Es el Jura inhóspito y ocre, pequeñas cintas de asfalto en el páramo azotado por el viento, torturado por el sol, y el calor que hierve las seseras, drena las piernas deshidratadas de tanto sudar, exige cordura al pelotón de las favoritas y acelera el corazón de Sigrid Haugset, nombre de reina altiva y alma de valquiria, y Lotte Kopecky, obrera belga del metal, que, guiadas por la locura, se persiguen la una a la otra, solas las dos, por estepas desiertas y cuestas a 600 metros de altitud. Llevan así desde la ascensión al Savine, un segunda a 90 kilómetros de la meta, tres, cuatro minutos por delante de las favoritas, que fingen prudencia, y sufren. Kopecky, una de las más grandes se acerca a 10, 12 segundos, de Haugset, una noruega de 27 años novata en el WorldTour, debutante y, por lo tanto, atrevida y dura, sin el miedo que paraliza a las que conocen el Tour, su dureza implacable como un martillo que golpea sin piedad. Corre Haugset como quien desafía al castigo. Construyendo su mito, su leyenda. Sabe lo que es el dolor –en 2025 se cayó durante la París-Roubaix, se rompió la cadera y con los huesos rotos y aguantándose los gritos terminó la carrera–, sabe lo que es superarlo y, contra todo sentido común, se niega a dejarle ganar, como se niega a rendirse, levantar el pie, dejarse alcanzar por Kopecky, cuya fama le precede, y vence. Es la primera victoria de su carrera después de la escapada individual más larga en los Tours de la década y en una de las etapas más largas, más de cuatro horas, 2.500 metros de desnivel, un puerto de primera desde el primer kilómetro, en un ciclismo femenino cuya exigencia y dureza se acerca a gran velocidad a la del masculino. La primera noruega que gana una etapa, la primera también que viste el maillot amarillo.
La campeona noruega gana la etapa de Poligny y alcanza el maillot amarillo después de una fuga en solitario de 90 kilómetros, la más larga de los Tours de la década
Es el Jura inhóspito y ocre, pequeñas cintas de asfalto en el páramo azotado por el viento, torturado por el sol, y el calor que hierve las seseras, drena las piernas deshidratadas de tanto sudar, exige cordura al pelotón de las favoritas y acelera el corazón de Sigrid Haugset, nombre de reina altiva y alma de valquiria, y Lotte Kopecky, obrera belga del metal, que, guiadas por la locura, se persiguen la una a la otra, solas las dos, por estepas desiertas y cuestas a 600 metros de altitud. Llevan así desde la ascensión al Savine, un segunda a 90 kilómetros de la meta, tres, cuatro minutos por delante de las favoritas, que fingen prudencia, y sufren. Kopecky, una de las más grandes se acerca a 10, 12 segundos, de Haugset, una noruega de 27 años novata en el WorldTour, debutante y, por lo tanto, atrevida y dura, sin el miedo que paraliza a las que conocen el Tour, su dureza implacable como un martillo que golpea sin piedad. Corre Haugset como quien desafía al castigo. Construyendo su mito, su leyenda. Sabe lo que es el dolor –en 2025 se cayó durante la París-Roubaix, se rompió la cadera y con los huesos rotos y aguantándose los gritos terminó la carrera–, sabe lo que es superarlo y, contra todo sentido común, se niega a dejarle ganar, como se niega a rendirse, levantar el pie, dejarse alcanzar por Kopecky, cuya fama le precede, y vence. Es la primera victoria de su carrera después de la escapada individual más larga en los Tours de la década y en una de las etapas más largas, más de cuatro horas, 2.500 metros de desnivel, un puerto de primera desde el primer kilómetro, en un ciclismo femenino cuya exigencia y dureza se acerca a gran velocidad a la del masculino. La primera noruega que gana una etapa, la primera también que viste el maillot amarillo.
La campeona noruega, gran contrarrelojista, magnífica rodadora, está también perfectamente preparada para derrotar el calor, como lo estaban sus colegas masculinos del UNO-X hace un mes en el otro Tour, gracias a los entrenamientos del mago Olav Bu, los protocolos de entrenamiento en calor en altitud, las técnicas de enfriamiento de la piel, el control de la core temperatura durante la carrera gracias a un microchip que late en el estómago y envía constantemente sus constantes, y junto a los vatios y latidos acelerados en su ciclocomputador conoce su fiebre, y ajusta su esfuerzo. O, no tanto. Todo está bajo control tecnológico, salvo su deseo, ya aguzado hace unos meses, cuando al conocer el recorrido del Tour su equipo seleccionó la etapa del Jura hasta Poligny –similar a la que el loco Mohoric ganó hace tres años—y la eligió a ella para pelearla. “Estaba tan mareada al final que no podía ni pensar que me vestía de amarillo”, dice después de su cabalgata. “Sé que mi novio se va a enfadar mucho conmigo por no celebrarlo, pero no podía levantar los brazos de la bici. Imposible”.
A Kopecky el calor la ha derrotado. Los calambres convierten sus piernas en alambres rígidos que dejan escapar la fuerza. Gana Haugset con 2m 48s sobre el pelotón, que, en una etapa de recorrido salvaje y durísimo, entra a cuchillo salvaje por la tangente estrechísima en la que comienza la cuesta de Chaux-Champagny, a 25 kilómetros de la meta. Aceleran todas alocadamente siguiendo la estela roja de la africana Kim le Court, la campeona de Mauricio, que busca el maillot amarillo. A su rueda se forma un grupo de nueve con todas las favoritas, Vollering, Niewiadoma, Ferrand Prévot pimpante, y hasta Elisa Longo Borghini, tricolor orgulloso, también está. Falta Paula Blasi, la favorita española, que sufre el látigo en un grupo que persigue a 15-20 segundos, y la tranquilizan solo los consejos de su compañera veterana Mavi García. Llega al momento decisivo de la etapa, al primer relámpago, ya muy trabajada, y al verla hacer de gregaria en el puerto de Savine, tirando del pelotón a las órdenes de Longo, ya empiezan nerviosos los gritos del espontáneo grupo Free Paula. Finalmente enlaza. Mantiene el maillot blanco de mejor joven, y lo lucirá el martes en la contrarreloj de 21 kilómetros de largos repechos hacia Dijon que establecerá la primera jerarquía clara entre las favoritas. No parte muy esperanzada Blasi, castigada por su equipo, que apenas le ha dejado entrenar con la cabra. Condenada al aprendizaje y a la rebeldía.
Feed MRSS-S Noticias
