Crítica de teatro ‘Dinamarca’ Autora Lluïsa Cunillé Dirección Albert Arribas Escenografía Sílvia Delagneau y Ona Grau Iluminación Jaume Ventura Vestuario Sílvia Delagneau Música y espacio sonoro Lucas Ariel Vallejos Intérpretes Pere Arquillué, Imma Colomer Lugar La Beckett, Barcelona ***Lluïsa Cunillé es como las películas de Eric Rohmer o las canciones de Leonard Cohen : o te gustan mucho o te parece escuchar siempre los mismos estribillos. La dramaturga ama el ocultamiento, las brumas y los personajes aturdidos por la memoria que no verbalizan su desasosiego. El octubre de 2025 vimos ‘ Boira ‘ (Niebla), una pieza de 2014: ocho meses después llega a La Beckett otro texto de aquella época: ‘ Dinamarca ‘. La escenografía de ambos montajes es casi idéntica: estancia de tonalidades grisáceas, moqueta, un sofá, dos puertas, ventanal, radiador y pequeño televisor. ‘Niebla’ transcurría en una ciudad del Este europeo tras la caída del Muro; ‘Dinamarca’ en un desangelado apartamento del centro de Copenhague. Las sórdidas existencias de sus inquilinos revelan ritos de paso similares. ‘Niebla’ la protagonizaba un matrimonio que alquila una habitación a una viajera; en ‘Dinamarca’ una madre anciana y su hijo comparten una supervivencia precaria y una tensa relación emocional que se complica cuando llega una carta que les conecta con los fantasmas familiares. Advierte el director que, como sugiere el título, estamos ante el ‘ Hamlet ‘ de Cunillé, una reescritura del mito: el hijo que interpreta magistralmente Pere Arquillué sería una versión más cutre del príncipe de Dinamarca. Este Hamlet intercambia con la autora de sus días (convincente Imma Colomer ) diálogos anodinos como si ha comido o qué echan por la tele; se limpia del polvo de los zapatos con escupitajos y los lustra con los calcetines hasta que llega el momento de plantearse, a su manera, el ser o no ser. Sea en la niebla poscomunista o en esta Dinamarca de felicidad aparente y vidas sórdidas, Cunillé toca de nuevo los mismos acordes. «Soy el monstruo de la ambigüedad y la indefinición», confiesa el hijo a la madre cuando esta le reprocha que nunca haya llegado a nada en un sinfín de trabajos. Y de esa ambigüedad e indefinición se alimenta el teatro de Cunillé: a unos nos parecerá que con demasiada reiteración; otros verán el sello dramático de una autora personalísima. Si algo salva a esta ‘Dinamarca’ es el trabajo de Arquillué y Colomer. La excelencia actoral cimenta el extraño prestigio de Lluïsa Cunillé . Crítica de teatro ‘Dinamarca’ Autora Lluïsa Cunillé Dirección Albert Arribas Escenografía Sílvia Delagneau y Ona Grau Iluminación Jaume Ventura Vestuario Sílvia Delagneau Música y espacio sonoro Lucas Ariel Vallejos Intérpretes Pere Arquillué, Imma Colomer Lugar La Beckett, Barcelona ***Lluïsa Cunillé es como las películas de Eric Rohmer o las canciones de Leonard Cohen : o te gustan mucho o te parece escuchar siempre los mismos estribillos. La dramaturga ama el ocultamiento, las brumas y los personajes aturdidos por la memoria que no verbalizan su desasosiego. El octubre de 2025 vimos ‘ Boira ‘ (Niebla), una pieza de 2014: ocho meses después llega a La Beckett otro texto de aquella época: ‘ Dinamarca ‘. La escenografía de ambos montajes es casi idéntica: estancia de tonalidades grisáceas, moqueta, un sofá, dos puertas, ventanal, radiador y pequeño televisor. ‘Niebla’ transcurría en una ciudad del Este europeo tras la caída del Muro; ‘Dinamarca’ en un desangelado apartamento del centro de Copenhague. Las sórdidas existencias de sus inquilinos revelan ritos de paso similares. ‘Niebla’ la protagonizaba un matrimonio que alquila una habitación a una viajera; en ‘Dinamarca’ una madre anciana y su hijo comparten una supervivencia precaria y una tensa relación emocional