La visita de Bad Bunny a España se está viviendo como un acontecimiento histórico, y por supuesto que lo es porque esta es una de las giras con mayor impacto sociocultural de las últimas décadas. La llegada del artista más grande del mundo se está celebrando además como un hito político de la música pop , ya que sus reivindicaciones van más allá de la defensa de la cultura latina y de la lengua española que lo ha enfrentado al mismísimo presidente de Estados Unidos, y lanzan un mensaje de igualdad poniendo en el foco a la clase trabajadora de Puerto Rico y, por extensión, a la de todos los pueblos del mundo. «Benito deja ver una conciencia social más sólida donde el orgullo boricua ya no es únicamente identidad cultural, sino también postura crítica. Es evidente cómo su discurso ha empezado a tener más profundidad emocional, social y política», opinaba hace unos meses en este diario el periodista Víctor Sánchez Rincones, a quien se sumó Diego Rubio (jefe de redacción de ‘Nuebo’ y colaborador de ‘Rockdelux’), asegurando que «era cuestión de tiempo que adoptara una posición más frontal sociopolíticamente hablando, porque él siempre ha abanderado un mensaje de avanzar el cambio».Todo esto ha hecho que el personaje de Bad Bunny rompa el molde del estereotipo de ídolo urbano y se ponga tanta esperanza y expectativa en él, que en redes sociales y algunos medios de comunicación se está retratando esta gira como un capítulo revolucionario de la historia del pop con unos tintes casi mesiánicos , pero la realidad demuestra que en ella hay contradicciones flagrantes que hacen que se le vean algunas costuras al relato.Noticia relacionada reportaje No No Bad Bunny inaugura en Barcelona la gran fiesta latina Carlos SalaHay una que es especialmente sangrante, por la obviedad de la incoherencia que genera y por su importancia capital en el show. Nos referimos a uno de los elementos centrales de la escenografía del ‘Debí tirar más fotos Tour’ : ‘la Casita’ , un espacio construido para emular unas viviendas que se construyeron en Puerto Rico para la clase trabajadora durante la segunda mitad del pasado siglo.Pero resulta que al construir la réplica se inspiraron en una casita real, con su propietario real, un señor de 85 años llamado Román Carrasco Delgado que vive en la localidad de Humacao, y al que el equipo de Bad Bunny solo pagó cinco mil dólares bajo la premisa de que iban a usar su imagen única y exclusivamente para un videoclip, cuando en realidad iba a tener un papel clave en la conceptualización visual de toda una gira mundial . Don Román no es tonto y ha pedido seis millones de dólares por utilizar su vivienda de manera no pactada y también en concepto de indemnización por problemas emocionales, ya que su hogar se ha convertido en lugar de peregrinación de los fans causándole molestias como es natural.Miles de fans inmortalizan con sus móviles el concierto de Bad Bunny en Barcelona. EfeLo de la jugarreta a este señor mayor está muy feo, pero lo es más aún el hecho de que en cada concierto ‘la Casita’ no rinda ningún homenaje a la gente pobre de Puerto Rico, sino más bien todo lo contrario, ya que se llena de influencers, artistas, modelos, futbolistas y demás ‘celebrities’ sin criterio alguno más que el elitismo y, al parecer, también la discriminación por el físico ya que cuentan que se sube a gente de la primera fila, pero solo si es guapetona. Si la intención era poner en valor el esfuerzo y la resiliencia de los obreros y campesinos, resulta enormemente contradictorio, incluso obsceno, reservar precisamente ese sitio para la gente más rica de todo el concierto.Cuidar de la comunidad de fansNumerosos artículos sobre Bad Bunny aseguran que una de las claves de su éxito es que cuida mucho a su comunidad de fans. Pero ahí vemos otro punto oscuro de esta gira: la incomodidad extrema que están denunciando algunos asistentes a sus conciertos por la masificación. De hecho, se ha hecho viral un vídeo grabado por un espectador en el que se le puede ver completamente aplastado como en una lata de sardinas. Y eso que era una zona VIP.