Es una tarde de 1938, en los estudios de la Fox, en Los Ángeles. En el último piso del edificio 88, una joven rubia espera frente al despacho del jefe de producción . Tiene apenas veinte años, ojos claros y una ambición que la ha empujado hasta estar allí. Ha firmado un contrato, como antes lo hicieron Betty Grable o Shirley Temple, y sabe que su futuro depende de la audición que está a punto de hacer. La secretaría la hace pasar a la habitación del máximo jefe de la sala. Unos segundos después, escucha la descarga del inodoro. Sale Darryl F. Zanuck, fundador y jefe de producción de Twentieth Century Fox. Es más bajo de lo que la joven esperaba, ronda los treinta y cinco años y lleva bigote. Se coloca frente a ella y la observa de arriba a abajo. Luego le pide que se dé la vuelta. «¿Tienes experiencia?», pregunta. Mientras ella habla, él juega con su ropa. La joven está conmocionada, pero tampoco completamente sorprendida. Ha oído historias sobre Zanuck y sabe que su futuro en Fox puede depender de lo que suceda en aquella habitación.Puede marcharse y volver a su vida de camarera. O puede quedarse y aceptar esos treinta minutos de lo que en Hollywood se conocería, como un casting privado. Esta pieza sacada del podcast ‘Four O’clock Girls’ en ‘Variety’ se convierte en la representación de un patrón que durante décadas se repitió en Hollywood: el cuerpo de actrices aspirantes como moneda de cambio .El ‘casting del sofá’, no fue una anomalía dentro de la Edad de Oro de Hollywood. Fue una de las formas en que el poder se ejerció sobre las mujeres que intentaban entrar en la industria. Sin embargo, algunas actrices como Mamie Van Doren se movían dentro de este sistema de una manera diferenteLa historia de Mamie no encaja del todo en el relato tradicional de la joven ingenua que llega a Hollywood , descubre que los hombres quieren acostarse con ella y se convierte únicamente en una víctima de los abusos de la industria. Conoció ese mundo y sufrió sus reglas, pero también decidió jugar con ellas.La rubia explosivaMamie Van Doren fue una de las grandes rubias explosivas de los años cincuenta, junto a Marilyn Monroe y Jayne Mansfield. A sus 95 años, es una de las únicas chicas de oro que queda con vida de aquella generación , y ha decidido contarlo todo en su reciente memoria ‘You Though I was Dead’.Nacida como Joan Lucille Ollander en Rowena, Dakota del Sur, Mamie llegó a Hollywood desde un ambiente muy alejado de los grandes estudios. Se casó y se divorció de un gánster, fue descubierta por Howard Hughes después de ser coronada Miss Palm Springs y apareció desnuda en la portada de Esquire. Pero antes de convertirse en símbolo sexual hubo una revelación bastante más sencilla: un autógrafo.Cuando era joven consiguió que Mae West le firmara una fotografía a la salida del club El Mocambo. Aquella mujer que podía ser bella, famosa y descaradamente sexual pareció mostrarle una posibilidad que todavía resultaba revolucionaria: que una chica podía utilizar su atractivo sin fingir que no sabía que lo tenía. La actriz junto a Clark Gable. RRSSMamie empezó a trabajar como ‘showgirl’ en Billion Dollar Girl, un espectáculo de Jackie Gleason. Después llegó a Los Ángeles y con él uno de los grandes rechazos de su carrera. La 20th Century Fox le hizo una prueba de cámara y decidió que se parecía demasiado a una nueva actriz que acababan de contratar: Marilyn Monroe. El destino quiso que la mujer que en principio era demasiado parecida a Monroe terminará convirtiéndose en una de sus compañeras de categoría. Universal la fichó finalmente y la bautizó Mamie Van Doren. El estudio había encontrado a su propia rubia. Pero Mamie no estaba interesada en ser simplemente una copia