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  Cultura  El arte de deleitar sin toro
Cultura

El arte de deleitar sin toro

agosto 24, 2026
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David de Miranda continúa imparable . Tras abrir este sábado nuevamente la puerta grande de La Malagueta, llegaba a Antequera no dispuesto a saber qué se siente saliendo a pie. Y así fue, salió en volandas con un Ortega que volvió a mostrar su toreo de seda. Cerquita de salir con ellos estuvo Aguado , pero una espada reiteradamente fallona lo impidió. Una gran tarde ofrecieron los tres, y no gracias a la corrida. Un «¡vaya petardo, ganadero!» se escuchó de los tendidos al final de la corrida. Y una brisa, que acabó siendo fresca de la serranía malagueña, tampoco ayudó.Abrió la goyesca el peor toro del encierro, pero que ya nos iba preparando para lo que iba a salir por toriles : un astolfi sin clase ni recorrido, que no permitió lucimiento a un Juan Ortega voluntarioso. Con mucho temple, tal vez se podría haber mejorado la fea embestida. Eso intentó imprimirle el sevillano, pero era imposible con ese viento. Sin embargo, se desquitó en el cuarto, al que recibió con un farol de rodillas Ortega, y dio dos extraordinarias verónicas por el izquierdo, aunque el toro ya blandeaba. Lo sujetó bien Palomares en el caballo, y quitó Juan por delantales, sin dejar pasar una oportunidad. Y el inicio fue cualquier cosa: original a más no poder, entreverando molinetes y pases de las flores, a cada cual más bonito, todo ello rematado con un cambio de mano desmayado y lento marca de la casa. La poca fuerza del animal no impidió a Ortega dejar una deliciosa faena por ambos lados, con sus pases de pecho rodilla en tierra, y un arrebatadísimo final de faena de ayudados por alto, de hinojos, que levantó al público de sus asientos.Orgullosos saldrían de la plaza los onubenses, que antes de que salten los toros de De Miranda siempre muestran su apoyo haciendo sonar las palmas por bulerías. Eso fue lo primero que escuchó el segundo, un torito mansito, noble y sin un gran viaje, al que poco a poco fue haciendo David, hasta lograr alargar las embestidas del de Astolfi, con una serie de derechazos francamente buenos, de aires poncistas, que desde el callejón daba consejos a su podernante. Y otra serie de naturales, templaditos, sin un toque ni tirón de más, fue cumbre. Viendo al toro cada vez más apagadito, se metió entre los pitones el matador en un final de faena que puso al público en pie, antes de unas elegantes y pulcras mondeñinas finales. El astado, completamente entregado porque lo había exprimido al máximo y más, no ayudó en la suerte suprema, por lo que pinchó antes de dejar un estoconazo. Aunque eso no impidió que cortara las dos orejas. A las que hay que sumar una tercera en el quinto, al que recibió De Miranda con gusto por delantales. Pero el toro no podía con su alma, ya desde el principio, por lo que con mimo se lo sacó David, aunque se le quedaba debajo siempre, y se echó completamente tras la segunda tanda. Suave lo toreó el de Huelva por naturales a pies juntos. En silencio se vivió la faena, que sólo rompía los «¡bieeeen!» del maestro Ponce ante el buen hacer del onubense, que estuvo a años luz del astolfi. Terminó por ayudados, sin pasar ya casi el animal. Otra importante tarde de David en su versión más clásica.Antequera Plaza de toros de Antequera Domingo, 23 de agosto de 2026. Entrada: . Toros