«Vale, para que veáis el puto panorama. Estamos aquí, 500 pavos de entrada en la VIP de Bad Bunny. No podemos movernos, no podemos hacer nada. No puedo moverme, no puedo bailar, no puedo hacer absolutamente nada, literalmente. ¡Esto es inhumano! ¡No podemos respirar!», dice el autor del vídeo, un creador de contenido llamado Jordi Fernández que ha provocado un encendido debate sobre el asunto.A la ola de reacciones al vídeo en redes se sumó el actor y cómico David Pareja con ironía: «Bad Bunny podría haber vendido alguna entrada menos para que así la gente estuviera más cómoda, pero necesitará el dinero el pobre para pagar el alquiler de su habitación». Incluso la promotora de la gira, Live Nation, ha entrado al trapo asegurando que «él decidió ponerse en esa posición que, obviamente, tiene presión porque estás en primera fila, pero luego esa zona se queda relajada».Aunque tiene su razón de ser por motivos de seguridad, otro gris de esta visita es el secretismo extremo que hay con la hoja de ruta de Benito tanto en Barcelona como Madrid. Él es capaz de mover verdaderas masas de gente y no conviene tentar a la suerte, pero es cierto que otras megaestrellas filtran esos detalles para dejarse ver en las puertas de los hoteles y firmar autógrafos y hacerse fotos con los fans, o al menos saludarles desde la ventana de su habitación. De los pasos de Bad Bunny no ha trascendido nada y todo son especulaciones, pero esto nos lleva a otro punto oscuro: los caprichos ultra-VIP del embajador del pueblo puertorriqueño.Más allá de lo cuestionable del gigantesco séquito logístico y de personal que se sabe que lo acompaña en cada ciudad para que no le falte de nada (con alguna excentricidad inconfesable incluida, sabemos de buena tinta), nadie va a exigirle que se aloje en un hotelucho. Pero no parece muy acorde a su mensaje social dormir en suites de veinte mil euros la noche, que es lo que varios medios dicen que pagó por dormir en el Mandarin Oriental Barcelona. Y lo que posiblemente haga en Madrid, ya sea en el Mandarin Oriental Ritz (por aquello de repetir con la misma cadena), el Four Seasons, el Westin Palace o el Rosewood Villa Magna, que al parecer son los principales candidatos y rondan el mismo precio en sus mejores habitaciones.MÁS INFORMACIÓN Opinión ‘Debí tirar más fotos’, el perreo patriótico de Bad BunnyCualquier artista socialmente comprometido que llegue a estos niveles de riqueza y popularidad global va a cometer contradicciones clamorosas antes o después, de eso no se libra nadie. Pero quizá Bad Bunny lo tenga relativamente fácil para evitar alguna que otra, o acabará siendo solo un reguetonero más en lugar de ese artista trascendental que venía a canalizar la nueva ola de reivindicación social a través de la música. La visita de Bad Bunny a España se está viviendo como un acontecimiento histórico, y por supuesto que lo es porque esta es una de las giras con mayor impacto sociocultural de las últimas décadas. La llegada del artista más grande del mundo se está celebrando además como un hito político de la música pop , ya que sus reivindicaciones van más allá de la defensa de la cultura latina y de la lengua española que lo ha enfrentado al mismísimo presidente de Estados Unidos, y lanzan un mensaje de igualdad poniendo en el foco a la clase trabajadora de Puerto Rico y, por extensión, a la de todos los pueblos del mundo. «Benito deja ver una conciencia social más sólida donde el orgullo boricua ya no es únicamente identidad cultural, sino también postura crítica. Es evidente cómo su discurso ha empezado a tener más profundidad emocional, social y política», opinaba hace unos meses en este diario el periodista Víctor Sánchez Rincones, a quien se sumó Diego Rubio (jefe de redacción de ‘Nuebo’ y colaborador de ‘Rockdelux’), asegurando que «era cuestión de tiempo que adoptara una posición más frontal sociopolíticamente hablando, porque él siempre ha abanderado un mensaje de avanzar el cambio».Todo esto ha hecho que el personaje de Bad Bunny rompa el molde del estereotipo de ídolo urbano y se ponga tanta esperanza y expectativa en él, que en redes sociales y algunos medios de