El regreso de BTS a los escenarios se celebró como si volviesen los mismísimos Beatles. Grupos como Blackpink hacen las delicias de niñas y adolescentes de todas las partes del mundo. Películas de animación como ‘Las guerreras K-Pop’ se convierten en el filme más visto de la historia de Netflix e incluso ganan Oscars. El K-pop (Korean pop) está de moda, es innegable, pero detrás de tanto marketing, de tanta coreografía perfecta, de sus melodías pegadizas y el control absoluto de su imagen, se oculta una industria que hará lo que sea por encumbrar a la nueva estrella del futuro. ¿Todo es artificial o hay talento verdadero en estas bandas?Según el periodista Hark Joan Lee y el profesor en comunicación Dal Yong Jin , el auge del K-pop nació con Pys, aquel cantante entrañable que con su desparpajo enamoró al mundo entero con ‘Gangnam Style’ . De pronto, se demostraba que un pequeño país como Corea del Sur podía sacar una estrella global. Aunque se le considera un ‘One hit wonder’, y su imagen se aleja por completo del prototipo de estrella K-pop que vendría después, sí que consiguió que los ojos del mundo se centrasen en esa parte del mundo. De pronto, se descubrió toda una serie de grupos de jóvenes pop que hacían estragos en la población local. «La industria K-pop era la mejor preparada para el nuevo paradigma que abría internet. Los productores sabían que no sólo eran importante las canciones y los bailes, sino también había que cuidar las redes sociales, la comunicación con los fans, la interactuación con sus admiradores, etc. El J-pop no triunfó porque pedían a sus fans que comprasen un CD. Estaban anclados en el pasado. El K-pop ofrecían mucho más, la creación de una comunidad. Entendieron que el fan no quiere ser pasivo, sino participar en el fenómeno. Así, fueron los fans los que crearon las estrellas y no a la inversa», asegura Lee, que junto a Jin presentan ahora ‘K-pop idols. Cómo se fabrica un género global’ (Malpaso) .En 2017 apareció el gran fenómeno mundial del género, BTS. En total, siete jóvenes, cada uno con su rol, todos de complexión perfecta, voces únicas y mucha actitud. Ni siquiera su obligado descanso para que cumpliesen con el servicio militar de su país, a lo Elvis Prestley, los frenó. El anuncio de su regresó provocó prácticamente una histeria colectiva. «Son un caso especial. No son un simple producto manufacturado por un productor, sino que crecieron a partir de su interactuación con sus fans y las relaciones entre miembros. Sus roles fueron tan bien establecidos que sus fans podían descifrar sus pequeñas diferencias y construyeron así una unión excepcional con ellos», afirma Lee.Después de BTS salieron muchos otros grupos que consiguieron el amor global, desde Blackpink a Stray Kids, Twice, Seventeen o New Jeans . Todos surgen de un sistema de creación de ídolos que los ‘secuestra’ desde la adolescencia, de muy jóvenes. Es decir, todos estos artistas practican horas y horas sus bailes, sus canciones, su imagen pública, la manera en que hablarán con los medios y con los fans. Renuncian a cualquier otra formación universitaria, es decir, o son ídolos o no son nada. Cuando no llegan a las expectativas, puede que no les quede mucho más que la vergüenza. «En cierto sentido su entrenamiento no se diferencia en nada al de un atleta de élite. Han de centrarse exclusivamente en su sueño y lo hacen con dedicación. En la última década, el ambiente ha mejorado mucho y se protege más a estos niños, pero sigue siendo un sistema muy exigente», afirma Lee.El suicidio del cantante Kim Jon Hyun en 2017, al que siguieron los de Goo Hara, Cha In-ha y Sulli, que escribió estar: «agotada física y mentalmente por los comentarios negativos y falsos rumores», pusieron en jaque una industria que mueve más de 1.000 millones de euros anuales y que parece usar a sus cantantes como objetos más que como seres humanos. «Los ídolos K-pop son creados dentro de un sistema industrial. Les enseñan a cantar de una determinada forma, a bailar de una determinada forma, incluso a mover sus expresiones faciales. Se les educa con múltiples idiomas, cómo responder a entrevistas, cómo compartir su vida privada lo justo para que