El mes de marzo ofrece mañanas apetecibles para estirar el rato de sueño, con esa brisa fresca de incipiente primavera rondando por la ventana y las sábanas dando refugio gustoso, lejos aún de mutar en la pegajosa armadura que serán luego, durante el achicharrante e inacabable verano. Las condiciones construyen una excusa óptima para el ganduleo si es domingo. Y, aún más, si encima es un domingo de Semana Santa, como lo fue el 20 de marzo de 2016. Con todo a favor, la expectativa de sueño puede crujirse de repente porque las niñas de cinco meses fijan sus propias normas. Llanto de ley al filo de la madrugada que al único que no sorprende es a un abuelo que se acostó celebrando su santo y que, quien sabe desde hace cuánto rato, desayuna noticias en el comedor de la casa. Él es el primero en avisar al sonámbulo de que ha pasado algo con un autobús en la AP7 y que parece grave.
El siniestro donde fallecieron trece estudiantes de Erasmus ha dejado marcado al pequeño municipio de las Terres de l’Ebre, atravesado por la AP7
El mes de marzo ofrece mañanas apetecibles para estirar el rato de sueño, con esa brisa fresca de incipiente primavera rondando por la ventana y las sábanas dando refugio gustoso, lejos aún de mutar en la pegajosa armadura que serán luego, durante el achicharrante e inacabable verano. Las condiciones construyen una excusa óptima para el ganduleo si es domingo. Y, aún más, si encima es un domingo de Semana Santa, como lo fue el 20 de marzo de 2016. Con todo a favor, la expectativa de sueño puede crujirse de repente porque las niñas de cinco meses fijan sus propias normas. Llanto de ley al filo de la madrugada que al único que no sorprende es a un abuelo que se acostó celebrando su santo y que, quien sabe desde hace cuánto rato, desayuna noticias en el comedor de la casa. Él es el primero en avisar al sonámbulo de que ha pasado algo con un autobús en la AP7 y que parece grave.
“Es recordado como el accidente de Freginals, pero pudo haber sucedido en cualquier otro pueblo por donde pasa la autopista”, dice Neus Franch, actual alcaldesa del municipio de las Terres de l’Ebre que dio apellido al trágico suceso. Desde entonces, los vecinos escuchan un comentario de manera recurrente: “¿Eres de Freginals? El pueblo del accidente”, explica Ingrid Fabra, nacida y crecida en ese “pueblo del accidente”. No llegan a 500 habitantes y ella, que es sanitaria de formación, ejerce como juez de paz desde hace una década. “Que un caso así suceda en un pueblo donde somos cuatro gatos es traumático. Trece chicas murieron al lado de casa”, lamenta.

Un sendero de grava paralelo a la autopista permite acercarse al lugar donde el autobús, gris y rojo, quedó volcado sobre la mediana. Es un tramo llano y recto, sin aparente complicación. El conductor se durmió. Se llamaba Santiago. Había salido de Valencia y circulaba hacia Barcelona pero nunca pasó de medio camino porque se estrelló tras ir un rato zigzaguenado. Llevaba a 59 personas, que habían ido de fiesta a las Fallas. Además de las 13 fallecidas hubo más de 20 heridos.
Un monumento de homenaje recuerda hoy a las víctimas. Pero se ha levantado en el lado opuesto de la autopista, pegado al carril donde el tráfico circula en dirección sur. “Recuerdo la impresión que nos llevamos, era como estar en una película. Gente ensangrentada andando por medio de la autopista, absolutamente desorientada”, explica uno de los primeros agentes de los Mossos d’Esquadra que acudió al lugar. Rememora que aquel domingo faltaba poco rato para terminar el turno cuando entró por la emisora el aviso del accidente. “Tratabas de ayudar en lo que podías, era terrible. Una de las cosas que me quedó marcada fue como aquella gente herida te daba las gracias chapurreando como podía. Porque muchos eran extranjeros”. El autobús estaba lleno de jóvenes estudiantes de Erasmus.
Aquella mañana de Ramos, aún sin saber detalles de la magnitud de la tragedia, el impulso del sonámbulo fue salir pitando hacia Freginals. En el teléfono móvil no lucía aún ninguno de las decenas de mensajes que, en las horas venideras, iban a mandar los compañeros de la redacción. Rebeca, que valora al sueño mañanero como una suerte de castigo, y Maiol, de guardia ese festivo, tardaron poco en activarse. Suya fue la misión de poner algo de orden en un texto que se iba escribiendo entre borbotones de adrenalina, estupefacción y pena.
Los supervivientes fueron trasladados a un hotel de Tortosa y Mossos y sanitarios urdieron un fortín para aislarlos en una terraza. Aquellos jóvenes acababan de pisar el infierno pero, cuando se lograba hablar con ellos, en realidad parecían más serenos que sus supuestos centinelas.
La Fiscalía consideró que el chófer actuó de manera negligente porque se había puesto al volante sin haber respetado el descanso necesario. Pedía para él una condena de cuatro años de cárcel por 13 delitos de homicidio por imprudencia grave y 26 delitos de lesiones por imprudencia grave. El caso está cerrado pero Santiago nunca llegó a ser juzgado porque falleció de manera súbita en abril de 2023. El vehículo, convertido en un amasijo de hierros, estuvo meses en un desguace de Amposta. “Cada vez que pasabas por allí se te iba la mirada a aquel autobús”, recuerda Neus Franch. Era propiedad de Autocares Alejandro, una empresa de Mollet del Vallès donde, diez años después, siguen declinando hacer ningún comentario del siniestro.
La alcaldesa de Freginals explica que hay vecinos del pueblo que se acercan al monumento y ponen flores para honrar la memoria de las chicas fallecidas. “Yo no he ido nunca, me da un poco de impresión”, concede Ingrid Fabra.
