A media mañana, en el acceso a Wimbledon por Somerset Road hay expectación porque no es un día cualquiera. Vuelve el rey, o sea, Roger Federer, que impecablemente trajeado recorre el camino hacia las dependencias de la pista central con ese andar flotante, único y genuino, rodeado el genio suizo de un séquito elegantemente uniformado (todos gafas de sol) en una estampa que recuerda a Reservoir Dogs y esa entradilla al compás de Little Green Bag. También de Tarantino es la película que ahora inspira a Naomi Osaka, la estrella fugaz que un día vino y que después, sin saberse del todo bien por qué, desapareció. En su elogiable empeño por volver, la tenista japonesa desfila por la pasarela y luce estos días un kimono que tiene un origen concreto: Kill Bill.
La japonesa, inspirada en la obra de Tarantino, recupera su versión intimidatoria en un terreno sobre el que patinaba. Se jugará el pase a las semifinales con Muchova
A media mañana, en el acceso a Wimbledon por Somerset Road hay expectación porque no es un día cualquiera. Vuelve el rey, o sea, Roger Federer, que impecablemente trajeado recorre el camino hacia las dependencias de la pista central con ese andar flotante, único y genuino, rodeado el genio suizo de un séquito elegantemente uniformado (todos gafas de sol) en una estampa que recuerda a Reservoir Dogs y esa entradilla al compás de Little Green Bag. También de Tarantino es la película que ahora inspira a Naomi Osaka, la estrella fugaz que un día vino y que después, sin saberse del todo bien por qué, desapareció. En su elogiable empeño por volver, la tenista japonesa desfila por la pasarela y luce estos días un kimono que tiene un origen concreto: Kill Bill.
“Es una de mis películas favoritas. Me encanta porque es un poco anime [la animación japonesa] y explora la cultura de mi país. Me encanta el personaje de O-Ren Ishii [interpretado por Lucy Liu], con ese vestido blanco tan emblemático. Suelo comentar que me gustaría ser el personaje de un videojuego, y de alguna forma, no quiero ser yo misma a la hora de entrar a la pista. Así que trato de encarnarla un poco…”, transmitía a la BBC la número 14 del mundo, quien hace ya siete años tocó el cielo tenístico —cuando ascendió por primera vez a lo más alto del ranking— y después de haber ganado cuatro grandes, se disolvió. Factores varios: presiones, agobios, expectativas y, también, una personalidad compleja. Poliédrica. Tal vez diferente.
“Simplemente soy yo”, dice. Y así es. De aquella crisis existencial al renacimiento actual, Osaka fue escribiendo un relato propio y distinto; a su ritmo, con todos sus matices y esa forma singular de expresarse: habla bajito, a veces susurrando, pero sus mensajes portan una elevada carga emocional. Los hay quienes la adoran, los hay quienes la aborrecen. En todo caso, ella sigue su camino, con todo ese aderezo mercadotécnico y todas esas peculiaridades detrás, pero obligada a la simple y llana ley del tenis: en las pistas no hay distinción que valga, y para seguir recuperando el terreno perdido y volver a subirse al tren de cabeza —detuvo su carrera durante un año por la maternidad—, ha tenido que redoblar los esfuerzos. Quiere y, a tenor de lo visto, no está lejos.

“Me llevó bastante tiempo entender el juego sobre tierra batida y ahora me pasa algo parecido con la hierba”, indicaba la semana pasada. “Pero ahora siento que puedo aprovechar mis fortalezas en esta superficie”, añadía, al tiempo que hacía hincapié en el trabajo físico y de movilidad. A pesar de que durante los cinco últimos años su paso por los Grand Slams ha sido prácticamente testimonial —excepto las semifinales alcanzadas en el último US Open— y de que no ha logrado ningún trofeo desde febrero de 2021, la nipona, ya en la madurez deportiva de los 28 años, está ofreciendo esta temporada signos de mejora que poco a poco van devolviéndole su poder intimidatorio. Prueba de ello, el triunfo del domingo contra la bielorrusa Aryna Sabalenka.
Saque y fluidez
La número uno sucumbió a este formato que, en realidad, no deja de ser una rehabilitación de lo más práctica: esconder defectos, subrayar virtudes. Tan simple como efectivo. Y, como por arte de magia, una jugadora que había ofrecido un discreto rendimiento sobre el verde —21 triunfos y 16 derrotas hasta la fecha— y que nunca había logrado superar la tercera ronda en Londres, desembarcaría en las semifinales si vence este martes (hacia las 16.00, Movistar+) a la checa Karolina Muchova.
Osaka contaba después de haber sorteado la tercera ronda que el técnico Tomasz Wiktorowski le ha ayudado a entender mejor la fluidez que requiere el juego sobre hierba. Sin embargo, insistía en que la evolución no responde tanto a una cuestión específica como al hecho de haber recuperado el viejo patrón. Es decir, el saque y el tiro como ejes, amén de haber ganado chispa en las maniobras y el desplazamiento. A partir de ahí, se observa otra vez una versión incisiva y también más atrevida; a la percusión desde la línea de fondo se añade una significativa cifra de subidas a la red, con una media de 11 por partido. En cualquier caso, la hoja estadística revela que el servicio resulta trascendental.

En concreto, Osaka promedia casi seis saques directos por ronda (5,6), únicamente por detrás de Muchova; ninguna jugadora le ha sacado más partido que ella a los primeros —ha logrado retener el 81% de los puntos— y encabeza también el promedio de los juegos disputados bajo su servicio (95%); tan solo le han arañado un par de roturas y, a pesar de la agresividad —con un pico de 198 km/h—, únicamente ha cometido cinco dobles faltas.
“Mi confianza es muy alta”. “Afronto los partidos con una mentalidad muy estable”, puntualiza, mientras la legendaria Martina Navratilova, que posee el récord de triunfos (entre mujeres y hombres) en el All England Club (120, por las 106 de Novak Djokovic), sostiene que si la japonesa es capaz de seguir compitiendo “con tanta libertad y alegría”, podría conquistar el grande británico. “Absolutamente”. “Creo que ya no siente esa presión encima”, afirmaba el domingo en Tennis Channel, a la vez que se preguntaba cómo reaccionará tras haber tumbado a Sabalenka. En declaraciones al mismo canal, el exnúmero uno Jim Courier señalaba que “a ese nivel es capaz de imponerse a cualquiera” y deslizaba la pregunta del millón: “¿podrá Osaka mantenerlo durante tres partidos más?”.
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