El agrohorror ya está aquí. Y no es lo que se podría esperar. Nada del romanticismo de la España vacía. ¡Fuera lo rancio! Nada de cultos oscuros relacionados con el folklore rural. ¡Esto no es Irlanda, por Dios! Nada de la visión urbanita del campo con personajes pueblerinos catetos y salvajes. ¡Por favor, un poco de respeto! No, el agrohorror es otra cosa . ¿Qué? Sencillo, relatos cortos de terror emocional donde personajes reconocibles, en entornos rurales, se enfrentan a lo desconocido descifrando miedos nuevos, nerviosos y descontrolados. Páginas de Espuma acaba de publicar ‘Territorios’, de David Roas . El escritor y catedrático de literatura comparada, alma teórica del movimiento, presenta siete electrizantes cuentos en los que el pueblo y el campo es el escenario, sobre todo en la Galicia costera que él conoce bien, y donde pueden aparecer desde cerdos zombies a madres fantasmas o monstruos varios, incluso vegetales. «Hablamos de un horror más real que utiliza la iconografía del pueblo para dibujar el lado más grotesco y oscuro de la cotidianidad. Porque aquí la gente de pueblo no es gente con boina analfabeta. Al contrario, son gente que lee a Stephen King, que pregunta cosas a la IA, que mira series en Netflix, pero que están lejos de la homogeneización general de las grandes ciudades», comenta Roas en declaraciones a ABC.El agrohorror es una tendencia cada vez más preeminente en el mundo de la ficción. Lo vemos en películas como ‘As bestas’, de Rodrigo Sorogoyen o ‘Bodegón con fantasmas’, de Enrique Buelo. En novelas como ‘Carcoma’, de Layla Martínez, ‘La forestera’, de Olga Merino o ‘Las fronteras’, de Carolina Sarmiento. Pero es en el cuento donde alcanza todo su esplendor. El propio Roas preparó junto a Ana Martínez Castillo el libro, hoy canónico, ‘Agrohorror. Cuentos de los insólito rural’, (Eolas ediciones) . En él hay relatos de gente tan competente como Pilar Adón, José Ovejero, Fernando Navarro o la propia Carolina Sarmiento. «El cuento abre el camino a la experimentación. La novela y el relato son dos lenguajes totalmente diferentes. El segundo requiere una mayor condensación formal, más economía de medios, pero deja más espacio para el juego y para puntos de vista diferentes», señala Roas.Noticia relacionada general No No Julian Barnes: «Nadie ha escrito nunca un libro que nos consuele de la muerte» Carlos SalaEl escritor lleva años reivindicando el valor del fantástico dentro de la literatura española. Director del Grupo de Estudios sobre lo Fantástico (GEF) y de la revista ‘Brumal’, revista académica alrededor del género , se dio cuenta en 2019 cómo en los últimos años crecían más y más ejemplos de obras de ficción que trasgredían la imagen ‘paleta’ del pueblo, para crear escenarios rurales más realistas y abrumadores, pero con atmósferas espeluznantes con los que narrar los mayores terrores contemporáneos. Junto con Martínez Castillo, que inventó el término agrohorror en 2025, definió sus líneas teóricas y la moda no tiene visos de apagarse. «La base teórica es sencilla. Vive de una tradición bien establecida que podrías seguir hasta el esperpento, pero aquí el espejo deformante no lo ponemos en el mundo urbano, sino en el rural y las imágenes que proyecta son espeluznantes», señala Roas.El esperpento, lo paródico, hasta truculento o desasosegante, se mezclan para crear relatos a veces devastadores, pero donde siempre se cuelan elementos de humor para descargar la tensión acumulada. El equilibro es muy importante, porque el humor y el horror pueden llegar a anularse uno a otro. En ‘Territorios’, Roas consigue el equilibrio perfecto. El elemento secreto para que no se coman unos a otros, la ternura, el amor real a los personajes, siempre reconocibles y empáticos, no simples caricaturas. Es decir, cuando les