de Marilyn. Se convirtió en una ‘sex kitten’, una ‘sex goddess’, una bomba rubia diseñada para vender películas. Y ella aceptó el juego, aunque introdujo una diferencia importante: no quería limitarse a ser deseada.Pasó por su vida una larga lista de hombres famosos: Jack Dempsey, Eddie Fisher, Tony Curtis, Burt Reynolds… Estuvo cerca de Elvis Presley, James Dean y Warren Beatty. Hasta Johnny Carson llegó a pedirle una cita durante una pausa publicitaria de su programa. Howard Hughes fue uno de los hombres que ayudaron a impulsar su carrera. La hizo aparecer en ‘Jet Pilot’. Sin embargo, Mamie también rechazó sus avances. Ahí estaba una de las contradicciones más interesantes de su personaje: podía acostarse con hombres famosos porque quería, pero no estaba dispuesta a asumir que el sexo debía convertirse automáticamente en una deuda profesional . Eso no significa que Mamie estuviera fuera del sistema. Al contrario. Ella fue uno de sus productos más evidentes. Universal explotó deliberadamente su cuerpo y su imagen en películas como ‘The Girl in Black Stockins, Untamed Youth, Born Reckless, The Beat Generation o ‘Sex kittens’. Los propios títulos dejaban claro qué esperaba vender el estudio .Pero Mamie convirtió esa explotación en parte de su personaje. Era una estrella sexual, sí, pero también una mujer que parecía disfrutar de la capacidad de escandalizar. Mamie podía ser una «chica sucia» o una fantasía masculina, pero no parecía demasiado interesada en comportarse como una buena chica de Hollywood .Mamie participó del mismo juego sexual que denunciaba. Se acostó con hombres famosos, utilizó su atractivo y sabía perfectamente que el sexo vendía entradas . Para muchas mujeres de Hollywood, acostarse con un hombre poderoso podía ser una manera de intentar conseguir un papel pero ella lo hacía simplemente porque quería.Aún así, en sus memorias habla de sentirse «usada» y «culpable», de comprender demasiado pronto que el ascenso profesional podía obligar a las jóvenes actrices a tomar decisiones moralmente complejas . En sus memorias, Van Doren conecta su experiencia con casos actuales como los de Bill Cosby y Harvey Weinstein . El movimiento #MeToo puso nombre y atención pública a comportamientos que ella había visto décadas antes. Para Mamie, la idea de que las jóvenes fueran víctimas de productores, directores y estrellas poderosas no era una sorpresa.Y quizá por eso resulta tan importante no confundir su libertad sexual con una supuesta inmunidad frente al abuso. Que una mujer disfrute del sexo no significa que cualquier hombre tenga derecho sobre ella .En los años sesenta, cuando todavía podía seguir explotando su imagen, decidió alejarse de Hollywood. La muerte de Marilyn Monroe, el accidente fatal de Jayne Mansfield, las drogas y un ambiente que cada vez le resultaba menos habitable tuvieron peso en su decisión. También estaba su hijo, fruto de su relación con el músico Ray Anthony . «Quería darle a mi hijo una vida mejor que Hollywood», explicó.Mamie Van Doren en una imagen de archivo. RRSSMarcharse fue otra forma de rebeldía. No necesitaba permanecer eternamente atrapada en el personaje de la rubia explosiva para demostrar que había sobrevivido. También viajó a Vietnam para entretener a las tropas. Lo hizo dos veces, en 1968, durante la ofensiva del Tet, y nuevamente en 1971. Allí la fantasía sexual de Hollywood se encontraba con una realidad mucho más brutal: jóvenes soldados, guerra, miedo y muerte.Y después llegó una vida más cotidiana. La maternidad. Las reuniones escolares. Los bancos. Los problemas normales de una mujer que ya no estaba constantemente rodeada de focos.Marilyn era enormemente famosa antes de su muerte, pero ella y