Si el frío del otoño y el invierno, que este año se está retrasando, viene unido a las frutas con alto contenido en vitamina C como las naranjas, mandarinas y otros cítricos, cuya campaña ya ha empezado , ya es habitual tener estos alimentos también durante la primavera y el verano gracias a las importaciones desde países de otras latitudes. En este sentido, los pequeños cítricos de Sudáfrica han tomado un gran protagonismo en el mercado europeo, pero su solapamiento con la cosecha de algunas variedades españolas está haciendo una enorme mella en la producción nacional que alcanza el 40% en zonas como la Comunidad Valenciana. Este mes de octubre hace justo diez años del Acuerdo de Asociación Económica entre la Unión Europea y la Comunidad de Desarrollo del África Meridional, que eliminaba progresivamente los aranceles a las naranjas con el consiguiente flujo de importación de este producto. Sin embargo, aunque esta fruta ha tenido una expansión considerable, los grandes beneficiados han sido los pequeños cítricos, exentos de aranceles, que aprovechando el tirón de la naranja han multiplicado por cuatro las importaciones de la UE.Si en 2017 entraban en el mercado europeo 55.768 toneladas de mandarinas sudafricanas y otros pequeños cítricos, la cifra en 2025 fue de 221.245, según datos oficiales del Ministerio de Agricultura, lo que ha convertido al país africano en el principal proveedor de la Unión Europa, junto con Turquía y Egipto.Tradicionalmente existía una separación razonable entre las ventanas comerciales del hemisferio sur y del hemisferio norte, lo que permitía la convivencia de ambos productos. El problema, denuncian los agricultores, es que esa frontera temporal se ha ido difuminando progresivamente, provocando que una parte significativa de las importaciones sudafricanas, más baratas por sus menores controles y costes de producción, compita directamente con las variedades tempranas producidas en España, que paradójicamente es el principal productor de naranjas y mandarinas de la UE.Solo en la Comunidad Valenciana la producción ha disminuido cerca de un 40% desde el acuerdo comercial con Sudáfrica. Según un informe elaborado por la organización AVA-Asaja, con datos del Ministerio de Agricultura y de la Asociación de Productores de Cítricos de Sudáfrica (CGA), desde 2016, año de la firma de dicho tratado, la producción de las clementinas y satsumas tempranas valencianas ha pasado de 361.226 a 211.718 toneladas, debido, principalmente, al solapamiento en el tramo inicial de la campaña citrícola con las mandarinas tardías de Sudáfrica.La entrada de mandarina sudafricana se está traduciendo en «la saturación de los mercados europeos, la presión a la baja sobre los precios en origen, las dificultades para la comercialización y una pérdida constante de rentabilidad»Ante esta situación -que se junta con el récord de importaciones de cítricos registrado esta campaña en la UE-, Asaja ha presentado ante la Comisión Europea una solicitud para la activación de la cláusula bilateral de salvaguardia prevista en el artículo 34 del Acuerdo de Asociación Económica entre la UE y los Estados de la SADC para frenar las importaciones desde este país por el desequilibrio que consideran está causando.«Esta no es una petición contra el comercio internacional. Tampoco es una petición proteccionista. Es, sencillamente, una petición de justicia, de equilibrio y de defensa de la reciprocidad que debe regir cualquier acuerdo comercial que pretenda ser sostenible y beneficioso para todas las partes», subrayan desde la asociación.Y es que las consecuencias que está teniendo el crecimiento desmesurado de la entrada de mandarina sudafricana se están traduciendo en «la saturación de los mercados europeos, la presión a la baja sobre los precios en origen, las dificultades para la comercialización y una pérdida constante de rentabilidad para miles de explotaciones familiares que constituyen el tejido económico y social de numerosas zonas rurales españolas», resalta.Asaja considera que los indicios de perturbación del mercado son más que suficientes para justificar una evaluación rigurosa y urgente por parte de las autoridades europeas: «No podemos esperar a que el daño sea irreversible. La política comercial debe ser compatible con la supervivencia de nuestros productores y con el mantenimiento de la actividad agraria en el territorio».Esta solicitud coincide en un contexto en el que la agricultura europea está sometida a exigencias normativas, medioambientales, laborales y fitosanitarias cada vez más estrictas. «No es aceptable exigir mayores costes y obligaciones a nuestros agricultores mientras se permite la entrada de productos de terceros países que compiten en condiciones diferentes», arguye la asociación.Asaja ha trasladado esta propuesta a las direcciones generales de Agricultura y de Comercio de la Comisión Europea y en el seno del Copa-Cogeca con la finalidad de que otras organizaciones agrarias y cooperativas de los Estados Miembros productores de cítricos que sufren una crisis de rentabilidad similar a causa de las importaciones sudafricanas se adhieran a esta iniciativa. Si