
Una de las salpicaduras de la instrucción judicial de la Audiencia Nacional en curso contra el PSOE por lo que se ha bautizado como el caso Leire Díez ha saltado hasta Cataluña y obligó al presidente Salvador Illa a salir al paso. Se apartó por un día de su habitual contención verbal, aunque solo un poco, para contraatacar y señalar que no pasan desapercibidas las coincidencias existentes entre determinadas actuaciones judiciales y el calendario político.
El empeño de las derechas en deslegitimar a los gobiernos de la izquierda en España muestra un inquietante patrón de comportamiento
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El empeño de las derechas en deslegitimar a los gobiernos de la izquierda en España muestra un inquietante patrón de comportamiento


Una de las salpicaduras de la instrucción judicial de la Audiencia Nacional en curso contra el PSOE por lo que se ha bautizado como el caso Leire Díez ha saltado hasta Cataluña y obligó al presidente Salvador Illa a salir al paso. Se apartó por un día de su habitual contención verbal, aunque solo un poco, para contraatacar y señalar que no pasan desapercibidas las coincidencias existentes entre determinadas actuaciones judiciales y el calendario político.
Un tan ajustado y reiterado sentido de la oportunidad política que alimenta el discurso del PP no puede ser fortuito, vino a decir el presidente de la Generalitat. Luego, ¿a qué obedecen, las coincidencias? A eso, y mucho más, le puso nombre sin tapujos el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, quien sostuvo el mismo jueves que estamos viviendo una etapa de “golpismo político, golpismo judicial y golpismo mediático”. ¿Qué más puede decirse?
La presente situación política no es del todo inédita, sin embargo. Ya en 1996 y 2011 se llegó al final de los gobiernos del PSOE presididos por Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, respectivamente, en medio de sendos estruendos mediáticos colosales provocados por las derechas. Más o menos como el de ahora. Uno de los organizadores del primero de ellos, Luís María Ansón, a la sazón director del diario ABC, tuvo la gentileza años después de reconocerlo y explicar algunos de los detalles. Fueron escandaleras provocadas, enormes, pero no improvisadas. Había una célula dirigente, conocida como el sindicato del crimen, integrado por una relevante nómina de periodistas y comunicadores derechistas. La pregunta es: Y ahora, ¿qué hay?
La táctica adoptada por la derecha en la actual legislatura persigue crear un ambiente político irrespirable, tóxico, en el que se mezclan asuntos judiciales con descalificaciones personales y ataques a la familia del presidente para lograr que su gobierno se ahogue, muera por asfixia. Algunos éxitos cosechan. La permanente descalificación de la legitimidad del Gobierno y la magnificación y el griterío organizado con que persiguen a Sánchez han conseguido ya relativizar, minimizar, tapar incluso, los juicios que se han seguido y se siguen contra la dirigencia del PP por actuaciones en la etapa de Mariano Rajoy. Uno de estos es el del llamado caso Kitchen, el intento de frenar la denuncia de financiación ilegal realizada por el ex tesorero de partido, Luis Bárcenas.
El éxito de Feijóo en estos días consiste en prometer cada mañana que él va a ser quien ponga fin al “mar de corrupciones” que rodea a Sánchez, obviando que es el PP el partido que ha sido ya condenado por financiación ilegal y mientras se lleva a cabo el juicio a la cúpula del ministerio del Interior dirigida por Jorge Fernández Díaz destinadas a ocultarlas. La fórmula consiste en acusar al otro del pecado que uno ha cometido.
El empeño de las derechas en deslegitimar a los gobiernos de la izquierda en España muestra un inquietante patrón de comportamiento. Tras su largo disfrute del poder durante la dictadura franquista, las derechas asumieron que la democracia implicaba que otros pudieran también gobernar. Aceptan, por tanto, dejar el gobierno si pierden las elecciones. O cuando triunfa una moción de censura. Pero desde 1995 hasta ahora, la realidad práctica muestra que esto tiene que ser solo por poco tiempo. Si dura dos legislaturas, a las derechas se les vuelve insoportable, inaceptable, y entonces se lanzan a la deslegitimación y la táctica de tierra quemada. Todo vale. En esas estamos.
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