El grado de soledad de Isabel Díaz Ayuso dentro del PP es la comidilla de estos días en los pasillos de Génova y en los chats de diputados y cargos del partido. Cualquier señal sirve para interpretar si alguien está o no del lado de la presidenta madrileña, ahora que se encuentra en problemas por la extraña compra con dinero público de un ático de lujo de 6,3 millones de euros. Al que todos observan con más detenimiento es a Alberto Núñez Feijóo, el jefe de los populares. Más de uno arqueó las cejas cuando se fue el miércoles de la marcha en apoyo a Ceuta sin despedirse de ella. Feijóo, al acabar, preguntó por un viejo amigo suyo, según testigos, y después hizo el ademán de ir a buscarlo entre la multitud. No se le volvió a ver.
La presidenta se encuentra este sábado con Feijóo en el inicio del curso político en medio de la polémica por la compra del ático
El grado de soledad de Isabel Díaz Ayuso dentro del PP es la comidilla de estos días en los pasillos de Génova y en los chats de diputados y cargos del partido. Cualquier señal sirve para interpretar si alguien está o no del lado de la presidenta madrileña, ahora que se encuentra en problemas por la extraña compra con dinero público de un ático de lujo de 6,3 millones de euros. Al que todos observan con más detenimiento es a Alberto Núñez Feijóo, el jefe de los populares. Más de uno arqueó las cejas cuando se fue el miércoles de la marcha en apoyo a Ceuta sin despedirse de ella. Feijóo, al acabar, preguntó por un viejo amigo suyo, según testigos, y después hizo el ademán de ir a buscarlo entre la multitud. No se le volvió a ver.
La anécdota no revela ningún distanciamiento ―pudo tratarse de algo circunstancial―, pero muestra el celo con el que se analiza en este nuevo inicio de curso político todo lo que ocurre dentro del partido, sobre todo lo que tiene que ver con Ayuso.
Donde claramente se ha quedado sola Ayuso ha sido en su intento de boicotear la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) entre las comunidades autónomas y el Ministerio de Hacienda. El Gobierno de Madrid intentó que las regiones gobernadas por el PP no acudiesen al llamado del Gobierno para mostrar su inconformidad con el nuevo modelo de financiación autonómico. En los encuentros del PP, Madrid planteó que si se ausentaban todas las administraciones que ellos gobiernan, paralizarían la reforma, porque para aprobarla se necesitaba al menos la mitad de los territorios. “Madrid ha mantenido la postura de siempre”, explica un asesor muy cercano a Ayuso. “Nosotros ya lo explicamos desde el primer día. Cada comunidad se defiende de este atraco como ve conveniente”, añade. El Gobierno de Andalucía dijo respetar la postura de la presidenta madrileña, pero se acogió a la libertad que tiene cada presidente autonómico para decidir sobre este tema. Hay barones populares que, en privado, ya fueron muy críticos con la estrategia de la dirigente madrileña en foros multilaterales como la Conferencia de Presidentes que se celebró en Barcelona, donde la polémica liderada por Ayuso por el uso de pinganillos de traducción simultánea eclipsó las posiciones de los distintos territorios.
De puertas para adentro, en el PP madrileño nadie niega que la presidenta pasa por su mayor momento de crisis desde que se aupó al poder en Madrid en 2019. Ni ella ni sus asesores han logrado dar explicaciones claras de por qué la administración pública tendría interés en comprar una vivienda de alto standing, a través de una inmobiliaria a la que acuden las grandes fortunas para vender sus propiedades, que no podía usarse ni como oficina ni como residencia presidencial. El misterio tiene en punto muerto a Ayuso, tanto como al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la crisis de Ceuta.
Sin embargo, Feijóo no le ha soltado la mano a la presidenta. De hecho, este sábado será el cabeza de cartel en el evento que el PP de Madrid celebra cada año con sus diputados en la Asamblea y que sirve como pistoletazo de salida al año político regional. Aunque Feijóo ya acudió a los dos años anteriores —igual que con el PP gallego—, este tiene un especial significado por el momento crítico por el que pasa Ayuso. Ni el líder popular ni sus portavoces han sido muy entusiastas a la hora de defenderla; se han remitido siempre a las explicaciones que ha dado el Gobierno de Madrid, pero tampoco la han cuestionado en público ni han sembrado dudas. Feijóo generó cierto revuelo al decir, el 23 de agosto, que Planifica Madrid, la empresa pública que ejecutó la operación inmobiliaria, debería explicar “por qué compró un local que no se puede destinar a oficina”, una declaración que, sacada de contexto, podría leerse como un cuestionamiento a la presidenta. Sin embargo, si se revisa toda la intervención, más bien la exculpa. En Sol se interpretó más como una torpeza que como un ataque.
Ayuso continúa siendo uno de los políticos con más peso dentro del PP, de eso no cabe duda. La pregunta ahora es si logrará enterrar el tema del ático o si se alargará hasta convertir los últimos meses de su tercera legislatura en un camino pedregoso. Para su entorno, la presidenta sufre una persecución política y mediática por un tema que ya debería estar zanjado. El Gobierno lo ha puesto a la venta por 6,7 millones en una subasta que cierra la semana que viene y cree que con eso ya está todo dicho. Los nuevos detalles que surgen solo tienen, según ellos, un interés partidista. “Lo siguiente va a ser cuántos bolis tiene Planifica Madrid y su coste en yenes”, ironiza alguien muy cercano a la lideresa. Sol se ha encontrado con una crisis totalmente inesperada, un error propio al que no les empujó nadie, en un momento en el que podría sacar rédito con los ataques a la Moncloa por sus errores en la gestión en Ceuta. Sin embargo, el ático tiene atrapada a Ayuso en un bucle, ya sea sola o con todo el PP detrás.
