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  Economía  Las semillas de la electrificación de la España vaciada no encuentran el abono adecuado
Economía

Las semillas de la electrificación de la España vaciada no encuentran el abono adecuado

mayo 4, 2026
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La España vaciada se está quedando atrás en electrificación. Y esto no significa que haya que extender kilómetros de cable e instalar postes para llevar electricidad a hogares y granjas remotas. Hoy día, electrificar supone descarbonizar, es decir sustituir el uso de combustibles fósiles por el consumo de electricidad de origen renovable. Y en estos territorios, muchos hogares se calientan con tanques de gasoil, se usan bombonas de butano para cocinar y los desplazamientos se realizan en vehículos de combustión con más de 15 años de antigüedad. Pero soluciones más sostenibles, como el autoconsumo con paneles fotovoltaicos, el coche eléctrico, la aerotermia o el almacenamiento detrás de contador no terminan de penetrar con éxito.El mundo rural cuenta con potencial más que suficiente para ser más competitivo desde el punto de vista energético. «Es un generador neto de energía renovable, pero consume un 17% menos electricidad que la media nacional. En las ciudades hay más renta disponible para tener sistemas eléctricos de aire acondicionado, calefacción, termos… Pero en muchos pueblos todavía se usa la bombona de butano para calentar el agua de la ducha», asegura Leonardo Hervás, director general de CIDE, una asociación de 190 pequeños distribuidores que dan servicio a medio millón de hogares de la España vaciada y que ha impulsado el Observatorio de Descarbonización Rural. Hay otros factores como la dispersión geográfica, una población envejecida, la despoblación… que tampoco ayudan a que estos territorios reduzcan su dependencia de los combustibles fósiles.Atracción industrialEl Observatorio ha hecho una radiografía del impacto que algunas soluciones de transición energética está teniendo en la España vaciada, que genera el 83% de la energía renovable de nuestro país. Destaca su abundante recurso solar. No solo en la mitad sur peninsular, también en el centro, en comunidades como Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Aragón. Son zonas con espacio disponible para instalar plantas de generación renovable, una energía más competitiva que puede atraer nuevos proyectos industriales. Incluso la fotovoltaica en tejados de zonas rurales podría producir 2.200 kWh/año por habitante, el doble que en las ciudades. «Las viviendas unifamiliares, con cubiertas disponibles y mayor espacio para equipos, facilitan instalaciones óptimas de fotovoltaica y sistemas térmicos eficientes», apunta Luis Buil, director de Smart Solutions de Iberdrola. Estos territorios disponen de otro gran recurso: un sector primario que genera 5,5 millones de toneladas de residuos (animales, agroalimentarios, forestales…) al año y que se pueden utilizar como biomasa para producir electricidad o para fabricar combustibles renovables como biogás o biometano.Noticia relacionada general No No A fondo/ Cosecha de futuro Una semilla de oro para revitalizar la agricultura española María José Pérez-BarcoSin embargo, a pesar de esas fortalezas, las tecnologías con más potencial para descarbonizar estas regiones no avanzan al ritmo que se podría esperar. El Observatorio apunta que el aprovechamiento del autoconsumo fotovoltaico resulta muy limitado en zonas con gran recurso solar como Extremadura, Murcia, Canarias y Castilla-La Mancha. Se trata de una solución clave para reducir el uso de combustibles fósiles en el día a día de hogares y empresas, que además rebaja la factura de la luz y puede aliviar la presión en la red eléctrica. «Al generar electricidad cerca del punto de consumo, reduce la dependencia de la red en muchas horas del día, lo que alivia parte de la nueva demanda eléctrica, no tensiona la red y en muchos casos contribuye a estabilizarla», explica Luis Buil.Sin apoyosEl coste inicial de la instalación, la avanzada edad de los propietarios que reduce el margen de recuperación de la inversión, la percepción de que las ayudas son insuficientes y la falta de información está estancando la penetración del autoconsumo fotovoltaico, según el Observatorio. «El autoconsumo se utiliza desde hace tiempo en comunidades aisladas que no están conectadas a la red. También en casas y explotaciones agrarias, pero en algunas zonas resulta difícil innovar y hay muchas casas que son segundas residencias y tampoco interesa instalar paneles», considera José Donoso, director general de UNEF.Las comunidades energéticas son también grandes desconocidas en estos entornos, aunque están siendo impulsadas tanto por agentes públicos como privados y empiezan a aparecer las primeras. De hecho, el 50% de las que existen se encuentran en municipios rurales. Pero «cuesta mucho avanzar y poner de acuerdo a un grupo de personas. Además es difícil encontrar gente en los pueblos que gestionen estas comunidades. Las cooperativas agrícolas podrían reconvertirse en comunidades energéticas para ofrecer energía más barata a los cooperativistas y toda una serie de servicios», propone Donoso.La escasa penetración del vehículo eléctrico es otra realidad. En 2024, suponía el 8% del