Aunque la celebridad de Agustín Fernández Mallo proceda para unos del ‘ Proyecto Nocilla’ , convertido desde su aparición en emblema de una supuesta generación literaria, y para otros de su ‘Trilogía de la guerra’ (que le valió el Premio Biblioteca Breve y el English PEN Award), es probable que su aportación más singular y duradera se encuentre en los ensayos , donde ha ido construyendo una muy estimulante filosofía de la contemporaneidad. El que nos ocupa dista mucho de ser el enésimo libro escrito al calor de la moda algorítmica (ni siquiera es un ensayo sobre la IA, que Mallo despacha como una vieja fantasía teológica) y resulta, antes bien, la destilación de todos sus ensayos anteriores, que forman una serie de extraordinaria coherencia.Ensayo ‘El ángel de la Inteligencia Artificial’ Autor Agustín Fernández Mallo Editorial Galaxia Gutenberg Año 2026 Páginas 352 Precio 22 euros Valoración ****El autor retoma, desde un ángulo distinto, su vieja pregunta de cómo representar un mundo cuyas antiguas divisiones entre naturaleza y artificio, original y copia, individuo y multitud o realidad y ficción han dejado de servir de linde. Reaparecen la ruptura de las fronteras disciplinares ensayada en ‘Postpoesía’ (2009; finalista del Premio Anagrama de Ensayo), la creación como recombinación de materiales heredados de ‘ Teoría general de la basura’ (2018), el sujeto producido por aquello que cree limitarse a observar de ‘La mirada imposible’ (2021) y la identidad externalizada de ‘La forma de la multitud’ (2023; I Premio de Ensayo Eugenio Trías), sólo que ahora la humanidad, además de confiar a la red su trasunto estadístico, empieza a entregarle el juicio y la responsabilidad. Por eso el ángel algorítmico de Fernández Mallo, inteligencia imaginada sin cuerpo, pertenece a la vez a la teología, la antropología , la física y la metafísica, que dividen en cuatro partes este ambicioso ensayo.Argumenta el autor que la carencia esencial de la máquina no es el pensamiento, sino la experiencia del tiempo. La persona se sabe mortal porque padece el desgaste de su propia materia, «las huellas que los procesos dejan en la materia» (p. 24). De ahí su tesis de que sin cuerpo no hay memoria compleja, pues somos la carne corrompible desde la que se abre el mundo, y una inteligencia desencarnada podrá manejar descripciones del dolor o inventariar defunciones, pero no habitar el horizonte en que las cosas duelen o vivir bajo la incumbencia de su propia desaparición. Conocer que se muere, tener noticia de ello, pertenece al orden de la información; saberse mortal es otra cosa.Especialmente audaz es la sección metafísica del libro , que sitúa la condición humana en el hiato entre cuanto pensamos y cuanto alcanzamos a experimentar. Lo real deja así de ser una plenitud agazapada tras las apariencias y pasa a designar aquello que impide la coincidencia entre el concepto y el mundo. De esa inadecuación, dolorosa y fecunda, nacen el arte, la ciencia, la religión y la política. La IA evolucionada sería, para Fernández Mallo, la tentativa soñada de colmar la distancia entre representación y experiencia, aun cuando semejante perfección aboliría todo aquello que nos mueve a imaginar. Como el mapa borgiano de escala uno a uno, una representación idéntica al mundo dejaría de representarlo. La plenitud prometida nos devolvería a una muda avenencia con las cosas, sin deseo ni interpretación. Acabar con el misterio no supondría conocerlo todo, sino quedarse sin mundo. Aunque la celebridad de Agustín Fernández Mallo proceda para unos del ‘ Proyecto Nocilla’ , convertido desde su aparición en emblema de una supuesta generación literaria, y para otros de su ‘Trilogía de la guerra’ (que le valió el Premio Biblioteca Breve y el English PEN Award), es probable que su aportación más singular y duradera se encuentre en los ensayos , donde ha ido construyendo una muy estimulante filosofía de la contemporaneidad. El que nos ocupa dista mucho de ser el enésimo libro escrito al calor de la moda algorítmica (ni siquiera es un ensayo sobre la IA, que Mallo despacha como una vieja fantasía teológica) y resulta, antes bien, la destilación de todos sus ensayos anteriores, que forman una serie de extraordinaria coherencia.Ensayo ‘El ángel de la Inteligencia Artificial’ Autor Agustín Fernández Mallo Editorial Galaxia Gutenberg Año 2026 Páginas 352 Precio 22 euros Valoración ****El autor retoma, desde un ángulo distinto, su vieja pregunta de cómo representar un mundo cuyas antiguas divisiones entre naturaleza y artificio, original y copia, individuo y multitud o realidad y ficción han dejado de servir de linde. Reaparecen la ruptura de las fronteras disciplinares ensayada en ‘Postpoesía’ (2009; finalista del Premio Anagrama de Ensayo), la creación como recombinación de materiales heredados de ‘ Teoría general de la basura’ (2018), el sujeto producido por aquello que cree limitarse a observar de ‘La mirada imposible’ (2021) y la identidad externalizada de ‘La forma de la multitud’ (2023; I Premio de Ensayo Eugenio Trías), sólo que ahora la humanidad, además de confiar a la red su trasunto estadístico, empieza a entregarle el juicio y la responsabilidad. Por eso el ángel algorítmico de Fernández Mallo, inteligencia imaginada sin cuerpo, pertenece a la vez a la teología, la antropología , la física y la metafísica, que