¿Cómo ser padre , cómo serlo cuando se vive en medio de la distancia y con el drama de una separación? Con ‘Defender El Álamo (2018-2020)’, Joaquín Pérez Azaústre regresa a la poesía y lo hace con un poemario cargado de emociones, una fortaleza moral frente a la ausencia. La obra obtuvo el XXVIII Premio Internacional de Poesía Generación del 27, convocado por la Diputación de Málaga. Pérez Azaústre convierte la ausencia en presencia y la escritura en un territorio de encuentro . No es extraño por eso que se hable de este libro como esas palabras llenas de espera, de confidencias, de silencios que buscan una reparación. Y también como esas palabras que intentan convertirse en un puente de afectos, en una forma de curación frente a la lejanía. Poesía ‘Defender El Álamo (2018-2020)’ Autor Joaquín Pérez Azaústre Editorial Visor Año 2026 Páginas 47 Precio 12 euros Valoración ****Su título nos da idea de que esa metáfora se convierte en el motor de construcción del libro. ‘Defender El Álamo’ significa defender un territorio afectivo, transformar la batalla histórica de El Álamo en un símbolo privado por el que padre e hijo hacen frente a las complejidades de la vida, al paso del tiempo, a la privación y a la nostalgia. Pérez Azaústre escribe un libro de una modernidad muy conseguida, en él la cultura popular, el cine dialogan con una poesía de la reflexión. Aquí aparece el Río Grande y las videollamadas , Sam Houston, William Travis o Batman junto a un discurso de raíz moral que intenta meditar sobre la paternidad y qué significan los vínculos familiares, los recuerdos y la memoria compartida, la fragilidad y la resistencia como una lucha diaria por mantenerse presente. Ya no se trata de conservar una fortaleza de Texas, sino de mantener en pie una relación. En estos poemas el despliegue afectivo, la intensidad poética, viene de la mano de una dicción muy contemporánea, donde lo narrativo se muestra como un procedimiento sumamente eficaz. Pérez Azaústre superpone deliberadamente la épica histórica y la épica de la vida cotidiana, la pequeña gran épica de un padre que necesita reivindicarse, construirse en cada llamada de teléfono, en cada tiempo en que tiene lejos a su hijo. El libro nace de un gran desamparo para construirse en un soberbio canto a la vida. Y por supuesto en una defensa de la palabra como instrumento contra el olvido , un muro contra todas las desapariciones y contra todas las usuras del tiempo. Es muy emocionante Pérez Azaústre cuando habla de la pérdida de la infancia, de determinados lugares que ahora solo viven en la memoria, del vacío de la vida diaria cuando no se puede compartir. El libro nace de un gran desamparo para construirse en un soberbio canto a la vidaEsta poesía que se lamenta construye sin embargo un espacio de la permanencia, un espacio por el que acompañar en el presente y permanecer en el futuro, un canto a esos territorios de la duración que ha vivido con su hijo, a todas esas complicidades que el tiempo no podrá hacer desaparecer mientras formen parte de la memoria. Un libro bellísimo y que nos muestra a un poeta en su plena madurez, en el que muchos lectores se reconocerán porque está escrito con esas verdades que forman parte de nosotros. ¿Cómo ser padre , cómo serlo cuando se vive en medio de la distancia y con el drama de una separación? Con ‘Defender El Álamo (2018-2020)’, Joaquín Pérez Azaústre regresa a la poesía y lo hace con un poemario cargado de emociones, una fortaleza moral frente a la ausencia. La obra obtuvo el XXVIII Premio Internacional de Poesía Generación del 27, convocado por la Diputación de Málaga. Pérez Azaústre convierte la ausencia en presencia y la escritura en un territorio de encuentro . No es extraño por eso que se hable de este libro como esas palabras llenas de espera, de confidencias, de silencios que buscan una reparación. Y también como esas palabras que intentan convertirse en un puente de afectos, en una forma de curación frente a la lejanía. Poesía ‘Defender El Álamo (2018-2020)’ Autor Joaquín Pérez Azaústre Editorial Visor Año 2026 Páginas 47 Precio 12 euros Valoración ****Su título nos da idea de que esa metáfora se convierte en el motor de construcción del libro. ‘Defender El Álamo’ significa defender un territorio afectivo, transformar la batalla histórica de El Álamo en un símbolo privado por el que padre e hijo hacen frente a las complejidades de la vida, al paso del tiempo, a la privación y a la nostalgia. Pérez Azaústre escribe un libro de una modernidad muy conseguida, en él la cultura popular, el cine dialogan con una poesía de la reflexión. Aquí aparece el Río Grande y las videollamadas , Sam Houston, William Travis o Batman junto a un discurso de raíz moral que intenta meditar sobre la paternidad y qué significan los vínculos familiares, los recuerdos y la memoria compartida, la fragilidad y la resistencia como una lucha diaria por mantenerse presente. Ya no se trata de conservar una