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  Cultura  Carmen Martín Gaite, en «las actuales circunstancias»
Cultura

Carmen Martín Gaite, en «las actuales circunstancias»

julio 17, 2026
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Cuando pienso en la inmensa riqueza literaria de la Transición española, en la que convivieron y se superpusieron tantas y tan fértiles generaciones, siempre me viene a la memoria el informe de la censura sobre la publicación de ‘El cuarto de atrás’, de Carmen Martín Gaite , una de las obras mayores de aquel tiempo. Publicada en 1978, el mismo año de la Constitución, el expediente de la censura, que todavía no había sido abolida, detectaba el evidente «prisma antifranquista» de la novela, si bien concluía que, «dadas las actuales circunstancias», no ponía objeción alguna a su publicación. Todo un poema del momento.Es difícil catalogar a qué género pertenece una obra como ésta, entre la autobiografía de ficción, hoy tan en boga, el relato fantástico y el ensayo (triple) sobre la identidad, la memoria y la escritura . Martín Gaite la comenzó a escribir en noviembre de 1975, muy pocos días después de la muerte de Franco , y la terminó en abril de 1978. Se publicó ese mismo año dentro de la emblemática colección Áncora y Delfin, de Ediciones Destino. Y al año siguiente recibió el premio Nacional de Narrativa, bendecido por una crítica que destacaba por igual su singularidad y su modernidad . A diferencia de otros libros de «revancha» de aquel tiempo, la mirada de Martín Gaite sobre el franquismo y sobre la guerra tenía más que ver con la intrahistoria (los miedos, los juegos infantiles, los silencios familiares…) que con la revisión de la historia. Y su crítica del sistema resultó ser mucho más profunda. Sobre un argumento aparentemente sencillo, el de una escritora que recibe en su casa, una noche de tormenta, a un misterioso entrevistador, Martín Gaite mezclaba en ‘El cuarto de atrás ‘ recuerdos, sueños y pensamientos , envueltos en un ambiente de novela policíaca con tintes de relato de ficción. Lo que nos propone la novela es rebelarnos contra la velocidad y la urgencia del momento y buscar en nuestra propia memoria para comprender el mundo que nos rodeaLos lectores de entonces (yo la leí algo más tarde, en el instituto) nos identificamos enseguida con aquella manera de mirar nuestro pasado inmediato social y familiar, de construir en nosotros una nueva educación sentimental y, sobre todo, de utilizar la memoria para protagonizar un futuro que entonces nos parecía más que prometedor. Frente a la gran historia, las pequeñas historias. Frente a la épica, la intimidad de la conversación. Frente a los dogmas y las certezas, todas las preguntas… Como en todos los buenos clásicos, y ‘El cuarto de atrás’ sin duda ya lo es, nos parece extraordinaria la vigencia absoluta de aquella manera de Carmen Martín Gaite de mirar al mundo para un lector de hoy, medio siglo después. Un lector que vive inundado por imágenes y recuerdos almacenados en una «nube» digital cada día más lejana de su propia memoria. Y sobre todo de su propia identidad, mezclada en el turbión de lo inmediato y lo políticamente correcto. Frente a todo este desbarajuste emocional, lo que nos propone la novela es rebelarnos contra la velocidad y la urgencia del momento y buscar en nuestra propia memoria, en nuestras sensaciones originales, como la mejor manera de terminar de comprender el mundo que nos rodea. La memoria no es un archivo digital eliminado del presente para que no ocupe demasiado espacio en nuestro teléfono móvil, sino una conversación con el otro, con nosotros mismos a través del otro, entre lo vivido, lo imaginado… y lo olvidado. Frente a la apariencia de nuestro retrato público en las redes sociales , la realidad de nuestra identidad contradictoria, fragmentaria, plena de conversaciones interrumpidas y de habitaciones en las que apenas entramos. Empezando por el «cuarto de atrás» de nosotros mismos . Quizá esa sea la mayor lección que podemos extraer hoy de la lectura de un libro como éste de Carmen Martín Gaite: que recordar no consiste únicamente en mirar hacia atrás con rencor o con