Arthur Miller estrenó ‘ Panorama desde el puente ‘ (‘A View From the Bridge’) en Broadway en septiembre de 1955 como un drama en un acto y en verso. La obra no funcionó y el dramaturgo la rehizo en una versión de dos actos que vio la luz en octubre de 1956 en Londres bajo la dirección de Peter Brook . Ésta versión es ya un clásico del siglo XX y figura entre las grandes obras maestras del autor, junto a ‘Muerte de un viajante’ o ‘Las brujas de Salem’.’Panorama desde el puente’ vuelve ahora a la escena española y después de su estreno en Valladolid hace unas semanas se presenta ahora en el Teatro Fernán-Gómez de Madrid (hasta el 16 de mayo). La versión es de Eduardo Galán y la dirige Javier Molina , de origen puertorriqueño y actual codirector artístico del mítico Actors Studio de Nueva York. El reparto incluye a José Luis García-Pérez, María Adánez, Ana Garcés, Pablo Béjar, Francesc Galcerán, Rodrigo Poisón, Manuel de Andrés y Pedro Orenes. Emilio Sosa, un reconocido figurinista dominicano establecido en Nueva York, ha creado el vestuario.La obra transcurre durante los años cincuenta, en la casa de Eddie Carbone, un estibador de origen italiano, en Brooklyn. Su intérprete en esta puesta en escena es José Luis García Pérez , a quien el ofrecimiento de este papel le tocó la fibra sensible. «Cuando yo estudiaba en el Centro Andaluz de Teatro en Sevilla, usábamos mucho ‘Panorama desde el puente’ para la preparación de escenas; por edad, nunca hacía de Eddie, claro. Esta obra, y este personaje, son una cumbre del teatro; la dirige además el director del Actors Studio… No podía decir que no».Noticia relacionada general No No ‘El veneno del teatro’: ¿puede un actor representar la muerte? Julio BravoEl intérprete sevillano está feliz. «Disfruto mucho con Eddie Carbone. Al principio me asaltó la duda respecto al personaje, porque siempre se le representa como ‘el malo’ de la función, pero es una persona que sufre desde el principio , y cuando hablé por primera vez con Javier Molina vi que compartíamos la misma visión sobre él, y que íbamos a intentar que el público sintiera ese dolor».En la obra, Carbone vive con su esposa Beatrice y la sobrina de su mujer, Catherine. La llegada de dos inmigrantes ilegales, Marco y Rodolfo, desata el conflicto. Eddie, inicialmente protector con Catherine, desarrolla una obsesión por ella que lo lleva a cuestionar las intenciones de Rodolfo, con quien la joven tiene un romance. Eddie empieza a tomar decisiones que lo enfrentan con su comunidad y con su propia moralidad y la obra culmina en una tragedia.Un hombre bueno«Eddie Carbone es un hombre bueno que quiere a su familia -dice García Pérez-; quizás no la quiera bien, pero busca profundamente lo mejor para su familia, para su mujer y para su sobrina. Pero su ego no le permite ver que no siempre tiene razón, él está convencido absolutamente de las razones por las que hace lo que hace. Esa falta de humildad en su manera de pensar es la que le lleva a la tragedia final».No hay que pensar en el Nueva York de los años cincuenta para entender la obra. «Al principio de los ensayos tenía esa duda, pero una mano puesta en el lugar equivocado es una señal muy fuerte también en nuestros tiempos», dice el intérprete. La función, además, sigue, habla de asuntos eternos; «tiene que ver con la lealtad, con la traición , con romper unos códigos de comportamiento, con la familia… Y eso al público le llega».«A mí me han insultado durante la función , y yo más contento que nada», ríe García Pérez, que explica que Javier Molina ha planteado una puesta en escena muy cercana al público. «Hay personajes en el hall del teatro antes de la función para que los espectadores entren en el ambiente de Brooklyn, paseamos por el patio de butacas en algunos momentos de la obra, e incluso yo hablo con ellos; el público es la gente de mi barrio. Y en esta interlocución con ellos me han dicho de todo». «También -añade-, y eso me ha sorprendido muchísimo, se ríen mucho. Hay una primera parte de la función en la que el público se lo pasa muy bien».InmigraciónLa inmigración es uno de los asuntos troncales de ‘Panorama desde el puente’. «Los plazos históricos cada vez son más cortos, todo se repite. No han pasado setenta años, y ya estamos con el mismo lío, y eso pasa aquí, allí, en Sebastopol y en Zimbabwe. Nuestros personajes forman un núcleo