parque móvil: se contabilizan cuatro por cada 1.000 vehículos de cualquier tipo de tecnología. En las ciudades esa cifra asciende a 11. Y solo la mitad de las empresas rurales dispone de más del 10% de su flota electrificada. Un despliegue todavía muy limitado si se considera que en estos entornos el transporte público escasea, los desplazamientos se realizan en coches privados y el 42% de los vehículos tiene más de 15 años de antigüedad y es necesario su renovación.Sólidas barrerasEl coste del coche eléctrico, las limitaciones técnicas y una insuficiente infraestructura de recarga explican esta brecha en la movilidad eléctrica. «Se desconoce el estado de desarrollo de la tecnología. La falta de red de servicio también preocupa, porque hay menos talleres especializados y concesionarios que en las zonas urbanas, lo que genera miedo ante posibles averías. Y el precio de compra inicial del coche eléctrico sigue siendo más alto, lo que frena la adopción en zonas con rentas per cápita generalmente inferiores a las urbanas», indica Arturo Pérez de Lucía, director general de Aedive (Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica) y vicepresidente de la asociación europea E-Mobility Europe.Más del 85% de los municipios rurales no cuentan con puntos de recarga. «Muchas zonas tienen redes eléctricas antiguas con potencia limitada. Instalar un cargador rápido puede requerir una costosa actualización de la red local. También influye la falta de rentabilidad para los operadores: las empresas privadas priorizan las ciudades porque hay más rotación de usuarios. En un pueblo o una pequeña localidad el número de usos diarios es bajo, lo que alarga mucho el tiempo para recuperar la inversión. Y la dispersión geográfica implica cubrir un territorio extenso con pocos habitantes, que requiere más inversión por usuario que en un núcleo urbano denso», explica Pérez de Lucía.Una opción sería que las distribuidoras asumieran estas instalaciones. «La UE planteó que los puntos de recarga no podían ser instalados por las empresas de distribución salvo que fuera el último recurso. En esos casos el distribuidor sí podría hacerlo. Pero en España la distribución está regulada y tiene que estar indicado expresamente por el Gobierno», explica Leonardo Hervás.Un espaldarazo a la eficiencia de los municipios El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) ha concedido 351 millones a 1.155 proyectos singulares para municipios de menos de 5.000 habitantes a través de la línea de ayudas DUS 5.000. Se trata de iniciativas impulsadas por ayuntamientos para mejorar la eficiencia energética en el alumbrado público y edificios municipales, para instalar generación renovable (autoconsumo, redes de frío y calor) y para movilidad eléctrica (electrificación de flotas, de vehículos de servicio público, nuevos puntos de recarga..). Además este organismo está a punto de resolver la adjudicación de ayudas para el despliegue de infraestructura de recarga en zonas de sombra de la red viaria, es decir donde no hay ninguna cobertura, a través del plan Moves Corredores. Y se han celebrado seis convocatorias de CE Implementa para impulsar comunidades energéticas, muchas en el ámbito rural.Otro ecosistema con recorrido es el de los sistemas de calefacción, donde la presencia de combustibles fósiles es muy elevada. Según el Observatorio, el gas butano es la segunda tecnología más utilizada para cocinar y para calentar agua sanitaria. Y más de la mitad de los sistemas de calefacción son anteriores al año 2000. Una eficiente alternativa es la aerotermia. «Por cada kWh eléctrico consumido genera entre 3 y 4 kWh térmicos. Es especialmente adecuada para sustituir calderas de gasóleo, muy extendidas en estas zonas, reduciendo emisiones, costes energéticos y dependencia de combustibles importados. Combinada con autoconsumo, permite electrificar la calefacción y el agua caliente de forma muy competitiva, acelerando la transición energética en el entorno rural», garantiza Luis Buil.Para habilitar todas estas tecnologías es necesario adecuar la red eléctrica y, en este sentido, el Observatorio recuerda que mismo año la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) advertía de que cerca del 90% de los nudos de la red de transporte y distribución presentaban capacidad de acceso nula, es decir que no se pueden conectar nuevos consumidores. «A medida que crezca la penetración conjunta de fotovoltaica, aerotermia y otros usos eléctricos, será necesario reforzar la red, especialmente en baja tensión y en transformadores de centros de distribución rurales que fueron dimensionados para consumos muy inferiores. Por ello, es clave anticipar la inversión y acompañarla de digitalización (sensores, telemedida, control de tensiones…), gestión inteligente de la demanda y almacenamiento distribuido. La clave no es solo reforzar la red, sino hacerlo de forma inteligente y anticipada», opina Luis Buil.De momento, hay un límite anual (el 0,13% del PIB) para que los operadores inviertan en redes eléctricas. «Se estableció en un momento de crisis. Ahora que se fomenta la electrificación ya no tiene sentido. Los operadores estamos planteando incrementar esas limitaciones y el Ministerio de Transición Ecológica está estudiando esa ampliación. Es necesaria para desarrollar nuevas redes que se van a tardar en construir», dice Leonardo Hervás.Punto de recarga rápida en Naut de Arán (Lérida), habilitado por Iberdrola que ha desplegado 1. 