Los últimos datos de inflación publicados por Eurostat evidencian dos cosas en relación a la guerra de Irán y su efecto sobre los precios en Europa. Una, que el efecto contagio por el alza en la cotización del petróleo y el gas -por el cierre del estrecho de Ormuz- ha acabado siendo más veloz de lo inicialmente previsto, pues, como ya hiciera el INE el pasado martes, hoy el organismo estadístico de la Comisión Europea ha sumado una décima a su propia estimación sobre el IPC de marzo, que finalmente se situó en el 2,6% en tasa anual (comparado con el mismo mes del año anterior) en la eurozona. Y dos, que nuestro país se cuenta entre los más expuestos a este efecto correa de transmisión, ya que en España el avance del IPC mensual, que es el dato verdaderamente relevante ya que marzo fue el primer mes completo tras el inicio de los ataques sobre Irán (28 de febrero), fue un 30% superior a la media de los países de la moneda común. Concretamente, la cifra quedó en un sensacional 1,7% frente al 1,3% de la eurozona, el resultado más alto -y no es ninguna sorpresa- desde octubre de 2022, apenas unos meses después del arranque de la invasión rusa de Ucrania. La cifra anual, por su parte, quedó en el 3,4%, algo que nos sitúa como los peores de la clase entre las grandes economías del Viejo Continente (a pesar de ser el país que más crece), pues en Alemania el resultado fue del 2,8%, en Francia del 2% y en Italia del 1,6%. A nadie puede sorprender esto, pues hace apenas dos días el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió de que España será el único entre los grandes de Europa que termine 2026 con una inflación del 3%, en torno a seis décimas por encima de lo que apuntaban buena parte de las firmas de análisis antes de que Israel y los EE.UU. iniciaran sus ataques sobre el país persa. De hecho, la estadística del INE ya fue en esa línea al situar el indicador subyacente -que excluye los alimentos no elaborados y la energía- en el 2,9% el mes pasado, una escalada que evidencia un traslado de la crisis al resto de la economía, aunque una partida clave como son los alimentos se mantuviera al margen, con un abaratamiento del 0,1% con respecto a febrero. Noticia relacionada general No No La UE planteará teletrabajo obligatorio y reducir la velocidad en autopistas si se prolonga el cierre de Ormuz Enrique SerbetoSea como fuere, lo cierto es que ninguno de los grandes se ha librado del efecto arrastre: entre el uno y el 31 de marzo, el IPC avanzó un 1,2% en Alemania, un 1,1% en Francia y un 1,7% en Italia. De hecho, los datos de Eurostat reflejan un sesgo en contra de los países del sur, que -de lejos- se llevan la peor parte del ‘shock’: en Grecia el aumento fue del 2,1% mensual y en Portugal del 2,3%. Al margen queda el caso de Irlanda, que se anotó un +1,8% y lo hizo a pesar de ser ‘la niña bonita’ de Europa, con un incremento del PIB de más del 12% en 2025. En el extremo opuesto, los que lograron contener mejor la escalada de los insumos energéticos fueron -por este orden- Eslovaquia (con una inflación del 0% entre febrero y marzo), Dinamarca (0%), Estonia (0%), Bélgica (0,3%), Eslovenia (0,4%) y Chequia (0,6%). Con estos datos en la mano, la gran pregunta que se hace ahora el mercado refiere a la decisión que tomará el Banco Central Europeo (BCE) en su próxima reunión de política monetaria. Como vienen avisando numerosos expertos, el Consejo de Gobierno no lo tiene fácil, ya que se enfrenta a un problema inflacionario que no es de oferta, sino debido a factores externos. Alza mensual +1,7% España, a la cabeza En apenas treinta días, los precios en nuestro país avanzaron casi dos puntosUn punto crítico en el análisis que hará el supervisor europeo será la velocidad a la que se produzca la transmisión de la crisis geopolítica -léase, el alza del petróleo- a la economía real, según explica Eric Muller, director de Estrategia de Mercado y Producto de Muzinich & Co. Hay un factor que nos permite ser optimistas, apunta este experto, y es que el punto de partida es favorable, pues el IPC estaba en el objetivo del 2% cuando empezaron los ataques. Para analizar el ritmo de ese ‘contagio’, cabe fijarse en el detalle de la evolución de las distintas partidas de gasto que ofrece Eurostat. Lógicamente, lo que más se encareció el mes pasado fue la energía, con un +5,1% en términos interanuales y un sensacional +7% en tasa mensual, seguido de los bienes industriales (+1,8% mensual). Sin embargo, fuera de estas dos variables, el resto de capítulos críticos registraron un alza contenida, y esto incluye los alimentos (+0,1% mensual), la fruta no procesada (+0,2%) y los servicios (+0,3%). Es decir, que todo indica que el problema con la electricidad, el gas y las gasolinas aún no se ha trasladado al resto de la economía, o lo ha hecho de forma mansa. Los