parezcan alguien cercano, pero al mismo tiempo que conserven el misterio, incluso se le enseña a controlar su cuerpo. Es una industria altamente organizada. Ha mejorado en la protección de los sueños, el trabajo y la dignidad de sus miembros, pero sigue siendo un proceso duro», insiste Lee.En la actualidad, cuatro grandes agencias controlan a los mayores éxitos del K-Pop. Son Big Hit Entertainment (BTS), SM Entertainment (SHINee, Red Velvet, Exo), JYP Entertainment (Blackpink, Babymonster) y YG Entertainment (TWICE, Stray Kids) . La idea del ídolo pop como producto manufacturado crea cierta homogeneización en todos estos grupos. Sólo los que consiguen vencer estos esquemas y aportan cierta identidad o rol identificable a sus miembros logra triunfar. «En el K-pop hay una gran presión, un entrenamiento exigente y un control de la vida privada y del propio cuerpo» Hark Joon LeePor eso, al contrario que las boy bands occidentales, limitadas a cuatro o cinco miembros, aquí pueden haber hasta siete u ocho cantantes por grupo. «Hay los cantantes principales, los apoyos vocales, los bailarines principales y los raperos. En ese sentido, todos los grupos son muy similares. El éxito de BTS y Blackpink se apoya en el hecho que han logrado dibujar en la imaginación de sus fans diferencias entre sus miembros. Así que es cierto que todos son similares, pero no es casualidad los que triunfan realmente», afirma Jin.La irrupción de los ‘reality shows’ tipo ‘Operación Triunfo’ para la captación de talento ha ayudado a flexibilizar un poco los procesos manufacturados de ídolos que convertían sus campus de artistas casi como en fábricas de talento. Ahora pueden descubrir artistas lejos del sistema y volcarse después con ellos. Es el caso de Enhypen, emblema de la cuarta generación de ídolos K-Pop. «El entrenamiento siempre es duro, hay una gran presión, se controla mucho el aspecto físico, también se controla la vida privada, y hay mucha crítica tóxica en redes, todo eso es cierto, pero no es algo alejado a otros ejemplos de ídolos pop de Hollywood o deportistas de élite», dice Lee.Miedo a las estrellas virtuales del K-PopPara el periodista y director, que fue mánager del grupo de K-Pop femenino Nine Muses , el gran riesgo al que se enfrenta el fenómeno, más allá de sus polémicas, es la Inteligencia Artificial. Un sistema tan manufacturado de estrellas, por qué no iba a utilizar una cantante virtual, con el aspecto elegido a la carta, para enamorar al mundo entero. «El futuro se presenta algo oscuro. Los ídolos no humanos están a la vuelta de la esquina y Corea siempre ha estado muy abierto a las nuevas tecnologías. La industria K-Pop se adapta muy rápidamente a los cambios. La pregunta que hay que hacerse es: cuando los humanos amen a una estrella no humana, ¿qué estarán amando exactamente?», concluye Lee. El regreso de BTS a los escenarios se celebró como si volviesen los mismísimos Beatles. Grupos como Blackpink hacen las delicias de niñas y adolescentes de todas las partes del mundo. Películas de animación como ‘Las guerreras K-Pop’ se convierten en el filme más visto de la historia de Netflix e incluso ganan Oscars. El K-pop (Korean pop) está de moda, es innegable, pero detrás de tanto marketing, de tanta coreografía perfecta, de sus melodías pegadizas y el control absoluto de su imagen, se oculta una industria que hará lo que sea por encumbrar a la nueva estrella del futuro. ¿Todo es artificial o hay talento verdadero en estas bandas?Según el periodista Hark Joan Lee y el profesor en comunicación Dal Yong Jin , el auge del K-pop nació con Pys, aquel cantante entrañable que con su desparpajo enamoró al mundo entero con ‘Gangnam Style’ . De pronto, se demostraba que un pequeño país como Corea del Sur podía sacar una estrella global. Aunque se le considera un ‘One hit wonder’, y su imagen se aleja por completo del prototipo de estrella K-pop que vendría después, sí que consiguió que los ojos del mundo se centrasen en esa parte del mundo. De pronto, se descubrió toda una serie de grupos de jóvenes pop que hacían estragos en la población local. «La industria K-pop era la mejor preparada para el nuevo paradigma que abría internet. Los