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  Sociedad  Los anfitriones VIP de las nuevas fiestas privadas de Marbella
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Los anfitriones VIP de las nuevas fiestas privadas de Marbella

julio 24, 2026
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Hubo un tiempo en que bastaba una invitación de Adnan Khashoggi para saber que se avecinaba la fiesta del verano en Marbella: el magnate saudí monopolizaba la vida social de la Costa del Sol. Cuatro décadas después, Marbella sigue siendo la gran capital social del verano español , pero el cetro ya no pertenece a un solo anfitrión. El poder se ha repartido entre varias figuras que, desde ámbitos muy distintos, mantienen viva una tradición que ha evolucionado de los excesos al prestigio selectivo, de la ostentación a la exclusividad.El primero de esos anfitriones es, sin discusión, Antonio Banderas . Nadie posee hoy una capacidad de convocatoria semejante: sus amigos, los actores de Hollywood, además de músicos, deportistas, empresarios, aristócratas y grandes fortunas internacionales. Si Marbella continúa ocupando cada verano las páginas de la prensa internacional es, en buena medida, gracias al actor malagueño y a la plataforma que ha construido junto a Sandra García-Sanjuán alrededor de Starlite, un festival que se ha consolidado con cita cultural imprescindible. Quienes conocen bien ese universo aseguran que la verdadera fiesta comienza cuando termina la gala. Los fotógrafos abandonan la cantera de Nagüeles, las cámaras dejan de disparar y empiezan las invitaciones más codiciadas de la noche. Antonio Banderas y Sandra García-Sanjuán, en una imagen de archivo. GtresEn una misma mesa pueden coincidir Richard Gere comentando sus proyectos cinematográficos con otras estrellas, saludando a modelos como Valeria Mazza, conversando con empresarios latinoamericanos o poniéndose al día en los deportes con pilotos como Carlos Sainz . No son encuentros preparados para las revistas del corazón. Son cenas donde el protocolo desaparece y la conversación sustituye al posado.Banderas domina el arte de actuar en el protocolo de la noche con naturalidad. Los invitados no acuden únicamente para dejarse fotografiar, sino porque saben que Marbella ofrece algo que otros festivales han perdido hace tiempo : el disfrute de la conversación, el placer de cenar lejos de los focos y disfrutar de un ambiente infinitamente más relajado que Cannes, Venecia o Los Ángeles. Antonio Banderas y Richard Gere. GtresNo es extraño que artistas internacionales prolonguen su estancia varios días después de sus compromisos oficiales para disfrutar de esa Marbella que sólo conocen quienes reciben una llamada de última hora . Las personalidades van de Nicole Kimpel, a Paula Echevarría, Miguel Torres, Victoria Federica, Carmen Lomana, Hiba Abouk…Pero si Antonio Banderas es la imagen visible, Sandra García-Sanjuán es la mujer que mueve los hilos. Pocas agendas telefónicas tienen tanto valor como la suya. Durante meses encaja compromisos imposibles para que, en apenas unas horas, coincidan personalidades repartidas entre Nueva York, Dubái, Londres, Ciudad de México o Madrid . Su habilidad consiste en mezclar mundos aparentemente incompatibles. En una misma velada pueden coincidir un productor de Hollywood, un cantante latino, un diseñador de alta costura, un aristócrata europeo y un inversor mexicano sin que la reunión resulte forzada.Esa mezcla explica buena parte del éxito social de Starlite. Allí no sólo se entregan premios o se celebran conciertos; también nacen amistades, colaboraciones profesionales y proyectos empresariales que continúan desarrollándose mucho después del verano.Victoria Federica y Thibaut Courtois disfrutan de un concierto en Marbella la semana pasada. GtresLos invitados más exclusivosLas listas de invitados se elaboran casi con precisión diplomática. Hay artistas que reciben una invitación personal del propio Antonio Banderas, otros llegan de la mano de Sandra García-Sanjuán, algunos son amigos íntimos desde hace décadas y otros aparecen porque un empresario quiere presentarles a un productor. En Marbella, una mesa puede ser el mejor despacho del mundo para hace negocios o demostrar el dominio de las relaciones públicas.En paralelo, María Bravo ha construido un puente permanente entre Hollywood y la Costa del Sol. Su amistad con Eva Longoria ha dado origen a una relación fructífera