de inmigración ilegal que ha sido regularizada y al que se une una parte de la familia que es inmigración ilegal no regularizada, sin papeles. Y eso otorga el poder a quien tiene los papeles ; si quiere, les puede hacer daño, y ese daño es la expulsión».Ese es el segundo error de Eddie Carbone. «El primero es no entender lo que le está pasando a su sobrina y el segundo tomar el peor camino posible; el camino que destruye todo: a sí mismo, a su familia, a su círculo».Y todo ello con el bisturí de Arthur Miller. «Escribe maravillosamente y es radicalmente humano -y humanista- en su forma de escribir. Tiene la capacidad de poner un gigantesco espejo en el escenario y que tanto los intérpretes como los espectadores nos veamos reflejados de alguna manera. Javier Molina, además, plantea el trabajo como un juego; nos propone a los actores jugar a la verdad, que lo que pasa aquí y ahora sea la absoluta realidad de aquí y ahora. Mañana será distinto… Hay directores más interesados en lo formal, en lo estético, en lo visual… A Javier le interesa la articulación de la verdad». La puesta en escena de Javier Molina trata de que el público entre en el Brooklyn de los años cincuenta y también en las vidas de los personajes que habitan la obra; lo hace a través de proyecciones. «Son primeros planos de los personajes que en ese momento no hablan; muestran su escucha, su punto de vista. Y de ahí la búsqueda de la verdad en todo el elenco. Javier busca que el espectador vea lo que les está pasando a los demás, no solo al que habla, que es al que suele ir nuestra mirada. Eso distingue la visión general de la función y la hace muy diferente». Arthur Miller estrenó ‘ Panorama desde el puente ‘ (‘A View From the Bridge’) en Broadway en septiembre de 1955 como un drama en un acto y en verso. La obra no funcionó y el dramaturgo la rehizo en una versión de dos actos que vio la luz en octubre de 1956 en Londres bajo la dirección de Peter Brook . Ésta versión es ya un clásico del siglo XX y figura entre las grandes obras maestras del autor, junto a ‘Muerte de un viajante’ o ‘Las brujas de Salem’.’Panorama desde el puente’ vuelve ahora a la escena española y después de su estreno en Valladolid hace unas semanas se presenta ahora en el Teatro Fernán-Gómez de Madrid (hasta el 16 de mayo). La versión es de Eduardo Galán y la dirige Javier Molina , de origen puertorriqueño y actual codirector artístico del mítico Actors Studio de Nueva York. El reparto incluye a José Luis García-Pérez, María Adánez, Ana Garcés, Pablo Béjar, Francesc Galcerán, Rodrigo Poisón, Manuel de Andrés y Pedro Orenes. Emilio Sosa, un reconocido figurinista dominicano establecido en Nueva York, ha creado el vestuario.La obra transcurre durante los años cincuenta, en la casa de Eddie Carbone, un estibador de origen italiano, en Brooklyn. Su intérprete en esta puesta en escena es José Luis García Pérez , a quien el ofrecimiento de este papel le tocó la fibra sensible. «Cuando yo estudiaba en el Centro Andaluz de Teatro en Sevilla, usábamos mucho ‘Panorama desde el puente’ para la preparación de escenas; por edad, nunca hacía de Eddie, claro. Esta obra, y este personaje, son una cumbre del teatro; la dirige además el director del Actors Studio… No podía decir que no».Noticia relacionada general No No ‘El veneno del teatro’: ¿puede un actor representar la muerte? Julio BravoEl intérprete sevillano está feliz. «Disfruto mucho con Eddie Carbone. Al principio me asaltó la duda respecto al personaje, porque siempre se le representa como ‘el malo’ de la función, pero es una persona que sufre desde el principio , y cuando hablé por primera vez con Javier Molina vi que compartíamos la misma visión sobre él, y que íbamos a intentar que el público sintiera ese dolor».En la obra, Carbone vive con su esposa Beatrice y la sobrina de su mujer, Catherine. La llegada de dos inmigrantes ilegales, Marco y Rodolfo, desata el conflicto. Eddie, inicialmente protector con Catherine, desarrolla una obsesión por ella que lo lleva a cuestionar las intenciones de Rodolfo, con quien la joven tiene un romance. Eddie empieza a tomar decisiones que lo enfrentan con su comunidad y con su propia moralidad y la obra culmina en una tragedia.Un hombre bueno«Eddie Carbone es un hombre bueno que quiere a su familia -dice García Pérez-; quizás no la quiera bien, pero busca