500 conexiones de este tipo en pueblos con menos de 5. 000 habitantes.Pasos adelanteNo obstante, en el mundo rural comienzan a surgir iniciativas y proyectos alineados con la transición hacia la descarbonización. Es el caso de la comunidad energética Efiduero que suministra electricidad renovable a precio de coste a casi cien pueblos de Zamora y Salamanca. Cuenta con 282 instalaciones de paneles fotovoltaicos para autoconsumo que se han colocado sobre todo en edificios municipales. «Hay ayuntamientos en los que podemos cubrir el 100% de la demanda en horario solar», asegura José Luis Pascual, director gerente de Efiduero. Esta comunidad funciona como una distribuidora, porque «podemos operar en el mercado eléctrico para vender y comprar electricidad y para agregar consumidores a nuestras instalaciones de autoconsumo» asegura.Entre otros servicios, Efiduero ha instalado 30 puntos de recarga para vehículos eléctricos y ha puesto a disposición de la población una flota de 28 coches eléctricos con conductor para desplazamientos. «Nuestro objetivo es que nuestros pueblos tengan las condiciones normalizadas dentro de lo que se entiende como desarrollo», explica Pascual. El siguiente reto es incorporar sistemas de almacenamiento para cubrir la demanda de noche e «implementar programas para automatizar la unión entre demanda, producción y consumo. Así seremos más eficientes y tendremos independencia energética», afirma.El equipo de investigación de Física para las Energías Renovables de la Universidad de Córdoba (UCO) trabaja en el desarrollo de soluciones científicas y tecnológicas para aprovechar mejor las posibilidades de las energías verdes. Una de sus líneas de actuación es el diseño de la instalación de proyectos agrivoltaicos, donde los cultivos conviven con paneles fotovoltaicos. «Es una tecnología más costosa que la tradicional, porque son instalaciones elevadas en las que el cultivo queda debajo. Se necesitan estructuras y cimentaciones más caras. El panel se va orientando para favorecer o impedir que la irradiación llegue al cultivo en sus diferentes fases de desarrollo. Incluso puede contribuir a mejorar la calidad del producto», cuenta José Ramírez, miembro de este grupo de investigación y profesor de la UCO.Es una tecnología que contribuye a una generación más distribuida, para consumir la energía de forma local. «Descargaría la red de transporte y distribución», dice Ramírez. Además supone una fuente extra de ingresos para el agricultor y «es respetuosa para la conservación de la actividad agrícola», asegura el profesor.Nuevas oportunidades para el medio rural, que también se alza como un actor clave en la descarbonización. La España vaciada se está quedando atrás en electrificación. Y esto no significa que haya que extender kilómetros de cable e instalar postes para llevar electricidad a hogares y granjas remotas. Hoy día, electrificar supone descarbonizar, es decir sustituir el uso de combustibles fósiles por el consumo de electricidad de origen renovable. Y en estos territorios, muchos hogares se calientan con tanques de gasoil, se usan bombonas de butano para cocinar y los desplazamientos se realizan en vehículos de combustión con más de 15 años de antigüedad. Pero soluciones más sostenibles, como el autoconsumo con paneles fotovoltaicos, el coche eléctrico, la aerotermia o el almacenamiento detrás de contador no terminan de penetrar con éxito.El mundo rural cuenta con potencial más que suficiente para ser más competitivo desde el punto de vista energético. «Es un generador neto de energía renovable, pero consume un 17% menos electricidad que la media nacional. En las ciudades hay más renta disponible para tener sistemas eléctricos de aire acondicionado, calefacción, termos… Pero en muchos pueblos todavía se usa la bombona de butano para calentar el agua de la ducha», asegura Leonardo Hervás, director general de CIDE, una asociación de 190 pequeños distribuidores que dan servicio a medio millón de hogares de la España vaciada y que ha impulsado el Observatorio de Descarbonización Rural. Hay otros factores como la dispersión geográfica, una población envejecida, la despoblación… que tampoco ayudan a que estos territorios reduzcan su dependencia de los combustibles fósiles.Atracción industrialEl Observatorio ha hecho una radiografía del impacto que algunas soluciones de transición energética está teniendo en la España vaciada, que genera el 83% de la energía renovable de nuestro país. Destaca su abundante recurso solar. No solo en la mitad sur peninsular, también en el centro, en comunidades como Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Aragón. Son zonas con espacio disponible para instalar plantas de generación renovable, una energía más competitiva que puede atraer nuevos proyectos industriales. Incluso la fotovoltaica en tejados de zonas rurales podría producir 2.200 kWh/año por habitante, el doble que en las ciudades. «Las viviendas unifamiliares, con cubiertas disponibles y mayor espacio para equipos, facilitan instalaciones óptimas de fotovoltaica y sistemas térmicos eficientes», apunta Luis Buil, director de Smart Solutions de Iberdrola. Estos territorios disponen