Jayne Mansfield se hicieron más famosas por sus muertes macabras y misteriosas , mientras que Mamie simplemente se mudó de Hollywood para llevar una vida bastante normal. Eso, por supuesto, reduce enormemente la presencia continua de una persona en Hollywood. Si no persigues la fama, siempre habrá alguien más que ocupe tu lugar», cuenta Alan Nevis, productor literario que llevó sus memorias.Mamie podía ser provocadora y sexualmente desinhibida. Podía acostarse con hombres famosos . Podía disfrutar de su propia fama y utilizar conscientemente su atractivo. Pero también podía rechazar a un hombre que pudiera ayudarla profesionalmenteMamie Van Doren fue una mujer contradictoria dentro de una industria contradictoria . Conoció el ‘casting couch’, pero no dejó que esa experiencia explicara toda su sexualidad. Participó del juego, pero también rechazó algunas de sus reglas. Fue fabricada como objeto sexual y, al mismo tiempo, convirtió aquella imagen en una herramienta para construir su propia identidad. Los medios la nombraban la «chica sucia» de Hollywood, pero realmente era una chica que entendió algo que la industria no quería admitir: que una mujer podía ser sexual sin ser propiedad de nadie .Periódico comparando a Mamie Van Doren con Marilyn Monroe. ArchivoÚltima superviviente de la era dorada de HollywoodEn sus memorias escribe que, entre todas las lágrimas y los miedos, ella es «la prueba viviente de que es sobrevivible».Hoy, cuando contempla cómo desaparecen uno a uno los nombres de aquella generación, escribe con ironía: « Me despierto cada día con un nuevo obituario»Ella sigue aquí. No como una simple copia de Marilyn Monroe. No como una nota al pie de la historia de Hollywood. Ni siquiera como una superviviente más del ‘casting couch’.Sino como una mujer que conoció las reglas, aprendió a utilizarlas, se aprovechó de ellas cuando pudo, sufrió sus consecuencias y finalmente decidió abandonar el juego.«Muchas cosas han cambiado, aunque algunas permanecen igual. Todos sabemos que hace tan solo unos años, productores influyentes seguían abusando sexualmente de actrices, tal como Mamie denunció en su juventud. Sería ingenuo pensar que esto ha dejado de ocurrir solo porque algunos productores fueron arrestados. Simplemente significa que ahora deben ser más cuidadosos», añade Alan Nevis.La joven rubia de aquel despacho de la Fox tuvo que preguntarse si su cuerpo era el precio de su carrera y Mamie Van Doren lo confirma en su obra: « Eso, chicos y chicas, es Hollywood». Es una tarde de 1938, en los estudios de la Fox, en Los Ángeles. En el último piso del edificio 88, una joven rubia espera frente al despacho del jefe de producción . Tiene apenas veinte años, ojos claros y una ambición que la ha empujado hasta estar allí. Ha firmado un contrato, como antes lo hicieron Betty Grable o Shirley Temple, y sabe que su futuro depende de la audición que está a punto de hacer. La secretaría la hace pasar a la habitación del máximo jefe de la sala. Unos segundos después, escucha la descarga del inodoro. Sale Darryl F. Zanuck, fundador y jefe de producción de Twentieth Century Fox. Es más bajo de lo que la joven esperaba, ronda los treinta y cinco años y lleva bigote. Se coloca frente a ella y la observa de arriba a abajo. Luego le pide que se dé la vuelta. «¿Tienes experiencia?», pregunta. Mientras ella habla, él juega con su ropa. La joven está conmocionada, pero tampoco completamente sorprendida. Ha oído historias sobre Zanuck y sabe que su futuro en Fox puede depender de lo que suceda en aquella habitación.Puede marcharse y volver a su vida de camarera. O puede quedarse y aceptar esos treinta minutos de lo que en Hollywood se conocería, como un casting