profundamente lo mejor para su familia, para su mujer y para su sobrina. Pero su ego no le permite ver que no siempre tiene razón, él está convencido absolutamente de las razones por las que hace lo que hace. Esa falta de humildad en su manera de pensar es la que le lleva a la tragedia final».No hay que pensar en el Nueva York de los años cincuenta para entender la obra. «Al principio de los ensayos tenía esa duda, pero una mano puesta en el lugar equivocado es una señal muy fuerte también en nuestros tiempos», dice el intérprete. La función, además, sigue, habla de asuntos eternos; «tiene que ver con la lealtad, con la traición , con romper unos códigos de comportamiento, con la familia… Y eso al público le llega».«A mí me han insultado durante la función , y yo más contento que nada», ríe García Pérez, que explica que Javier Molina ha planteado una puesta en escena muy cercana al público. «Hay personajes en el hall del teatro antes de la función para que los espectadores entren en el ambiente de Brooklyn, paseamos por el patio de butacas en algunos momentos de la obra, e incluso yo hablo con ellos; el público es la gente de mi barrio. Y en esta interlocución con ellos me han dicho de todo». «También -añade-, y eso me ha sorprendido muchísimo, se ríen mucho. Hay una primera parte de la función en la que el público se lo pasa muy bien».InmigraciónLa inmigración es uno de los asuntos troncales de ‘Panorama desde el puente’. «Los plazos históricos cada vez son más cortos, todo se repite. No han pasado setenta años, y ya estamos con el mismo lío, y eso pasa aquí, allí, en Sebastopol y en Zimbabwe. Nuestros personajes forman un núcleo de inmigración ilegal que ha sido regularizada y al que se une una parte de la familia que es inmigración ilegal no regularizada, sin papeles. Y eso otorga el poder a quien tiene los papeles ; si quiere, les puede hacer daño, y ese daño es la expulsión».Ese es el segundo error de Eddie Carbone. «El primero es no entender lo que le está pasando a su sobrina y el segundo tomar el peor camino posible; el camino que destruye todo: a sí mismo, a su familia, a su círculo».Y todo ello con el bisturí de Arthur Miller. «Escribe maravillosamente y es radicalmente humano -y humanista- en su forma de escribir. Tiene la capacidad de poner un gigantesco espejo en el escenario y que tanto los intérpretes como los espectadores nos veamos reflejados de alguna manera. Javier Molina, además, plantea el trabajo como un juego; nos propone a los actores jugar a la verdad, que lo que pasa aquí y ahora sea la absoluta realidad de aquí y ahora. Mañana será distinto… Hay directores más interesados en lo formal, en lo estético, en lo visual… A Javier le interesa la articulación de la verdad». La puesta en escena de Javier Molina trata de que el público entre en el Brooklyn de los años cincuenta y también en las vidas de los personajes que habitan la obra; lo hace a través de proyecciones. «Son primeros planos de los personajes que en ese momento no hablan; muestran su escucha, su punto de vista. Y de ahí la búsqueda de la verdad en todo el elenco. Javier busca que el espectador vea lo que les está pasando a los demás, no solo al que habla, que es al que suele ir nuestra mirada. Eso distingue la visión general de la función y la hace muy diferente».
Arthur Miller estrenó ‘Panorama desde el puente‘ (‘A View From the Bridge’) en Broadway en septiembre de 1955 como un drama en un acto y en verso. La obra no funcionó y el dramaturgo la rehizo en una versión de dos actos que vio … la luz en octubre de 1956 en Londres bajo la dirección de Peter Brook. Ésta versión es ya un clásico del siglo XX y figura entre las grandes obras maestras del autor, junto a ‘Muerte de un viajante’ o ‘Las brujas de Salem’.
‘Panorama desde el puente’ vuelve ahora a la escena española y después de su estreno en Valladolid hace unas semanas se presenta ahora en el Teatro Fernán-Gómez de Madrid (hasta el 16 de mayo). La versión es de Eduardo Galán y la dirige Javier Molina, de origen puertorriqueño y actual codirector artístico del mítico Actors Studio de Nueva York. El reparto incluye a José Luis García-Pérez, María Adánez, Ana Garcés, Pablo Béjar, Francesc Galcerán, Rodrigo Poisón, Manuel de Andrés y Pedro Orenes. Emilio Sosa, un reconocido figurinista dominicano establecido en Nueva York, ha creado el vestuario.