productores sabían que no sólo eran importante las canciones y los bailes, sino también había que cuidar las redes sociales, la comunicación con los fans, la interactuación con sus admiradores, etc. El J-pop no triunfó porque pedían a sus fans que comprasen un CD. Estaban anclados en el pasado. El K-pop ofrecían mucho más, la creación de una comunidad. Entendieron que el fan no quiere ser pasivo, sino participar en el fenómeno. Así, fueron los fans los que crearon las estrellas y no a la inversa», asegura Lee, que junto a Jin presentan ahora ‘K-pop idols. Cómo se fabrica un género global’ (Malpaso) .En 2017 apareció el gran fenómeno mundial del género, BTS. En total, siete jóvenes, cada uno con su rol, todos de complexión perfecta, voces únicas y mucha actitud. Ni siquiera su obligado descanso para que cumpliesen con el servicio militar de su país, a lo Elvis Prestley, los frenó. El anuncio de su regresó provocó prácticamente una histeria colectiva. «Son un caso especial. No son un simple producto manufacturado por un productor, sino que crecieron a partir de su interactuación con sus fans y las relaciones entre miembros. Sus roles fueron tan bien establecidos que sus fans podían descifrar sus pequeñas diferencias y construyeron así una unión excepcional con ellos», afirma Lee.Después de BTS salieron muchos otros grupos que consiguieron el amor global, desde Blackpink a Stray Kids, Twice, Seventeen o New Jeans . Todos surgen de un sistema de creación de ídolos que los ‘secuestra’ desde la adolescencia, de muy jóvenes. Es decir, todos estos artistas practican horas y horas sus bailes, sus canciones, su imagen pública, la manera en que hablarán con los medios y con los fans. Renuncian a cualquier otra formación universitaria, es decir, o son ídolos o no son nada. Cuando no llegan a las expectativas, puede que no les quede mucho más que la vergüenza. «En cierto sentido su entrenamiento no se diferencia en nada al de un atleta de élite. Han de centrarse exclusivamente en su sueño y lo hacen con dedicación. En la última década, el ambiente ha mejorado mucho y se protege más a estos niños, pero sigue siendo un sistema muy exigente», afirma Lee.El suicidio del cantante Kim Jon Hyun en 2017, al que siguieron los de Goo Hara, Cha In-ha y Sulli, que escribió estar: «agotada física y mentalmente por los comentarios negativos y falsos rumores», pusieron en jaque una industria que mueve más de 1.000 millones de euros anuales y que parece usar a sus cantantes como objetos más que como seres humanos. «Los ídolos K-pop son creados dentro de un sistema industrial. Les enseñan a cantar de una determinada forma, a bailar de una determinada forma, incluso a mover sus expresiones faciales. Se les educa con múltiples idiomas, cómo responder a entrevistas, cómo compartir su vida privada lo justo para que parezcan alguien cercano, pero al mismo tiempo que conserven el misterio, incluso se le enseña a controlar su cuerpo. Es una industria altamente organizada. Ha mejorado en la protección de los sueños, el trabajo y la dignidad de sus miembros, pero sigue siendo un proceso duro», insiste Lee.En la actualidad, cuatro grandes agencias controlan a los mayores éxitos del K-Pop. Son Big Hit Entertainment (BTS), SM Entertainment (SHINee, Red Velvet, Exo), JYP Entertainment (Blackpink, Babymonster) y YG Entertainment (TWICE, Stray Kids) . La idea del ídolo pop como producto manufacturado crea cierta homogeneización en todos estos grupos. Sólo los que consiguen vencer estos esquemas y aportan cierta identidad o rol identificable a sus miembros logra triunfar. «En el K-pop hay una gran presión, un entrenamiento exigente y un control de la vida privada y del propio cuerpo» Hark Joon LeePor eso, al contrario que las boy bands occidentales, limitadas a cuatro o cinco miembros, aquí pueden haber hasta siete u ocho cantantes por grupo. «Hay los cantantes principales, los apoyos vocales, los bailarines principales y los raperos. En ese sentido, todos los grupos son muy similares. El éxito de BTS y Blackpink se apoya en el hecho que han logrado dibujar en la imaginación de sus fans diferencias entre sus miembros. Así que es cierto que todos son