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  Cultura  El pudor de las monjas que salvó el Renacimiento en Roma
Cultura

El pudor de las monjas que salvó el Renacimiento en Roma

noviembre 1, 2026
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En Roma, el pasado no solo duerme en ruinas escondidas varios metros bajo el asfalto, a veces lo cubre una mano de cal en el muro. En un palacio junto al Coliseo, esa cal escondía desde el siglo XVII los desnudos mitológicos de una villa renacentista, que fueron cubiertos para proteger la inocencia de las chicas huérfanas que allí encontraban refugio. Se trata de la Villa Silvestri Rivaldi , un antiguo palacio renacentista que fue casa de cardenales, eclesiásticos y nobles, pero también refugio de prostitutas, mendigas y huérfanas. Sus frescos sobrevivieron gracias al pudor de unas monjas, que cubrieron de cal los desnudos mitológicos que decoraban sus salones para poner a salvo la inocencia de sus habitantes. Gianni Pittiglio, historiador del arte especializado en iconografía, que trabaja en el Instituto Central de Restauración (ICR) y es profesor de Historia del Arte en el ICPAL, ha abierto excepcionalmente las puertas de este lugar cerrado al público. «Es de los grandes tesoros ocultos de Roma, pues durante décadas permaneció cerrado y olvidado», asegura. Como tantos lugares de la Ciudad Eterna, su portón protegido con un candado tampoco ayuda a hacerse cargo del esplendor pasado y presente de este gran palacio renacentista, que ha sido también convento, fábrica de seda y hogar de okupas.Su primer propietario fue el principal colaborador del papa Pablo III Farnesio. Se llamaba Eurialo Silvestri, tenía el cargo de «camarero secreto» y se ocupaba de acompañar al Pontífice cada vez que abandonaba sus aposentos. También decidía quién podía dirigirse al Papa y llevaba en mano su correspondencia privada. Eurialo esperaba ser cardenal y para estar a la altura del cargo, en torno al año 1542, empezó a construir esta villa decorada con jardines y ninfeos. «Era una residencia de prestigio, comparable a otras grandes villas renacentistas de la Roma del siglo XVI. Estaba conectada visualmente con los jardines Farnesianos del Palatino y ocupaba una posición privilegiada sobre la antigua colina Velia. Sus salas estaban decoradas con complejos ciclos pictóricos inspirados en la mitología clásica», la describe Pittiglio. Pero el Papa falleció en 1549 sin haber nombrado cardenal a Silvestri y sin dar tiempo a terminar completamente las obras de esta villa.Figuras «impropias»Durante décadas, la villa pasó por propietarios como Alessandro Medici, quien fue Papa durante 27 días en 1605, Marzio Colonna y los cardenales Lanfranco Margotti y Carlo Emanuele Pío de Saboya. Con la herencia del sacerdote Ascanio Rivaldi, la compró el ‘Conservatorio de las solteras mendicantes’, una obra de caridad a medio camino entre un orfanato y un convento. Protegía con refugio y trabajo a chicas jóvenes para que no acabaran en la prostitución o como mendigas. Allí aprendían a tejer y a fabricar seda, y con lo que ingresaban se financiaba la institución y la dote para que las jóvenes pudieran casarse o entrar en un convento. Era el año 1660 y aquel gran palacio fue reformado para acoger amplios talleres y alojar a 125 señoritas. «Su nueva función exigía adaptar los espacios y, sobre todo, eliminar aquello que se consideraba impropio para una comunidad religiosa femenina», añade Pittiglio. «Las figuras mitológicas mostraban cuerpos desnudos, algo perfectamente aceptable en el contexto artístico del Renacimiento, pero problemático para un convento. Gran parte de las decoraciones quedó cubierta bajo capas de cal», explica.La Administración está restaurando el palacio para abrirlo al público Istituto Centrale per il Restauro – Ministero della CulturaParadójicamente, ese gesto que pretendía ocultarlas contribuyó a protegerlas durante tres siglos de la luz y del paso del tiempo. Aunque también provocó que fueran completamente olvidadas. «Desde la transformación en convento en el siglo XVII hasta las primeras campañas de restauración modernas, nadie conocía realmente la riqueza de las pinturas que permanecían bajo las capas de revestimiento», subraya Pittiglio.El estilo de los frescos recuerda motivos y personajes que aparecen en esa misma época en otros lugares de Roma, como Castel Sant’Angelo y el Palazzo Spada. Pittiglio dice que «son escenas mitológicas inspiradas en la Antigüedad clásica: centauros, dioses, héroes y episodios tomados de autores clásicos. También hay representaciones de emperadores romanos y programas iconográficos muy sofisticados, pensados para mostrar la cultura y las aspiraciones de los propietarios originales». Por ahora, se atribuyen a los artistas Perin del Vaga y Prospero Fontana.