de otro gran recurso: un sector primario que genera 5,5 millones de toneladas de residuos (animales, agroalimentarios, forestales…) al año y que se pueden utilizar como biomasa para producir electricidad o para fabricar combustibles renovables como biogás o biometano.Noticia relacionada general No No A fondo/ Cosecha de futuro Una semilla de oro para revitalizar la agricultura española María José Pérez-BarcoSin embargo, a pesar de esas fortalezas, las tecnologías con más potencial para descarbonizar estas regiones no avanzan al ritmo que se podría esperar. El Observatorio apunta que el aprovechamiento del autoconsumo fotovoltaico resulta muy limitado en zonas con gran recurso solar como Extremadura, Murcia, Canarias y Castilla-La Mancha. Se trata de una solución clave para reducir el uso de combustibles fósiles en el día a día de hogares y empresas, que además rebaja la factura de la luz y puede aliviar la presión en la red eléctrica. «Al generar electricidad cerca del punto de consumo, reduce la dependencia de la red en muchas horas del día, lo que alivia parte de la nueva demanda eléctrica, no tensiona la red y en muchos casos contribuye a estabilizarla», explica Luis Buil.Sin apoyosEl coste inicial de la instalación, la avanzada edad de los propietarios que reduce el margen de recuperación de la inversión, la percepción de que las ayudas son insuficientes y la falta de información está estancando la penetración del autoconsumo fotovoltaico, según el Observatorio. «El autoconsumo se utiliza desde hace tiempo en comunidades aisladas que no están conectadas a la red. También en casas y explotaciones agrarias, pero en algunas zonas resulta difícil innovar y hay muchas casas que son segundas residencias y tampoco interesa instalar paneles», considera José Donoso, director general de UNEF.Las comunidades energéticas son también grandes desconocidas en estos entornos, aunque están siendo impulsadas tanto por agentes públicos como privados y empiezan a aparecer las primeras. De hecho, el 50% de las que existen se encuentran en municipios rurales. Pero «cuesta mucho avanzar y poner de acuerdo a un grupo de personas. Además es difícil encontrar gente en los pueblos que gestionen estas comunidades. Las cooperativas agrícolas podrían reconvertirse en comunidades energéticas para ofrecer energía más barata a los cooperativistas y toda una serie de servicios», propone Donoso.La escasa penetración del vehículo eléctrico es otra realidad. En 2024, suponía el 8% del parque móvil: se contabilizan cuatro por cada 1.000 vehículos de cualquier tipo de tecnología. En las ciudades esa cifra asciende a 11. Y solo la mitad de las empresas rurales dispone de más del 10% de su flota electrificada. Un despliegue todavía muy limitado si se considera que en estos entornos el transporte público escasea, los desplazamientos se realizan en coches privados y el 42% de los vehículos tiene más de 15 años de antigüedad y es necesario su renovación.Sólidas barrerasEl coste del coche eléctrico, las limitaciones técnicas y una insuficiente infraestructura de recarga explican esta brecha en la movilidad eléctrica. «Se desconoce el estado de desarrollo de la tecnología. La falta de red de servicio también preocupa, porque hay menos talleres especializados y concesionarios que en las zonas urbanas, lo que genera miedo ante posibles averías. Y el precio de compra inicial del coche eléctrico sigue siendo más alto, lo que frena la adopción en zonas con rentas per cápita generalmente inferiores a las urbanas», indica Arturo Pérez de Lucía, director general de Aedive (Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica) y vicepresidente de la asociación europea E-Mobility Europe.Más del 85% de los municipios rurales no cuentan con puntos de recarga. «Muchas zonas tienen redes eléctricas antiguas con potencia limitada. Instalar un cargador rápido puede requerir una costosa actualización de la red local. También influye la falta de rentabilidad para los operadores: las empresas privadas priorizan las ciudades porque hay más rotación de usuarios. En un pueblo o una pequeña localidad el número de usos diarios es bajo, lo que alarga mucho el tiempo para recuperar la inversión. Y la dispersión geográfica implica cubrir un territorio extenso con pocos habitantes, que requiere más inversión por usuario que en un núcleo urbano denso», explica Pérez de Lucía.Una opción sería que las distribuidoras asumieran estas instalaciones. «La UE planteó que los puntos de recarga no podían ser instalados por las empresas de distribución salvo que fuera el último recurso. En esos casos el distribuidor sí podría hacerlo. Pero en España la distribución está regulada y tiene que estar indicado expresamente por el Gobierno», explica Leonardo Hervás.Un espaldarazo a la eficiencia de los municipios El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) ha concedido 351 millones a 1.155 proyectos singulares para municipios de menos de 5.000 habitantes a través de la línea de ayudas DUS 5.000. Se trata de iniciativas impulsadas por ayuntamientos para mejorar la eficiencia energética en el alumbrado público y edificios municipales, para instalar generación renovable (autoconsumo, redes de frío y calor) y para movilidad eléctrica (electrificación de flotas, de vehículos de servicio público, nuevos