el frío del otoño y el invierno, que este año se está retrasando, viene unido a las frutas con alto contenido en vitamina C como las naranjas, mandarinas y otros cítricos, cuya campaña ya ha empezado , ya es habitual tener estos alimentos también durante la primavera y el verano gracias a las importaciones desde países de otras latitudes. En este sentido, los pequeños cítricos de Sudáfrica han tomado un gran protagonismo en el mercado europeo, pero su solapamiento con la cosecha de algunas variedades españolas está haciendo una enorme mella en la producción nacional que alcanza el 40% en zonas como la Comunidad Valenciana. Este mes de octubre hace justo diez años del Acuerdo de Asociación Económica entre la Unión Europea y la Comunidad de Desarrollo del África Meridional, que eliminaba progresivamente los aranceles a las naranjas con el consiguiente flujo de importación de este producto. Sin embargo, aunque esta fruta ha tenido una expansión considerable, los grandes beneficiados han sido los pequeños cítricos, exentos de aranceles, que aprovechando el tirón de la naranja han multiplicado por cuatro las importaciones de la UE.Si en 2017 entraban en el mercado europeo 55.768 toneladas de mandarinas sudafricanas y otros pequeños cítricos, la cifra en 2025 fue de 221.245, según datos oficiales del Ministerio de Agricultura, lo que ha convertido al país africano en el principal proveedor de la Unión Europa, junto con Turquía y Egipto.Tradicionalmente existía una separación razonable entre las ventanas comerciales del hemisferio sur y del hemisferio norte, lo que permitía la convivencia de ambos productos. El problema, denuncian los agricultores, es que esa frontera temporal se ha ido difuminando progresivamente, provocando que una parte significativa de las importaciones sudafricanas, más baratas por sus menores controles y costes de producción, compita directamente con las variedades tempranas producidas en España, que paradójicamente es el principal productor de naranjas y mandarinas de la UE.Solo en la Comunidad Valenciana la producción ha disminuido cerca de un 40% desde el acuerdo comercial con Sudáfrica. Según un informe elaborado por la organización AVA-Asaja, con datos del Ministerio de Agricultura y de la Asociación de Productores de Cítricos de Sudáfrica (CGA), desde 2016, año de la firma de dicho tratado, la producción de las clementinas y satsumas tempranas valencianas ha pasado de 361.226 a 211.718 toneladas, debido, principalmente, al solapamiento en el tramo inicial de la campaña citrícola con las mandarinas tardías de Sudáfrica.La entrada de mandarina sudafricana se está traduciendo en «la saturación de los mercados europeos, la presión a la baja sobre los precios en origen, las dificultades para la comercialización y una pérdida constante de rentabilidad»Ante esta situación -que se junta con el récord de importaciones de cítricos registrado esta campaña en la UE-, Asaja ha presentado ante la Comisión Europea una solicitud para la activación de la cláusula bilateral de salvaguardia prevista en el artículo 34 del Acuerdo de Asociación Económica entre la UE y los Estados de la SADC para frenar las importaciones desde este país por el desequilibrio que consideran está causando.«Esta no es una petición contra el comercio internacional. Tampoco es una petición proteccionista. Es, sencillamente, una petición de justicia, de equilibrio y de defensa de la reciprocidad que debe regir cualquier acuerdo comercial que pretenda ser sostenible y beneficioso para todas las partes», subrayan desde la asociación.Y es que las consecuencias que está teniendo el crecimiento desmesurado de la entrada de mandarina sudafricana se están traduciendo en «la saturación de los mercados europeos, la presión a la baja sobre los precios en origen, las dificultades para la comercialización y una pérdida constante de rentabilidad para miles de explotaciones familiares que constituyen el tejido económico y social de numerosas zonas rurales españolas», resalta.Asaja considera que los indicios de perturbación del mercado son más que suficientes para justificar una evaluación rigurosa y urgente por parte de las autoridades europeas: «No podemos esperar a que el daño sea irreversible. La política comercial debe ser compatible con la supervivencia de nuestros productores y con el mantenimiento de la actividad agraria en el territorio».Esta solicitud coincide en un contexto en el que la agricultura europea está sometida a exigencias normativas, medioambientales, laborales y fitosanitarias cada vez más estrictas. «No es aceptable exigir mayores costes y obligaciones a nuestros agricultores mientras se permite la entrada de productos de terceros países que compiten en condiciones diferentes», arguye la asociación.Asaja ha trasladado esta propuesta a las direcciones generales de Agricultura y de Comercio de la Comisión Europea y en el seno del Copa-Cogeca con la finalidad de que otras organizaciones agrarias y cooperativas de los Estados Miembros productores de cítricos que sufren una crisis de rentabilidad similar a causa de las importaciones sudafricanas se adhieran a esta iniciativa.