últimos datos de inflación publicados por Eurostat evidencian dos cosas en relación a la guerra de Irán y su efecto sobre los precios en Europa. Una, que el efecto contagio por el alza en la cotización del petróleo y el gas -por el cierre del estrecho de Ormuz- ha acabado siendo más veloz de lo inicialmente previsto, pues, como ya hiciera el INE el pasado martes, hoy el organismo estadístico de la Comisión Europea ha sumado una décima a su propia estimación sobre el IPC de marzo, que finalmente se situó en el 2,6% en tasa anual (comparado con el mismo mes del año anterior) en la eurozona. Y dos, que nuestro país se cuenta entre los más expuestos a este efecto correa de transmisión, ya que en España el avance del IPC mensual, que es el dato verdaderamente relevante ya que marzo fue el primer mes completo tras el inicio de los ataques sobre Irán (28 de febrero), fue un 30% superior a la media de los países de la moneda común. Concretamente, la cifra quedó en un sensacional 1,7% frente al 1,3% de la eurozona, el resultado más alto -y no es ninguna sorpresa- desde octubre de 2022, apenas unos meses después del arranque de la invasión rusa de Ucrania. La cifra anual, por su parte, quedó en el 3,4%, algo que nos sitúa como los peores de la clase entre las grandes economías del Viejo Continente (a pesar de ser el país que más crece), pues en Alemania el resultado fue del 2,8%, en Francia del 2% y en Italia del 1,6%. A nadie puede sorprender esto, pues hace apenas dos días el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió de que España será el único entre los grandes de Europa que termine 2026 con una inflación del 3%, en torno a seis décimas por encima de lo que apuntaban buena parte de las firmas de análisis antes de que Israel y los EE.UU. iniciaran sus ataques sobre el país persa. De hecho, la estadística del INE ya fue en esa línea al situar el indicador subyacente -que excluye los alimentos no elaborados y la energía- en el 2,9% el mes pasado, una escalada que evidencia un traslado de la crisis al resto de la economía, aunque una partida clave como son los alimentos se mantuviera al margen, con un abaratamiento del 0,1% con respecto a febrero. Noticia relacionada general No No La UE planteará teletrabajo obligatorio y reducir la velocidad en autopistas si se prolonga el cierre de Ormuz Enrique SerbetoSea como fuere, lo cierto es que ninguno de los grandes se ha librado del efecto arrastre: entre el uno y el 31 de marzo, el IPC avanzó un 1,2% en Alemania, un 1,1% en Francia y un 1,7% en Italia. De hecho, los datos de Eurostat reflejan un sesgo en contra de los países del sur, que -de lejos- se llevan la peor parte del ‘shock’: en Grecia el aumento fue del 2,1% mensual y en Portugal del 2,3%. Al margen queda el caso de Irlanda, que se anotó un +1,8% y lo hizo a pesar de ser ‘la niña bonita’ de Europa, con un incremento del PIB de más del 12% en 2025. En el extremo opuesto, los que lograron contener mejor la escalada de los insumos energéticos fueron -por este orden- Eslovaquia (con una inflación del 0% entre febrero y marzo), Dinamarca (0%), Estonia (0%), Bélgica (0,3%), Eslovenia (0,4%) y Chequia (0,6%). Con estos datos en la mano, la gran pregunta que se hace ahora el mercado refiere a la decisión que tomará el Banco Central Europeo (BCE) en su próxima reunión de política monetaria. Como vienen avisando numerosos expertos, el Consejo de Gobierno no lo tiene fácil, ya que se enfrenta a un problema inflacionario que no es de oferta, sino debido a factores externos. Alza mensual +1,7% España, a la cabeza En apenas treinta días, los precios en nuestro país avanzaron casi dos puntosUn punto crítico en el análisis que hará el supervisor europeo será la velocidad a la que se produzca la transmisión de la crisis geopolítica -léase, el alza del petróleo- a la economía real, según explica Eric Muller, director de Estrategia de Mercado y Producto de Muzinich & Co. Hay un factor que nos permite ser optimistas, apunta este experto, y es que el punto de partida es favorable, pues el IPC estaba en el objetivo del 2% cuando empezaron los ataques. Para analizar el ritmo de ese ‘contagio’, cabe fijarse en el detalle de la evolución de las distintas partidas de gasto que ofrece Eurostat. Lógicamente, lo que más se encareció el mes pasado fue la energía, con un +5,1% en términos interanuales y un sensacional +7% en tasa mensual, seguido de los bienes industriales (+1,8% mensual). Sin embargo, fuera de estas dos variables, el resto de capítulos críticos registraron un alza contenida, y esto incluye los alimentos (+0,1% mensual), la fruta no procesada (+0,2%) y los servicios (+0,3%). Es decir, que todo indica que el problema con la electricidad, el gas y las gasolinas aún no se ha trasladado al resto de la economía, o lo ha hecho de forma mansa.