puntos de recarga..). Además este organismo está a punto de resolver la adjudicación de ayudas para el despliegue de infraestructura de recarga en zonas de sombra de la red viaria, es decir donde no hay ninguna cobertura, a través del plan Moves Corredores. Y se han celebrado seis convocatorias de CE Implementa para impulsar comunidades energéticas, muchas en el ámbito rural.Otro ecosistema con recorrido es el de los sistemas de calefacción, donde la presencia de combustibles fósiles es muy elevada. Según el Observatorio, el gas butano es la segunda tecnología más utilizada para cocinar y para calentar agua sanitaria. Y más de la mitad de los sistemas de calefacción son anteriores al año 2000. Una eficiente alternativa es la aerotermia. «Por cada kWh eléctrico consumido genera entre 3 y 4 kWh térmicos. Es especialmente adecuada para sustituir calderas de gasóleo, muy extendidas en estas zonas, reduciendo emisiones, costes energéticos y dependencia de combustibles importados. Combinada con autoconsumo, permite electrificar la calefacción y el agua caliente de forma muy competitiva, acelerando la transición energética en el entorno rural», garantiza Luis Buil.Para habilitar todas estas tecnologías es necesario adecuar la red eléctrica y, en este sentido, el Observatorio recuerda que mismo año la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) advertía de que cerca del 90% de los nudos de la red de transporte y distribución presentaban capacidad de acceso nula, es decir que no se pueden conectar nuevos consumidores. «A medida que crezca la penetración conjunta de fotovoltaica, aerotermia y otros usos eléctricos, será necesario reforzar la red, especialmente en baja tensión y en transformadores de centros de distribución rurales que fueron dimensionados para consumos muy inferiores. Por ello, es clave anticipar la inversión y acompañarla de digitalización (sensores, telemedida, control de tensiones…), gestión inteligente de la demanda y almacenamiento distribuido. La clave no es solo reforzar la red, sino hacerlo de forma inteligente y anticipada», opina Luis Buil.De momento, hay un límite anual (el 0,13% del PIB) para que los operadores inviertan en redes eléctricas. «Se estableció en un momento de crisis. Ahora que se fomenta la electrificación ya no tiene sentido. Los operadores estamos planteando incrementar esas limitaciones y el Ministerio de Transición Ecológica está estudiando esa ampliación. Es necesaria para desarrollar nuevas redes que se van a tardar en construir», dice Leonardo Hervás.Punto de recarga rápida en Naut de Arán (Lérida), habilitado por Iberdrola que ha desplegado 1. 500 conexiones de este tipo en pueblos con menos de 5. 000 habitantes.Pasos adelanteNo obstante, en el mundo rural comienzan a surgir iniciativas y proyectos alineados con la transición hacia la descarbonización. Es el caso de la comunidad energética Efiduero que suministra electricidad renovable a precio de coste a casi cien pueblos de Zamora y Salamanca. Cuenta con 282 instalaciones de paneles fotovoltaicos para autoconsumo que se han colocado sobre todo en edificios municipales. «Hay ayuntamientos en los que podemos cubrir el 100% de la demanda en horario solar», asegura José Luis Pascual, director gerente de Efiduero. Esta comunidad funciona como una distribuidora, porque «podemos operar en el mercado eléctrico para vender y comprar electricidad y para agregar consumidores a nuestras instalaciones de autoconsumo» asegura.Entre otros servicios, Efiduero ha instalado 30 puntos de recarga para vehículos eléctricos y ha puesto a disposición de la población una flota de 28 coches eléctricos con conductor para desplazamientos. «Nuestro objetivo es que nuestros pueblos tengan las condiciones normalizadas dentro de lo que se entiende como desarrollo», explica Pascual. El siguiente reto es incorporar sistemas de almacenamiento para cubrir la demanda de noche e «implementar programas para automatizar la unión entre demanda, producción y consumo. Así seremos más eficientes y tendremos independencia energética», afirma.El equipo de investigación de Física para las Energías Renovables de la Universidad de Córdoba (UCO) trabaja en el desarrollo de soluciones científicas y tecnológicas para aprovechar mejor las posibilidades de las energías verdes. Una de sus líneas de actuación es el diseño de la instalación de proyectos agrivoltaicos, donde los cultivos conviven con paneles fotovoltaicos. «Es una tecnología más costosa que la tradicional, porque son instalaciones elevadas en las que el cultivo queda debajo. Se necesitan estructuras y cimentaciones más caras. El panel se va orientando para favorecer o impedir que la irradiación llegue al cultivo en sus diferentes fases de desarrollo. Incluso puede contribuir a mejorar la calidad del producto», cuenta José Ramírez, miembro de este grupo de investigación y profesor de la UCO.Es una tecnología que contribuye a una generación más distribuida, para consumir la energía de forma local. «Descargaría la red de transporte y distribución», dice Ramírez. Además supone una fuente extra de ingresos para el agricultor y «es respetuosa para la conservación de la actividad agrícola», asegura el profesor.Nuevas oportunidades para el medio rural, que también se alza como un actor clave en la descarbonización.  