comunicación se está retratando esta gira como un capítulo revolucionario de la historia del pop con unos tintes casi mesiánicos , pero la realidad demuestra que en ella hay contradicciones flagrantes que hacen que se le vean algunas costuras al relato.Noticia relacionada reportaje No No Bad Bunny inaugura en Barcelona la gran fiesta latina Carlos SalaHay una que es especialmente sangrante, por la obviedad de la incoherencia que genera y por su importancia capital en el show. Nos referimos a uno de los elementos centrales de la escenografía del ‘Debí tirar más fotos Tour’ : ‘la Casita’ , un espacio construido para emular unas viviendas que se construyeron en Puerto Rico para la clase trabajadora durante la segunda mitad del pasado siglo.Pero resulta que al construir la réplica se inspiraron en una casita real, con su propietario real, un señor de 85 años llamado Román Carrasco Delgado que vive en la localidad de Humacao, y al que el equipo de Bad Bunny solo pagó cinco mil dólares bajo la premisa de que iban a usar su imagen única y exclusivamente para un videoclip, cuando en realidad iba a tener un papel clave en la conceptualización visual de toda una gira mundial . Don Román no es tonto y ha pedido seis millones de dólares por utilizar su vivienda de manera no pactada y también en concepto de indemnización por problemas emocionales, ya que su hogar se ha convertido en lugar de peregrinación de los fans causándole molestias como es natural.Miles de fans inmortalizan con sus móviles el concierto de Bad Bunny en Barcelona. EfeLo de la jugarreta a este señor mayor está muy feo, pero lo es más aún el hecho de que en cada concierto ‘la Casita’ no rinda ningún homenaje a la gente pobre de Puerto Rico, sino más bien todo lo contrario, ya que se llena de influencers, artistas, modelos, futbolistas y demás ‘celebrities’ sin criterio alguno más que el elitismo y, al parecer, también la discriminación por el físico ya que cuentan que se sube a gente de la primera fila, pero solo si es guapetona. Si la intención era poner en valor el esfuerzo y la resiliencia de los obreros y campesinos, resulta enormemente contradictorio, incluso obsceno, reservar precisamente ese sitio para la gente más rica de todo el concierto.Cuidar de la comunidad de fansNumerosos artículos sobre Bad Bunny aseguran que una de las claves de su éxito es que cuida mucho a su comunidad de fans. Pero ahí vemos otro punto oscuro de esta gira: la incomodidad extrema que están denunciando algunos asistentes a sus conciertos por la masificación. De hecho, se ha hecho viral un vídeo grabado por un espectador en el que se le puede ver completamente aplastado como en una lata de sardinas. Y eso que era una zona VIP.«Vale, para que veáis el puto panorama. Estamos aquí, 500 pavos de entrada en la VIP de Bad Bunny. No podemos movernos, no podemos hacer nada. No puedo moverme, no puedo bailar, no puedo hacer absolutamente nada, literalmente. ¡Esto es inhumano! ¡No podemos respirar!», dice el autor del vídeo, un creador de contenido llamado Jordi Fernández que ha provocado un encendido debate sobre el asunto.A la ola de reacciones al vídeo en redes se sumó el actor y cómico David Pareja con ironía: «Bad Bunny podría haber vendido alguna entrada menos para que así la gente estuviera más cómoda, pero necesitará el dinero el pobre para pagar el alquiler de su habitación». Incluso la promotora de la gira, Live Nation, ha entrado al trapo asegurando que «él decidió ponerse en esa posición que, obviamente, tiene presión porque estás en primera fila, pero luego esa zona se queda relajada».Aunque tiene su razón de ser por motivos de seguridad, otro gris de esta visita es el secretismo extremo que hay con la hoja de ruta de Benito tanto en Barcelona como Madrid. Él es capaz de mover verdaderas masas de gente y no conviene tentar a la suerte, pero es cierto que otras megaestrellas filtran esos detalles para dejarse ver en las puertas de los hoteles y firmar autógrafos y hacerse fotos con los fans, o al menos saludarles desde la ventana de su habitación. De los pasos de Bad Bunny no ha trascendido nada y todo son