para Marbella. Las galas de Global Gift son sólo la parte visible de una intensa actividad social que da paso a los negocios tras la cena benéfica.En Marbella, una mesa puede ser el mejor despacho del mundo para hace negocios o demostrar el dominio de las relaciones públicasQuienes frecuentan ese círculo saben que las mejores conversaciones rara vez se producen delante del ‘photocall’. Es más habitual encontrarlas al día siguiente, durante un almuerzo en una villa de Sierra Blanca o una comida frente al mar donde Eva Longoria comparte mesa con Kevin Costner, Amaury Nolasco o James Blunt, además de empresarios tecnológicos estadounidenses o filántropos europeos. María Bravo ejerce un papel casi invisible pero decisivo : presenta personas y consigue crear vínculos con mucho potencial.Eva Longoria, Maria Bravo y Macarena Gomez en una fiesta en Marbella el año pasado. GtresHollywood sigue sintiéndose especialmente cómodo en ese ambiente. Richard Gere ha sido uno de los rostros internacionales que han respaldado las grandes citas benéficas de la ciudad , como Melanie Griffith, que mantiene un vínculo sentimental evidente tras su matrimonio con Antonio Banderas. Eva Longoria se mueve con absoluta naturalidad entre empresarios españoles y actores norteamericanos, hasta el punto de que resulta difícil distinguir cuándo termina el acto oficial y empieza la reunión entre amigos.La anfitriona de las fiestasGunilla von Bismarck. GtresExiste, además, una anfitriona cuya importancia apenas necesita publicidad. Gunilla von Bismarck representa el último puente con aquella Marbella aristocrática que hicieron famosa Alfonso de Hohenlohe y el Marbella Club. Su apellido continúa abriendo puertas que permanecen cerradas para casi cualquiera . Sus celebraciones conservan un aire muy distinto al de las grandes galas. Son encuentros más reducidos, donde predominan las conversaciones largas, los viejos amigos y una elegancia heredada de otra época.Quienes han coincidido con ella destacan una curiosidad constante: Gunilla conoce prácticamente la historia personal de todos los presentes. Ha visto llegar a varias generaciones de empresarios, aristócratas y celebridades, de modo que sus reuniones terminan convirtiéndose en una especie de viaje por la memoria sentimental de Marbella. En torno a su mesa es frecuente escuchar anécdotas sobre los primeros veranos de Sean Connery, las temporadas doradas del Marbella Club o las interminables noches de la jet europea cuando Puerto Banús empezaba a convertirse en el puerto deportivo más famoso del Mediterráneo. Hay mucho de nostalgia en esos encuentros inspirados en otra época.Marbella, un lugar de descanso VIPNaturalmente, Marbella también vive de quienes no organizan fiestas, pero contribuyen a engrandecer su leyenda : Novak Djokovic lleva años escogiendo la ciudad para entrenar y descansar, Erling Haaland ha encontrado en la Costa del Sol el refugio perfecto para desconectar de la presión de la Premier League (este año se recuperarse del Mundial que ha consolidado su ‘bromance’ con Jude Bellingham, al que esperamos invite a pasar unos días). Simon Cowell es otro habitual de los paseos por Puerto Banús o de las reservas en los restaurantes de la Milla de Oro.La Marbella actual ha sustituido el exhibicionismo por la influencia. Los grandes anfitriones ya no compiten por organizar la fiesta más espectacular, sino por reunir a las personas adecuadasSin embargo, el verdadero corazón social de Marbella sigue latiendo lejos de las cámaras. Las fiestas más exclusivas ya no se anuncian . Se celebran tras los muros de las villas de Sierra Blanca, La Zagaleta o la Milla de Oro, donde chefs con estrella Michelin cocinan para apenas una veintena de invitados y la seguridad comienza mucho antes de llegar a la puerta. En algunas reuniones se solicita expresamente que los teléfonos móviles permanezcan guardados; en otras basta un acuerdo tácito entre los asistentes para que ninguna fotografía termine en las redes sociales. Esa discreción explica que muchas de las mejores historias jamás lleguen a publicarse.Porque la Marbella actual ha sustituido el exhibicionismo por la influencia. Los grandes anfitriones ya no compiten por organizar la fiesta más espectacular, sino por reunir a las personas adecuadas . Una invitación puede significar el comienzo de una película, una inversión inmobiliaria, un proyecto empresarial o, simplemente, una amistad inesperada. Las noches