La España vaciada se está quedando atrás en electrificación. Y esto no significa que haya que extender kilómetros de cable e instalar postes para llevar electricidad a hogares y granjas remotas. Hoy día, electrificar supone descarbonizar, es decir sustituir el uso de combustibles fósiles por … el consumo de electricidad de origen renovable. Y en estos territorios, muchos hogares se calientan con tanques de gasoil, se usan bombonas de butano para cocinar y los desplazamientos se realizan en vehículos de combustión con más de 15 años de antigüedad. Pero soluciones más sostenibles, como el autoconsumo con paneles fotovoltaicos, el coche eléctrico, la aerotermia o el almacenamiento detrás de contador no terminan de penetrar con éxito.

El mundo rural cuenta con potencial más que suficiente para ser más competitivo desde el punto de vista energético. «Es un generador neto de energía renovable, pero consume un 17% menos electricidad que la media nacional. En las ciudades hay más renta disponible para tener sistemas eléctricos de aire acondicionado, calefacción, termos… Pero en muchos pueblos todavía se usa la bombona de butano para calentar el agua de la ducha», asegura Leonardo Hervás, director general de CIDE, una asociación de 190 pequeños distribuidores que dan servicio a medio millón de hogares de la España vaciada y que ha impulsado el Observatorio de Descarbonización Rural. Hay otros factores como la dispersión geográfica, una población envejecida, la despoblación… que tampoco ayudan a que estos territorios reduzcan su dependencia de los combustibles fósiles.