«Son escenas mitológicas inspiradas en la Antigüedad clásica: centauros, dioses, héroes y episodios tomados de autores clásicos»Las monjas perdieron la propiedad con la desamortización que siguió a la unidad de Italia, pero siguieron allí hasta los años 70. Mientras tanto, su jardín fue destrozado en los años 30 para construir la actual vía de los Foros Imperiales. Tras la II Guerra Mundial, en tiempos del Plan Marshall, la villa estuvo a punto de ser demolida para convertirse en el primer centro comercial de Italia, con un mirador para coches con vistas al Coliseo, los Foros y el Arco de Constantino.Abrir al públicoLos organismos propietarios del edificio no tenían ya medios para restaurarlo. Entre los años setenta y ochenta fue un edificio ocupado, transformado en espacio cultural alternativo. Mientras en su jardín actuaban jóvenes artistas emergentes, como un entonces poco conocido Franco Battiato, en otro se leía poesía alternativa o se debatía sobre la Guerra Fría. Desde diciembre de 2024, la región del Lacio se ha hecho con la propiedad, y con la ayuda del Ministerio de Cultura lo está restaurando para abrirlo al público. Mientras tanto, el edificio está en manos de profesores y alumnos del Instituto Central de Restauración (ICR), que le están sacando de nuevo los colores y estudiando los tesoros que se ocultan tras la cal de sus muros. Cada vez que retiran una capa, recuperan una parte de la Roma renacentista que parecía perdida para siempre. «No estamos restaurando únicamente un edificio. Estamos recuperando siglos de historia de Roma: el palacio renacentista, el convento, la fábrica, el centro cultural y todas las personas que vivieron aquí», dice Paola Mezzadri, una de las profesoras que supervisa los trabajos. Ellas serán las primeras en conocer los otros secretos que se esconden en estos muros, tras varias capas de cal. En Roma, el pasado no solo duerme en ruinas escondidas varios metros bajo el asfalto, a veces lo cubre una mano de cal en el muro. En un palacio junto al Coliseo, esa cal escondía desde el siglo XVII los desnudos mitológicos de una villa renacentista, que fueron cubiertos para proteger la inocencia de las chicas huérfanas que allí encontraban refugio. Se trata de la Villa Silvestri Rivaldi , un antiguo palacio renacentista que fue casa de cardenales, eclesiásticos y nobles, pero también refugio de prostitutas, mendigas y huérfanas. Sus frescos sobrevivieron gracias al pudor de unas monjas, que cubrieron de cal los desnudos mitológicos que decoraban sus salones para poner a salvo la inocencia de sus habitantes. Gianni Pittiglio, historiador del arte especializado en iconografía, que trabaja en el Instituto Central de Restauración (ICR) y es profesor de Historia del Arte en el ICPAL, ha abierto excepcionalmente las puertas de este lugar cerrado al público. «Es de los grandes tesoros ocultos de Roma, pues durante décadas permaneció cerrado y olvidado», asegura. Como tantos lugares de la Ciudad Eterna, su portón protegido con un candado tampoco ayuda a hacerse cargo del esplendor pasado y presente de este gran palacio renacentista, que ha sido también convento, fábrica de seda y hogar de okupas.Su primer propietario fue el principal colaborador del papa Pablo III Farnesio. Se llamaba Eurialo Silvestri, tenía el cargo de «camarero secreto» y se ocupaba de acompañar al Pontífice cada vez que abandonaba sus aposentos. También decidía quién podía dirigirse al Papa y llevaba en mano su correspondencia privada. Eurialo esperaba ser cardenal y para estar a la altura del cargo, en torno al año 1542, empezó a construir esta villa decorada con jardines y ninfeos. «Era una residencia de prestigio, comparable a otras grandes villas renacentistas de la Roma del siglo XVI. Estaba conectada visualmente con los jardines Farnesianos del Palatino y ocupaba una posición privilegiada sobre la antigua colina Velia. Sus salas estaban decoradas