persigue algún elemento del más allá, te preocupas por ellos, aunque la situación que se derive sea risible. «Tienes que ir con cuidado y dejar que las pinceladas de humor no se coman el relato, pero que sean lo suficiente presentes para que se vea que el cuento es un juego, una invitación a participar al lector, y que se deje arrastrar por todo lo que está pasando», asegura Roas.David Roas impulsa el cuento fantástico que desnuda el miedo rural modernoDesde el principio vemos este punto grotesco, ya desde el título, que Roas utiliza para burlarse un poco de los grades clásicos de la literatura de género y que después puede que no tengan nada que ver con lo que ocurre en el relato. Así, vemos como ‘El guardián entre el centeno’ se transforma en ‘El gañán entre el centeno’, ‘La invasión de los ladrones de cuerpos se convierte en ‘La invasión de los ladrones de huertos’ o ‘La noche de los muertos vivientes’ se disfraza en ‘La noche de los cerdos vivientes’. «El humor nunca es de carcajada, si no que es el mejor puente que existe entre lo sobrenatural y lo real para que estos dos mundos converjan por completo», añade el escritor.Stephen King, inspiración claveEl referente principal del género no sería otro que Stephen King . El autor de ‘Carrie’ popularizó el horror en los pequeños pueblos del interior de Estados Unidos, en entornos cerrados, que el agrohorror explota hasta sus últimas consecuencias. Pero no es la única inspiración para estos autores. Roas asegura que Shirley Jackson, a la que ha homenajeado en ‘Ritual’, una revisión de su mítico cuento ‘La lotería’, sería otra influencia evidente. O la imprescindible Cristina Fernández Cubas , gran madrina del cuento fantástico emocional, otro ejemplo de escritora que habría abierto nuevos caminos que transitar en la ficción. «Hasta hace poco se creía que el fantástico no existía en la literatura española, pero lo cierto es que ha sido una tradición silenciada y menospreciada por la academia. La realidad es que tiene ejemplos de un valor incuestionable», denuncia.Para Roas, el agrohorror es ahora el camino a seguir y no duda en señalar que la tendencia llegará a su pico creativo en poco tiempo. De momento, ya ha escrito una novela corta, de unas 150 páginas, que espera editor, mientras desea que ‘Territorios’ pueda abrir nuevos caminos de experimentación para nuevos autores. «El fantástico actual es una maravilla literaria que puede reflejar una profunda reflexión de las sociedades contemporáneas, incluso una crítica a la realidad política. Sólo hay que pensar en Mariana Enríquez y su metáfora de los desaparecidos de la dictadura argentina en ‘Nuestra parte de la noche’», concluye Roas. El agrohorror ya está aquí. Y no es lo que se podría esperar. Nada del romanticismo de la España vacía. ¡Fuera lo rancio! Nada de cultos oscuros relacionados con el folklore rural. ¡Esto no es Irlanda, por Dios! Nada de la visión urbanita del campo con personajes pueblerinos catetos y salvajes. ¡Por favor, un poco de respeto! No, el agrohorror es otra cosa . ¿Qué? Sencillo, relatos cortos de terror emocional donde personajes reconocibles, en entornos rurales, se enfrentan a lo desconocido descifrando miedos nuevos, nerviosos y descontrolados. Páginas de Espuma acaba de publicar ‘Territorios’, de David Roas . El escritor y catedrático de literatura comparada, alma teórica del movimiento, presenta siete electrizantes cuentos en los que el pueblo y el campo es el escenario, sobre todo en la Galicia costera que él conoce bien, y donde pueden aparecer desde cerdos zombies a madres fantasmas o monstruos varios, incluso vegetales. «Hablamos de un horror más real que utiliza la iconografía del pueblo para dibujar el lado más grotesco y oscuro de la cotidianidad. Porque aquí la gente de pueblo no es gente con boina