El Liceu estrena este viernes la ópera I Capuleti e i Montecchi, de Vincenzo Bellini, una de las joyas del bel canto que narra la dramática historia de los dos célebres amantes de Verona basada en la obra renacentista y alejada de la famosísima de Shakespeare. El director Allex Aguilera ha ideado una puesta de escena simbólica de esta ópera que cuenta como principal reclamo con la soprano norteamericana belcantista Lisette Oropesa en el rol de Giulietta. El papel de Romeo fue escrito para mezzosoprano y lo asumirá la italiana Raffaella Lupinacci, que debuta en el Liceu. El maestro Riccardo Frizza se pondrá al frente de la orquesta en esta función que estará en cartel hasta el 11 de noviembre.
La soprano Lisette Oropesa encarna a Giulietta en esta versión de los dos amantes de Verona muy diferente a la de Shakespeare
La soprano Lisette Oropesa encarna a Giulietta en esta versión de los dos amantes de Verona muy diferente a la de Shakespeare

El Liceu estrena este viernes la ópera I Capuleti e i Montecchi, de Vincenzo Bellini, una de las joyas del bel canto que narra la dramática historia de los dos célebres amantes de Verona basada en la obra renacentista y alejada de la famosísima de Shakespeare. El director Allex Aguilera ha ideado una puesta de escena simbólica de esta ópera que cuenta como principal reclamo con la soprano norteamericana belcantista Lisette Oropesa en el rol de Giulietta. El papel de Romeofue escrito para mezzosoprano y lo asumirá la italiana Raffaella Lupinacci, que debuta en el Liceu. El maestro Riccardo Frizza se pondrá al frente de la orquesta en esta función que estará en cartel hasta el 11 de noviembre.
Tras haber triunfado con Il pirata, Bellini dio muestras de su genio y compuso I Capuleti e i Montecchi en solo tres semanas por encargo de La Fenice y sobre un libreto de Felice Romani inspirado en el relato de amor frustrado de Romeo y Julieta por el odio de dos familias rivales que circulaba desde el Renacimiento. La obra, que precedió a sus grandes éxitos como Norma e I puritani, poco tiene que ver con la del dramaturgo inglés. No se había traducido entonces al italiano y se da por hecho que Romani y Bellini no conocían. En esta ópera tan poco representada en el Liceu, Romeo y Giulietta no son unos adolescentes que se han conocido en un baile de máscaras sino una pareja madura, que se ha casado en secreto y que arrastran tensiones derivadas por la fidelidad de ella hacia su familia —rechaza varias veces la propuesta de él de huir— y que, eso sí, acaba a través de un frasco de veneno en tragedia.
Con una luz fría y el escenario flanqueado por las paredes laterales de un castillo, la trama se desarrolla alrededor de un edificio que muestra los diferentes ambientes, entre ellos el preparativo de la boda. Aguilera, que ya estrenó esta producción en Lieja, ha incluido el agua como un guiño al río de Verona. “Todo confluye en el río, lo bueno y lo malo, la guerra y la paz. Hay un simbolismo delicado, casi invisible pero ahí está. Está en la luz, en al agua, en las velas de la cripta”, narró en el teatro el director de escena el día de la presentación explicando que el argumento encierra “un conflicto político y un odio heredado”. Aguilera recalcó que en ningún momento se basó en Shakespeare -“El contexto es muy diferente”- y apuntó que las fuentes de esta historia son mucho más antiguas que la obra del literato inglés.
Con todo, el director no ha querido obviar al dramaturgo que hizo universal la historia y ha incluido en una escena un homenaje al escritor evocando el famoso balcón pero con Romeo arriba y ella abajo. “Allex no ha hecho solo una reposición. Ha puesto en discusión cosas que había hecho en Lieja. Y este es un título fantástico. Es uno de los primeros que dirigí en mi carrera y le tengo mucho cariño”, sintetizó el director de orquesta. El maestro planteó que en la trama tienen tanto peso el amor como la política y elogió a Bellini por haber escrito una partitura transparente, con pocos instrumentos, para dar importancia a la melodía en un tiempo récord. “Hay solos de trompa y de arpa que son sus instrumentos favoritos. Acaba la ópera en un dueto final que se parece mucho a un recitativo”, dijo Frizza habitual en el Liceu y que dirigió en diciembre el Concierto de Fin de Año.

Tras describir a Giulietta como un personaje nada “naíf” y que piensa en su familia y en su responsabilidad como hija de Capuleti, la soprano halagó la música de Bellini. “El primer ensayo con la orquesta fue un sueño. El solo de arpa es bellíísimo. Fue de llorar. Pasa con Bellini, que la música es tan bella que necesitas contener las emociones”, dijo la soprano elogiando a los músicos del Liceo en una alabanza que suele ser recurrente entre los directores y cantantes que desfilan por el teatro de la Rambla. Lupinacci, que asume el rol de Romeo, afirmó que concibe como algo icónico debutar en el teatro con ese papel. “Es más exigente que otros. En el bel canto se necesita una comunión y una particular simbiosis. Y como decía Lisette, hay que controlar las emociones y la vocalidad. La dificultad reside en emocionar sin dejarte llevar”.
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