Un nombre más se une al listado de posibles sucesores ―o sucesora, más probablemente si se tiene en cuenta el número de mujeres candidatas― de António Guterres como secretario general de la ONU a partir del próximo 1 de enero. El Gobierno de Antigua y Barbuda designó oficialmente el martes a María Fernanda Espinosa Garcés, expresidenta de la Asamblea General de Naciones Unidas y exministra de Relaciones Exteriores de Ecuador, como su candidata al cargo de secretaria general.
El listado que encabezan Rebeca Grynspan, Rafael Grossi y Michelle Bachellet se amplía con otro nombre latinoamericano, región de la que probablemente proceda el próximo secretario general
El listado que encabezan Rebeca Grynspan, Rafael Grossi y Michelle Bachellet se amplía con otro nombre latinoamericano, región de la que probablemente proceda el próximo secretario general


Un nombre más se une al listado de posibles sucesores ―o sucesora, más probablemente si se tiene en cuenta el número de mujeres candidatas― de António Guterres como secretario general de la ONU a partir del próximo 1 de enero. El Gobierno de Antigua y Barbuda designó oficialmente el martes a María Fernanda Espinosa Garcés, expresidenta de la Asamblea General de Naciones Unidas y exministra de Relaciones Exteriores de Ecuador, como su candidata al cargo de secretaria general.
Hace meses que avanza la carrera por el puesto de mayor relevancia de Naciones Unidas. Espinosa llega cuando los otros candidatos ya se han movido para tratar de ganar los votos de los Estados miembros. Nada está escrito, pero el principio de tradición geográfica, que se suele respetar, apunta a que en esta ocasión es el turno de América Latina. Y de esa zona procedían tres ―ahora cuatro― de los nombres que concurren: Rebeca Grynspan, Rafael Grossi y Michelle Bachelet.
La primera, de Costa Rica, es la actual secretaria de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y fue vicepresidenta de su país. El argentino Grossi dirige el Organismo Internacional de la Energía Atómica. Y Bachelet fue presidenta de Chile en dos ocasiones, pero la falta de apoyo del Gobierno de su país, encabezado por el ultraderechista José Antonio Kast, le resta posibilidades de obtener el puesto. El único nombre no latinoamericano procede de Senegal: el del expresidente Macky Sall.
El elegido, o elegida, deberá tomar las riendas de una institución que se encuentra en un momento muy difícil, con problemas tanto financieros como de credibilidad por su escasa capacidad de respuesta para influir en los distintos conflictos que azotan al mundo. Si se repiten los tiempos de otros procesos similares, el nombre del nuevo secretario general debería conocerse a finales del verano o en otoño.
En un texto remitido a los Estados miembros, Espinosa sostiene que con este proceso de selección no está en tela de juicio la relevancia de Naciones Unidas, sino su credibilidad, es decir, “la brecha entre lo que la Organización promete y lo que se percibe que cumple”. Por ello, propone un programa de transformación basado en cinco pilares: paz y seguridad; el imperativo del desarrollo; la transformación energética y digital; la reducción de la brecha en la ejecución; y la asignación de recursos en función de los resultados.
“El mundo no necesita unas Naciones Unidas más grandes, sino más eficaces”, sostiene Espinosa. “No abordo esta candidatura desde la perspectiva de ningún bloque, región o alineamiento geopolítico concreto (…). El secretario general debe ser un mediador honesto, imparcial tanto en su forma de ver las cosas como en la práctica, coherente en la aplicación de los principios de la Carta e igualmente atento a las prioridades del Norte y del Sur, del Este y del Oeste”, añade en su escrito.
Espinosa presidió la Asamblea General de la ONU entre 2018 y 2019 (fue la cuarta mujer en ese puesto). Antes había ocupado las carteras de Defensa y Exteriores en Ecuador durante los mandatos del expresidente izquierdista Rafael Correa.
En la elección del futuro jefe de la ONU no influye solo el programa y la procedencia. Un creciente número de voces ha reclamado que por primera vez en sus 80 años de historia encabece la institución una mujer. Así lo hizo la presidenta de la Asamblea General, la exministra de Exteriores alemana Annalena Baerbock, que invitó a los Estados miembros a presentar y apoyar candidaturas de mujeres. Ahora, de los cinco nombres en juego, cuatro son de mujeres.
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