analfabeta. Al contrario, son gente que lee a Stephen King, que pregunta cosas a la IA, que mira series en Netflix, pero que están lejos de la homogeneización general de las grandes ciudades», comenta Roas en declaraciones a ABC.El agrohorror es una tendencia cada vez más preeminente en el mundo de la ficción. Lo vemos en películas como ‘As bestas’, de Rodrigo Sorogoyen o ‘Bodegón con fantasmas’, de Enrique Buelo. En novelas como ‘Carcoma’, de Layla Martínez, ‘La forestera’, de Olga Merino o ‘Las fronteras’, de Carolina Sarmiento. Pero es en el cuento donde alcanza todo su esplendor. El propio Roas preparó junto a Ana Martínez Castillo el libro, hoy canónico, ‘Agrohorror. Cuentos de los insólito rural’, (Eolas ediciones) . En él hay relatos de gente tan competente como Pilar Adón, José Ovejero, Fernando Navarro o la propia Carolina Sarmiento. «El cuento abre el camino a la experimentación. La novela y el relato son dos lenguajes totalmente diferentes. El segundo requiere una mayor condensación formal, más economía de medios, pero deja más espacio para el juego y para puntos de vista diferentes», señala Roas.Noticia relacionada general No No Julian Barnes: «Nadie ha escrito nunca un libro que nos consuele de la muerte» Carlos SalaEl escritor lleva años reivindicando el valor del fantástico dentro de la literatura española. Director del Grupo de Estudios sobre lo Fantástico (GEF) y de la revista ‘Brumal’, revista académica alrededor del género , se dio cuenta en 2019 cómo en los últimos años crecían más y más ejemplos de obras de ficción que trasgredían la imagen ‘paleta’ del pueblo, para crear escenarios rurales más realistas y abrumadores, pero con atmósferas espeluznantes con los que narrar los mayores terrores contemporáneos. Junto con Martínez Castillo, que inventó el término agrohorror en 2025, definió sus líneas teóricas y la moda no tiene visos de apagarse. «La base teórica es sencilla. Vive de una tradición bien establecida que podrías seguir hasta el esperpento, pero aquí el espejo deformante no lo ponemos en el mundo urbano, sino en el rural y las imágenes que proyecta son espeluznantes», señala Roas.El esperpento, lo paródico, hasta truculento o desasosegante, se mezclan para crear relatos a veces devastadores, pero donde siempre se cuelan elementos de humor para descargar la tensión acumulada. El equilibro es muy importante, porque el humor y el horror pueden llegar a anularse uno a otro. En ‘Territorios’, Roas consigue el equilibrio perfecto. El elemento secreto para que no se coman unos a otros, la ternura, el amor real a los personajes, siempre reconocibles y empáticos, no simples caricaturas. Es decir, cuando les persigue algún elemento del más allá, te preocupas por ellos, aunque la situación que se derive sea risible. «Tienes que ir con cuidado y dejar que las pinceladas de humor no se coman el relato, pero que sean lo suficiente presentes para que se vea que el cuento es un juego, una invitación a participar al lector, y que se deje arrastrar por todo lo que está pasando», asegura Roas.David Roas impulsa el cuento fantástico que desnuda el miedo rural modernoDesde el principio vemos este punto grotesco, ya desde el título, que Roas utiliza para burlarse un poco de los grades clásicos de la literatura de género y que después puede que no tengan nada que ver con lo que ocurre en el relato. Así, vemos como ‘El guardián entre el centeno’ se transforma en ‘El gañán entre el centeno’, ‘La invasión de los ladrones de cuerpos se convierte en ‘La invasión de los ladrones de huertos’ o ‘La noche de los muertos vivientes’ se disfraza en ‘La noche de los cerdos vivientes’. «El humor nunca es de carcajada, si no que es el mejor puente que existe entre lo sobrenatural y lo real para que estos dos mundos converjan por completo», añade