similares, pero no es casualidad los que triunfan realmente», afirma Jin.La irrupción de los ‘reality shows’ tipo ‘Operación Triunfo’ para la captación de talento ha ayudado a flexibilizar un poco los procesos manufacturados de ídolos que convertían sus campus de artistas casi como en fábricas de talento. Ahora pueden descubrir artistas lejos del sistema y volcarse después con ellos. Es el caso de Enhypen, emblema de la cuarta generación de ídolos K-Pop. «El entrenamiento siempre es duro, hay una gran presión, se controla mucho el aspecto físico, también se controla la vida privada, y hay mucha crítica tóxica en redes, todo eso es cierto, pero no es algo alejado a otros ejemplos de ídolos pop de Hollywood o deportistas de élite», dice Lee.Miedo a las estrellas virtuales del K-PopPara el periodista y director, que fue mánager del grupo de K-Pop femenino Nine Muses , el gran riesgo al que se enfrenta el fenómeno, más allá de sus polémicas, es la Inteligencia Artificial. Un sistema tan manufacturado de estrellas, por qué no iba a utilizar una cantante virtual, con el aspecto elegido a la carta, para enamorar al mundo entero. «El futuro se presenta algo oscuro. Los ídolos no humanos están a la vuelta de la esquina y Corea siempre ha estado muy abierto a las nuevas tecnologías. La industria K-Pop se adapta muy rápidamente a los cambios. La pregunta que hay que hacerse es: cuando los humanos amen a una estrella no humana, ¿qué estarán amando exactamente?», concluye Lee.
El regreso de BTS a los escenarios se celebró como si volviesen los mismísimos Beatles. Grupos como Blackpink hacen las delicias de niñas y adolescentes de todas las partes del mundo. Películas de animación como ‘Las guerreras K-Pop’ se convierten en el filme más … visto de la historia de Netflix e incluso ganan Oscars. El K-pop (Korean pop) está de moda, es innegable, pero detrás de tanto marketing, de tanta coreografía perfecta, de sus melodías pegadizas y el control absoluto de su imagen, se oculta una industria que hará lo que sea por encumbrar a la nueva estrella del futuro. ¿Todo es artificial o hay talento verdadero en estas bandas?
Según el periodista Hark Joan Lee y el profesor en comunicación Dal Yong Jin, el auge del K-pop nació con Pys, aquel cantante entrañable que con su desparpajo enamoró al mundo entero con ‘Gangnam Style’. De pronto, se demostraba que un pequeño país como Corea del Sur podía sacar una estrella global. Aunque se le considera un ‘One hit wonder’, y su imagen se aleja por completo del prototipo de estrella K-pop que vendría después, sí que consiguió que los ojos del mundo se centrasen en esa parte del mundo.
De pronto, se descubrió toda una serie de grupos de jóvenes pop que hacían estragos en la población local. «La industria K-pop era la mejor preparada para el nuevo paradigma que abría internet. Los productores sabían que no sólo eran importante las canciones y los bailes, sino también había que cuidar las redes sociales, la comunicación con los fans, la interactuación con sus admiradores, etc. El J-pop no triunfó porque pedían a sus fans que comprasen un CD. Estaban anclados en el pasado. El K-pop ofrecían mucho más, la creación de una comunidad. Entendieron que el fan no quiere ser pasivo, sino participar en el fenómeno. Así, fueron los fans los que crearon las estrellas y no a la inversa», asegura Lee, que junto a Jin presentan ahora ‘K-pop idols. Cómo se fabrica un género global’ (Malpaso).
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En 2017 apareció el gran fenómeno mundial del género, BTS. En total, siete jóvenes, cada uno con su rol, todos de complexión perfecta, voces únicas y mucha actitud. Ni siquiera su obligado descanso para que cumpliesen con el servicio militar de su país, a lo Elvis Prestley, los frenó. El anuncio de su regresó provocó prácticamente una histeria colectiva. «Son un caso especial. No son un simple producto manufacturado por un productor, sino que crecieron a partir de su interactuación con sus fans y las relaciones entre miembros. Sus roles fueron tan bien establecidos que sus fans podían descifrar sus pequeñas diferencias y construyeron así una unión excepcional con ellos», afirma Lee.