ya no se recuerdan por el número de botellas de champán ni por los excesos, destacan por la original mezcla de invitados sentados alrededor de una mesa. Hubo un tiempo en que bastaba una invitación de Adnan Khashoggi para saber que se avecinaba la fiesta del verano en Marbella: el magnate saudí monopolizaba la vida social de la Costa del Sol. Cuatro décadas después, Marbella sigue siendo la gran capital social del verano español , pero el cetro ya no pertenece a un solo anfitrión. El poder se ha repartido entre varias figuras que, desde ámbitos muy distintos, mantienen viva una tradición que ha evolucionado de los excesos al prestigio selectivo, de la ostentación a la exclusividad.El primero de esos anfitriones es, sin discusión, Antonio Banderas . Nadie posee hoy una capacidad de convocatoria semejante: sus amigos, los actores de Hollywood, además de músicos, deportistas, empresarios, aristócratas y grandes fortunas internacionales. Si Marbella continúa ocupando cada verano las páginas de la prensa internacional es, en buena medida, gracias al actor malagueño y a la plataforma que ha construido junto a Sandra García-Sanjuán alrededor de Starlite, un festival que se ha consolidado con cita cultural imprescindible. Quienes conocen bien ese universo aseguran que la verdadera fiesta comienza cuando termina la gala. Los fotógrafos abandonan la cantera de Nagüeles, las cámaras dejan de disparar y empiezan las invitaciones más codiciadas de la noche. Antonio Banderas y Sandra García-Sanjuán, en una imagen de archivo. GtresEn una misma mesa pueden coincidir Richard Gere comentando sus proyectos cinematográficos con otras estrellas, saludando a modelos como Valeria Mazza, conversando con empresarios latinoamericanos o poniéndose al día en los deportes con pilotos como Carlos Sainz . No son encuentros preparados para las revistas del corazón. Son cenas donde el protocolo desaparece y la conversación sustituye al posado.Banderas domina el arte de actuar en el protocolo de la noche con naturalidad. Los invitados no acuden únicamente para dejarse fotografiar, sino porque saben que Marbella ofrece algo que otros festivales han perdido hace tiempo : el disfrute de la conversación, el placer de cenar lejos de los focos y disfrutar de un ambiente infinitamente más relajado que Cannes, Venecia o Los Ángeles. Antonio Banderas y Richard Gere. GtresNo es extraño que artistas internacionales prolonguen su estancia varios días después de sus compromisos oficiales para disfrutar de esa Marbella que sólo conocen quienes reciben una llamada de última hora . Las personalidades van de Nicole Kimpel, a Paula Echevarría, Miguel Torres, Victoria Federica, Carmen Lomana, Hiba Abouk…Pero si Antonio Banderas es la imagen visible, Sandra García-Sanjuán es la mujer que mueve los hilos. Pocas agendas telefónicas tienen tanto valor como la suya. Durante meses encaja compromisos imposibles para que, en apenas unas horas, coincidan personalidades repartidas entre Nueva York, Dubái, Londres, Ciudad de México o Madrid . Su habilidad consiste en mezclar mundos aparentemente incompatibles. En una misma velada pueden coincidir un productor de Hollywood, un cantante latino, un diseñador de alta costura, un aristócrata europeo y un inversor mexicano sin que la reunión resulte forzada.Esa mezcla explica buena parte del éxito social de Starlite. Allí no sólo se entregan premios o se celebran conciertos; también nacen amistades, colaboraciones profesionales y proyectos empresariales que continúan desarrollándose mucho después del verano.Victoria Federica y Thibaut Courtois disfrutan de un concierto en Marbella la semana pasada. GtresLos invitados más exclusivosLas listas de invitados se elaboran casi con precisión diplomática. Hay artistas que reciben una invitación personal del propio Antonio Banderas, otros llegan de la mano de Sandra García-Sanjuán, algunos son amigos íntimos desde hace décadas y otros aparecen porque un empresario quiere presentarles a un productor. En Marbella, una mesa puede ser el mejor despacho del mundo para hace negocios o demostrar el dominio de las relaciones públicas.En paralelo, María Bravo ha construido un puente permanente entre Hollywood y la Costa del Sol. Su amistad con Eva Longoria ha dado origen a una relación fructífera para Marbella. Las galas de Global Gift son sólo la parte visible de una intensa actividad social que da paso a los negocios tras la cena benéfica.En