privado. Esta pieza sacada del podcast ‘Four O’clock Girls’ en ‘Variety’ se convierte en la representación de un patrón que durante décadas se repitió en Hollywood: el cuerpo de actrices aspirantes como moneda de cambio .El ‘casting del sofá’, no fue una anomalía dentro de la Edad de Oro de Hollywood. Fue una de las formas en que el poder se ejerció sobre las mujeres que intentaban entrar en la industria. Sin embargo, algunas actrices como Mamie Van Doren se movían dentro de este sistema de una manera diferenteLa historia de Mamie no encaja del todo en el relato tradicional de la joven ingenua que llega a Hollywood , descubre que los hombres quieren acostarse con ella y se convierte únicamente en una víctima de los abusos de la industria. Conoció ese mundo y sufrió sus reglas, pero también decidió jugar con ellas.La rubia explosivaMamie Van Doren fue una de las grandes rubias explosivas de los años cincuenta, junto a Marilyn Monroe y Jayne Mansfield. A sus 95 años, es una de las únicas chicas de oro que queda con vida de aquella generación , y ha decidido contarlo todo en su reciente memoria ‘You Though I was Dead’.Nacida como Joan Lucille Ollander en Rowena, Dakota del Sur, Mamie llegó a Hollywood desde un ambiente muy alejado de los grandes estudios. Se casó y se divorció de un gánster, fue descubierta por Howard Hughes después de ser coronada Miss Palm Springs y apareció desnuda en la portada de Esquire. Pero antes de convertirse en símbolo sexual hubo una revelación bastante más sencilla: un autógrafo.Cuando era joven consiguió que Mae West le firmara una fotografía a la salida del club El Mocambo. Aquella mujer que podía ser bella, famosa y descaradamente sexual pareció mostrarle una posibilidad que todavía resultaba revolucionaria: que una chica podía utilizar su atractivo sin fingir que no sabía que lo tenía. La actriz junto a Clark Gable. RRSSMamie empezó a trabajar como ‘showgirl’ en Billion Dollar Girl, un espectáculo de Jackie Gleason. Después llegó a Los Ángeles y con él uno de los grandes rechazos de su carrera. La 20th Century Fox le hizo una prueba de cámara y decidió que se parecía demasiado a una nueva actriz que acababan de contratar: Marilyn Monroe. El destino quiso que la mujer que en principio era demasiado parecida a Monroe terminará convirtiéndose en una de sus compañeras de categoría. Universal la fichó finalmente y la bautizó Mamie Van Doren. El estudio había encontrado a su propia rubia. Pero Mamie no estaba interesada en ser simplemente una copia de Marilyn. Se convirtió en una ‘sex kitten’, una ‘sex goddess’, una bomba rubia diseñada para vender películas. Y ella aceptó el juego, aunque introdujo una diferencia importante: no quería limitarse a ser deseada.Pasó por su vida una larga lista de hombres famosos: Jack Dempsey, Eddie Fisher, Tony Curtis, Burt Reynolds… Estuvo cerca de Elvis Presley, James Dean y Warren Beatty. Hasta Johnny Carson llegó a pedirle una cita durante una pausa publicitaria de su programa. Howard Hughes fue uno de los hombres que ayudaron a impulsar su carrera. La hizo aparecer en ‘Jet Pilot’. Sin embargo, Mamie también rechazó sus avances. Ahí estaba una de las contradicciones más interesantes de su personaje: podía acostarse con hombres famosos porque quería, pero no estaba dispuesta a asumir que el sexo debía convertirse automáticamente en una deuda profesional . Eso no significa que Mamie estuviera fuera del sistema. Al contrario. Ella fue uno de sus productos más evidentes. Universal explotó deliberadamente su cuerpo y su imagen en películas como ‘The Girl in Black Stockins, Untamed Youth, Born Reckless, The Beat Generation o ‘Sex kittens’. Los propios títulos dejaban claro qué esperaba vender el