Después de BTS salieron muchos otros grupos que consiguieron el amor global, desde Blackpink a Stray Kids, Twice, Seventeen o New Jeans. Todos surgen de un sistema de creación de ídolos que los ‘secuestra’ desde la adolescencia, de muy jóvenes. Es decir, todos estos artistas practican horas y horas sus bailes, sus canciones, su imagen pública, la manera en que hablarán con los medios y con los fans. Renuncian a cualquier otra formación universitaria, es decir, o son ídolos o no son nada. Cuando no llegan a las expectativas, puede que no les quede mucho más que la vergüenza. «En cierto sentido su entrenamiento no se diferencia en nada al de un atleta de élite. Han de centrarse exclusivamente en su sueño y lo hacen con dedicación. En la última década, el ambiente ha mejorado mucho y se protege más a estos niños, pero sigue siendo un sistema muy exigente», afirma Lee.
El suicidio del cantante Kim Jon Hyun en 2017, al que siguieron los de Goo Hara, Cha In-ha y Sulli, que escribió estar: «agotada física y mentalmente por los comentarios negativos y falsos rumores», pusieron en jaque una industria que mueve más de 1.000 millones de euros anuales y que parece usar a sus cantantes como objetos más que como seres humanos. «Los ídolos K-pop son creados dentro de un sistema industrial. Les enseñan a cantar de una determinada forma, a bailar de una determinada forma, incluso a mover sus expresiones faciales. Se les educa con múltiples idiomas, cómo responder a entrevistas, cómo compartir su vida privada lo justo para que parezcan alguien cercano, pero al mismo tiempo que conserven el misterio, incluso se le enseña a controlar su cuerpo. Es una industria altamente organizada. Ha mejorado en la protección de los sueños, el trabajo y la dignidad de sus miembros, pero sigue siendo un proceso duro», insiste Lee.
En la actualidad, cuatro grandes agencias controlan a los mayores éxitos del K-Pop. Son Big Hit Entertainment (BTS), SM Entertainment (SHINee, Red Velvet, Exo), JYP Entertainment (Blackpink, Babymonster) y YG Entertainment (TWICE, Stray Kids). La idea del ídolo pop como producto manufacturado crea cierta homogeneización en todos estos grupos. Sólo los que consiguen vencer estos esquemas y aportan cierta identidad o rol identificable a sus miembros logra triunfar.
«En el K-pop hay una gran presión, un entrenamiento exigente y un control de la vida privada y del propio cuerpo»
Hark Joon Lee
Por eso, al contrario que las boy bands occidentales, limitadas a cuatro o cinco miembros, aquí pueden haber hasta siete u ocho cantantes por grupo. «Hay los cantantes principales, los apoyos vocales, los bailarines principales y los raperos. En ese sentido, todos los grupos son muy similares. El éxito de BTS y Blackpink se apoya en el hecho que han logrado dibujar en la imaginación de sus fans diferencias entre sus miembros. Así que es cierto que todos son similares, pero no es casualidad los que triunfan realmente», afirma Jin.
La irrupción de los ‘reality shows’ tipo ‘Operación Triunfo’ para la captación de talento ha ayudado a flexibilizar un poco los procesos manufacturados de ídolos que convertían sus campus de artistas casi como en fábricas de talento. Ahora pueden descubrir artistas lejos del sistema y volcarse después con ellos. Es el caso de Enhypen, emblema de la cuarta generación de ídolos K-Pop. «El entrenamiento siempre es duro, hay una gran presión, se controla mucho el aspecto físico, también se controla la vida privada, y hay mucha crítica tóxica en redes, todo eso es cierto, pero no es algo alejado a otros ejemplos de ídolos pop de Hollywood o deportistas de élite», dice Lee.
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Miedo a las estrellas virtuales del K-Pop
Para el periodista y director, que fue mánager del grupo de K-Pop femenino Nine Muses, el gran riesgo al que se enfrenta el fenómeno, más allá de sus polémicas, es la Inteligencia Artificial. Un sistema tan manufacturado de estrellas, por qué no iba a utilizar una cantante virtual, con el aspecto elegido a la carta, para enamorar al mundo entero. «El futuro se presenta algo oscuro. Los ídolos no humanos están a la vuelta de la esquina y Corea siempre ha estado muy abierto a las nuevas tecnologías. La industria K-Pop se adapta muy rápidamente a los cambios. La pregunta que hay que hacerse es: cuando los humanos amen a una estrella no humana, ¿qué estarán amando exactamente?», concluye Lee.
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