dividen en cuatro partes este ambicioso ensayo.Argumenta el autor que la carencia esencial de la máquina no es el pensamiento, sino la experiencia del tiempo. La persona se sabe mortal porque padece el desgaste de su propia materia, «las huellas que los procesos dejan en la materia» (p. 24). De ahí su tesis de que sin cuerpo no hay memoria compleja, pues somos la carne corrompible desde la que se abre el mundo, y una inteligencia desencarnada podrá manejar descripciones del dolor o inventariar defunciones, pero no habitar el horizonte en que las cosas duelen o vivir bajo la incumbencia de su propia desaparición. Conocer que se muere, tener noticia de ello, pertenece al orden de la información; saberse mortal es otra cosa.Especialmente audaz es la sección metafísica del libro , que sitúa la condición humana en el hiato entre cuanto pensamos y cuanto alcanzamos a experimentar. Lo real deja así de ser una plenitud agazapada tras las apariencias y pasa a designar aquello que impide la coincidencia entre el concepto y el mundo. De esa inadecuación, dolorosa y fecunda, nacen el arte, la ciencia, la religión y la política. La IA evolucionada sería, para Fernández Mallo, la tentativa soñada de colmar la distancia entre representación y experiencia, aun cuando semejante perfección aboliría todo aquello que nos mueve a imaginar. Como el mapa borgiano de escala uno a uno, una representación idéntica al mundo dejaría de representarlo. La plenitud prometida nos devolvería a una muda avenencia con las cosas, sin deseo ni interpretación. Acabar con el misterio no supondría conocerlo todo, sino quedarse sin mundo.
Aunque la celebridad de Agustín Fernández Mallo proceda para unos del ‘Proyecto Nocilla’, convertido desde su aparición en emblema de una supuesta generación literaria, y para otros de su ‘Trilogía de la guerra’ (que le valió el Premio Biblioteca Breve y el English … PEN Award), es probable que su aportación más singular y duradera se encuentre en los ensayos, donde ha ido construyendo una muy estimulante filosofía de la contemporaneidad.
El que nos ocupa dista mucho de ser el enésimo libro escrito al calor de la moda algorítmica (ni siquiera es un ensayo sobre la IA, que Mallo despacha como una vieja fantasía teológica) y resulta, antes bien, la destilación de todos sus ensayos anteriores, que forman una serie de extraordinaria coherencia.
Ensayo
-
‘El ángel de la Inteligencia Artificial’

-
Autor
Agustín Fernández Mallo -
Editorial
Galaxia Gutenberg -
Año
2026 -
Páginas
352 -
Precio
22 euros -
Valoración
****
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El autor retoma, desde un ángulo distinto, su vieja pregunta de cómo representar un mundo cuyas antiguas divisiones entre naturaleza y artificio, original y copia, individuo y multitud o realidad y ficción han dejado de servir de linde. Reaparecen la ruptura de las fronteras disciplinares ensayada en ‘Postpoesía’ (2009; finalista del Premio Anagrama de Ensayo), la creación como recombinación de materiales heredados de ‘Teoría general de la basura’ (2018), el sujeto producido por aquello que cree limitarse a observar de ‘La mirada imposible’ (2021) y la identidad externalizada de ‘La forma de la multitud’ (2023; I Premio de Ensayo Eugenio Trías), sólo que ahora la humanidad, además de confiar a la red su trasunto estadístico, empieza a entregarle el juicio y la responsabilidad.
Por eso el ángel algorítmico de Fernández Mallo, inteligencia imaginada sin cuerpo, pertenece a la vez a la teología, la antropología, la física y la metafísica, que dividen en cuatro partes este ambicioso ensayo.
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Argumenta el autor que la carencia esencial de la máquina no es el pensamiento, sino la experiencia del tiempo. La persona se sabe mortal porque padece el desgaste de su propia materia, «las huellas que los procesos dejan en la materia» (p. 24). De ahí su tesis de que sin cuerpo no hay memoria compleja, pues somos la carne corrompible desde la que se abre el mundo, y una inteligencia desencarnada podrá manejar descripciones del dolor o inventariar defunciones, pero no habitar el horizonte en que las cosas duelen o vivir bajo la incumbencia de su propia desaparición. Conocer que se muere, tener noticia de ello, pertenece al orden de la información; saberse mortal es otra cosa.
Especialmente audaz es la sección metafísica del libro, que sitúa la condición humana en el hiato entre cuanto pensamos y cuanto alcanzamos a experimentar. Lo real deja así de ser una plenitud agazapada tras las apariencias y pasa a designar aquello que impide la coincidencia entre el concepto y el mundo. De esa inadecuación, dolorosa y fecunda, nacen el arte, la ciencia, la religión y la política.
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La IA evolucionada sería, para Fernández Mallo, la tentativa soñada de colmar la distancia entre representación y experiencia, aun cuando semejante perfección aboliría todo aquello que nos mueve a imaginar. Como el mapa borgiano de escala uno a uno, una representación idéntica al mundo dejaría de representarlo. La plenitud prometida nos devolvería a una muda avenencia con las cosas, sin deseo ni interpretación. Acabar con el misterio no supondría conocerlo todo, sino quedarse sin mundo.
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