Era enero de 2017 cuando Diana Shuryguina se convirtió en una celebridad en Rusia. La adolescente intervino en un programa amarillista, Pust govoriat (Que digan lo que quieran, en castellano), para contar que había sido violada meses antes, con 16 años, en una fiesta de amigos por un mayor de 21. “¿¡Qué bebisteis ese día!? ¡Cuéntalo!”, le espetó un colaborador, dividiendo desde entonces al país entre los defensores de la muchacha y sus detractores por haber tomado “unos pocos vasitos” de vodka. Casi una década después, Shuryguina se ha convertido en el objetivo elegido por el Kremlin para iniciar su cruzada contra la pornografía en la web OnlyFans.
La ‘influencer’ de contenido para adultos Diana Shuryguina afronta cargos por distribución de material pornográfico. Medios rusos avisan de que el Gobierno prepara investigaciones contra otros usuarios
Era enero de 2017 cuando Diana Shuryguina se convirtió en una celebridad en Rusia. La adolescente intervino en un programa amarillista, Pust govoriat (Que digan lo que quieran, en castellano), para contar que había sido violada meses antes, con 16 años, en una fiesta de amigos por un mayor de 21. “¿¡Qué bebisteis ese día!? ¡Cuéntalo!”, le espetó un colaborador, dividiendo desde entonces al país entre los defensores de la muchacha y sus detractores por haber tomado “unos pocos vasitos” de vodka. Casi una década después, Shuryguina se ha convertido en el objetivo elegido por el Kremlin para iniciar su cruzada contra la pornografía en la web OnlyFans.
La joven se enfrenta a una posible pena de entre dos y seis años de cárcel, más una multa de 600.000 rublos (unos 6.700 euros). Un tribunal de Moscú ordenó su arresto domiciliario a mediados de junio bajo los cargos de distribución de material pornográfico como parte de un grupo organizado. Un tabloide del Kremlin, Komsomólskaya Pravda, afirmó que la investigación estaba relacionada con vídeos y fotografías que difundió a través de OnlyFans.
Un canal de Telegram próximo a las fuerzas de seguridad rusas, Baza, avisa de que los agentes preparan investigaciones similares contra otros creadores de contenido y actrices de plataformas para adultos, incluida esta y otras parecidas. Otro canal digital controlado por los círculos del Kremlin, Life, apunta que circula en internet una base de datos con 340 millones de usuarios “de una importante plataforma” que podría permitir “identificar fácilmente a los autores y sus suscriptores”.
En el caso de Shuryguina, han sido detenidos también la actriz Anastasía Ovsyannikova, con la que habría grabado algunos vídeos explícitos, y el productor de contenido para adultos Ludwig Krichker.
Otro canal en Telegram próximo a las fuerzas de seguridad, Shot, asegura que Shuryguina estaba a punto de huir a Bali cuando fue detenida. Según sus informaciones, la influencer habría buscado otras mujeres en el país asiático para grabar más contenido. Las fuentes del canal Mash aseguran que habría sido “engañada” por unos supuestos productores de cine para adultos ucranios con la promesa de una villa en la isla si grababa los vídeos por los que ha sido detenida.
Además, contra los tres detenidos podría ser abierto otro procedimiento por “propaganda extremista” porque la difusión de relaciones homosexuales está penada en Rusia y “el movimiento LGTBIQ+” está incluido en la lista de actividades extremistas y terroristas.

La persecución de esta minoría, lo que el Kremlin llama “defensa de los valores tradicionales”, es parte de la estrategia de Moscú para diferenciarse de su enemiga Occidente. “Uno de los temas que sin duda figurará en la campaña electoral [de las legislativas de septiembre] es la protección de nuestros valores tradicionales. Es evidente para todos los políticos con visión de Estado: la confianza en los valores tradicionales constituye una sólida base ideológica que une a la sociedad rusa”, señaló la pasada semana el presidente ruso Vladímir Putin ante su partido, Rusia Unida.
Paradójicamente, una de las caras conocidas de la formación de Putin es la excantante de t.A.T.u Yulia Volkova, cuyo dúo se hizo famoso por simular una relación de lesbianas. “Eso no me incumbe. Las leyes no son para mí, soy artista”, respondió la antigua candidata a diputada de Rusia Unida en la Duma Estatal cuando un medio le preguntó en 2024 sobre la ley que proscribe el movimiento LGTBIQ+.
Ni Shurygina ni su entorno se han pronunciado sobre su detención. La influencer tuvo una vida agitada tras su salto a la fama. Su familia se mudó de Uliánovsk, en el Volga, a Moscú meses después de que ella apareciera en televisión en 2017, porque sus vecinos no les dejaban tranquilos. En los siguientes años intentó ser influencer en Instagram y mantuvo un matrimonio fugaz de apenas un año con un cámara de televisión, al que engañó con un bloguero millonario, Denís Rebrov. Según la agencia Ria Novosti, durante este último romance se mudó a varios países, se sometió a operaciones de cirugía estética y recibió tratamiento en una clínica de rehabilitación de drogas hasta que en 2021 abrió su cuenta en OnlyFans.
La influencer dejó a Rebrov meses tras iniciar su andadura en la web. Después mantendría otra relación con un empresario, que acabó con la intervención de la policía tras un altercado en su hogar. Su ruptura sucedió poco antes de la boda que habían organizado en 2025.
Por su parte, el agresor de Shurygina, Serguéi Semiónov, fue puesto en libertad condicional en 2018 tras haber cumplido algo más de un año de los ocho de prisión impuestos en el fallo.
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