Los genios derriban tendencias. En un fútbol embobado por el físico y la intensidad, Messi caminó durante el Mundial, como queriéndonos enseñar que el fútbol es un juego de momentos, y los momentos hay que saber esperarlos. Le bastaba medio metro, medio segundo, para fascinarnos y hacer estallar los partidos. Pero Messi tuvo la suerte de salir favorecido en el reparto inicial: nació con tanta ventaja natural que, ejemplar único, resulta incomparable. No busquemos réplicas.
España ganó el Mundial con autoridad, fue superior a todas las selecciones que enfrentó y lo hizo con elegancia y con la pelota, la forma más vieja de ser revolucionario
Los genios derriban tendencias. En un fútbol embobado por el físico y la intensidad, Messi caminó durante el Mundial, como queriéndonos enseñar que el fútbol es un juego de momentos, y los momentos hay que saber esperarlos. Le bastaba medio metro, medio segundo, para fascinarnos y hacer estallar los partidos. Pero Messi tuvo la suerte de salir favorecido en el reparto inicial: nació con tanta ventaja natural que, ejemplar único, resulta incomparable. No busquemos réplicas.
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