el escritor.Stephen King, inspiración claveEl referente principal del género no sería otro que Stephen King . El autor de ‘Carrie’ popularizó el horror en los pequeños pueblos del interior de Estados Unidos, en entornos cerrados, que el agrohorror explota hasta sus últimas consecuencias. Pero no es la única inspiración para estos autores. Roas asegura que Shirley Jackson, a la que ha homenajeado en ‘Ritual’, una revisión de su mítico cuento ‘La lotería’, sería otra influencia evidente. O la imprescindible Cristina Fernández Cubas , gran madrina del cuento fantástico emocional, otro ejemplo de escritora que habría abierto nuevos caminos que transitar en la ficción. «Hasta hace poco se creía que el fantástico no existía en la literatura española, pero lo cierto es que ha sido una tradición silenciada y menospreciada por la academia. La realidad es que tiene ejemplos de un valor incuestionable», denuncia.Para Roas, el agrohorror es ahora el camino a seguir y no duda en señalar que la tendencia llegará a su pico creativo en poco tiempo. De momento, ya ha escrito una novela corta, de unas 150 páginas, que espera editor, mientras desea que ‘Territorios’ pueda abrir nuevos caminos de experimentación para nuevos autores. «El fantástico actual es una maravilla literaria que puede reflejar una profunda reflexión de las sociedades contemporáneas, incluso una crítica a la realidad política. Sólo hay que pensar en Mariana Enríquez y su metáfora de los desaparecidos de la dictadura argentina en ‘Nuestra parte de la noche’», concluye Roas.
El agrohorror ya está aquí. Y no es lo que se podría esperar. Nada del romanticismo de la España vacía. ¡Fuera lo rancio! Nada de cultos oscuros relacionados con el folklore rural. ¡Esto no es Irlanda, por Dios! Nada de la visión urbanita del … campo con personajes pueblerinos catetos y salvajes. ¡Por favor, un poco de respeto! No, el agrohorror es otra cosa. ¿Qué? Sencillo, relatos cortos de terror emocional donde personajes reconocibles, en entornos rurales, se enfrentan a lo desconocido descifrando miedos nuevos, nerviosos y descontrolados.
Páginas de Espuma acaba de publicar ‘Territorios’, de David Roas. El escritor y catedrático de literatura comparada, alma teórica del movimiento, presenta siete electrizantes cuentos en los que el pueblo y el campo es el escenario, sobre todo en la Galicia costera que él conoce bien, y donde pueden aparecer desde cerdos zombies a madres fantasmas o monstruos varios, incluso vegetales. «Hablamos de un horror más real que utiliza la iconografía del pueblo para dibujar el lado más grotesco y oscuro de la cotidianidad. Porque aquí la gente de pueblo no es gente con boina analfabeta. Al contrario, son gente que lee a Stephen King, que pregunta cosas a la IA, que mira series en Netflix, pero que están lejos de la homogeneización general de las grandes ciudades», comenta Roas en declaraciones a ABC.
El agrohorror es una tendencia cada vez más preeminente en el mundo de la ficción. Lo vemos en películas como ‘As bestas’, de Rodrigo Sorogoyen o ‘Bodegón con fantasmas’, de Enrique Buelo. En novelas como ‘Carcoma’, de Layla Martínez, ‘La forestera’, de Olga Merino o ‘Las fronteras’, de Carolina Sarmiento. Pero es en el cuento donde alcanza todo su esplendor. El propio Roas preparó junto a Ana Martínez Castillo el libro, hoy canónico, ‘Agrohorror. Cuentos de los insólito rural’, (Eolas ediciones). En él hay relatos de gente tan competente como Pilar Adón, José Ovejero, Fernando Navarro o la propia Carolina Sarmiento. «El cuento abre el camino a la experimentación. La novela y el relato son dos lenguajes totalmente diferentes. El segundo requiere una mayor condensación formal, más economía de medios, pero deja más espacio para el juego y para puntos de vista diferentes», señala Roas.