estudio .Pero Mamie convirtió esa explotación en parte de su personaje. Era una estrella sexual, sí, pero también una mujer que parecía disfrutar de la capacidad de escandalizar. Mamie podía ser una «chica sucia» o una fantasía masculina, pero no parecía demasiado interesada en comportarse como una buena chica de Hollywood .Mamie participó del mismo juego sexual que denunciaba. Se acostó con hombres famosos, utilizó su atractivo y sabía perfectamente que el sexo vendía entradas . Para muchas mujeres de Hollywood, acostarse con un hombre poderoso podía ser una manera de intentar conseguir un papel pero ella lo hacía simplemente porque quería.Aún así, en sus memorias habla de sentirse «usada» y «culpable», de comprender demasiado pronto que el ascenso profesional podía obligar a las jóvenes actrices a tomar decisiones moralmente complejas . En sus memorias, Van Doren conecta su experiencia con casos actuales como los de Bill Cosby y Harvey Weinstein . El movimiento #MeToo puso nombre y atención pública a comportamientos que ella había visto décadas antes. Para Mamie, la idea de que las jóvenes fueran víctimas de productores, directores y estrellas poderosas no era una sorpresa.Y quizá por eso resulta tan importante no confundir su libertad sexual con una supuesta inmunidad frente al abuso. Que una mujer disfrute del sexo no significa que cualquier hombre tenga derecho sobre ella .En los años sesenta, cuando todavía podía seguir explotando su imagen, decidió alejarse de Hollywood. La muerte de Marilyn Monroe, el accidente fatal de Jayne Mansfield, las drogas y un ambiente que cada vez le resultaba menos habitable tuvieron peso en su decisión. También estaba su hijo, fruto de su relación con el músico Ray Anthony . «Quería darle a mi hijo una vida mejor que Hollywood», explicó.Mamie Van Doren en una imagen de archivo. RRSSMarcharse fue otra forma de rebeldía. No necesitaba permanecer eternamente atrapada en el personaje de la rubia explosiva para demostrar que había sobrevivido. También viajó a Vietnam para entretener a las tropas. Lo hizo dos veces, en 1968, durante la ofensiva del Tet, y nuevamente en 1971. Allí la fantasía sexual de Hollywood se encontraba con una realidad mucho más brutal: jóvenes soldados, guerra, miedo y muerte.Y después llegó una vida más cotidiana. La maternidad. Las reuniones escolares. Los bancos. Los problemas normales de una mujer que ya no estaba constantemente rodeada de focos.Marilyn era enormemente famosa antes de su muerte, pero ella y Jayne Mansfield se hicieron más famosas por sus muertes macabras y misteriosas , mientras que Mamie simplemente se mudó de Hollywood para llevar una vida bastante normal. Eso, por supuesto, reduce enormemente la presencia continua de una persona en Hollywood. Si no persigues la fama, siempre habrá alguien más que ocupe tu lugar», cuenta Alan Nevis, productor literario que llevó sus memorias.Mamie podía ser provocadora y sexualmente desinhibida. Podía acostarse con hombres famosos . Podía disfrutar de su propia fama y utilizar conscientemente su atractivo. Pero también podía rechazar a un hombre que pudiera ayudarla profesionalmenteMamie Van Doren fue una mujer contradictoria dentro de una industria contradictoria . Conoció el ‘casting couch’, pero no dejó que esa experiencia explicara toda su sexualidad. Participó del juego, pero también rechazó algunas de sus reglas. Fue fabricada como objeto sexual y, al mismo tiempo, convirtió aquella imagen en una herramienta para construir su propia identidad. Los medios la nombraban la «chica sucia» de Hollywood, pero realmente era una chica que entendió algo que la industria no quería admitir: que una mujer podía ser sexual sin ser propiedad de