Si el frío del otoño y el invierno, que este año se está retrasando, viene unido a las frutas con alto contenido en vitamina C como las naranjas, mandarinas y otros cítricos, cuya campaña ya ha empezado, ya es habitual tener estos alimentos también … durante la primavera y el verano gracias a las importaciones desde países de otras latitudes. En este sentido, los pequeños cítricos de Sudáfrica han tomado un gran protagonismo en el mercado europeo, pero su solapamiento con la cosecha de algunas variedades españolas está haciendo una enorme mella en la producción nacional que alcanza el 40% en zonas como la Comunidad Valenciana.
Este mes de octubre hace justo diez años del Acuerdo de Asociación Económica entre la Unión Europea y la Comunidad de Desarrollo del África Meridional, que eliminaba progresivamente los aranceles a las naranjas con el consiguiente flujo de importación de este producto. Sin embargo, aunque esta fruta ha tenido una expansión considerable, los grandes beneficiados han sido los pequeños cítricos, exentos de aranceles, que aprovechando el tirón de la naranja han multiplicado por cuatro las importaciones de la UE.
Si en 2017 entraban en el mercado europeo 55.768 toneladas de mandarinas sudafricanas y otros pequeños cítricos, la cifra en 2025 fue de 221.245, según datos oficiales del Ministerio de Agricultura, lo que ha convertido al país africano en el principal proveedor de la Unión Europa, junto con Turquía y Egipto.
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Tradicionalmente existía una separación razonable entre las ventanas comerciales del hemisferio sur y del hemisferio norte, lo que permitía la convivencia de ambos productos. El problema, denuncian los agricultores, es que esa frontera temporal se ha ido difuminando progresivamente, provocando que una parte significativa de las importaciones sudafricanas, más baratas por sus menores controles y costes de producción, compita directamente con las variedades tempranas producidas en España, que paradójicamente es el principal productor de naranjas y mandarinas de la UE.
Solo en la Comunidad Valenciana la producción ha disminuido cerca de un 40% desde el acuerdo comercial con Sudáfrica. Según un informe elaborado por la organización AVA-Asaja, con datos del Ministerio de Agricultura y de la Asociación de Productores de Cítricos de Sudáfrica (CGA), desde 2016, año de la firma de dicho tratado, la producción de las clementinas y satsumas tempranas valencianas ha pasado de 361.226 a 211.718 toneladas, debido, principalmente, al solapamiento en el tramo inicial de la campaña citrícola con las mandarinas tardías de Sudáfrica.
La entrada de mandarina sudafricana se está traduciendo en «la saturación de los mercados europeos, la presión a la baja sobre los precios en origen, las dificultades para la comercialización y una pérdida constante de rentabilidad»
Ante esta situación -que se junta con el récord de importaciones de cítricos registrado esta campaña en la UE-, Asaja ha presentado ante la Comisión Europea una solicitud para la activación de la cláusula bilateral de salvaguardia prevista en el artículo 34 del Acuerdo de Asociación Económica entre la UE y los Estados de la SADC para frenar las importaciones desde este país por el desequilibrio que consideran está causando.
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«Esta no es una petición contra el comercio internacional. Tampoco es una petición proteccionista. Es, sencillamente, una petición de justicia, de equilibrio y de defensa de la reciprocidad que debe regir cualquier acuerdo comercial que pretenda ser sostenible y beneficioso para todas las partes», subrayan desde la asociación.
Y es que las consecuencias que está teniendo el crecimiento desmesurado de la entrada de mandarina sudafricana se están traduciendo en «la saturación de los mercados europeos, la presión a la baja sobre los precios en origen, las dificultades para la comercialización y una pérdida constante de rentabilidad para miles de explotaciones familiares que constituyen el tejido económico y social de numerosas zonas rurales españolas», resalta.
Asaja considera que los indicios de perturbación del mercado son más que suficientes para justificar una evaluación rigurosa y urgente por parte de las autoridades europeas: «No podemos esperar a que el daño sea irreversible. La política comercial debe ser compatible con la supervivencia de nuestros productores y con el mantenimiento de la actividad agraria en el territorio».
Esta solicitud coincide en un contexto en el que la agricultura europea está sometida a exigencias normativas, medioambientales, laborales y fitosanitarias cada vez más estrictas. «No es aceptable exigir mayores costes y obligaciones a nuestros agricultores mientras se permite la entrada de productos de terceros países que compiten en condiciones diferentes», arguye la asociación.
Asaja ha trasladado esta propuesta a las direcciones generales de Agricultura y de Comercio de la Comisión Europea y en el seno del Copa-Cogeca con la finalidad de que otras organizaciones agrarias y cooperativas de los Estados Miembros productores de cítricos que sufren una crisis de rentabilidad similar a causa de las importaciones sudafricanas se adhieran a esta iniciativa.
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