con complejos ciclos pictóricos inspirados en la mitología clásica», la describe Pittiglio. Pero el Papa falleció en 1549 sin haber nombrado cardenal a Silvestri y sin dar tiempo a terminar completamente las obras de esta villa.Figuras «impropias»Durante décadas, la villa pasó por propietarios como Alessandro Medici, quien fue Papa durante 27 días en 1605, Marzio Colonna y los cardenales Lanfranco Margotti y Carlo Emanuele Pío de Saboya. Con la herencia del sacerdote Ascanio Rivaldi, la compró el ‘Conservatorio de las solteras mendicantes’, una obra de caridad a medio camino entre un orfanato y un convento. Protegía con refugio y trabajo a chicas jóvenes para que no acabaran en la prostitución o como mendigas. Allí aprendían a tejer y a fabricar seda, y con lo que ingresaban se financiaba la institución y la dote para que las jóvenes pudieran casarse o entrar en un convento. Era el año 1660 y aquel gran palacio fue reformado para acoger amplios talleres y alojar a 125 señoritas. «Su nueva función exigía adaptar los espacios y, sobre todo, eliminar aquello que se consideraba impropio para una comunidad religiosa femenina», añade Pittiglio. «Las figuras mitológicas mostraban cuerpos desnudos, algo perfectamente aceptable en el contexto artístico del Renacimiento, pero problemático para un convento. Gran parte de las decoraciones quedó cubierta bajo capas de cal», explica.La Administración está restaurando el palacio para abrirlo al público Istituto Centrale per il Restauro – Ministero della CulturaParadójicamente, ese gesto que pretendía ocultarlas contribuyó a protegerlas durante tres siglos de la luz y del paso del tiempo. Aunque también provocó que fueran completamente olvidadas. «Desde la transformación en convento en el siglo XVII hasta las primeras campañas de restauración modernas, nadie conocía realmente la riqueza de las pinturas que permanecían bajo las capas de revestimiento», subraya Pittiglio.El estilo de los frescos recuerda motivos y personajes que aparecen en esa misma época en otros lugares de Roma, como Castel Sant’Angelo y el Palazzo Spada. Pittiglio dice que «son escenas mitológicas inspiradas en la Antigüedad clásica: centauros, dioses, héroes y episodios tomados de autores clásicos. También hay representaciones de emperadores romanos y programas iconográficos muy sofisticados, pensados para mostrar la cultura y las aspiraciones de los propietarios originales». Por ahora, se atribuyen a los artistas Perin del Vaga y Prospero Fontana.«Son escenas mitológicas inspiradas en la Antigüedad clásica: centauros, dioses, héroes y episodios tomados de autores clásicos»Las monjas perdieron la propiedad con la desamortización que siguió a la unidad de Italia, pero siguieron allí hasta los años 70. Mientras tanto, su jardín fue destrozado en los años 30 para construir la actual vía de los Foros Imperiales. Tras la II Guerra Mundial, en tiempos del Plan Marshall, la villa estuvo a punto de ser demolida para convertirse en el primer centro comercial de Italia, con un mirador para coches con vistas al Coliseo, los Foros y el Arco de Constantino.Abrir al públicoLos organismos propietarios del edificio no tenían ya medios para restaurarlo. Entre los años setenta y ochenta fue un edificio ocupado, transformado en espacio cultural alternativo. Mientras en su jardín actuaban jóvenes artistas emergentes, como un entonces poco conocido Franco Battiato, en otro se leía poesía alternativa o se debatía sobre la Guerra Fría. Desde diciembre de 2024, la región del Lacio se ha hecho con la propiedad, y con la ayuda del Ministerio de Cultura lo está restaurando para abrirlo al público. Mientras tanto, el edificio está en manos de profesores y alumnos del Instituto Central de Restauración (ICR), que le están sacando de nuevo los colores y estudiando los tesoros que se ocultan tras la cal de sus muros. Cada vez que retiran una capa, recuperan una parte de la Roma renacentista que parecía perdida para siempre. «No estamos restaurando únicamente un edificio. Estamos recuperando siglos de historia de Roma: el palacio renacentista, el convento, la fábrica, el centro cultural y todas las personas que vivieron aquí», dice Paola Mezzadri, una de las profesoras que supervisa los trabajos. Ellas serán las primeras en conocer los otros secretos que se esconden en estos muros, tras varias capas de cal.  