nostalgia; sino sobre todo en encontrar una forma más libre y verdadera de mirarse y reconocerse a uno mismo en el presente. Cuando pienso en la inmensa riqueza literaria de la Transición española, en la que convivieron y se superpusieron tantas y tan fértiles generaciones, siempre me viene a la memoria el informe de la censura sobre la publicación de ‘El cuarto de atrás’, de Carmen Martín Gaite , una de las obras mayores de aquel tiempo. Publicada en 1978, el mismo año de la Constitución, el expediente de la censura, que todavía no había sido abolida, detectaba el evidente «prisma antifranquista» de la novela, si bien concluía que, «dadas las actuales circunstancias», no ponía objeción alguna a su publicación. Todo un poema del momento.Es difícil catalogar a qué género pertenece una obra como ésta, entre la autobiografía de ficción, hoy tan en boga, el relato fantástico y el ensayo (triple) sobre la identidad, la memoria y la escritura . Martín Gaite la comenzó a escribir en noviembre de 1975, muy pocos días después de la muerte de Franco , y la terminó en abril de 1978. Se publicó ese mismo año dentro de la emblemática colección Áncora y Delfin, de Ediciones Destino. Y al año siguiente recibió el premio Nacional de Narrativa, bendecido por una crítica que destacaba por igual su singularidad y su modernidad . A diferencia de otros libros de «revancha» de aquel tiempo, la mirada de Martín Gaite sobre el franquismo y sobre la guerra tenía más que ver con la intrahistoria (los miedos, los juegos infantiles, los silencios familiares…) que con la revisión de la historia. Y su crítica del sistema resultó ser mucho más profunda. Sobre un argumento aparentemente sencillo, el de una escritora que recibe en su casa, una noche de tormenta, a un misterioso entrevistador, Martín Gaite mezclaba en ‘El cuarto de atrás ‘ recuerdos, sueños y pensamientos , envueltos en un ambiente de novela policíaca con tintes de relato de ficción. Lo que nos propone la novela es rebelarnos contra la velocidad y la urgencia del momento y buscar en nuestra propia memoria para comprender el mundo que nos rodeaLos lectores de entonces (yo la leí algo más tarde, en el instituto) nos identificamos enseguida con aquella manera de mirar nuestro pasado inmediato social y familiar, de construir en nosotros una nueva educación sentimental y, sobre todo, de utilizar la memoria para protagonizar un futuro que entonces nos parecía más que prometedor. Frente a la gran historia, las pequeñas historias. Frente a la épica, la intimidad de la conversación. Frente a los dogmas y las certezas, todas las preguntas… Como en todos los buenos clásicos, y ‘El cuarto de atrás’ sin duda ya lo es, nos parece extraordinaria la vigencia absoluta de aquella manera de Carmen Martín Gaite de mirar al mundo para un lector de hoy, medio siglo después. Un lector que vive inundado por imágenes y recuerdos almacenados en una «nube» digital cada día más lejana de su propia memoria. Y sobre todo de su propia identidad, mezclada en el turbión de lo inmediato y lo políticamente correcto. Frente a todo este desbarajuste emocional, lo que nos propone la novela es rebelarnos contra la velocidad y la urgencia del momento y buscar en nuestra propia memoria, en nuestras sensaciones originales, como la mejor manera de terminar de comprender el mundo que nos rodea. La memoria no es un archivo digital eliminado del presente para que no ocupe demasiado espacio en nuestro teléfono móvil, sino una conversación con el otro, con nosotros mismos a través del otro, entre lo vivido, lo imaginado… y lo olvidado. Frente a la apariencia de nuestro retrato público en las redes sociales , la realidad de nuestra identidad contradictoria, fragmentaria, plena de conversaciones interrumpidas y de habitaciones en las que apenas entramos. Empezando por el «cuarto de atrás» de nosotros mismos . Quizá esa sea la mayor lección que podemos extraer hoy de la lectura de un libro como éste de Carmen Martín Gaite: que recordar no consiste únicamente en mirar hacia atrás con rencor o con nostalgia; sino sobre todo en encontrar una forma más libre y verdadera de mirarse y reconocerse a uno mismo en el presente.  

