En Wimbledon empezó todo para esa chica que se suspende en el aire, que triunfa otra vez y que, por tanto, reluce ya en el cartel de las semifinales del torneo. Coco Gauff, entonces niña prodigio, tenía solo 15 años cuando irrumpió de manera huracanada en la élite y vino a decirle al mundo que ahí estaba ella, que ya había llegado, que estaba hecha una pasta especial —eliminó a Venus Williams y progresó hasta los octavos de final— y que había que ir desempolvando la historia. Sucede otra vez. La remontada contra Jessica Pegula (4-6, 6-3 y 6-3, en 1h 48m) le guía hacia la penúltima ronda y, además, la convierte en la más joven (22) que consigue llegar tan lejos en los cuatro grandes escenarios desde que lo consiguiera la rusa Maria Sharapova en 2007.
MUCHOVA, UNA ALÉRGICA A LA HIERBA
Las lesiones han mermado sobremanera a Muchova, otra de las estilosas representantes de la escuela checa. Con 29 años jugará su quinta semifinal en un grande, la primera en Wimbledon. Y esconde su buen recorrido una caprichosa paradoja.
“Sí, soy alérgica a la hierba. Tomo pastillas, muchas pastillas, y también empleo espráis y colirios”, contaba después de batir a Osaka. Lo lamentaba la japonesa, de más a menos. Su energía menguó de manera considerable en la recta final y se despidió.
“Siempre juego un Grand Slam con la intención de ganarlo. Sé que mis resultados quizá no lo reflejan, pero sigo pensando que tendré la oportunidad de volver a ganar uno”, añadió la nipona, mientras Pegula incidía en la gran virtud de Gauff, próxima adversaria de la checa.
“Compite increíblemente bien, te obliga a ganar cada punto sin importar el marcador o el momento del partido”, precisaba. Las otras dos semifinalistas saldrán de los cruces de este miércoles: Noskova-Mertens (14.00, hora española; Movistar+) y Kostyuk-Paolini (14.30).
La estadounidense remonta a Pegula (4-6, 6-3 y 6-3) en su cuarto triunfo al límite y se consolida como la reina de la distancia larga desde 2020, con una eficacia del 76%
En Wimbledon empezó todo para esa chica que se suspende en el aire, que triunfa otra vez y que, por tanto, reluce ya en el cartel de las semifinales del torneo. Coco Gauff, entonces niña prodigio, tenía solo 15 años cuando irrumpió de manera huracanada en la élite y vino a decirle al mundo que ahí estaba ella, que ya había llegado, que estaba hecha una pasta especial —eliminó a Venus Williams y progresó hasta los octavos de final— y que había que ir desempolvando la historia. Sucede otra vez. La remontada contra Jessica Pegula (4-6, 6-3 y 6-3, en 1h 48m) le guía hacia la penúltima ronda y, además, la convierte en la más joven (22) que consigue llegar tan lejos en los cuatro grandes escenarios desde que lo consiguiera la rusa Maria Sharapova en 2007.
“Debo estar haciéndome mayor, porque esta es la primera vez que he entrado en esta pista sin estar nerviosa”, bromea después de conseguir la victoria, de nuevo trabajada. Nunca es fácil rendir a una tenista que compite siempre a velocidad de crucero como Pegula, sea donde sea, pero el imponente físico de Gauff llega a todas partes y finalmente se hace con el premio en un territorio que, cosas de la vida, le daba la espalda desde hacía dos años. Su última victoria sobre hierba correspondía a la tercera ronda de 2024, cuando superó a la inglesa Sonay Kartal, así que lo celebra y sonríe sin parar. Nada de ese gesto de preocupación y las caras largas de los últimos tiempos, en los que no ha disfrutado sobre las pistas. No terminaban de salirle las cosas. Hasta aquí.
“Definitivamente, esto es especial por los resultados que he tenido últimamente y más, en esta superficie. Creo que por fin puedo relajarme un poco porque por fin, siento que he dado un paso adelante. Independientemente de lo que suceda, puedo decir que estoy orgullosa de mí misma, aunque por supuesto que quiero llegar a la final. Confío en mí misma y en la jugadora que soy”, apunta la norteamericana, ganadora de dos grandes y que también ha llegado a ocupar el segundo peldaño mundial (2024); llamada en su día a marcar una era por las virtudes y el potencial que se le advertían cuando apareció en Londres y comenzó a flotar. Futura reina, se decía. Y esa cría ya se ha hecho mayor.
Gauff sigue madurando y pese a las fluctuaciones lógicas del proceso, es indiscutiblemente una de las competidoras más regulares desde hace tres años. Que se redimensione parece una cuestión de doble sentido: corregir las carencias —los graves problemas con el servicio, ante todo— y ganar un punto más de convicción. No le falta, eso sí, a la hora de la pelea. Ninguna como ella a tres sets. En concreto, desde 2020 no hay otra jugadora que haya ganado más partidos al límite que Gauff —22, por encima de los 20 triunfos logrados por Barbora Krejcikova— ni que tenga un promedio de superior —con un 75,9%, supera los de Sofia Kenin (7,3%), Ons Jabeur (73,1%) o Elina Svitolina (72,7%)—.
Multisuperficie
“Siento confianza y se trata de eso: de confiar en que con mis golpes desde el fondo puedo ganarle a cualquiera. No tengo que hacerlo espectacular en cada punto, sino simplemente sumar e ir ganándolos”, indica, consciente de que ha tenido que masticar casi todas las victorias para abrirse paso hasta las semifinales; de hecho, la estadounidense ha resuelto cuatro de los cinco duelos en tres sets, circunstancia que no se daba en el torneo desde que lo hiciera la japonesa Kimiko Date en la edición de 1996.

Repunta en Wimbledon, tal vez porque tenía que ser así. ¿El destino? “No lo sé, creo en Dios y todo eso, así que siento que de algún modo, la historia ya está escrita… Pero si me lo hubieran preguntado hace dos semanas, hubiera respondido que no. En cualquier caso, confío en que Wimbledon forme parte de mi destino, ya sea este año o más adelante. Sin duda, me gustaría”, subraya la tenista de Florida, a cuyo pase lo acompaña otro dato revelador sobre su arrolladora precocidad: es la sexta jugadora desde 2000 que llega a las semifinales de los cuatro majors antes de cumplir 23 años; le precedieron las hermanas Williams, Kim Clijsters, Justin Henin y Sharapova. El jueves se medirá con Karolina Muchova, límite para Naomi Osaka.
“Quizá responda a mi capacidad atlética. Me muevo bien y eso se ha traducido a las tres superficies [dura, tierra btaida y césped]”, razona, al mismo tiempo que alude a su acelerada veteranía: “No voy a mentir, llevo aquí desde los 15 años, así que he tenido más oportunidades de jugar este tipo de torneos. El haber tenido la experiencia de vivir la segunda semana de un Grand Slam desde que era tan joven me ayuda a tener la confianza; a esa edad ya competía con la expectativa de llegar hasta los cuartos, así que eso ha sido importante”. Para Gauff, todo empezó aquí.
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