que se complica cuando llega una carta que les conecta con los fantasmas familiares. Advierte el director que, como sugiere el título, estamos ante el ‘ Hamlet ‘ de Cunillé, una reescritura del mito: el hijo que interpreta magistralmente Pere Arquillué sería una versión más cutre del príncipe de Dinamarca. Este Hamlet intercambia con la autora de sus días (convincente Imma Colomer ) diálogos anodinos como si ha comido o qué echan por la tele; se limpia del polvo de los zapatos con escupitajos y los lustra con los calcetines hasta que llega el momento de plantearse, a su manera, el ser o no ser. Sea en la niebla poscomunista o en esta Dinamarca de felicidad aparente y vidas sórdidas, Cunillé toca de nuevo los mismos acordes. «Soy el monstruo de la ambigüedad y la indefinición», confiesa el hijo a la madre cuando esta le reprocha que nunca haya llegado a nada en un sinfín de trabajos. Y de esa ambigüedad e indefinición se alimenta el teatro de Cunillé: a unos nos parecerá que con demasiada reiteración; otros verán el sello dramático de una autora personalísima. Si algo salva a esta ‘Dinamarca’ es el trabajo de Arquillué y Colomer. La excelencia actoral cimenta el extraño prestigio de Lluïsa Cunillé .

Crítica de teatro
-
‘Dinamarca’
-
Autora
Lluïsa Cunillé -
Dirección
Albert Arribas -
Escenografía
Sílvia Delagneau y Ona Grau -
Iluminación
Jaume Ventura -
Vestuario
Sílvia Delagneau -
Música y espacio sonoro
Lucas Ariel Vallejos -
Intérpretes
Pere Arquillué, Imma Colomer -
Lugar
La Beckett, Barcelona -
***
-
Lluïsa Cunillé es como las películas de Eric Rohmer o las canciones de Leonard Cohen: o te gustan mucho o te parece escuchar siempre los mismos estribillos. La dramaturga ama el ocultamiento, las brumas y los personajes aturdidos por la memoria que … no verbalizan su desasosiego. El octubre de 2025 vimos ‘Boira‘ (Niebla), una pieza de 2014: ocho meses después llega a La Beckett otro texto de aquella época: ‘Dinamarca‘. La escenografía de ambos montajes es casi idéntica: estancia de tonalidades grisáceas, moqueta, un sofá, dos puertas, ventanal, radiador y pequeño televisor. ‘Niebla’ transcurría en una ciudad del Este europeo tras la caída del Muro; ‘Dinamarca’ en un desangelado apartamento del centro de Copenhague. Las sórdidas existencias de sus inquilinos revelan ritos de paso similares. ‘Niebla’ la protagonizaba un matrimonio que alquila una habitación a una viajera; en ‘Dinamarca’ una madre anciana y su hijo comparten una supervivencia precaria y una tensa relación emocional que se complica cuando llega una carta que les conecta con los fantasmas familiares.
Advierte el director que, como sugiere el título, estamos ante el ‘Hamlet‘ de Cunillé, una reescritura del mito: el hijo que interpreta magistralmente Pere Arquillué sería una versión más cutre del príncipe de Dinamarca. Este Hamlet intercambia con la autora de sus días (convincente Imma Colomer) diálogos anodinos como si ha comido o qué echan por la tele; se limpia del polvo de los zapatos con escupitajos y los lustra con los calcetines hasta que llega el momento de plantearse, a su manera, el ser o no ser.
Sea en la niebla poscomunista o en esta Dinamarca de felicidad aparente y vidas sórdidas, Cunillé toca de nuevo los mismos acordes. «Soy el monstruo de la ambigüedad y la indefinición», confiesa el hijo a la madre cuando esta le reprocha que nunca haya llegado a nada en un sinfín de trabajos. Y de esa ambigüedad e indefinición se alimenta el teatro de Cunillé: a unos nos parecerá que con demasiada reiteración; otros verán el sello dramático de una autora personalísima. Si algo salva a esta ‘Dinamarca’ es el trabajo de Arquillué y Colomer. La excelencia actoral cimenta el extraño prestigio de Lluïsa Cunillé.
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