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El escritor lleva años reivindicando el valor del fantástico dentro de la literatura española. Director del Grupo de Estudios sobre lo Fantástico (GEF) y de la revista ‘Brumal’, revista académica alrededor del género, se dio cuenta en 2019 cómo en los últimos años crecían más y más ejemplos de obras de ficción que trasgredían la imagen ‘paleta’ del pueblo, para crear escenarios rurales más realistas y abrumadores, pero con atmósferas espeluznantes con los que narrar los mayores terrores contemporáneos. Junto con Martínez Castillo, que inventó el término agrohorror en 2025, definió sus líneas teóricas y la moda no tiene visos de apagarse. «La base teórica es sencilla. Vive de una tradición bien establecida que podrías seguir hasta el esperpento, pero aquí el espejo deformante no lo ponemos en el mundo urbano, sino en el rural y las imágenes que proyecta son espeluznantes», señala Roas.
El esperpento, lo paródico, hasta truculento o desasosegante, se mezclan para crear relatos a veces devastadores, pero donde siempre se cuelan elementos de humor para descargar la tensión acumulada. El equilibro es muy importante, porque el humor y el horror pueden llegar a anularse uno a otro. En ‘Territorios’, Roas consigue el equilibrio perfecto. El elemento secreto para que no se coman unos a otros, la ternura, el amor real a los personajes, siempre reconocibles y empáticos, no simples caricaturas. Es decir, cuando les persigue algún elemento del más allá, te preocupas por ellos, aunque la situación que se derive sea risible. «Tienes que ir con cuidado y dejar que las pinceladas de humor no se coman el relato, pero que sean lo suficiente presentes para que se vea que el cuento es un juego, una invitación a participar al lector, y que se deje arrastrar por todo lo que está pasando», asegura Roas.
David Roas impulsa el cuento fantástico que desnuda el miedo rural moderno
Desde el principio vemos este punto grotesco, ya desde el título, que Roas utiliza para burlarse un poco de los grades clásicos de la literatura de género y que después puede que no tengan nada que ver con lo que ocurre en el relato. Así, vemos como ‘El guardián entre el centeno’ se transforma en ‘El gañán entre el centeno’, ‘La invasión de los ladrones de cuerpos se convierte en ‘La invasión de los ladrones de huertos’ o ‘La noche de los muertos vivientes’ se disfraza en ‘La noche de los cerdos vivientes’. «El humor nunca es de carcajada, si no que es el mejor puente que existe entre lo sobrenatural y lo real para que estos dos mundos converjan por completo», añade el escritor.
Stephen King, inspiración clave
El referente principal del género no sería otro que Stephen King. El autor de ‘Carrie’ popularizó el horror en los pequeños pueblos del interior de Estados Unidos, en entornos cerrados, que el agrohorror explota hasta sus últimas consecuencias. Pero no es la única inspiración para estos autores. Roas asegura que Shirley Jackson, a la que ha homenajeado en ‘Ritual’, una revisión de su mítico cuento ‘La lotería’, sería otra influencia evidente. O la imprescindible Cristina Fernández Cubas, gran madrina del cuento fantástico emocional, otro ejemplo de escritora que habría abierto nuevos caminos que transitar en la ficción. «Hasta hace poco se creía que el fantástico no existía en la literatura española, pero lo cierto es que ha sido una tradición silenciada y menospreciada por la academia. La realidad es que tiene ejemplos de un valor incuestionable», denuncia.
Para Roas, el agrohorror es ahora el camino a seguir y no duda en señalar que la tendencia llegará a su pico creativo en poco tiempo. De momento, ya ha escrito una novela corta, de unas 150 páginas, que espera editor, mientras desea que ‘Territorios’ pueda abrir nuevos caminos de experimentación para nuevos autores. «El fantástico actual es una maravilla literaria que puede reflejar una profunda reflexión de las sociedades contemporáneas, incluso una crítica a la realidad política. Sólo hay que pensar en Mariana Enríquez y su metáfora de los desaparecidos de la dictadura argentina en ‘Nuestra parte de la noche’», concluye Roas.
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