especulaciones, pero esto nos lleva a otro punto oscuro: los caprichos ultra-VIP del embajador del pueblo puertorriqueño.Más allá de lo cuestionable del gigantesco séquito logístico y de personal que se sabe que lo acompaña en cada ciudad para que no le falte de nada (con alguna excentricidad inconfesable incluida, sabemos de buena tinta), nadie va a exigirle que se aloje en un hotelucho. Pero no parece muy acorde a su mensaje social dormir en suites de veinte mil euros la noche, que es lo que varios medios dicen que pagó por dormir en el Mandarin Oriental Barcelona. Y lo que posiblemente haga en Madrid, ya sea en el Mandarin Oriental Ritz (por aquello de repetir con la misma cadena), el Four Seasons, el Westin Palace o el Rosewood Villa Magna, que al parecer son los principales candidatos y rondan el mismo precio en sus mejores habitaciones.MÁS INFORMACIÓN Opinión ‘Debí tirar más fotos’, el perreo patriótico de Bad BunnyCualquier artista socialmente comprometido que llegue a estos niveles de riqueza y popularidad global va a cometer contradicciones clamorosas antes o después, de eso no se libra nadie. Pero quizá Bad Bunny lo tenga relativamente fácil para evitar alguna que otra, o acabará siendo solo un reguetonero más en lugar de ese artista trascendental que venía a canalizar la nueva ola de reivindicación social a través de la música.
La visita de Bad Bunny a España se está viviendo como un acontecimiento histórico, y por supuesto que lo es porque esta es una de las giras con mayor impacto sociocultural de las últimas décadas. La llegada del artista más grande del mundo se … está celebrando además como un hito político de la música pop, ya que sus reivindicaciones van más allá de la defensa de la cultura latina y de la lengua española que lo ha enfrentado al mismísimo presidente de Estados Unidos, y lanzan un mensaje de igualdad poniendo en el foco a la clase trabajadora de Puerto Rico y, por extensión, a la de todos los pueblos del mundo.
«Benito deja ver una conciencia social más sólida donde el orgullo boricua ya no es únicamente identidad cultural, sino también postura crítica. Es evidente cómo su discurso ha empezado a tener más profundidad emocional, social y política», opinaba hace unos meses en este diario el periodista Víctor Sánchez Rincones, a quien se sumó Diego Rubio (jefe de redacción de ‘Nuebo’ y colaborador de ‘Rockdelux’), asegurando que «era cuestión de tiempo que adoptara una posición más frontal sociopolíticamente hablando, porque él siempre ha abanderado un mensaje de avanzar el cambio».
Todo esto ha hecho que el personaje de Bad Bunny rompa el molde del estereotipo de ídolo urbano y se ponga tanta esperanza y expectativa en él, que en redes sociales y algunos medios de comunicación se está retratando esta gira como un capítulo revolucionario de la historia del pop con unos tintes casi mesiánicos, pero la realidad demuestra que en ella hay contradicciones flagrantes que hacen que se le vean algunas costuras al relato.
Noticia relacionada
Hay una que es especialmente sangrante, por la obviedad de la incoherencia que genera y por su importancia capital en el show. Nos referimos a uno de los elementos centrales de la escenografía del ‘Debí tirar más fotos Tour’: ‘la Casita’, un espacio construido para emular unas viviendas que se construyeron en Puerto Rico para la clase trabajadora durante la segunda mitad del pasado siglo.
Pero resulta que al construir la réplica se inspiraron en una casita real, con su propietario real, un señor de 85 años llamado Román Carrasco Delgado que vive en la localidad de Humacao, y al que el equipo de Bad Bunny solo pagó cinco mil dólares bajo la premisa de que iban a usar su imagen única y exclusivamente para un videoclip, cuando en realidad iba a tener un papel clave en la conceptualización visual de toda una gira mundial. Don Román no es tonto y ha pedido seis millones de dólares por utilizar su vivienda de manera no pactada y también en concepto de indemnización por problemas emocionales, ya que su hogar se ha convertido en lugar de peregrinación de los fans causándole molestias como es natural.