Atracción industrial

El Observatorio ha hecho una radiografía del impacto que algunas soluciones de transición energética está teniendo en la España vaciada, que genera el 83% de la energía renovable de nuestro país. Destaca su abundante recurso solar. No solo en la mitad sur peninsular, también en el centro, en comunidades como Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Aragón. Son zonas con espacio disponible para instalar plantas de generación renovable, una energía más competitiva que puede atraer nuevos proyectos industriales. Incluso la fotovoltaica en tejados de zonas rurales podría producir 2.200 kWh/año por habitante, el doble que en las ciudades. «Las viviendas unifamiliares, con cubiertas disponibles y mayor espacio para equipos, facilitan instalaciones óptimas de fotovoltaica y sistemas térmicos eficientes», apunta Luis Buil, director de Smart Solutions de Iberdrola. Estos territorios disponen de otro gran recurso: un sector primario que genera 5,5 millones de toneladas de residuos (animales, agroalimentarios, forestales…) al año y que se pueden utilizar como biomasa para producir electricidad o para fabricar combustibles renovables como biogás o biometano.

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Sin apoyos

El coste inicial de la instalación, la avanzada edad de los propietarios que reduce el margen de recuperación de la inversión, la percepción de que las ayudas son insuficientes y la falta de información está estancando la penetración del autoconsumo fotovoltaico, según el Observatorio. «El autoconsumo se utiliza desde hace tiempo en comunidades aisladas que no están conectadas a la red. También en casas y explotaciones agrarias, pero en algunas zonas resulta difícil innovar y hay muchas casas que son segundas residencias y tampoco interesa instalar paneles», considera José Donoso, director general de UNEF.

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La escasa penetración del vehículo eléctrico es otra realidad. En 2024, suponía el 8% del parque móvil: se contabilizan cuatro por cada 1.000 vehículos de cualquier tipo de tecnología. En las ciudades esa cifra asciende a 11. Y solo la mitad de las empresas rurales dispone de más del 10% de su flota electrificada. Un despliegue todavía muy limitado si se considera que en estos entornos el transporte público escasea, los desplazamientos se realizan en coches privados y el 42% de los vehículos tiene más de 15 años de antigüedad y es necesario su renovación.

Sólidas barreras

El coste del coche eléctrico, las limitaciones técnicas y una insuficiente infraestructura de recarga explican esta brecha en la movilidad eléctrica. «Se desconoce el estado de desarrollo de la tecnología. La falta de red de servicio también preocupa, porque hay menos talleres especializados y concesionarios que en las zonas urbanas, lo que genera miedo ante posibles averías. Y el precio de compra inicial del coche eléctrico sigue siendo más alto, lo que frena la adopción en zonas con rentas per cápita generalmente inferiores a las urbanas», indica Arturo Pérez de Lucía, director general de Aedive (Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica) y vicepresidente de la asociación europea E-Mobility Europe.

Más del 85% de los municipios rurales no cuentan con puntos de recarga. «Muchas zonas tienen redes eléctricas antiguas con potencia limitada. Instalar un cargador rápido puede requerir una costosa actualización de la red local. También influye la falta de rentabilidad para los operadores: las empresas privadas priorizan las ciudades porque hay más rotación de usuarios. En un pueblo o una pequeña localidad el número de usos diarios es bajo, lo que alarga mucho el tiempo para recuperar la inversión. Y la dispersión geográfica implica cubrir un territorio extenso con pocos habitantes, que requiere más inversión por usuario que en un núcleo urbano denso», explica Pérez de Lucía.

Una opción sería que las distribuidoras asumieran estas instalaciones. «La UE planteó que los puntos de recarga no podían ser instalados por las empresas de distribución salvo que fuera el último recurso. En esos casos el distribuidor sí podría hacerlo. Pero en España la distribución está regulada y tiene que estar indicado expresamente por el Gobierno», explica Leonardo Hervás.

Un espaldarazo a la eficiencia de los municipios

El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) ha concedido 351 millones a 1.155 proyectos singulares para municipios de menos de 5.000 habitantes a través de la línea de ayudas DUS 5.000. Se trata de iniciativas impulsadas por ayuntamientos para mejorar la eficiencia energética en el alumbrado público y edificios municipales, para instalar generación renovable (autoconsumo, redes de frío y calor) y para movilidad eléctrica (electrificación de flotas, de vehículos de servicio público, nuevos puntos de recarga..). Además este organismo está a punto de resolver la adjudicación de ayudas para el despliegue de infraestructura de recarga en zonas de sombra de la red viaria, es decir donde no hay ninguna cobertura, a través del plan Moves Corredores. Y se han celebrado seis convocatorias de CE Implementa para impulsar comunidades energéticas, muchas en el ámbito rural.