nadie .Periódico comparando a Mamie Van Doren con Marilyn Monroe. ArchivoÚltima superviviente de la era dorada de HollywoodEn sus memorias escribe que, entre todas las lágrimas y los miedos, ella es «la prueba viviente de que es sobrevivible».Hoy, cuando contempla cómo desaparecen uno a uno los nombres de aquella generación, escribe con ironía: « Me despierto cada día con un nuevo obituario»Ella sigue aquí. No como una simple copia de Marilyn Monroe. No como una nota al pie de la historia de Hollywood. Ni siquiera como una superviviente más del ‘casting couch’.Sino como una mujer que conoció las reglas, aprendió a utilizarlas, se aprovechó de ellas cuando pudo, sufrió sus consecuencias y finalmente decidió abandonar el juego.«Muchas cosas han cambiado, aunque algunas permanecen igual. Todos sabemos que hace tan solo unos años, productores influyentes seguían abusando sexualmente de actrices, tal como Mamie denunció en su juventud. Sería ingenuo pensar que esto ha dejado de ocurrir solo porque algunos productores fueron arrestados. Simplemente significa que ahora deben ser más cuidadosos», añade Alan Nevis.La joven rubia de aquel despacho de la Fox tuvo que preguntarse si su cuerpo era el precio de su carrera y Mamie Van Doren lo confirma en su obra: « Eso, chicos y chicas, es Hollywood».
Es una tarde de 1938, en los estudios de la Fox, en Los Ángeles. En el último piso del edificio 88, una joven rubia espera frente al despacho del jefe de producción. Tiene apenas veinte años, ojos claros y una ambición que la ha … empujado hasta estar allí. Ha firmado un contrato, como antes lo hicieron Betty Grable o Shirley Temple, y sabe que su futuro depende de la audición que está a punto de hacer.
La secretaría la hace pasar a la habitación del máximo jefe de la sala. Unos segundos después, escucha la descarga del inodoro. Sale Darryl F. Zanuck, fundador y jefe de producción de Twentieth Century Fox. Es más bajo de lo que la joven esperaba, ronda los treinta y cinco años y lleva bigote. Se coloca frente a ella y la observa de arriba a abajo. Luego le pide que se dé la vuelta. «¿Tienes experiencia?», pregunta. Mientras ella habla, él juega con su ropa. La joven está conmocionada, pero tampoco completamente sorprendida. Ha oído historias sobre Zanuck y sabe que su futuro en Fox puede depender de lo que suceda en aquella habitación.
Puede marcharse y volver a su vida de camarera. O puede quedarse y aceptar esos treinta minutos de lo que en Hollywood se conocería, como un casting privado.
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Marina Ortiz Cortés
Esta pieza sacada del podcast ‘Four O’clock Girls’ en ‘Variety’ se convierte en la representación de un patrón que durante décadas se repitió en Hollywood: el cuerpo de actrices aspirantes como moneda de cambio.
El ‘casting del sofá’, no fue una anomalía dentro de la Edad de Oro de Hollywood. Fue una de las formas en que el poder se ejerció sobre las mujeres que intentaban entrar en la industria. Sin embargo, algunas actrices como Mamie Van Doren se movían dentro de este sistema de una manera diferente
La historia de Mamie no encaja del todo en el relato tradicional de la joven ingenua que llega a Hollywood, descubre que los hombres quieren acostarse con ella y se convierte únicamente en una víctima de los abusos de la industria. Conoció ese mundo y sufrió sus reglas, pero también decidió jugar con ellas.
La rubia explosiva
Mamie Van Doren fue una de las grandes rubias explosivas de los años cincuenta, junto a Marilyn Monroe y Jayne Mansfield. A sus 95 años, es una de las únicas chicas de oro que queda con vida de aquella generación, y ha decidido contarlo todo en su reciente memoria ‘You Though I was Dead’.