de Astolfi. Juan Ortega, de verde botella y pasamanería negra. Estocada baja (saludos). Estocada baja y delantera (dos orejas). David de Miranda, de purísima y pasamanería negra. Pinchazo y estocada (dos orejas). Estocada (oreja). Pablo Aguado, de verde botella y pasamanería negra. Pinchazo y estocada atravesadilla (oreja). Pinchazo, media tendida suelta, pinchazo y descabello (silencio).Y para clasicismos, el de Aguado. Resoplaba Pablo tras sacarse a los medios lidiando al tercero, que pegó una coz y salió por donde venía, tras sentir el castigo. Como una exhalación se fue, encontrando al caballo que hacía puerta, donde se llevó dos puyazos -bajos- en uno. El sevillano fue en su busca con la muleta, y, pese a llevarla como una bandera, intentaba no cerrarse en terrenos de adentro mucho al manso, para que no se le rajara. En una de esas, el toro por poco no se lo llevó por delante en un derechazo, yendo directamente por el torero que se libró de verdadero milagro. Por ese lado continuó insistiendo el sevillano hasta robarle una serie. Pero, al cambiar de mano, se vio que iba mejor por la zurda, dejando preciosos naturales. Cogió la espada, no sin antes sacar otra tanda por la diestra, y terminar por toreros ayudados por alto.Por el palo de Chicuelo recibió Aguado al sexto, otro toro que se le quedaban debajo sin fuerza alguna. Una lástima que, indiscriminadamente, cambiara el presidente el tercio con cuatro o seis palos, según le pareciera. Pero tuvo la mala idea de cambiar el sexto con dos pares de rehiletes, pudiendo entrar solo en una ocasión Iván García. Por alto apoyado en las tablas comenzó Pablo, que ofreció siempre al animal su muleta aterciopelada, como su chaquetilla. Pero poquita vida tenía el animal. Pese a eso, un trofeo le habría arrancado de haber estado acertado con los aceros. David de Miranda continúa imparable . Tras abrir este sábado nuevamente la puerta grande de La Malagueta, llegaba a Antequera no dispuesto a saber qué se siente saliendo a pie. Y así fue, salió en volandas con un Ortega que volvió a mostrar su toreo de seda. Cerquita de salir con ellos estuvo Aguado , pero una espada reiteradamente fallona lo impidió. Una gran tarde ofrecieron los tres, y no gracias a la corrida. Un «¡vaya petardo, ganadero!» se escuchó de los tendidos al final de la corrida. Y una brisa, que acabó siendo fresca de la serranía malagueña, tampoco ayudó.Abrió la goyesca el peor toro del encierro, pero que ya nos iba preparando para lo que iba a salir por toriles : un astolfi sin clase ni recorrido, que no permitió lucimiento a un Juan Ortega voluntarioso. Con mucho temple, tal vez se podría haber mejorado la fea embestida. Eso intentó imprimirle el sevillano, pero era imposible con ese viento. Sin embargo, se desquitó en el cuarto, al que recibió con un farol de rodillas Ortega, y dio dos extraordinarias verónicas por el izquierdo, aunque el toro ya blandeaba. Lo sujetó bien Palomares en el caballo, y quitó Juan por delantales, sin dejar pasar una oportunidad. Y el inicio fue cualquier cosa: original a más no poder, entreverando molinetes y pases de las flores, a cada cual más bonito, todo ello rematado con un cambio de mano desmayado y lento marca de la casa. La poca fuerza del animal no impidió a Ortega dejar una deliciosa faena por ambos lados, con sus pases de pecho rodilla en tierra, y un arrebatadísimo final de faena de ayudados por alto, de hinojos, que levantó al público de sus