México y Estados Unidos se preparan para un nuevo partido comercial. El Gobierno de Claudia Sheinbaum recibirá esta semana a la comitiva de la Administración Trump para iniciar la primera revisión anual del TMEC, tras la negativa de Washington a renovar el acuerdo comercial de Norteamérica por 16 años más. Este martes comenzarán las jornadas de trabajo con los equipos técnicos de ambos países y el miércoles se prevé un encuentro en Palacio Nacional entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el representante comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), Jamieson Greer. De acuerdo con EE UU, se abordará la seguridad económica, así como asuntos laborales, los servicios de pago electrónico y el intercambio de automóviles, acero, aluminio y agricultura.
En su primer cara a cara tras la negativa de Washington a renovar el acuerdo por otros 16 años, los países abordarán reglas de origen, seguridad económica y sectores clave como aceros, automóviles, agricultura, entre otros
México y Estados Unidos se preparan para un nuevo partido comercial. El Gobierno de Claudia Sheinbaum recibirá esta semana a la comitiva de la Administración Trump para iniciar la primera revisión anual del TMEC, tras la negativa de Washington a renovar el acuerdo comercial de Norteamérica por 16 años más. Este martes comenzarán las jornadas de trabajo con los equipos técnicos de ambos países y el miércoles se prevé un encuentro en Palacio Nacional entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el representante comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), Jamieson Greer. De acuerdo con EE UU, se abordará la seguridad económica, así como asuntos laborales, los servicios de pago electrónico y el intercambio de automóviles, acero, aluminio y agricultura.
Dada la importancia del TMEC y en vísperas de este importante cara a cara, Sheinbaum aceptó la invitación de Trump para asistir a la ceremonia de clausura del Mundial en Nueva York, el pasado domingo. Tras su viaje relámpago, la mandataria afirmó que fue un encuentro breve, pero tuvo la oportunidad de dialogar tanto con el republicano como con el primer ministro canadiense, Mark Carney, sobre el tema comercial. “Nuestro objetivo es que en este primer año de revisión podamos llegar a acuerdos, de tal manera que los siguientes años ya solo sea un checklist, por decir así, una lista, una revisión de que se cumple con lo que este año acordamos, y no una revisión cada año que no ayuda ni a Estados Unidos, ni a Canadá, ni a México”, declaró la presidenta en su habitual conferencia matutina.
El encuentro marca el inicio de una nueva etapa en la integración comercial entre México y EE UU. Con una frontera compartida de 3.000 kilómetros, ambos países reconocen su interdependencia económica, sin embargo, mientras el Gobierno de Sheinbaum buscaba mantener el tablero vigente, Trump se ha propuesto, desde su primer día en la Casa Blanca, cambiar las reglas del juego. Esta tercera ronda de negociaciones en Ciudad de México buscará ser un paso decisivo para despejar las incógnitas sobre el futuro comercial de Norteamérica que, de facto, ha virado, como pretendía Estados Unidos, de un esquema de negociación trilateral a encuentros bilaterales.
La semana pasada en un foro económico, Greer se mostró optimista sobre los avances de la negociación con las autoridades mexicanas. El funcionario estadounidense centró su preocupación en el déficit comercial de EE UU con México. “Tener un déficit comercial estructural como el que hemos tenido durante tanto tiempo no tiene sentido económico y por eso, incluso con México, necesitamos asegurarnos de que el déficit comercial esté bajo control”, indicó. Greer afirmó que la orden desde la Casa Blanca es encontrar, en cualquier acuerdo que se concrete con México, ya sea mediante aranceles o cuotas, una manera de controlar el desequilibrio comercial. La misión no se vislumbra sencilla. Solo en los primeros cinco meses del año, el déficit comercial de EE UU con su vecino país del sur rebasó los 81.000 millones de dólares, un crecimiento de 2,7% respecto al desbalance registrado en el mismo periodo de 2025.

En esta nueva hoja de ruta, Estados Unidos es quien ha marcado la pauta a sus socios norteamericanos. Horas después de que Trump recibiera en el palco de honor de la Copa del Mundo a sus vecinos y socios comerciales, EE UU anunció que impondrá aranceles del 50% a la mayoría de los productos canadienses aludiendo a que el país ha discriminado a los automóviles, las bebidas alcohólicas y los productos lácteos estadounidenses. Las tarifas, que entrarán en vigor en 30 días, excluirán los productos energéticos, la potasa, el pescado y los minerales críticos, pero sí alcanzarán productos que estaban exentos de aranceles bajo el amparo del TMEC.
En el caso de México, el debate se ha centrado en las peticiones de Washington para elevar el contenido estadounidense de los automóviles ensamblados en la región, además de otras normas en materia laboral y de minerales críticos. Aunque la presidenta Sheinbaum y su gabinete económico han asegurado que la relación con EE UU se mantiene en óptimas condiciones y no existe incertidumbre, el empresariado mexicano sigue expectante por el rumbo de estas negociaciones frente a un presidente estadounidense que amaga con dinamitar el TMEC y mantiene el pulso a través de su muro arancelario. A pesar de la existencia del tratado, México paga a Washington, bajo la sección 232, aranceles en sus exportaciones de aceros, aluminio, cobre, automóviles y otras mercancías.
Ignacio Martínez Cortés, coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios de la UNAM, explica que este encuentro es un punto de inflexión porque marca el inicio de la primera revisión anual del TMEC y, al mismo tiempo, supone la cuenta atrás del acuerdo, ya que, si no llega a un consenso entre sus socios, este concluirá en 2036. “México va a intentar preservar el acceso preferencial y, de ser posible, obtener una preferencia arancelaria, si no del 100%, sí de un porcentaje importante”, avizora.
Para el país latinoamericano, el acuerdo comercial ha sido la piedra angular para apuntalar las inversiones estadounidenses en su territorio y el flujo de exportaciones que, pese a las actuales medidas proteccionistas de Trump, sigue rompiendo récords mes a mes. El país latinoamericano es el principal socio comercial de su vecino con un intercambio comercial de casi 900.000 millones de dólares al año. Más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino final el mercado estadounidense, por ello, el incierto panorama del acuerdo complica la actividad económica mexicana en plena desaceleración, que ya carga con el peso de aranceles sectoriales impuestos por Trump a productos clave como automóviles, aceros, minerales y tomates.
A 30 años de la integración comercial en Norteamérica, México, Canadá y Estados Unidos encaran ahora un proceso inédito para estirar las costuras del TMEC. Frente a un negociador ríspido e impredecible como Trump, México deberá negociar cuesta arriba para mantener a flote e incluso extender las ventajas comerciales al tiempo que intenta contener la incertidumbre de los empresarios e inversionistas. Esta nueva fase del tratado supondrá una prueba para el Gobierno de Sheinbaum en el frente económico, político y diplomático. Un examen de alto voltaje que se antoja largo, sinuoso y quirúrgico.
Feed MRSS-S Noticias
