con nosotros el humo de su cigarro. Entrega un sobre –siempre nuevo, siempre blanco– en cuyo interior trae la crítica de la semana… en papel y en disquete. ¿Alguien se acuerda de los disquetes? De todo empieza a hacer demasiado tiempo, ¿verdad?En los primeros años de ABC Cultural, Julián Grau Santos se encarga de las ilustraciones y Manuel Mampaso de los retratos. El suplemento tiene pocas páginas en color: las centrales, y gracias. Los textos llegan por fax: la máquina escupe reseñas y semblanzas. Para elaborar cualquier biografía nos sumergimos en dos tomos de no sé qué diccionario de autores o pescamos datos en el archivo de ‘ABC’.¿Iba realmente tan deprisa? El mundo nos parece que va muy deprisa; el periodismo, más. A pesar de ello, funcionábamos con una única cuenta de correo electrónico para todos; y, al pulsar la orden de ‘enviar’, era como si lanzáramos un mensaje a Júpiter. («¿Llegará? ¿No llegará? Qué incertidumbre»). Y no era raro que tuviéramos que tomar los artículos al dictado. «Señorita, ¿me oye?», nos decía una voz al otro extremo de la línea telefónica. Y tú, que ni señorita ni nada, venga a copiar palabras una tras otra. ¿De Víctor García de la Concha ? Del crítico que fuera. La inmediatez era eso; también un boli y una cuartilla con letra apretada.¿Los teléfonos móviles? ¡Menuda excentricidad! Miguel García-Posada se negaba a atenderte si la llamada lo pillaba en el autobús: «¿Qué va a pensar la gente de mí? ¡Un tipo que va hablando solo en el autobús!». (Aclaración para los puristas: la cita no es exacta, la esencia de la cita, sí).José Antonio Marina, que publicaba en la sección de Ética, venía de visita, se sentaba y charlaba con becarios y redactores. Y Eugenio Trías, el único filósofo en lengua española que ha recibido el Premio Internacional Friedrich Nietzsche –equivalente al Nobel de Filosofía, si el Nobel de Filosofía existiera–, nos preguntaba, consciente de que las páginas del suplemento eran escasas, si necesitábamos que escribiera críticas más cortas. Respuesta: «Claro que no».Reapertura del Teatro Real, inauguración del Guggenheim de Bilbao, 11-S, vigencia del marqués de Sade o de 007, Alicia Framis se casa con una IA, el primer selfi de la Historia, obra de Leonardo da Vinci… Las portadas se suceden a un ritmo vertiginoso. En medio de la vorágine, primeras firmas, siempre: Ana María Moix, Carlos Pujol, Félix Romeo, Julián Gállego, Quico Rivas, Lobo Antunes, Bárbara Rose, Miguel Sánchez-Ostiz.arte_abc_0724 Treinta y cinco años después, ABC Cultural sigue donde estaba en 1991. Somos lo que somos porque hemos sido lo que hemos sido: vanguardia, cultura, resistencia. Y, sobre todo, hogar. Refugio.
La Venus de Velázquez se mira en el espejo y, aparte de su imagen, ¿qué verá? Si se fija bien y entorna los ojos, probablemente vea… el pasado. A Rafael Conte, por ejemplo. Puntual, jocoso, expansivo, el crítico entra en la redacción de … ABC Cultural puro en mano –o puro en boca–, dispuesto a compartir con nosotros el humo de su cigarro. Entrega un sobre –siempre nuevo, siempre blanco– en cuyo interior trae la crítica de la semana… en papel y en disquete. ¿Alguien se acuerda de los disquetes? De todo empieza a hacer demasiado tiempo, ¿verdad?
En los primeros años de ABC Cultural, Julián Grau Santos se encarga de las ilustraciones y Manuel Mampaso de los retratos. El suplemento tiene pocas páginas en color: las centrales, y gracias. Los textos llegan por fax: la máquina escupe reseñas y semblanzas. Para elaborar cualquier biografía nos sumergimos en dos tomos de no sé qué diccionario de autores o pescamos datos en el archivo de ‘ABC’.
¿Iba realmente tan deprisa?
El mundo nos parece que va muy deprisa; el periodismo, más. A pesar de ello, funcionábamos con una única cuenta de correo electrónico para todos; y, al pulsar la orden de ‘enviar’, era como si lanzáramos un mensaje a Júpiter. («¿Llegará? ¿No llegará? Qué incertidumbre»). Y no era raro que tuviéramos que tomar los artículos al dictado. «Señorita, ¿me oye?», nos decía una voz al otro extremo de la línea telefónica. Y tú, que ni señorita ni nada, venga a copiar palabras una tras otra. ¿De Víctor García de la Concha? Del crítico que fuera. La inmediatez era eso; también un boli y una cuartilla con letra apretada.
¿Los teléfonos móviles? ¡Menuda excentricidad! Miguel García-Posada se negaba a atenderte si la llamada lo pillaba en el autobús: «¿Qué va a pensar la gente de mí? ¡Un tipo que va hablando solo en el autobús!». (Aclaración para los puristas: la cita no es exacta, la esencia de la cita, sí).
José Antonio Marina, que publicaba en la sección de Ética, venía de visita, se sentaba y charlaba con becarios y redactores. Y Eugenio Trías, el único filósofo en lengua española que ha recibido el Premio Internacional Friedrich Nietzsche –equivalente al Nobel de Filosofía, si el Nobel de Filosofía existiera–, nos preguntaba, consciente de que las páginas del suplemento eran escasas, si necesitábamos que escribiera críticas más cortas. Respuesta: «Claro que no».
Reapertura del Teatro Real, inauguración del Guggenheim de Bilbao, 11-S, vigencia del marqués de Sade o de 007, Alicia Framis se casa con una IA, el primer selfi de la Historia, obra de Leonardo da Vinci… Las portadas se suceden a un ritmo vertiginoso. En medio de la vorágine, primeras firmas, siempre: Ana María Moix, Carlos Pujol, Félix Romeo, Julián Gállego, Quico Rivas, Lobo Antunes, Bárbara Rose, Miguel Sánchez-Ostiz.
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Treinta y cinco años después, ABC Cultural sigue donde estaba en 1991. Somos lo que somos porque hemos sido lo que hemos sido: vanguardia, cultura, resistencia. Y, sobre todo, hogar. Refugio.
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