Cuando pienso en la inmensa riqueza literaria de la Transición española, en la que convivieron y se superpusieron tantas y tan fértiles generaciones, siempre me viene a la memoria el informe de la censura sobre la publicación de ‘El cuarto de atrás’, de Carmen Martín Gaite … , una de las obras mayores de aquel tiempo.

Publicada en 1978, el mismo año de la Constitución, el expediente de la censura, que todavía no había sido abolida, detectaba el evidente «prisma antifranquista» de la novela, si bien concluía que, «dadas las actuales circunstancias», no ponía objeción alguna a su publicación. Todo un poema del momento.

Es difícil catalogar a qué género pertenece una obra como ésta, entre la autobiografía de ficción, hoy tan en boga, el relato fantástico y el ensayo (triple) sobre la identidad, la memoria y la escritura.

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Martín Gaite la comenzó a escribir en noviembre de 1975, muy pocos días después de la muerte de Franco, y la terminó en abril de 1978. Se publicó ese mismo año dentro de la emblemática colección Áncora y Delfin, de Ediciones Destino. Y al año siguiente recibió el premio Nacional de Narrativa, bendecido por una crítica que destacaba por igual su singularidad y su modernidad. A diferencia de otros libros de «revancha» de aquel tiempo, la mirada de Martín Gaite sobre el franquismo y sobre la guerra tenía más que ver con la intrahistoria (los miedos, los juegos infantiles, los silencios familiares…) que con la revisión de la historia. Y su crítica del sistema resultó ser mucho más profunda.

Sobre un argumento aparentemente sencillo, el de una escritora que recibe en su casa, una noche de tormenta, a un misterioso entrevistador, Martín Gaite mezclaba en ‘El cuarto de atrás‘ recuerdos, sueños y pensamientos, envueltos en un ambiente de novela policíaca con tintes de relato de ficción.

Lo que nos propone la novela es rebelarnos contra la velocidad y la urgencia del momento y buscar en nuestra propia memoria para comprender el mundo que nos rodea

Los lectores de entonces (yo la leí algo más tarde, en el instituto) nos identificamos enseguida con aquella manera de mirar nuestro pasado inmediato social y familiar, de construir en nosotros una nueva educación sentimental y, sobre todo, de utilizar la memoria para protagonizar un futuro que entonces nos parecía más que prometedor. Frente a la gran historia, las pequeñas historias. Frente a la épica, la intimidad de la conversación. Frente a los dogmas y las certezas, todas las preguntas…

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Como en todos los buenos clásicos, y ‘El cuarto de atrás’ sin duda ya lo es, nos parece extraordinaria la vigencia absoluta de aquella manera de Carmen Martín Gaite de mirar al mundo para un lector de hoy, medio siglo después. Un lector que vive inundado por imágenes y recuerdos almacenados en una «nube» digital cada día más lejana de su propia memoria. Y sobre todo de su propia identidad, mezclada en el turbión de lo inmediato y lo políticamente correcto.

Frente a todo este desbarajuste emocional, lo que nos propone la novela es rebelarnos contra la velocidad y la urgencia del momento y buscar en nuestra propia memoria, en nuestras sensaciones originales, como la mejor manera de terminar de comprender el mundo que nos rodea. La memoria no es un archivo digital eliminado del presente para que no ocupe demasiado espacio en nuestro teléfono móvil, sino una conversación con el otro, con nosotros mismos a través del otro, entre lo vivido, lo imaginado… y lo olvidado.

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