La obra transcurre durante los años cincuenta, en la casa de Eddie Carbone, un estibador de origen italiano, en Brooklyn. Su intérprete en esta puesta en escena es José Luis García Pérez, a quien el ofrecimiento de este papel le tocó la fibra sensible. «Cuando yo estudiaba en el Centro Andaluz de Teatro en Sevilla, usábamos mucho ‘Panorama desde el puente’ para la preparación de escenas; por edad, nunca hacía de Eddie, claro. Esta obra, y este personaje, son una cumbre del teatro; la dirige además el director del Actors Studio… No podía decir que no».
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El intérprete sevillano está feliz. «Disfruto mucho con Eddie Carbone. Al principio me asaltó la duda respecto al personaje, porque siempre se le representa como ‘el malo’ de la función, pero es una persona que sufre desde el principio, y cuando hablé por primera vez con Javier Molina vi que compartíamos la misma visión sobre él, y que íbamos a intentar que el público sintiera ese dolor».
En la obra, Carbone vive con su esposa Beatrice y la sobrina de su mujer, Catherine. La llegada de dos inmigrantes ilegales, Marco y Rodolfo, desata el conflicto. Eddie, inicialmente protector con Catherine, desarrolla una obsesión por ella que lo lleva a cuestionar las intenciones de Rodolfo, con quien la joven tiene un romance. Eddie empieza a tomar decisiones que lo enfrentan con su comunidad y con su propia moralidad y la obra culmina en una tragedia.
Un hombre bueno
«Eddie Carbone es un hombre bueno que quiere a su familia -dice García Pérez-; quizás no la quiera bien, pero busca profundamente lo mejor para su familia, para su mujer y para su sobrina. Pero su ego no le permite ver que no siempre tiene razón, él está convencido absolutamente de las razones por las que hace lo que hace. Esa falta de humildad en su manera de pensar es la que le lleva a la tragedia final».
No hay que pensar en el Nueva York de los años cincuenta para entender la obra. «Al principio de los ensayos tenía esa duda, pero una mano puesta en el lugar equivocado es una señal muy fuerte también en nuestros tiempos», dice el intérprete. La función, además, sigue, habla de asuntos eternos; «tiene que ver con la lealtad, con la traición, con romper unos códigos de comportamiento, con la familia… Y eso al público le llega».
«A mí me han insultado durante la función, y yo más contento que nada», ríe García Pérez, que explica que Javier Molina ha planteado una puesta en escena muy cercana al público. «Hay personajes en el hall del teatro antes de la función para que los espectadores entren en el ambiente de Brooklyn, paseamos por el patio de butacas en algunos momentos de la obra, e incluso yo hablo con ellos; el público es la gente de mi barrio. Y en esta interlocución con ellos me han dicho de todo». «También -añade-, y eso me ha sorprendido muchísimo, se ríen mucho. Hay una primera parte de la función en la que el público se lo pasa muy bien».
Inmigración
La inmigración es uno de los asuntos troncales de ‘Panorama desde el puente’. «Los plazos históricos cada vez son más cortos, todo se repite. No han pasado setenta años, y ya estamos con el mismo lío, y eso pasa aquí, allí, en Sebastopol y en Zimbabwe. Nuestros personajes forman un núcleo de inmigración ilegal que ha sido regularizada y al que se une una parte de la familia que es inmigración ilegal no regularizada, sin papeles. Y eso otorga el poder a quien tiene los papeles; si quiere, les puede hacer daño, y ese daño es la expulsión».
Ese es el segundo error de Eddie Carbone. «El primero es no entender lo que le está pasando a su sobrina y el segundo tomar el peor camino posible; el camino que destruye todo: a sí mismo, a su familia, a su círculo».
Y todo ello con el bisturí de Arthur Miller. «Escribe maravillosamente y es radicalmente humano -y humanista- en su forma de escribir. Tiene la capacidad de poner un gigantesco espejo en el escenario y que tanto los intérpretes como los espectadores nos veamos reflejados de alguna manera. Javier Molina, además, plantea el trabajo como un juego; nos propone a los actores jugar a la verdad, que lo que pasa aquí y ahora sea la absoluta realidad de aquí y ahora. Mañana será distinto… Hay directores más interesados en lo formal, en lo estético, en lo visual… A Javier le interesa la articulación de la verdad».
La puesta en escena de Javier Molina trata de que el público entre en el Brooklyn de los años cincuenta y también en las vidas de los personajes que habitan la obra; lo hace a través de proyecciones. «Son primeros planos de los personajes que en ese momento no hablan; muestran su escucha, su punto de vista. Y de ahí la búsqueda de la verdad en todo el elenco. Javier busca que el espectador vea lo que les está pasando a los demás, no solo al que habla, que es al que suele ir nuestra mirada. Eso distingue la visión general de la función y la hace muy diferente».
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