
El otro día quedé con un amigo porque tenía algo importante que contarme. A mi edad, las noticias que se anuncian con quedada y preaviso suelen implicar embarazos, bodas o divorcios. Él ya había hecho el check en las dos primeras casillas, así que me preparé para lo peor. El alivio me duró poco tiempo: se mudaba. Se iba fuera de Madrid, a una ciudad más amable y barata. El golpe no fue tanto la noticia, sino la frase que usó para suavizarla. “Tampoco nos vemos tanto”, me dijo. “En realidad, ni lo vas a notar”. No había reproche en sus palabras, no era una forma de imputar mi ausencia. Simplemente la señaló. Si había un elefante en la habitación, él decidió enfundarse el traje de domador y sentarlo sobre un taburete. Casi me dieron ganas de aplaudir.
A veces no es la distancia, sino la cercanía lo que nos separa. Hay amigos que haces cuando todo es horizonte. Pero al llegar ahí te das cuenta de que solo tienes en común el camino recorrido 
El otro día quedé con un amigo porque tenía algo importante que contarme. A mi edad, las noticias que se anuncian con quedada y preaviso suelen implicar embarazos, bodas o divorcios. Él ya había hecho el check en las dos primeras casillas, así que me preparé para lo peor. El alivio me duró poco tiempo: se mudaba. Se iba fuera de Madrid, a una ciudad más amable y barata. El golpe no fue tanto la noticia, sino la frase que usó para suavizarla. “Tampoco nos vemos tanto”, me dijo. “En realidad, ni lo vas a notar”. No había reproche en sus palabras, no era una forma de imputar mi ausencia. Simplemente la señaló. Si había un elefante en la habitación, él decidió enfundarse el traje de domador y sentarlo sobre un taburete. Casi me dieron ganas de aplaudir.
