
Patricia Serrano empezó su vida de nuevo en 2024. Aquel año se trasladó desde Madrid hasta Málaga para cambiar de aires. Sobrevivió unos meses con la prestación por desempleo mientras decidía qué hacer hasta que empezó a buscar trabajo. Tenía claro que quería uno que cumpliera dos requisitos básicos: que fuese al aire libre y tuviese relación con las plantas. Ahora ha conseguido cumplirlos. Trabaja diariamente con flores, realiza labores de jardinería y su día a día nada tiene que ver con el de una oficina. Su entorno es, eso sí, un tanto peculiar. A su alrededor siempre tiene a la vista tumbas, lápidas, velas y fotos de personas fallecidas. Serrano es desde este pasado lunes la primera mujer sepulturera de Vélez-Málaga (Málaga, 86.048 habitantes). “He estudiado mucho para conseguirlo. Esto es un sueño”, asegura.
Patricia Serrano, de 34 años, dejó Madrid cuando una dana arrasó su vivero en Sevilla la Nueva y desde esta semana es la primera mujer enterradora de Vélez-Málaga
Patricia Serrano empezó su vida de nuevo en 2024. Aquel año se trasladó desde Madrid hasta Málaga para cambiar de aires. Sobrevivió unos meses con la prestación por desempleo mientras decidía qué hacer hasta que empezó a buscar trabajo. Tenía claro que quería uno que cumpliera dos requisitos básicos: que fuese al aire libre y tuviese relación con las plantas. Ahora ha conseguido cumplirlos. Trabaja diariamente con flores, realiza labores de jardinería y su día a día nada tiene que ver con el de una oficina. Su entorno es, eso sí, un tanto peculiar. A su alrededor siempre tiene a la vista tumbas, lápidas, velas y fotos de personas fallecidas. Serrano es desde este pasado lunes la primera mujer sepulturera de Vélez-Málaga (Málaga, 86.048 habitantes). “He estudiado mucho para conseguirlo. Esto es un sueño”, asegura.
El periplo que ha llevado a esta joven madrileña hasta el cementerio veleño arranca a finales de verano de 2023 en Sevilla la Nueva (Madrid, 9.802 habitantes) donde regentaba un vivero con floristería. Las danas que asolaron Madrid aquel septiembre arrasaron sus instalaciones. No quedó nada en pie. Y decidió empezar de cero en otro sitio. Cambió aquel pueblo por otro más pequeño y mucho más al sur. En Almogía (4.269 habitantes), cerca de la capital malagueña y del parque natural Montes de Málaga, la recibió su hermana. “No tenía ningún plan, me vine a la aventura”, recuerda.
Tiraba con el paro mientras pensaba qué hacer cuando conoció a su chico, que entonces se preparaba para optar a una plaza del Consorcio Provincial de Bomberos de Málaga. Él le dijo que quizá podía probar también con algunas oposiciones y ella, que cursó una FP superior de Naturopatía y que también tiene el título de florista, se lo pensó. Empezó a buscar convocatorias de los ayuntamientos de la provincia pero casi todas las plazas tenían que ver con sitios cerrados, despachos y ordenadores cuando ella buscaba un puesto de trabajo al aire libre en el que tuviese contacto con la vegetación y el trabajo manual.
Hasta que un día encontró una oferta pública que le llamó la atención: tres plazas de peón sepulturero en Vélez-Málaga. “Ahí pensé: pues esto es lo mío”. Se convocaron en octubre del año pasado, pero ella se había ya encerrado a estudiar en julio. El temario incluía saber de leyes o la Constitución, pero también aspectos concretos de inhumaciones, exhumaciones, jardinería o policía sanitaria mortuoria. En mayo hizo el primer examen junto a otras 24 personas y sacó un 10. En julio fue el segundo, de carácter práctico, donde obtuvo un 8,5. Era la única mujer de todo el proceso y acabó primera. El pasado lunes, 10 de agosto, comenzó en su nuevo trabajo de peón sepulturero como personal laboral fijo.

“Nunca me han dado miedo los cementerios. Siempre me han gustado. Son sitios bonitos que tienen siempre ese halo de silencio, de respeto, de la amabilidad de la gente que va a visitar a sus familiares”, cuenta Serrano, que además ya tenía experiencia de tratar a quienes acaban de perder a alguien porque en su floristería trabajó mucho con tanatorios. “Es una de las cosas más importantes, saber tratar con las familias. Y siempre es a través de la empatía, porque a todos nos ha pasado o nos pasará algo así”, añade quien en estos primeros días de trabajo se mantiene con los ojos abiertos para aprender lo máximo posible. Lo hace con sus cinco compañeros, tres que estaban ya en la plantilla y otros dos que lo hacían como interinos y también han conseguido plaza en las oposiciones. “Es un trabajo en el que no hay muchas mujeres, pero es un trabajo como cualquier otro”, afirma. Hay, de hecho, ejemplos en otros puntos del país como el de Alicia Aneiros, que trabaja en varios ayuntamientos gallegos o Elena Martín, en Lanjarón (Granada), cuya abuela fue la primera mujer enterradora de España.
El primer día la recibió hasta el concejal de Cementerios de Vélez-Málaga, Manuel Gutiérrez, que quiso darle la bienvenida a su nuevo puesto. “Es un orgullo recibirla y acompañarla en este nuevo comienzo”, dijo entonces el responsable político. Durante las jornadas posteriores, Serrano ha comprobado que su nuevo trabajo es justo lo que esperaba: cuidar los jardines, regar plantas y árboles, limpiar arquetas, barrer y realizar distintas labores de mantenimiento. “Hay muchísimo trabajo”, subraya, aunque todavía no ha tenido que atender ningún entierro.
Para la mujer, sin embargo, lo más singular de las primeras jornadas, asegura, ha sido el interés mediático desde que el Ayuntamiento de Vélez-Málaga publicó una noticia en la web municipal con su llegada al cementerio, que también fue compartido en formato vídeo en el perfil municipal de Instagram. “Ha sido todo un poco raro, ha habido mucho revuelo”, dice quien, por ello, prefería realizar esta entrevista fuera del horario laboral y del propio camposanto por respeto a las familias. Y así lo hará, dice, en las que seguro le quedan por hacer en los próximos días como mujer en un mundo, otro más, tradicionalmente de hombres.