Marbella, una mesa puede ser el mejor despacho del mundo para hace negocios o demostrar el dominio de las relaciones públicasQuienes frecuentan ese círculo saben que las mejores conversaciones rara vez se producen delante del ‘photocall’. Es más habitual encontrarlas al día siguiente, durante un almuerzo en una villa de Sierra Blanca o una comida frente al mar donde Eva Longoria comparte mesa con Kevin Costner, Amaury Nolasco o James Blunt, además de empresarios tecnológicos estadounidenses o filántropos europeos. María Bravo ejerce un papel casi invisible pero decisivo : presenta personas y consigue crear vínculos con mucho potencial.Eva Longoria, Maria Bravo y Macarena Gomez en una fiesta en Marbella el año pasado. GtresHollywood sigue sintiéndose especialmente cómodo en ese ambiente. Richard Gere ha sido uno de los rostros internacionales que han respaldado las grandes citas benéficas de la ciudad , como Melanie Griffith, que mantiene un vínculo sentimental evidente tras su matrimonio con Antonio Banderas. Eva Longoria se mueve con absoluta naturalidad entre empresarios españoles y actores norteamericanos, hasta el punto de que resulta difícil distinguir cuándo termina el acto oficial y empieza la reunión entre amigos.La anfitriona de las fiestasGunilla von Bismarck. GtresExiste, además, una anfitriona cuya importancia apenas necesita publicidad. Gunilla von Bismarck representa el último puente con aquella Marbella aristocrática que hicieron famosa Alfonso de Hohenlohe y el Marbella Club. Su apellido continúa abriendo puertas que permanecen cerradas para casi cualquiera . Sus celebraciones conservan un aire muy distinto al de las grandes galas. Son encuentros más reducidos, donde predominan las conversaciones largas, los viejos amigos y una elegancia heredada de otra época.Quienes han coincidido con ella destacan una curiosidad constante: Gunilla conoce prácticamente la historia personal de todos los presentes. Ha visto llegar a varias generaciones de empresarios, aristócratas y celebridades, de modo que sus reuniones terminan convirtiéndose en una especie de viaje por la memoria sentimental de Marbella. En torno a su mesa es frecuente escuchar anécdotas sobre los primeros veranos de Sean Connery, las temporadas doradas del Marbella Club o las interminables noches de la jet europea cuando Puerto Banús empezaba a convertirse en el puerto deportivo más famoso del Mediterráneo. Hay mucho de nostalgia en esos encuentros inspirados en otra época.Marbella, un lugar de descanso VIPNaturalmente, Marbella también vive de quienes no organizan fiestas, pero contribuyen a engrandecer su leyenda : Novak Djokovic lleva años escogiendo la ciudad para entrenar y descansar, Erling Haaland ha encontrado en la Costa del Sol el refugio perfecto para desconectar de la presión de la Premier League (este año se recuperarse del Mundial que ha consolidado su ‘bromance’ con Jude Bellingham, al que esperamos invite a pasar unos días). Simon Cowell es otro habitual de los paseos por Puerto Banús o de las reservas en los restaurantes de la Milla de Oro.La Marbella actual ha sustituido el exhibicionismo por la influencia. Los grandes anfitriones ya no compiten por organizar la fiesta más espectacular, sino por reunir a las personas adecuadasSin embargo, el verdadero corazón social de Marbella sigue latiendo lejos de las cámaras. Las fiestas más exclusivas ya no se anuncian . Se celebran tras los muros de las villas de Sierra Blanca, La Zagaleta o la Milla de Oro, donde chefs con estrella Michelin cocinan para apenas una veintena de invitados y la seguridad comienza mucho antes de llegar a la puerta. En algunas reuniones se solicita expresamente que los teléfonos móviles permanezcan guardados; en otras basta un acuerdo tácito entre los asistentes para que ninguna fotografía termine en las redes sociales. Esa discreción explica que muchas de las mejores historias jamás lleguen a publicarse.Porque la Marbella actual ha sustituido el exhibicionismo por la influencia. Los grandes anfitriones ya no compiten por organizar la fiesta más espectacular, sino por reunir a las personas adecuadas . Una invitación puede significar el comienzo de una película, una inversión inmobiliaria, un proyecto empresarial o, simplemente, una amistad inesperada. Las noches ya no se recuerdan por el número de botellas de champán ni por los excesos, destacan por la original mezcla de invitados sentados alrededor de una mesa.  