Nacida como Joan Lucille Ollander en Rowena, Dakota del Sur, Mamie llegó a Hollywood desde un ambiente muy alejado de los grandes estudios. Se casó y se divorció de un gánster, fue descubierta por Howard Hughes después de ser coronada Miss Palm Springs y apareció desnuda en la portada de Esquire.
Pero antes de convertirse en símbolo sexual hubo una revelación bastante más sencilla: un autógrafo.
Cuando era joven consiguió que Mae West le firmara una fotografía a la salida del club El Mocambo. Aquella mujer que podía ser bella, famosa y descaradamente sexual pareció mostrarle una posibilidad que todavía resultaba revolucionaria: que una chica podía utilizar su atractivo sin fingir que no sabía que lo tenía.

(RRSS)
Mamie empezó a trabajar como ‘showgirl’ en Billion Dollar Girl, un espectáculo de Jackie Gleason. Después llegó a Los Ángeles y con él uno de los grandes rechazos de su carrera. La 20th Century Fox le hizo una prueba de cámara y decidió que se parecía demasiado a una nueva actriz que acababan de contratar: Marilyn Monroe.
El destino quiso que la mujer que en principio era demasiado parecida a Monroe terminará convirtiéndose en una de sus compañeras de categoría. Universal la fichó finalmente y la bautizó Mamie Van Doren. El estudio había encontrado a su propia rubia. Pero Mamie no estaba interesada en ser simplemente una copia de Marilyn. Se convirtió en una ‘sex kitten’, una ‘sex goddess’, una bomba rubia diseñada para vender películas. Y ella aceptó el juego, aunque introdujo una diferencia importante: no quería limitarse a ser deseada.
Pasó por su vida una larga lista de hombres famosos: Jack Dempsey, Eddie Fisher, Tony Curtis, Burt Reynolds… Estuvo cerca de Elvis Presley, James Dean y Warren Beatty. Hasta Johnny Carson llegó a pedirle una cita durante una pausa publicitaria de su programa.
Howard Hughes fue uno de los hombres que ayudaron a impulsar su carrera. La hizo aparecer en ‘Jet Pilot’. Sin embargo, Mamie también rechazó sus avances. Ahí estaba una de las contradicciones más interesantes de su personaje: podía acostarse con hombres famosos porque quería, pero no estaba dispuesta a asumir que el sexo debía convertirse automáticamente en una deuda profesional.
Eso no significa que Mamie estuviera fuera del sistema. Al contrario. Ella fue uno de sus productos más evidentes. Universal explotó deliberadamente su cuerpo y su imagen en películas como ‘The Girl in Black Stockins, Untamed Youth, Born Reckless, The Beat Generation o ‘Sex kittens’. Los propios títulos dejaban claro qué esperaba vender el estudio.
Pero Mamie convirtió esa explotación en parte de su personaje. Era una estrella sexual, sí, pero también una mujer que parecía disfrutar de la capacidad de escandalizar. Mamie podía ser una «chica sucia» o una fantasía masculina, pero no parecía demasiado interesada en comportarse como una buena chica de Hollywood.
Mamie participó del mismo juego sexual que denunciaba. Se acostó con hombres famosos, utilizó su atractivo y sabía perfectamente que el sexo vendía entradas. Para muchas mujeres de Hollywood, acostarse con un hombre poderoso podía ser una manera de intentar conseguir un papel pero ella lo hacía simplemente porque quería.
Aún así, en sus memorias habla de sentirse «usada» y «culpable», de comprender demasiado pronto que el ascenso profesional podía obligar a las jóvenes actrices a tomar decisiones moralmente complejas.
En sus memorias, Van Doren conecta su experiencia con casos actuales como los de Bill Cosby y Harvey Weinstein. El movimiento #MeToo puso nombre y atención pública a comportamientos que ella había visto décadas antes. Para Mamie, la idea de que las jóvenes fueran víctimas de productores, directores y estrellas poderosas no era una sorpresa.