asientos.Orgullosos saldrían de la plaza los onubenses, que antes de que salten los toros de De Miranda siempre muestran su apoyo haciendo sonar las palmas por bulerías. Eso fue lo primero que escuchó el segundo, un torito mansito, noble y sin un gran viaje, al que poco a poco fue haciendo David, hasta lograr alargar las embestidas del de Astolfi, con una serie de derechazos francamente buenos, de aires poncistas, que desde el callejón daba consejos a su podernante. Y otra serie de naturales, templaditos, sin un toque ni tirón de más, fue cumbre. Viendo al toro cada vez más apagadito, se metió entre los pitones el matador en un final de faena que puso al público en pie, antes de unas elegantes y pulcras mondeñinas finales. El astado, completamente entregado porque lo había exprimido al máximo y más, no ayudó en la suerte suprema, por lo que pinchó antes de dejar un estoconazo. Aunque eso no impidió que cortara las dos orejas. A las que hay que sumar una tercera en el quinto, al que recibió De Miranda con gusto por delantales. Pero el toro no podía con su alma, ya desde el principio, por lo que con mimo se lo sacó David, aunque se le quedaba debajo siempre, y se echó completamente tras la segunda tanda. Suave lo toreó el de Huelva por naturales a pies juntos. En silencio se vivió la faena, que sólo rompía los «¡bieeeen!» del maestro Ponce ante el buen hacer del onubense, que estuvo a años luz del astolfi. Terminó por ayudados, sin pasar ya casi el animal. Otra importante tarde de David en su versión más clásica.Antequera Plaza de toros de Antequera Domingo, 23 de agosto de 2026. Entrada: . Toros de Astolfi. Juan Ortega, de verde botella y pasamanería negra. Estocada baja (saludos). Estocada baja y delantera (dos orejas). David de Miranda, de purísima y pasamanería negra. Pinchazo y estocada (dos orejas). Estocada (oreja). Pablo Aguado, de verde botella y pasamanería negra. Pinchazo y estocada atravesadilla (oreja). Pinchazo, media tendida suelta, pinchazo y descabello (silencio).Y para clasicismos, el de Aguado. Resoplaba Pablo tras sacarse a los medios lidiando al tercero, que pegó una coz y salió por donde venía, tras sentir el castigo. Como una exhalación se fue, encontrando al caballo que hacía puerta, donde se llevó dos puyazos -bajos- en uno. El sevillano fue en su busca con la muleta, y, pese a llevarla como una bandera, intentaba no cerrarse en terrenos de adentro mucho al manso, para que no se le rajara. En una de esas, el toro por poco no se lo llevó por delante en un derechazo, yendo directamente por el torero que se libró de verdadero milagro. Por ese lado continuó insistiendo el sevillano hasta robarle una serie. Pero, al cambiar de mano, se vio que iba mejor por la zurda, dejando preciosos naturales. Cogió la espada, no sin antes sacar otra tanda por la diestra, y terminar por toreros ayudados por alto.Por el palo de Chicuelo recibió Aguado al sexto, otro toro que se le quedaban debajo sin fuerza alguna. Una lástima que, indiscriminadamente, cambiara el presidente el tercio con cuatro o seis palos, según le pareciera. Pero tuvo la mala idea de cambiar el sexto con dos pares de rehiletes, pudiendo entrar solo en una ocasión Iván García. Por alto apoyado en las tablas comenzó Pablo, que ofreció siempre al animal su muleta aterciopelada, como su chaquetilla. Pero poquita vida tenía el animal. Pese a eso, un trofeo le habría arrancado de haber estado acertado con los aceros.  