Hubo un tiempo en que bastaba una invitación de Adnan Khashoggi para saber que se avecinaba la fiesta del verano en Marbella: el magnate saudí monopolizaba la vida social de la Costa del Sol. Cuatro décadas después, Marbella sigue siendo la gran capital social … del verano español, pero el cetro ya no pertenece a un solo anfitrión. El poder se ha repartido entre varias figuras que, desde ámbitos muy distintos, mantienen viva una tradición que ha evolucionado de los excesos al prestigio selectivo, de la ostentación a la exclusividad.

El primero de esos anfitriones es, sin discusión, Antonio Banderas. Nadie posee hoy una capacidad de convocatoria semejante: sus amigos, los actores de Hollywood, además de músicos, deportistas, empresarios, aristócratas y grandes fortunas internacionales.

Si Marbella continúa ocupando cada verano las páginas de la prensa internacional es, en buena medida, gracias al actor malagueño y a la plataforma que ha construido junto a Sandra García-Sanjuán alrededor de Starlite, un festival que se ha consolidado con cita cultural imprescindible. Quienes conocen bien ese universo aseguran que la verdadera fiesta comienza cuando termina la gala. Los fotógrafos abandonan la cantera de Nagüeles, las cámaras dejan de disparar y empiezan las invitaciones más codiciadas de la noche.

Antonio Banderas y Sandra García-Sanjuán, en una imagen de archivo.
Antonio Banderas y Sandra García-Sanjuán, en una imagen de archivo.
(Gtres)

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Banderas domina el arte de actuar en el protocolo de la noche con naturalidad. Los invitados no acuden únicamente para dejarse fotografiar, sino porque saben que Marbella ofrece algo que otros festivales han perdido hace tiempo: el disfrute de la conversación, el placer de cenar lejos de los focos y disfrutar de un ambiente infinitamente más relajado que Cannes, Venecia o Los Ángeles.

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Antonio Banderas y Richard Gere.
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No es extraño que artistas internacionales prolonguen su estancia varios días después de sus compromisos oficiales para disfrutar de esa Marbella que sólo conocen quienes reciben una llamada de última hora. Las personalidades van de Nicole Kimpel, a Paula Echevarría, Miguel Torres, Victoria Federica, Carmen Lomana, Hiba Abouk…

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Esa mezcla explica buena parte del éxito social de Starlite. Allí no sólo se entregan premios o se celebran conciertos; también nacen amistades, colaboraciones profesionales y proyectos empresariales que continúan desarrollándose mucho después del verano.