Y quizá por eso resulta tan importante no confundir su libertad sexual con una supuesta inmunidad frente al abuso. Que una mujer disfrute del sexo no significa que cualquier hombre tenga derecho sobre ella.
En los años sesenta, cuando todavía podía seguir explotando su imagen, decidió alejarse de Hollywood. La muerte de Marilyn Monroe, el accidente fatal de Jayne Mansfield, las drogas y un ambiente que cada vez le resultaba menos habitable tuvieron peso en su decisión. También estaba su hijo, fruto de su relación con el músico Ray Anthony. «Quería darle a mi hijo una vida mejor que Hollywood», explicó.

(RRSS)
Marcharse fue otra forma de rebeldía. No necesitaba permanecer eternamente atrapada en el personaje de la rubia explosiva para demostrar que había sobrevivido. También viajó a Vietnam para entretener a las tropas. Lo hizo dos veces, en 1968, durante la ofensiva del Tet, y nuevamente en 1971. Allí la fantasía sexual de Hollywood se encontraba con una realidad mucho más brutal: jóvenes soldados, guerra, miedo y muerte.
Y después llegó una vida más cotidiana. La maternidad. Las reuniones escolares. Los bancos. Los problemas normales de una mujer que ya no estaba constantemente rodeada de focos.
Marilyn era enormemente famosa antes de su muerte, pero ella y Jayne Mansfield se hicieron más famosas por sus muertes macabras y misteriosas, mientras que Mamie simplemente se mudó de Hollywood para llevar una vida bastante normal. Eso, por supuesto, reduce enormemente la presencia continua de una persona en Hollywood. Si no persigues la fama, siempre habrá alguien más que ocupe tu lugar», cuenta Alan Nevis, productor literario que llevó sus memorias.
Mamie podía ser provocadora y sexualmente desinhibida. Podía acostarse con hombres famosos. Podía disfrutar de su propia fama y utilizar conscientemente su atractivo. Pero también podía rechazar a un hombre que pudiera ayudarla profesionalmente
Mamie Van Doren fue una mujer contradictoria dentro de una industria contradictoria. Conoció el ‘casting couch’, pero no dejó que esa experiencia explicara toda su sexualidad. Participó del juego, pero también rechazó algunas de sus reglas. Fue fabricada como objeto sexual y, al mismo tiempo, convirtió aquella imagen en una herramienta para construir su propia identidad. Los medios la nombraban la «chica sucia» de Hollywood, pero realmente era una chica que entendió algo que la industria no quería admitir: que una mujer podía ser sexual sin ser propiedad de nadie.

(Archivo)
Última superviviente de la era dorada de Hollywood
En sus memorias escribe que, entre todas las lágrimas y los miedos, ella es «la prueba viviente de que es sobrevivible».
Hoy, cuando contempla cómo desaparecen uno a uno los nombres de aquella generación, escribe con ironía: «Me despierto cada día con un nuevo obituario»
Ella sigue aquí. No como una simple copia de Marilyn Monroe. No como una nota al pie de la historia de Hollywood. Ni siquiera como una superviviente más del ‘casting couch’.
Sino como una mujer que conoció las reglas, aprendió a utilizarlas, se aprovechó de ellas cuando pudo, sufrió sus consecuencias y finalmente decidió abandonar el juego.
«Muchas cosas han cambiado, aunque algunas permanecen igual. Todos sabemos que hace tan solo unos años, productores influyentes seguían abusando sexualmente de actrices, tal como Mamie denunció en su juventud. Sería ingenuo pensar que esto ha dejado de ocurrir solo porque algunos productores fueron arrestados. Simplemente significa que ahora deben ser más cuidadosos», añade Alan Nevis.
La joven rubia de aquel despacho de la Fox tuvo que preguntarse si su cuerpo era el precio de su carrera y Mamie Van Doren lo confirma en su obra: «Eso, chicos y chicas, es Hollywood».
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