Otro ecosistema con recorrido es el de los sistemas de calefacción, donde la presencia de combustibles fósiles es muy elevada. Según el Observatorio, el gas butano es la segunda tecnología más utilizada para cocinar y para calentar agua sanitaria. Y más de la mitad de los sistemas de calefacción son anteriores al año 2000. Una eficiente alternativa es la aerotermia. «Por cada kWh eléctrico consumido genera entre 3 y 4 kWh térmicos. Es especialmente adecuada para sustituir calderas de gasóleo, muy extendidas en estas zonas, reduciendo emisiones, costes energéticos y dependencia de combustibles importados. Combinada con autoconsumo, permite electrificar la calefacción y el agua caliente de forma muy competitiva, acelerando la transición energética en el entorno rural», garantiza Luis Buil.

Para habilitar todas estas tecnologías es necesario adecuar la red eléctrica y, en este sentido, el Observatorio recuerda que mismo año la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) advertía de que cerca del 90% de los nudos de la red de transporte y distribución presentaban capacidad de acceso nula, es decir que no se pueden conectar nuevos consumidores. «A medida que crezca la penetración conjunta de fotovoltaica, aerotermia y otros usos eléctricos, será necesario reforzar la red, especialmente en baja tensión y en transformadores de centros de distribución rurales que fueron dimensionados para consumos muy inferiores. Por ello, es clave anticipar la inversión y acompañarla de digitalización (sensores, telemedida, control de tensiones…), gestión inteligente de la demanda y almacenamiento distribuido. La clave no es solo reforzar la red, sino hacerlo de forma inteligente y anticipada», opina Luis Buil.

De momento, hay un límite anual (el 0,13% del PIB) para que los operadores inviertan en redes eléctricas. «Se estableció en un momento de crisis. Ahora que se fomenta la electrificación ya no tiene sentido. Los operadores estamos planteando incrementar esas limitaciones y el Ministerio de Transición Ecológica está estudiando esa ampliación. Es necesaria para desarrollar nuevas redes que se van a tardar en construir», dice Leonardo Hervás.

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Punto de recarga rápida en Naut de Arán (Lérida), habilitado por Iberdrola que ha desplegado 1. 500 conexiones de este tipo en pueblos con menos de 5. 000 habitantes.

Pasos adelante

No obstante, en el mundo rural comienzan a surgir iniciativas y proyectos alineados con la transición hacia la descarbonización. Es el caso de la comunidad energética Efiduero que suministra electricidad renovable a precio de coste a casi cien pueblos de Zamora y Salamanca. Cuenta con 282 instalaciones de paneles fotovoltaicos para autoconsumo que se han colocado sobre todo en edificios municipales. «Hay ayuntamientos en los que podemos cubrir el 100% de la demanda en horario solar», asegura José Luis Pascual, director gerente de Efiduero. Esta comunidad funciona como una distribuidora, porque «podemos operar en el mercado eléctrico para vender y comprar electricidad y para agregar consumidores a nuestras instalaciones de autoconsumo» asegura.

Entre otros servicios, Efiduero ha instalado 30 puntos de recarga para vehículos eléctricos y ha puesto a disposición de la población una flota de 28 coches eléctricos con conductor para desplazamientos. «Nuestro objetivo es que nuestros pueblos tengan las condiciones normalizadas dentro de lo que se entiende como desarrollo», explica Pascual. El siguiente reto es incorporar sistemas de almacenamiento para cubrir la demanda de noche e «implementar programas para automatizar la unión entre demanda, producción y consumo. Así seremos más eficientes y tendremos independencia energética», afirma.

El equipo de investigación de Física para las Energías Renovables de la Universidad de Córdoba (UCO) trabaja en el desarrollo de soluciones científicas y tecnológicas para aprovechar mejor las posibilidades de las energías verdes. Una de sus líneas de actuación es el diseño de la instalación de proyectos agrivoltaicos, donde los cultivos conviven con paneles fotovoltaicos. «Es una tecnología más costosa que la tradicional, porque son instalaciones elevadas en las que el cultivo queda debajo. Se necesitan estructuras y cimentaciones más caras. El panel se va orientando para favorecer o impedir que la irradiación llegue al cultivo en sus diferentes fases de desarrollo. Incluso puede contribuir a mejorar la calidad del producto», cuenta José Ramírez, miembro de este grupo de investigación y profesor de la UCO.

Es una tecnología que contribuye a una generación más distribuida, para consumir la energía de forma local. «Descargaría la red de transporte y distribución», dice Ramírez. Además supone una fuente extra de ingresos para el agricultor y «es respetuosa para la conservación de la actividad agrícola», asegura el profesor.

Nuevas oportunidades para el medio rural, que también se alza como un actor clave en la descarbonización.

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