Dos días después de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtiera de que España será la única gran economía del euro en la que la inflación alcanzará el 3% de media en 2026 debido al conflicto en Oriente Próximo, este jueves Eurostat da fuerza … a ese funesto pronóstico con la publicación de unos datos con los que, además, se corrige a sí mismo. Como ya hiciera el INE el pasado martes, hoy el organismo estadístico de la Comisión Europea ha sumado una décima a su propia estimación sobre la inflación en marzo, que finalmente se situó en el 2,6% en tasa anual (comparado con el mismo mes del año anterior) en los países de la moneda común, un cambio que refleja un efecto incluso mayor del previsto por el encarecimiento del gas y el petróleo.
Y en relación al mes pasado, que es el dato verdaderamente interesante ya que recoge los efectos de la guerra en Irán -los ataques empezaron el 28 de febrero-, la cifra queda en un sensacional 1,3%, el resultado más alto -y no es ninguna sorpresa- desde octubre de 2022, apenas unos meses después del inicio de la invasión rusa de Ucrania.
Como ya se ha avanzado, España -la cuarta economía del euro- ha contribuido no poco a este resultado, con un IPC que queda en el 3,4% en tasa anual y el 1,7% en tasa mensual, por encima de los datos de Alemania (2,8% y 1,2% respectivamente), Francia (2% y 1,1%) e Italia (1,6% y 1,7%), aunque en este último caso el valor mes a mes es el mismo. De hecho, los datos reflejan claramente un sesgo en contra de los países del sur, que -de lejos- se llevan la peor parte de la subida de precios. En Grecia el IPC aumentó un 2,1% mensual y en Portugal lo hizo un 2,3%, mientras que en Polonia avanzó un 0,9%, en Holanda un 0,8% y en Suecia incluso bajó (-0,7%).
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Con estos datos en la mano, la gran pregunta que se hace ahora el mercado refiere a la decisión que tomará el Banco Central Europeo (BCE) en su próxima reunión de política monetaria. Como vienen avisando numerosos expertos, el Consejo de Gobierno no lo tiene fácil, ya que se enfrenta a una crisis inflacionaria que no es de oferta, sino debido a factores externos que probablemente exijan soluciones distintas.
Alza mensual
+1,7%
España, a la cabeza
En apenas treinta días, los precios en nuestro país avanzaron casi dos puntos
Un punto crítico en el análisis que hará el supervisor europeo será la velocidad a la que se produzca la transmisión de la crisis geopolítica -léase, el alza del petróleo- a la economía real, según explica Eric Muller, director de Estrategia de Mercado y Producto de Muzinich & Co. Hay un factor que nos permite ser optimistas, apunta este experto, y es que el punto de partida es favorable, pues el avance de precios estaba en el objetivo del 2% cuando empezó esta crisis.
Para analizar el ritmo de ese ‘contagio’ inflacionario, cabe fijarse en el detalle de la evolución de las distintas partidas de gasto que ofrece Eurostat. Lógicamente, lo que más se encareció en marzo fue la energía, con un +5,1% en términos interanuales y un sensacional +7% en tasa mensual, seguido de los bienes industriales (+1,8% mensual). Sin embargo, fuera de estas dos variables, el resto de capítulos críticos mostraron un encarecimiento contenido, y esto incluye los alimentos (+0,1% mensual), la fruta no procesada (+0,2%) y los servicios (+0,3%). Es decir, que todo indica que el avance de la electricidad, el gas y las gasolinas aún no se ha traducido al resto de la economía o lo ha hecho de forma mansa.
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