(Efe)
Lo de la jugarreta a este señor mayor está muy feo, pero lo es más aún el hecho de que en cada concierto ‘la Casita’ no rinda ningún homenaje a la gente pobre de Puerto Rico, sino más bien todo lo contrario, ya que se llena de influencers, artistas, modelos, futbolistas y demás ‘celebrities’ sin criterio alguno más que el elitismo y, al parecer, también la discriminación por el físico ya que cuentan que se sube a gente de la primera fila, pero solo si es guapetona. Si la intención era poner en valor el esfuerzo y la resiliencia de los obreros y campesinos, resulta enormemente contradictorio, incluso obsceno, reservar precisamente ese sitio para la gente más rica de todo el concierto.
Cuidar de la comunidad de fans
Numerosos artículos sobre Bad Bunny aseguran que una de las claves de su éxito es que cuida mucho a su comunidad de fans. Pero ahí vemos otro punto oscuro de esta gira: la incomodidad extrema que están denunciando algunos asistentes a sus conciertos por la masificación. De hecho, se ha hecho viral un vídeo grabado por un espectador en el que se le puede ver completamente aplastado como en una lata de sardinas. Y eso que era una zona VIP.
«Vale, para que veáis el puto panorama. Estamos aquí, 500 pavos de entrada en la VIP de Bad Bunny. No podemos movernos, no podemos hacer nada. No puedo moverme, no puedo bailar, no puedo hacer absolutamente nada, literalmente. ¡Esto es inhumano! ¡No podemos respirar!», dice el autor del vídeo, un creador de contenido llamado Jordi Fernández que ha provocado un encendido debate sobre el asunto.
A la ola de reacciones al vídeo en redes se sumó el actor y cómico David Pareja con ironía: «Bad Bunny podría haber vendido alguna entrada menos para que así la gente estuviera más cómoda, pero necesitará el dinero el pobre para pagar el alquiler de su habitación». Incluso la promotora de la gira, Live Nation, ha entrado al trapo asegurando que «él decidió ponerse en esa posición que, obviamente, tiene presión porque estás en primera fila, pero luego esa zona se queda relajada».
Aunque tiene su razón de ser por motivos de seguridad, otro gris de esta visita es el secretismo extremo que hay con la hoja de ruta de Benito tanto en Barcelona como Madrid. Él es capaz de mover verdaderas masas de gente y no conviene tentar a la suerte, pero es cierto que otras megaestrellas filtran esos detalles para dejarse ver en las puertas de los hoteles y firmar autógrafos y hacerse fotos con los fans, o al menos saludarles desde la ventana de su habitación. De los pasos de Bad Bunny no ha trascendido nada y todo son especulaciones, pero esto nos lleva a otro punto oscuro: los caprichos ultra-VIP del embajador del pueblo puertorriqueño.
Más allá de lo cuestionable del gigantesco séquito logístico y de personal que se sabe que lo acompaña en cada ciudad para que no le falte de nada (con alguna excentricidad inconfesable incluida, sabemos de buena tinta), nadie va a exigirle que se aloje en un hotelucho. Pero no parece muy acorde a su mensaje social dormir en suites de veinte mil euros la noche, que es lo que varios medios dicen que pagó por dormir en el Mandarin Oriental Barcelona. Y lo que posiblemente haga en Madrid, ya sea en el Mandarin Oriental Ritz (por aquello de repetir con la misma cadena), el Four Seasons, el Westin Palace o el Rosewood Villa Magna, que al parecer son los principales candidatos y rondan el mismo precio en sus mejores habitaciones.
Cualquier artista socialmente comprometido que llegue a estos niveles de riqueza y popularidad global va a cometer contradicciones clamorosas antes o después, de eso no se libra nadie. Pero quizá Bad Bunny lo tenga relativamente fácil para evitar alguna que otra, o acabará siendo solo un reguetonero más en lugar de ese artista trascendental que venía a canalizar la nueva ola de reivindicación social a través de la música.
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