
El profesor de la Universidad de Granada José Cesar Perales reflexionaba días atrás en su cuenta de X sobre la ola de catastrofismo que observa en ciertos medios y redes sociales, que parecen abonados ‘al cuanto peor, mejor’ sin poner contexto ni tener en cuenta de dónde venimos. Contaba que había crecido en un barrio devastado por la epidemia de la heroína, del sida y otros problemas y que ni en los peores momentos -que no son los actuales- nunca había visto el actual nivel de pesimismo existencial de sus vecinos. En otras palabras, que la influencia de estos profetas del desastre han creado una sensación de absoluta ausencia de futuro que no cuadra con la realidad de la calle. “La gente vive asustada, no por lo que les pasa, sino por lo que les cuentan que pasa”, sentenciaba.
Los agitadores del ‘cuanto peor, mejor’ olvidan que entre las ruinas solo crece la maleza
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos
Los agitadores del ‘cuanto peor, mejor’ olvidan que entre las ruinas solo crece la maleza
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El profesor de la Universidad de Granada José Cesar Perales reflexionaba días atrás en su cuenta de X sobre la ola de catastrofismo que observa en ciertos medios y redes sociales, que parecen abonados ‘al cuanto peor, mejor’ sin poner contexto ni tener en cuenta de dónde venimos. Contaba que había crecido en un barrio devastado por la epidemia de la heroína, del sida y otros problemas y que ni en los peores momentos -que no son los actuales- nunca había visto el actual nivel de pesimismo existencial de sus vecinos. En otras palabras, que la influencia de estos profetas del desastre han creado una sensación de absoluta ausencia de futuro que no cuadra con la realidad de la calle. “La gente vive asustada, no por lo que les pasa, sino por lo que les cuentan que pasa”, sentenciaba.
Perales hablaba de una realidad que explica los lamentables episodios que vimos el jueves por la tarde en el Fossar de les Moreres. Por una parte, unas extremas derechas que se dedican a sembrar la desolación. Aprovechan los problemas -que existen, no lo olvidemos- para estirarlos como un chicle y hacer del hecho puntual una supuesta constante. Así, nos dicen que el muy condenable homicidio de Manresa de la semana pasada, localizado en una ciudad y un barrio concreto, es algo que se repite en todas partes. Que los robos a turistas en el centro de Barcelona -que existen y no son pocos- son una plaga que acabará con el sector obviando que estamos acabando otro verano que lleva camino de récord. Y así, todo.
El objetivo de la extrema derecha es convencernos de que todo va mal, que no hay futuro, y que por lo tanto no pasa nada si lo que antes era una manifestación de sensibilidades plurales como la Diada deriva en una fiesta que acaba a tortazos. Como todo va mal, mejor que saltemos por los aires y empecemos de nuevo. En Cataluña ya hemos visto en tiempos bastante recientes que los errores colectivos se pagan de forma individual y que el ‘cuanto peor, mejor’ es una trampa porque todos tenemos más que perder de lo que imaginamos.
En este contexto es visto casi como una grosería que un político, un opinador o un simple ciudadano salga a reivindicar aspectos de nuestra sociedad que funcionan razonablemente. Salvador Illa lo intentó en su discurso de la Diada y le acusaron de bobo optimista. Lo mismo hizo el presidente del Parlament, Josep Rull, este viernes en el monumento a Rafael de Casanova. La extrema derecha, los que quieren que todo vaya mal, los que disfrutan viendo a la gente pegarse por la calle por la ocupación de un espacio público como el Fossar de les Moreres, son los que creen que podrán sacar algo del desastre. Y lo que es peor: buscan aprovecharse de aquellos ciudadanos que, sin mala intención, creen que quizá no esté tan mal que todo explote. Son profesionales del desastre, todos muy ocurrentes en las redes sociales pero que olvidan una cosa: entre las ruinas solo crece la maleza.
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