David de Miranda continúa imparable. Tras abrir este sábado nuevamente la puerta grande de La Malagueta, llegaba a Antequera no dispuesto a saber qué se siente saliendo a pie. Y así fue, salió en volandas con un Ortega que volvió a mostrar su toreo … de seda. Cerquita de salir con ellos estuvo Aguado, pero una espada reiteradamente fallona lo impidió. Una gran tarde ofrecieron los tres, y no gracias a la corrida. Un «¡vaya petardo, ganadero!» se escuchó de los tendidos al final de la corrida. Y una brisa, que acabó siendo fresca de la serranía malagueña, tampoco ayudó.

Abrió la goyesca el peor toro del encierro, pero que ya nos iba preparando para lo que iba a salir por toriles: un astolfi sin clase ni recorrido, que no permitió lucimiento a un Juan Ortega voluntarioso. Con mucho temple, tal vez se podría haber mejorado la fea embestida. Eso intentó imprimirle el sevillano, pero era imposible con ese viento.

Sin embargo, se desquitó en el cuarto, al que recibió con un farol de rodillas Ortega, y dio dos extraordinarias verónicas por el izquierdo, aunque el toro ya blandeaba. Lo sujetó bien Palomares en el caballo, y quitó Juan por delantales, sin dejar pasar una oportunidad. Y el inicio fue cualquier cosa: original a más no poder, entreverando molinetes y pases de las flores, a cada cual más bonito, todo ello rematado con un cambio de mano desmayado y lento marca de la casa. La poca fuerza del animal no impidió a Ortega dejar una deliciosa faena por ambos lados, con sus pases de pecho rodilla en tierra, y un arrebatadísimo final de faena de ayudados por alto, de hinojos, que levantó al público de sus asientos.

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    Rosario Pérez

Orgullosos saldrían de la plaza los onubenses, que antes de que salten los toros de De Miranda siempre muestran su apoyo haciendo sonar las palmas por bulerías. Eso fue lo primero que escuchó el segundo, un torito mansito, noble y sin un gran viaje, al que poco a poco fue haciendo David, hasta lograr alargar las embestidas del de Astolfi, con una serie de derechazos francamente buenos, de aires poncistas, que desde el callejón daba consejos a su podernante. Y otra serie de naturales, templaditos, sin un toque ni tirón de más, fue cumbre. Viendo al toro cada vez más apagadito, se metió entre los pitones el matador en un final de faena que puso al público en pie, antes de unas elegantes y pulcras mondeñinas finales. El astado, completamente entregado porque lo había exprimido al máximo y más, no ayudó en la suerte suprema, por lo que pinchó antes de dejar un estoconazo. Aunque eso no impidió que cortara las dos orejas.

A las que hay que sumar una tercera en el quinto, al que recibió De Miranda con gusto por delantales. Pero el toro no podía con su alma, ya desde el principio, por lo que con mimo se lo sacó David, aunque se le quedaba debajo siempre, y se echó completamente tras la segunda tanda. Suave lo toreó el de Huelva por naturales a pies juntos. En silencio se vivió la faena, que sólo rompía los «¡bieeeen!» del maestro Ponce ante el buen hacer del onubense, que estuvo a años luz del astolfi. Terminó por ayudados, sin pasar ya casi el animal. Otra importante tarde de David en su versión más clásica.

Antequera

  • Plaza de toros de Antequera

    Domingo, 23 de agosto de 2026. Entrada: . Toros de Astolfi.

    • Juan Ortega,
      de verde botella y pasamanería negra. Estocada baja (saludos). Estocada baja y delantera (dos orejas).

    • David de Miranda,
      de purísima y pasamanería negra. Pinchazo y estocada (dos orejas). Estocada (oreja).

    • Pablo Aguado,
      de verde botella y pasamanería negra. Pinchazo y estocada atravesadilla (oreja). Pinchazo, media tendida suelta, pinchazo y descabello (silencio).

Y para clasicismos, el de Aguado. Resoplaba Pablo tras sacarse a los medios lidiando al tercero, que pegó una coz y salió por donde venía, tras sentir el castigo. Como una exhalación se fue, encontrando al caballo que hacía puerta, donde se llevó dos puyazos -bajos- en uno. El sevillano fue en su busca con la muleta, y, pese a llevarla como una bandera, intentaba no cerrarse en terrenos de adentro mucho al manso, para que no se le rajara. En una de esas, el toro por poco no se lo llevó por delante en un derechazo, yendo directamente por el torero que se libró de verdadero milagro. Por ese lado continuó insistiendo el sevillano hasta robarle una serie. Pero, al cambiar de mano, se vio que iba mejor por la zurda, dejando preciosos naturales. Cogió la espada, no sin antes sacar otra tanda por la diestra, y terminar por toreros ayudados por alto.

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