fortaleza de Texas, sino de mantener en pie una relación. En estos poemas el despliegue afectivo, la intensidad poética, viene de la mano de una dicción muy contemporánea, donde lo narrativo se muestra como un procedimiento sumamente eficaz. Pérez Azaústre superpone deliberadamente la épica histórica y la épica de la vida cotidiana, la pequeña gran épica de un padre que necesita reivindicarse, construirse en cada llamada de teléfono, en cada tiempo en que tiene lejos a su hijo. El libro nace de un gran desamparo para construirse en un soberbio canto a la vida. Y por supuesto en una defensa de la palabra como instrumento contra el olvido , un muro contra todas las desapariciones y contra todas las usuras del tiempo. Es muy emocionante Pérez Azaústre cuando habla de la pérdida de la infancia, de determinados lugares que ahora solo viven en la memoria, del vacío de la vida diaria cuando no se puede compartir. El libro nace de un gran desamparo para construirse en un soberbio canto a la vidaEsta poesía que se lamenta construye sin embargo un espacio de la permanencia, un espacio por el que acompañar en el presente y permanecer en el futuro, un canto a esos territorios de la duración que ha vivido con su hijo, a todas esas complicidades que el tiempo no podrá hacer desaparecer mientras formen parte de la memoria. Un libro bellísimo y que nos muestra a un poeta en su plena madurez, en el que muchos lectores se reconocerán porque está escrito con esas verdades que forman parte de nosotros.
¿Cómo ser padre, cómo serlo cuando se vive en medio de la distancia y con el drama de una separación? Con ‘Defender El Álamo (2018-2020)’, Joaquín Pérez Azaústre regresa a la poesía y lo hace con un poemario cargado de emociones, … una fortaleza moral frente a la ausencia.
La obra obtuvo el XXVIII Premio Internacional de Poesía Generación del 27, convocado por la Diputación de Málaga. Pérez Azaústre convierte la ausencia en presencia y la escritura en un territorio de encuentro. No es extraño por eso que se hable de este libro como esas palabras llenas de espera, de confidencias, de silencios que buscan una reparación. Y también como esas palabras que intentan convertirse en un puente de afectos, en una forma de curación frente a la lejanía.
Poesía
-
‘Defender El Álamo (2018-2020)’

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Autor
Joaquín Pérez Azaústre -
Editorial
Visor -
Año
2026 -
Páginas
47 -
Precio
12 euros -
Valoración
****
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Su título nos da idea de que esa metáfora se convierte en el motor de construcción del libro. ‘Defender El Álamo’ significa defender un territorio afectivo, transformar la batalla histórica de El Álamo en un símbolo privado por el que padre e hijo hacen frente a las complejidades de la vida, al paso del tiempo, a la privación y a la nostalgia. Pérez Azaústre escribe un libro de una modernidad muy conseguida, en él la cultura popular, el cine dialogan con una poesía de la reflexión.
Aquí aparece el Río Grande y las videollamadas, Sam Houston, William Travis o Batman junto a un discurso de raíz moral que intenta meditar sobre la paternidad y qué significan los vínculos familiares, los recuerdos y la memoria compartida, la fragilidad y la resistencia como una lucha diaria por mantenerse presente. Ya no se trata de conservar una fortaleza de Texas, sino de mantener en pie una relación.
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En estos poemas el despliegue afectivo, la intensidad poética, viene de la mano de una dicción muy contemporánea, donde lo narrativo se muestra como un procedimiento sumamente eficaz. Pérez Azaústre superpone deliberadamente la épica histórica y la épica de la vida cotidiana, la pequeña gran épica de un padre que necesita reivindicarse, construirse en cada llamada de teléfono, en cada tiempo en que tiene lejos a su hijo.
El libro nace de un gran desamparo para construirse en un soberbio canto a la vida. Y por supuesto en una defensa de la palabra como instrumento contra el olvido, un muro contra todas las desapariciones y contra todas las usuras del tiempo. Es muy emocionante Pérez Azaústre cuando habla de la pérdida de la infancia, de determinados lugares que ahora solo viven en la memoria, del vacío de la vida diaria cuando no se puede compartir.
El libro nace de un gran desamparo para construirse en un soberbio canto a la vida
Esta poesía que se lamenta construye sin embargo un espacio de la permanencia, un espacio por el que acompañar en el presente y permanecer en el futuro, un canto a esos territorios de la duración que ha vivido con su hijo, a todas esas complicidades que el tiempo no podrá hacer desaparecer mientras formen parte de la memoria.
Un libro bellísimo y que nos muestra a un poeta en su plena madurez, en el que muchos lectores se reconocerán porque está escrito con esas verdades que forman parte de nosotros.
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