Victoria Federica y Thibaut Courtois disfrutan de un concierto en Marbella la semana pasada.
Victoria Federica y Thibaut Courtois disfrutan de un concierto en Marbella la semana pasada.
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Los invitados más exclusivos

Las listas de invitados se elaboran casi con precisión diplomática. Hay artistas que reciben una invitación personal del propio Antonio Banderas, otros llegan de la mano de Sandra García-Sanjuán, algunos son amigos íntimos desde hace décadas y otros aparecen porque un empresario quiere presentarles a un productor. En Marbella, una mesa puede ser el mejor despacho del mundo para hace negocios o demostrar el dominio de las relaciones públicas.

En paralelo, María Bravo ha construido un puente permanente entre Hollywood y la Costa del Sol. Su amistad con Eva Longoria ha dado origen a una relación fructífera para Marbella. Las galas de Global Gift son sólo la parte visible de una intensa actividad social que da paso a los negocios tras la cena benéfica.

En Marbella, una mesa puede ser el mejor despacho del mundo para hace negocios o demostrar el dominio de las relaciones públicas

Quienes frecuentan ese círculo saben que las mejores conversaciones rara vez se producen delante del ‘photocall’. Es más habitual encontrarlas al día siguiente, durante un almuerzo en una villa de Sierra Blanca o una comida frente al mar donde Eva Longoria comparte mesa con Kevin Costner, Amaury Nolasco o James Blunt, además de empresarios tecnológicos estadounidenses o filántropos europeos. María Bravo ejerce un papel casi invisible pero decisivo: presenta personas y consigue crear vínculos con mucho potencial.

Eva Longoria, Maria Bravo y Macarena Gomez en una fiesta en Marbella el año pasado.
Eva Longoria, Maria Bravo y Macarena Gomez en una fiesta en Marbella el año pasado.
(Gtres)

Hollywood sigue sintiéndose especialmente cómodo en ese ambiente. Richard Gere ha sido uno de los rostros internacionales que han respaldado las grandes citas benéficas de la ciudad, como Melanie Griffith, que mantiene un vínculo sentimental evidente tras su matrimonio con Antonio Banderas. Eva Longoria se mueve con absoluta naturalidad entre empresarios españoles y actores norteamericanos, hasta el punto de que resulta difícil distinguir cuándo termina el acto oficial y empieza la reunión entre amigos.

La anfitriona de las fiestas

Gunilla von Bismarck.
Gunilla von Bismarck.
(Gtres)

Existe, además, una anfitriona cuya importancia apenas necesita publicidad. Gunilla von Bismarck representa el último puente con aquella Marbella aristocrática que hicieron famosa Alfonso de Hohenlohe y el Marbella Club. Su apellido continúa abriendo puertas que permanecen cerradas para casi cualquiera. Sus celebraciones conservan un aire muy distinto al de las grandes galas. Son encuentros más reducidos, donde predominan las conversaciones largas, los viejos amigos y una elegancia heredada de otra época.

Quienes han coincidido con ella destacan una curiosidad constante: Gunilla conoce prácticamente la historia personal de todos los presentes. Ha visto llegar a varias generaciones de empresarios, aristócratas y celebridades, de modo que sus reuniones terminan convirtiéndose en una especie de viaje por la memoria sentimental de Marbella. En torno a su mesa es frecuente escuchar anécdotas sobre los primeros veranos de Sean Connery, las temporadas doradas del Marbella Club o las interminables noches de la jet europea cuando Puerto Banús empezaba a convertirse en el puerto deportivo más famoso del Mediterráneo. Hay mucho de nostalgia en esos encuentros inspirados en otra época.

Marbella, un lugar de descanso VIP

Naturalmente, Marbella también vive de quienes no organizan fiestas, pero contribuyen a engrandecer su leyenda: Novak Djokovic lleva años escogiendo la ciudad para entrenar y descansar, Erling Haaland ha encontrado en la Costa del Sol el refugio perfecto para desconectar de la presión de la Premier League (este año se recuperarse del Mundial que ha consolidado su ‘bromance’ con Jude Bellingham, al que esperamos invite a pasar unos días). Simon Cowell es otro habitual de los paseos por Puerto Banús o de las reservas en los restaurantes de la Milla de Oro.

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