En Roma, el pasado no solo duerme en ruinas escondidas varios metros bajo el asfalto, a veces lo cubre una mano de cal en el muro. En un palacio junto al Coliseo, esa cal escondía desde el siglo XVII los desnudos mitológicos de una villa … renacentista, que fueron cubiertos para proteger la inocencia de las chicas huérfanas que allí encontraban refugio.

Se trata de la Villa Silvestri Rivaldi, un antiguo palacio renacentista que fue casa de cardenales, eclesiásticos y nobles, pero también refugio de prostitutas, mendigas y huérfanas. Sus frescos sobrevivieron gracias al pudor de unas monjas, que cubrieron de cal los desnudos mitológicos que decoraban sus salones para poner a salvo la inocencia de sus habitantes.

Gianni Pittiglio, historiador del arte especializado en iconografía, que trabaja en el Instituto Central de Restauración (ICR) y es profesor de Historia del Arte en el ICPAL, ha abierto excepcionalmente las puertas de este lugar cerrado al público. «Es de los grandes tesoros ocultos de Roma, pues durante décadas permaneció cerrado y olvidado», asegura. Como tantos lugares de la Ciudad Eterna, su portón protegido con un candado tampoco ayuda a hacerse cargo del esplendor pasado y presente de este gran palacio renacentista, que ha sido también convento, fábrica de seda y hogar de okupas.

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«Era una residencia de prestigio, comparable a otras grandes villas renacentistas de la Roma del siglo XVI. Estaba conectada visualmente con los jardines Farnesianos del Palatino y ocupaba una posición privilegiada sobre la antigua colina Velia. Sus salas estaban decoradas con complejos ciclos pictóricos inspirados en la mitología clásica», la describe Pittiglio. Pero el Papa falleció en 1549 sin haber nombrado cardenal a Silvestri y sin dar tiempo a terminar completamente las obras de esta villa.

Figuras «impropias»

Durante décadas, la villa pasó por propietarios como Alessandro Medici, quien fue Papa durante 27 días en 1605, Marzio Colonna y los cardenales Lanfranco Margotti y Carlo Emanuele Pío de Saboya. Con la herencia del sacerdote Ascanio Rivaldi, la compró el ‘Conservatorio de las solteras mendicantes’, una obra de caridad a medio camino entre un orfanato y un convento. Protegía con refugio y trabajo a chicas jóvenes para que no acabaran en la prostitución o como mendigas. Allí aprendían a tejer y a fabricar seda, y con lo que ingresaban se financiaba la institución y la dote para que las jóvenes pudieran casarse o entrar en un convento.

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Era el año 1660 y aquel gran palacio fue reformado para acoger amplios talleres y alojar a 125 señoritas. «Su nueva función exigía adaptar los espacios y, sobre todo, eliminar aquello que se consideraba impropio para una comunidad religiosa femenina», añade Pittiglio. «Las figuras mitológicas mostraban cuerpos desnudos, algo perfectamente aceptable en el contexto artístico del Renacimiento, pero problemático para un convento. Gran parte de las decoraciones quedó cubierta bajo capas de cal», explica.

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